Lo que queda

Hay días en que el cansancio es lo único que nos queda. Ya ni siquiera resulta satisfactorio abrir los ojos, preparar café. Días en que el peso de la realidad es inmenso y solamente deseamos voltear la cabeza, ver hacia arriba o no sé, mirar hacia ninguna parte para dejar de sentir, dejar de saber.

A veces los poetas no queremos preguntar, preguntar hace daño, -decimos-, y así es. No me pregunto nada, no cuestiono mi vida, las vidas. La sucesión de hechos, ordenados de forma fortuita, aleatoria, a la que suelo llamar mi vida, así nada más, con esas dos simples palabras, que en el fondo encierran una complejidad casi aterradora. No deseo lanzar los dados, poner las cartas sobre la mesa, simplemente quiero que gane la incertidumbre esta vez, la locura, la desconexión.

Hay espacios, hay vacíos, días en los que parece que nada sucede, pizarras en blanco, cielos grises por los que no pasó una sola ave. Días en los que sin embargo todo se rompe: El continuo tiempo-espacio.

A cada paso que doy, siento que me parto y a veces no es metafórico. El cuerpo no soporta. El descanso cada vez se ve más lejos, la casa, la estación del tren, la terminal de camiones, todo parece alejarse con la edad, como si los pasos fueran más pesados y más pequeños, además tengo que sumarle el peso de mi dolor, el dolor de los demás, el cúmulo de una angustia sobre otra, cada vez más grande, más oscura.

Tuve que salir de la ciudad, dejar atrás, poner en pausa toda mi miseria para ir a un sitio seguro, para ayudar, para dar un poco del amor que me queda. Y eso agota, agota tanto, es como desear transmitir una energía necesaria, pero indescifrable. Tratar de reunir con un poco de esperanza algunas palabras que jamás han estado juntas y esperar que no se incendien los ojos, la lengua, la noche.

¿Cómo consolar a la persona que siempre nos consuela?, ¿cómo ser lo otro, cómo ceder la fragilidad, la cosa mínima que éramos?, ¿cómo sostener al ser que solía ser más grande que todos nuestros miedos?

Por eso digo que solamente queda el cansancio, ese no lugar, no espacio, no tiempo entre las aguas de la existencia.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Cartografías del Instante| Llevar una Prótesis

Llevar una Prótesis

Por Anyela Botina

A las voces de las mujeres afganas

«Tengo que hablar, pues hablar salva. Pero no tengo una sola palabra que decir. Las palabras ya dichas me amordazan la boca».

Escribir es una prótesis, un artefacto puesto en el lugar donde alguna vez estuvo mi voz: un rugido, la prueba de un pasado salvaje en mí. Ese nombre que solo yo puedo decir, el sonido al que todo mi ser responde, esa es mi voz primigenia. Como toda parte que nos es quitada, a veces la siento aún presente, hasta llegar a percibir esta prótesis como propia.

«En el futuro se va a tener más tiempo de vivir, y de paso, escribir. En el futuro se dice: si lo llego a saber, yo no hubiera nacido».

Como toda mujer en algún momento de su vida, también he sido silenciada; también he pensado que ser mujer es un castigo. Hoy pienso que escribir es una prótesis, porque yo no nací escribiendo; nací llorando. Y en ese sonido, en ese rasguido del aire, estaba yo y estaba mi madre, que sabía que estaba viva porque lloraba y la necesitaba. Yo no nací escribiendo, ni hablando siquiera. Mis primeras palabras fueron gorjeos, como los de un ave que le canta al sol y llama a la primavera.

«Solo puedo escribir si estoy libre y libre de censura, sino sucumbo».

Escribir no es mío; estas palabras no son mías. Estas palabras aquí puestas, una a una, son pura nostalgia de eso que fallece en el aire, en los latidos de mi corazón, que tampoco habla ni escribe, solo produce un sonido sordo y repetitivo. Pensar que, si este sonido callara, ya nada importaría.

