Piezas de un alma simple

Vestido

Escrito por: Alondra Grande

Es jueves y tengo un vestido amarillo.
Parece no combinar con esta tierra verde
desértica, poblada por concreto y desaparecidos.

Amarillo como los secretos que guardan los rayos del sol
cuando acarician la arena olvidada de una isla inhabitada.
Amarillo como el deseo de ser vista por ojos conocidos
donde se anida el amor de una vida que nunca tuvimos.

Amarillo barato, desteñido, aferrado a su color,
sin importar que el tiempo no le lleve consigo.
Amarillo, incombinable amarillo.

No hace juego con la ciudad ni con los zapatos rojos,
rojos marchitos que cubren mis pies del suelo frio,
que ahuyentan a los fantasmas cada que camino
¿Con que se combina el amarillo?


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 25 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Tramas Humanas | Todos tenemos un poco de Feng Yuan

El mapa de la vocación en movimiento.

Hace unos días, mi novio me mostró una imagen que encontró en internet: el currículum de un hombre llamado Feng Yuan. Durante veintidós años trabajó como ingeniero en Microsoft, y después decidió dedicarse a criar gansos y a cultivar bonsáis. Me quedé mirando esa lista de empleos como si fuera una pequeña fábula contemporánea. Pensé en la vida de las personas que quiero, en sus caminos, en sus giros, en sus pausas. Pensé también en los míos, en todos los momentos en los que estuve convencida de saber quién era, hasta que algo cambió y ya no lo supe más.

¿Alguna vez has sentido que lo que ayer te definía hoy ya no encaja contigo?

Durante muchos años creí que mi vocación era la música. Desde muy pequeña, hasta los dieciséis, todo lo que soñaba tenía acordes y melodías. Luego, pensé que era el cine, y por eso estudié Comunicación Audiovisual. Más tarde, creí que eran las cartas. Cuando salí de la universidad, me acredité como jugadora profesional de baraja inglesa y trabajé durante un año de lleno en un casino. Pero después de ese año, entendí que eso tampoco me llenaba. Entonces volví a algo que siempre había estado ahí, casi esperándome: escribir.

Creo que escribir es lo que mejor se me da. Es la forma más natural que tengo de comunicarme, de entender lo que siento, de mirar el mundo. Me gusta pensar que no escribo para encontrar respuestas, sino para entender mis preguntas. Y aunque hoy creo que esa es mi vocación, hay instantes en los que me asalta la duda: ¿y si no lo es? ¿Y si un día quiero volver al cine, o abrir un negocio, o dedicarme a algo completamente distinto?
A veces pienso que todos tenemos una historia que gira sobre la misma pregunta: ¿qué estamos llamados a hacer?


Cristian, 28 años.


Desde pequeño admiraba a su hermano mayor, que estudiaba ingeniería en sistemas. Le fascinaba verlo construir cosas nuevas, y aunque no lo entendía del todo, intuía que ahí había algo poderoso: la posibilidad de crear. Pensó que, si su hermano podía hacerlo, él también. Quizás incluso mejor.

En la secundaria empezó a tener contacto con las computadoras y los teléfonos, y al mismo tiempo descubrió la música. Ver videos en Vevo fue su primer acercamiento al universo digital y, sin saberlo, ahí se unieron sus dos pasiones: la tecnología y el sonido. Soñaba con trabajar en algo que le diera para comprarse tornamesas, instrumentos o pagar clases. Su hobby era el beatbox, porque era lo único que podía hacer sin gastar dinero.

En la preparatoria su maestra de informática le habló de lo que significaba ser programador, y la idea le pareció fascinante. Imaginaba su vida entre Francia y Canadá, trabajando con código y creando. En el último semestre, un amigo lo convenció de entrar a la Universidad Politécnica para estudiar Desarrollo de Software, y fue ahí donde todo empezó a tomar forma.

Con el tiempo, logró combinar ambas pasiones. Hoy es ingeniero de software, pero también músico y creador. Fundó Avant Garden, un proyecto audiovisual que busca dar visibilidad a artistas electrónicos y visuales del sur de México.
“Un artista exitoso no es quien vive del arte, sino quien puede seguir haciéndolo”, dice. “En la música solo soy artista. No me gustan las etiquetas. Solo quiero hacer lo que quiera.”



