En el camino literario es inevitable aprender de la ideología y estilo de los escritorxs que leemos. Desde 2018 que conocí a Antonio Pacheco ha sido mi amigo, colega y mentor en el oficio; él inició su aprendizaje en foros online con personas hispanohablantes, que desde diversas partes del mundo se conectaban en torno a la escritura. Una de ellas era Belén Garrido Cuervo, asturiana nacida en Avilés en 1965. Desde su juventud ha sido lectora ferviente; más tarde se tituló en Biología, pero incursiona como escritora en la edición X del Concurso Internacional de Relato Corto «Elena Soriano» y desde la fecha ha sido galardonada en varias convocatorias literarias.
A través de Antonio, de los textos que escribíamos, compartimos, aprendí de la técnica y estilo literario de Belén, a pesar del océano que nos separa y, curiosamente, sin haber leído alguna de sus obras, hasta hace unas semanas que publica su novela «La cita» en la plataforma Amazon. Desde la sinopsis que acompaña la portada, arroja con fuerza el anzuelo: una madre acude a “El semanal”, revista de investigación, para esclarecer la extraña muerte de su hijo, ocurrido diez años antes en lugares y condiciones que ninguna conexión tenía con él.
En el primer capítulo, el anzuelo ya encarna al lector. La narrativa de Belén sitúa en detalles que pueden parecer efímeros: el cigarro, los gestos de la mujer, la revista, pero que enriquecen las escenas, los diálogos y la tensión.
La trama se sostiene en dos pilares que la autora construye con destreza: Marcos y Joaquín, cuerpo y espíritu de la revista «El semanal», cuyos arcos narrativos enmarcan el conflicto de la inusual muerte de Alberto. En las páginas de la novela nos adentramos en la psique de esta dualidad de protagonistas: desde su primer encuentro, el ascenso al éxito de la revista y, principalmente, sus vínculos familiares. Joaquín emprende el viaje de investigación a la par que sus recuerdos desentrañan heridas, angustia, resentimiento de lo que fue y no pudo ser su vida marital con Beatriz.
Es preciso señalar la maestría de Belén al crear la ambientación de su historia, paisajes, sonidos y elementos que encajan en los hilos de la historia, sin descuidar el arco narrativo. Su estilo me recordó al de Margaret Atwood; una escritura que focaliza en describir detalles simples: una mujer que se persigna al pasar ante una casa, una telaraña, un gato en el alféizar, las miradas de los pueblerinos.
Sin embargo, la prosa de Belén es ágil, aunque hay detalles precisos de lo que acontece en torno al personaje, persiste la sensación de movimiento y la historia avanza sin perder la atención del lector.
Cerca del desenlace de la historia, la autora nos sacude, adentrándonos en las páginas del diario personal de Beatriz, esposa fallecida de Joaquín. Este diario está dibujado desde la humanidad, feminidad, dolor y honestidad de una mujer, a la que sólo habíamos conocido desde los recuerdos y voz de su esposo; lo que nos lleva a ampliar la perspectiva de la historia contada por Joaquín y Marcos. En algunas páginas sentía ansiedad porque yo quería llegar al esclarecimiento de la muerte de Alberto, pero que la autora vaya dejando pistas de este misterio a lo largo de la novela, es otra de las cosas que hacen disfrutable la lectura.
Las tramas, subtramas y personajes secundarios están escritos de una manera orgánica, verosímil y estética, haciendo de «La cita» una novela imperdible.
Hace unos días leí una entrevista a la escritora Ariana Harwicz, en la que declara: «La corrección política engendra arte infame». Concuerdo, actualmente parece existir una exigencia a escribir sobre determinados temas o tener un enfoque ideológico. Por fortuna, esta novela no es el caso; Belén construye la trama con orden, precisión y frescura. «La cita» brinda la oportunidad de reencontrarnos con el placer puro de leer una historia atractiva desde las primeras líneas hasta el punto final.