«El monstruo sagrado murió: en su lugar nació una niña que estaba sola. Bien sé que tengo que parar, no por causa de falta de palabras, sino porque estas cosas, y sobre todo las que solo pensé escribir, no suelen publicarse en periódicos».

Tuve un sueño en el que la luz casi me enceguecía. Solo podía ver volar los pájaros y escucharlos decir: ‘Laaas muuuujeeeereeeeees sooooomooooos paaaaajaaaarooooos’, igual que los chululus les llaman ‘comprapan’ porque, supuestamente, dicen ‘coooompraaaaapaaaan’.

Escribir será una prótesis hasta el día en que todas las mujeres seamos pájaros, que todas podamos cantar al cielo los nombres primigenios que nos fueron dados.

*Fragmentos tomados del cuento Tempestad de Almas de Clarice Lispector, escuchar aquí: https://youtu.be/UutunqWwNpg?si=PznKpcSYqAJHWrnR

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. También, puedes escucharme en Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí👇

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Leer es una fiesta por Jeanne Karen en La máquina verde

Tengo en mis manos un libro: es una bella reunión de escritores, se llama Antología de Fandango por la Lectura. Hace un par de días acudí a un evento muy importante, la clausura de una actividad que se realizó en las escuelas secundarias a lo largo y ancho de todo el país. Llevar el ejercicio de la lectura, acercar a los jóvenes a las letras, específicamente a la poesía, me parece un acto, además de necesario, bastante humano.

Las personas que idearon los planes de fomento a la lectura, a través de la estrategia nacional, seguramente en poco tiempo verán los frutos del arduo trabajo que debieron realizar para cumplir las tareas.

Un pueblo que posee ciudadanos lectores, será difícil de manipular, de controlar, de engañar, también será un pueblo crítico y que deseará aportar ideas para el buen funcionamiento de su entorno. Los gobiernos que dan a las personas la oportunidad de formarse un criterio, de expandir su cultura, creo que tienen más probabilidades de ser respaldados por los ciudadanos.

Me encuentro feliz y sorprendida de que en la antología, de la que les cuento, esté publicada, en su mayoría, poesía.

Dar a conocer poemas, versos, rimas, es otra cosa: es abrir universos, es incitar a las juventudes a crear su propia realidad. No es algo que pase desapercibido y tenemos que felicitar a los actores que están detrás de tan magnífico trabajo, no es solamente una propuesta editorial, no es una oferta más en el grandísimo mercado del libro que hay en nuestro país, se trata de uno de los libros que propone el gobierno para las juventudes.

Espero que México sea un gran país de lectores, que a través de una visión multicultural podamos acceder a un futuro lleno de vida, de paz, respeto, armonía, estabilidad social y económica.

Leer es también conjuntar voluntades, unir las ideas, experimentar con lo diferente, leer es entrar en un lugar donde caben todos los mundos, leer es una fiesta.

Recuerdo a la niña que fui: una mañana estaba en mi salón de clase, y tomé el libro de español/lecturas, encontré un poema que se llama El sol de Monterrey y es del gran escritor mexicano Alfonso Reyes, ahí me di cuenta que la magia está en las palabras, que podía inventar paisajes, personajes, emociones, y que la radiación del sol siempre me recordaría esos versos luminosos de Reyes que cambiaron para siempre mi vida:

No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol.

Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

Ahora, después de tantos años, sigo sintiendo el mismo amor por la poesía, me siento afortunada de poder escribir poemas y formar un libro, poco a poco, pensando en esos niños, en esos jóvenes, que un día, al igual que me sucedió a mí, se darán cuenta que la palabra escrita cambia la vida y que podemos volver sobre le leído una y otra vez para maravillarnos, para aprender, para ser.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

Letras que ab (sorben/sortan) | Una lectura de domingo por la mañana

Maleni Cervantes

Cada vez me cuesta un poco más levantarme tarde como cuando era niña y me despertaba con lagañas en los ojos y baba en las mejillas. La rutina de la semana provoca que mi cuerpo se acostumbre a reaccionar desde temprano y con ganas de hacer algo más que estar viendo el techo de mi cuarto.