Vivimos en una época que nos ha hecho creer que encontrar la vocación es casi una obligación moral. Desde que somos pequeños, se nos enseña que hay una sola cosa que vinimos a hacer, un propósito casi divino que debería guiarnos como una brújula infalible. Pero la vida rara vez funciona así.

La cultura actual ha convertido la vocación en una especie de mito moderno. Un ideal que promete sentido, estabilidad y éxito. Como si todos tuviéramos que descubrir “a qué venimos” antes de los treinta, o de lo contrario habríamos fallado. Se nos repite que hay que encontrar eso que “nos apasione”, sin mencionar lo confuso que puede ser buscar una pasión cuando la vida está llena de responsabilidades, miedos, necesidades y cambios.

El problema está en que entendemos la vocación como un punto fijo, cuando en realidad se parece más a un mapa lleno de caminos posibles. Algunos se recorren con entusiasmo, otros con cansancio; a veces uno regresa, a veces se pierde y a veces, simplemente, se detiene a mirar. Lo que cambia no es la esencia, sino la dirección.

Tal vez no se trata de encontrar una sola vocación, sino de reconocer que hay muchas formas de sentirse vivo, muchas maneras de darle sentido a lo que hacemos. Y que cambiar de rumbo no siempre es fracasar, sino escucharse.

¿Y tú? ¿Alguna vez has sentido que tu brújula apunta hacia otro lado, justo cuando pensabas haber encontrado el camino correcto?
Quizá, al final, todos tenemos un poco de Feng Yuan: la valentía de reinventarnos cuando el corazón cambia de dirección.

Por Alondra de Castilla.

Alondra de Castilla es escritora y columnista. En Tramas Humanas, explora las conexiones que tejemos en nuestra vida cotidiana: amistades, familia, comunidad, identidad y las historias que nos unen. A través de una mirada reflexiva y crítica, invita a cuestionar lo que damos por hecho y a descubrir nuevas formas de relacionarnos con el mundo y con nosotras mismas.

Los árboles y las pantallas que me rodean | Berrendos en el pastizal

Por Mijal Montelongo Huberman

Cuando pienso en el norte de México, me imagino un desierto asfixiante e inhóspito sin mucho acontecer sobre todo en zonas que no son ciudades. La película Días de gloria (1978) de Terrence Malick ocurre principalmente en Texas. A dicho estado también le atribuyo esa imagen árida e infértil. Sin embargo, la película no muestra el paisaje que comúnmente se le asocia a la región. Más bien, nos presenta un ecosistema lleno de vida: el pastizal.

Lo primero que me llamó la atención de Días de gloria fue la presencia de berrendos (Antilocapra americana) a los pocos minutos de que inició. Las únicas otras veces que he visto a estos animales en películas ha sido solamente sus cabezas como trofeos de caza. Al no tratarse de un documental, me resultó peculiar que mostraran a una especie en peligro de extinción en México en su hábitat.

El berrendo fue un indicio de que esta película es especial. Conforme avanza, aparece más fauna característica del pastizal: grillos, bisontes, caballos, conejos y zorrillos. También se ven halcones, gaviotas, garzas, faisanes y pavos. E incluso cuando las personas se van a bañar a un río, salen nutrias y peces. De igual manera, la vegetación que vemos es claramente la de un pastizal. La ausencia o la baja densidad de árboles en este ecosistema se hace evidente mientras observamos que el paisaje que pintan los pastos, las hierbas y el trigal cambia constantemente por el viento.

Dado que la historia ocurre a lo largo de al menos un año, la película muestra las características ambientales propias de un pastizal. Este ecosistema tiene una precipitación errática: durante toda la película únicamente llueve una vez. Los veranos son calientes: las personas trabajan en el trigal bajo un sol inclemente. Los inviernos son fríos: después de la cosecha, el suelo, las personas y los animales se cubrieron con una capa de nieve delgada.

Las grandes extensiones de tierra de los pastizales son lugares atractivos para que las personas realicen agricultura o ganadería. En el caso de la película, utilizaron el pastizal para cultivar trigo. También nos permite observar una de las principales intervenciones humanas en este tipo de ecosistema: el fuego.

Días de gloria va más allá de simplemente mostrar a los animales y las plantas como imágenes estéticas, los presenta inmersos en su hábitat. Además, no hay una interacción directa entre ellos y las personas, aunque ocupan el mismo espacio y existe cierta convivencia apacible. Las personas y las pocas casas que se ven están insertas en un ecosistema natural. El desarrollo de la historia ocurre en el pastizal.

Las personas somos parte de un ecosistema. Es muy fácil ponernos a nosotras por delante: vivimos en la ciudad, la ciudad no es habitada por nosotras. En Días de gloria, las personas no viven en el pastizal, el pastizal está habitado por diversas plantas y animales, incluyendo a los humanos.

Aunque las ciudades son consideradas un ecosistema urbano y antropogénico, con frecuencia olvidamos el ecosistema que existía antes de que la presencia humana se hiciera tan predominante y permanente. Podemos ver una metrópolis como la Ciudad de México y es difícil imaginar que antes era un lago en ciertas partes, un matorral xerófilo en otras y un bosque de pino en otras más.

Los remanentes de esos ecosistemas anteriores siguen presentes, aunque pasan desapercibidos. A menos que vayas en la noche o en la madrugada por las calles y los parques, nunca vas a toparte con un tlacuache o un cacomixtle en la Ciudad de México. Los parques dentro de la ciudad tienen algunos pinos entre las jacarandas y las palmas. Los murciélagos han quedado relegados a ciertos extremos de la urbe en lugares abandonados. La fauna y flora dominante es la urbana, las que no lo son, son consideradas extrañas, salvajes y fuera de lugar.

Históricamente, el ecosistema del pastizal en Norteamérica se extendía desde el centro de México hasta el sur de Canadá. Texas también entra en esa área. En la actualidad, su distribución se ha restringido mucho y en México las mayores extensiones quedan al norte, sobre todo en Áreas Naturales Protegidas de Sonora y Chihuahua. Con el cambio climático y la alteración de los ecosistemas por parte de las personas, es difícil predecir el futuro de los pastizales. En el caso de que su distribución se redujera aún más, esta película podría ser un registro histórico importante, más allá de su valor cultural y estético dentro de la filmografía del director.

En ninguna otra película que haya visto se presentan las características más distintivas de un ecosistema como lo hace Días de gloria. Claro que en un documental sobre los pastizales se explicaría más acerca de las interacciones que se dan en ellos, se mencionaría más detalles sobre las especies que existen y se mostrarían paisajes prístinos e inalterados por las personas. En cambio, la película no corta ni evita la presencia humana dentro de un ecosistema natural, lo cual es más verosímil; ya no hay paisajes “vírgenes” ni que no hayan sido alterados por las personas. Tampoco emite un juicio respecto a las interacciones que llegan a establecerse. Simplemente las muestra tal y como son: personas, otros animales y plantas compartiendo un espacio y conviviendo.

Mijal Montelongo Huberman (México, 1996). Estudió la carrera de Biología y la maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM. Es traductora, divulgadora y educadora científica. Ha publicado artículos de divulgación científica y de investigación, traducciones literarias, cuentos y minificciones. Siempre está acompañada de libros, perros y gatos

Taller Poetas Suicidas: Introducción

Carmen Asceneth Castañeda


En la primera sesión del taller, abordamos el origen de la poesía a partir de los sentidos. La poesía se siente, se ve, se escucha, se huele, sabe… se convierte en palabra a través de las emociones y las ideas, pero se registra en los sentidos.

También se abordó el concepto de proceso creativo como una serie de etapas que se siguen para generar ideas  originales, combinando la imaginación y la lógica.  Aunque puede variar y no es estrictamente lineal, generalmente incluye fases como la preparación (investigación), la incubación (distanciamiento del  problema), la iluminación  y la verificación (evaluación y perfeccionamiento de la idea).

A partir de la poesía como sensación que atraviesa las ideas y las emociones, se planteó el primer ejercicio.

EJERCICIO SESIÓN 1

 Escoge dos palabras del poema «Alma desnuda», de Alfonsina Storni. Que te resuenen, te emocionen o te identifiquen respecto de las siguientes preguntas: ¿En qué parte del cuerpo las sientes? ¿Te evoca un color, un olor, algún sabor o una  textura? . Escribe por asociación libre sobre esas palabras y evocaciones.

Se presentaron dos poemas.


Mandrágora

Por Lizzie Vázquez

Mandrágora embriagante de mi vida

su rojaceo pálpito en mi piel

recorre indescriptibles lugares,

incesantes emociones brotan,

«dejá vu» como la frescura

del primer encuentro

donde conocí a la sensación

de algo parecido del amor

robamos el azul del peñasco

con desenfreno para alimentar

el deseo que sorbimos en

caricias,

impregnamos nuestra existencia

con tentación y dulzura,

nos deleitamos ante el tiempo

para conmemorarlo con experiencia.


Alma

Por Alondra Grande

¿En dónde te encuentras?

Te siento sentada en mi cuello,

abrazas con tus piernas mi torso,

envuelve tu luz mi cuerpa entera.

Donde te encuentres no quiero hallarte.

eres cielo rosáceo con tonos lilas;

muertos entre el azul borroso vuelto negro.

Entras como ola ardiente, brumosa,

como aguamala que quema,

como erizo que quema en la arena

esperando enterrarse en la piel.

Pareciera que en ti encuentro la calma

cuando cierro los ojos y apoyo el oído en una caracola.

Alma, eres el murmullo que suena en mi mente

Eres el algo que me impulsa a romper las rocas.

Taller Poetas Suicidas

Por: Carmen Asceneth Castañeda

En La Coyol Revista,  abrimos espacios de convivencia respetuosa donde podemos expresarnos libre y sororamente en torno a la literatura. Entre el 18 de julio y el 05 de septiembre, impartimos el taller «Poetas Suicidas: Vivir ardiendo», un espacio donde honramos la vida de seis mujeres poetas que inmortalizaron en su obra la adversidad y el sufrimiento. Revisamos sus textos, historias y contextos.

Durante ocho sesiones, abordamos su legado literario y emocional, promoviendo un espacio de reflexión, reconocimiento y sensibilización sobre las experiencias femeninas en su poesía. Como resultado, realizamos ejercicios de escritura poética recreando los procesos creativos de cada una de ellas: Safo de Lesbos, Virginia Woolf, Alfonsina Storni, Anne Sexton, Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik.

En este espacio, compartiremos el resultado de dichos ejercicios, con la finalidad de visibilizar nuestros propios procesos de escritura y también para evidenciar nuestro trabajo como comunidad.

Verde

Carmen Asceneth Castañeda


Porque el verde del jardín

no es el mismo verde

si el sol o la sombra lo rozan.


Si al verde lo traspasa la luz

es verde en la mañana.

Y si es la noche quien lo acompaña,

es el verde que queda después de la jornada

y es el verde que atraviesa los ojos

y el verde que rasguña los momentos

y se mete hasta las uñas.


Es el verde del deseo

de ser sabia furiosa

oxígeno que bebe

y paciencia

para quedarme con el verde que se moja

y se empolva

con el pasar de los años.

Los árboles y las pantallas que me rodean | Derramando sangre

Por Mijal Montelongo Huberman

Los cuentos de Bora Chung, escritora surcoreana, son muy impactantes y dan mucho para reflexionar y discutir. Por eso, después de primero leerlos sola sentí la necesidad de entrar a un círculo de lectura sobre ellos para no quedarme con todo lo que pensé y sentí enjaulado en mi interior. Ahora, hablaré sobre uno de los que más me impresionaron y que se titula “La trampa”.

Trata sobre un hombre que se encuentra a un zorro atrapado en un cepo. En primera instancia, piensa en quedarse con su piel. El zorro le pide ayuda, pero no le hace caso y se da cuenta de que la sangre del animal es oro líquido. Se lo lleva para prolongar su sangrado y hacerse rico por mucho tiempo. Cuando el zorro por fin muere, le regala la piel a su esposa. Posteriormente, el hombre tiene mellizos que presentan una peculiaridad: cuando el niño se alimenta de la sangre de su hermana, la sangre de él se convierte en oro líquido, como la del zorro. El padre promueve la producción del oro sin importarle el bienestar de su familia.

En ambas ocasiones en las que leí el cuento, no me pude quitar de la cabeza que la extracción de la sangre áurea era una metáfora de la sobreexplotación de los recursos naturales. Me hizo reflexionar acerca de cómo se sobreexplotó el oro líquido y, por lo tanto, a los individuos en el cuento.

La primera manera es que los cuerpos del zorro, del hijo y de la hija representan la tierra y el oro líquido es un mineral extraído de ella. Me pareció novedoso que el oro se encontrara en la sangre del zorro y del hijo ya que se trata de una fusión entre un recurso no renovable, como lo son los recursos mineros, y un recurso renovable, la sangre.

El hombre del cuento considera que tiene derecho sobre el cuerpo y la sangre de estos individuos por encontrarlos y darse cuenta de su potencial, como es el caso de una persona que descubre un recurso, se autoproclama su dueña y decide sacarle provecho. Otro evento en el texto que apoya esta idea es que, una vez que el hombre acaba con la primera fuente del oro, que es el zorro, simplemente ve a su progenie como una segunda fuente para proseguir la extracción. En ningún momento dialoga con estos individuos ni con su esposa sobre el tema. La avaricia del personaje es evidente al querer quedarse con las fuentes del recurso (y los beneficios) para él solo.

En la explotación de los recursos naturales, no hay un antes y un después. Hay un antes, un durante y un después. El medio de donde se extrae un recurso da indicios más o menos evidentes de su deterioro y el de sus habitantes desde que inicia el despojo. El hombre del cuento no se muestra impresionado por que el zorro hable, molesto por la violencia del hijo, preocupado por las sospechas de su esposa, ni conmovido por el miedo y mutismo de la hija. A pesar de las señales que dieron los individuos de estar sufriendo, el hombre no las considera relevantes para su objetivo y las ignora.

Así mismo, al hombre tampoco parece importarle que el zorro y su progenie necesitaran la sangre para vivir. Ni que sus métodos de extracción mermaran cada vez más su existencia. Lo mismo pasa con la minería o el fracking: se extrae el recurso sin contemplar sus consecuencias a largo plazo en el entorno ni la autosuficiencia del lugar (ni de las especies que dependen de él). El medio de donde se saca un recurso puede quedar inhóspito y desprovisto de vida, tal es el caso del zorro, pero como eso no afecta a quien hace la explotación, no se toma en cuenta su cuidado.

La situación por la que pasa cada uno de los tres individuos representa diferentes formas de explotación. El zorro es un ejemplo real de la explotación de animales. En primer lugar, por la piel y, en segundo lugar, por la sangre. Aunque este último sea un recurso fantástico, hay muchos casos de especies que se consideran que alguna de sus partes, órganos, tejidos o fluidos tienen cierta propiedad que le trae un beneficio a las personas y son atrapados, enjaulados y matados por obtenerlo. El hecho de que un hombre piense que la sangre del zorro puede hacerlo rico no necesariamente es ficción, ya que hay creencias similares a esta idea.

En el caso del niño, considero que es una metáfora de la explotación de animales en general. El hombre lo controla para poder obtener el oro. Controla sus arrebatos violentos, le indica cuándo y por cuánto tiempo tiene que ingerir la sangre de la hermana, y él mismo le hace cortes para que salga la sangre áurea. El niño no tiene autonomía ni libertad, igual que los animales enjaulados y criados para satisfacer las necesidades de las personas.

La niña me parece que representa la explotación de los factores abióticos de la naturaleza, los recursos no vivos. Ella no habla ni expresa abiertamente el daño que está experimentando. El suelo, el agua y el aire tampoco tienen una forma de externar con claridad su deterioro. Sin embargo, éste se hace evidente cuando se consideran estos factores como parte de un ecosistema. La contaminación del ambiente no permite el establecimiento de la vida ni de interacciones que la nutran. El mutismo de la niña imposibilita la comunicación y formación de vínculos afectivos con quienes la rodean.

Un aspecto que se repite en los cuentos de Bora Chung es el aislamiento de los personajes principales. En “La trampa”, no hay ningún vínculo ni consideración por los diferentes individuos que forman parte del texto. Quien lo lea puede sentir empatía por ellos, pero ellos no la promueven entre sí. Me parece que por la misma razón se llegan a las consecuencias tan severas de la explotación de los recursos naturales: la falta de empatía y consideración por las necesidades de otros seres.

Considero que este cuento inquietante plantea de maneras acertadas cómo las personas explotan a otras personas y a la naturaleza. En este mes de sustos, te invito a leer los cuentos de esta escritora porque te garantizo que no dejarás de pensar en ellos durante un buen rato.

Mijal Montelongo Huberman (México, 1996). Estudió la carrera de Biología y la maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM. Es traductora, divulgadora y educadora científica. Ha publicado artículos de divulgación científica y de investigación, traducciones literarias, cuentos y minificciones. Siempre está acompañada de libros, perros y gatos.

Procastinando vivir

Versátil: La libertad de pensar


Osmara Rodriguéz

«Eso será problema de la Osmara del futuro»

Pensé para mis adentros cuando pospuse solucionar algunos problemas, sin embargo he sido alcanzada por las consecuencias de uno de mis peores hábitos, procrastinar .Y yo se que es relativamente normal posponer algunas cositas pero después de una crisis emocional me di cuenta que he dejado muchas cosas en pausa ,pero ni siquiera entendía el porque no paraba de hacerlo.

Se nos suele enseñar que la procrastinación solo ocurre por flojo y poco productivo. Se señala a aquellos que lo hacen y muy pocas veces lo vemos más a profundidad.

La procrastinación no es tan simple como solo ser perezoso, tiene una raíz emocional. El posponer innecesariamente las cosas se encuentra ligado a la incapacidad de manejar estados emocionales tales como la ansiedad,el estrés, miedo ,frustración,inseguridad o aburrimiento

La procrastinación funciona como una protección emocional temporal .Porque al posponer aquello que nos incomoda nos sentimos aliviados, pero los problemas y nuestras emociones no se irán para siempre solo por dejarlas para otro día. Todo sigue ahí y a largo plazo comienza a empeorar el panorama y es que en esa pausa la situación o el miedo pueden empeorar y los sentimientos de culpa aparecer. Volvemos a buscar ese alivio que sentimos al posponer.

El problema de la procrastinación va en aumento y es que a veces podemos sentir que el mundo va muy rápido que da miedo moverse, sentir que hasta la más mínima acción o conversión serán un fracaso así que mejor lo dejamos para otro momento . Pero eres consciente que deberías hacer algo y la culpa está ahí para recordártelo .

Dejar de procrastinar es complicado y más cuando se ha vuelto un hábito recurrente pero no es imposible ; podemos comenzar con aceptar la incertidumbre ante muchas cosas y recordar que cuando nos sentimos impotentes ante nuestras emociones y las situaciones, buscar ayuda de profesionales de la salud mental siempre será la mejor opción.

PAUSA

Por Madelaine BO.

Mi trabajo me llevo a visitar mi pasado en un viaje exprés, el camino era muy corto; pero lleno de recuerdos y pensamientos largos.

Hice una pequeña pausa para pensar…

Me recordé a mí misma caminando por ese lugar con los audífonos puestos y mi canción preferida en ese momento, ¿Realmente me sentía feliz?

¡Creo que no! Solo me dedicaba a rellenar huecos para aparentar una vida de esa que dicen que es normal. Ya saben, jugar a la casita feliz (Mamá, Papá, hijos y por que no? un perro)

Al verme a ala distancia comprendí que solo daba el gusto de encajar en un lugar donde no era yo, me abandone por complacer a los demás. Y en esta historia todos eran felices menos yo.

Por azares del destino las cosas cambiaron y por un pequeño instante pensé que era para mal y se me vino el mundo encima. Así que no queria pensar y me empeze a saturar. Sí! Yo misma me saturo de mil cosas y obligaciones, casi siempre con tiempo contado para todo, poniéndome al limite de la locura.

Pero ya pasado el tiempo me tome una pequeña pausa para ponerme a pensar y analizar.

¡Me encontré! Después de mil de días me encontré a mi misma, comencé a descubrir una faceta mía que tenia olvidada, era yo dándome amor propio de diferentes maneras, cantando, escribiendo, leyendo, bailando, cocinando, paseando y amando.

Claro estas actividades ya las hacia, pero esta vez era a mi manera, tal y como yo las quería sentir.

Me volví a tomar una pequeña pausa y me pregunte si pudiera volver en el tiempo haría las cosas igual?… Creo que no.

Piezas de un alma simple

Oscuridad

Escrito por: Alondra Grande

Canto entonado por ninguna luna.
Silencioso es el coro de sus lamentos.
Nadie le acompaña cuando piensa
que de nadie son los pasos que bailan tap.

Oscuridad, cobijo eterno donde
rosas desnudas decoran
jardines desiertos; nada en ellos vive,
y, aun así, parecen brindar consuelo.

Remolino que despierta sensaciones,
orquesta de grillos y grilletes.
Te apareces cada tanto, sonriendo,
como si tus labios no sujetaran un puñal.

Y yo me hago pólvora cuando eres cerillo,
esperando encender la noche y el día.
Ajeno al tiempo, el mundo se para
para darle paso a la anguistia… al temor.

Esta pesadez se vuelve espuma,
la bruma es lava de ardiendo volcán.
De entre mis lágrimas surgen las dudas,
que me digan las diosas, ¿esto terminará?


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 25 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.