Así que este domingo no fue la excepción. Mi vejiga me dio los buenos días de manera puntual y exacta. Por lo que fui al baño y de una vez aproveché para desviarme hacia la cocina a prepararme un café amargo y empoderado que despertara mis chacras, neuronas y pensamientos más oscuros.

Pero, luego entré en la incertidumbre de: ¿qué haré un domingo por la mañana?, ¿qué se hace a estas horas en las que el sol te sonríe con la malicia de la juventud que madura cada vez más?

El razonamiento fue sencillo: si ya me estoy convirtiendo en señora, ¿por qué no hacerlo de la manera más estereotipada posible? Tomé mi taza de café y corrí en cámara lenta hacia la sala, como si estuviera en una película de superhéroes, y derrapé de último momento cayendo en el suelo, sosteniendo con los brazos arriba mi café en tipo ofrenda. Lo único que se mantendría a salvo.

Bueno, no, no fue así, aunque sí quería hacer esto un poco más épico para que te maravilles con mis hazañas de espía profesional. No obstante, permíteme continuar con mi relato de los hechos.

Esa mañana del domingo primero de septiembre de 2024, yo, Maleni Cervantes, me preparé un café antes de alistarme a una misión más que complicada: caminar hacia la sala sin derramar una gota de ese líquido cafesoso.

Fueron exactamente diez pasos cortos cuando logré hacerlo, sin problema alguno. Sin duda, sería capaz de recibir una medalla por mi concentración tan efímera como la brisa de la mañana.

Cuando, de repente, de uno de mis libreros salió un ruido ensordecedor. «Mierda, una rata», pensé. Caminé despacio, me puse en cuclillas y me di cuenta de que… Ahí no había nada. No era una rata, tampoco una cucaracha, mucho menos mi gata.

Tú te preguntarás, ¿entonces qué era? No me lo vas a creer, pero era un libro empolvado que no había leído aún y que se encontraba envuelto en el plástico transparente que lo conservaba nuevo, en teoría porque llevaba meses ahí, a la espera de que alguien se acordara de su existencia.

Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin. Cuando vi el título, creí que era una señal. Los domingos eran el día de arreglar la casa. Sin embargo, aún no era el momento. Lo tomé entre mis manos y me senté para comenzar a hojearlo. ¡Quién diría que me encontraría con tremenda sorpresa!

Lucia Berlin es una escritora que toma aspectos comunes de la vida cotidiana para crear historias entretenidas, y sin duda alguna, llamativas. Tiene la capacidad de contarte a través de cuentos breves los traumas de la infancia de un personaje; pero, también, te puede narrar las obsesiones más extrañas que puede tener una chica que le gusta lavar su ropa en lugar deplorable; e incluso puede contarte la infancia de una chica que cuida de su padre que padece una enfermedad mental.

Por ejemplo, hay un cuento que te relata la vida de una niña que vive con su madre y abuelo, quienes no se llevan del todo bien. La niña tiene la obligación de ayudar a su abuelo en el trabajo, ya que él es dentista y necesita de una asistente. Más, de esta manera, la autora tuerce la trama de una manera ruda, gráfica y descriptiva que da como resultado un suceso sangriento que presenció la niña una noche mientras ayudaba a su abuelo.

Digamos que la escritora hace que situaciones comunes y reales tengan un toque oscuro y retorcido, exponiendo conductas para nada perfectas de sus personajes. Sin contar que hay veces que une historias entre sí y que encontrarás dispersas a lo largo del libro lo que hace un poco compleja su lectura, al mismo tiempo que la hace más entretenida.

Además, otro aspecto que me llamó la atención son las referencias que hace a otros autores que son muy relevantes. Un caso en específico fue un cuento donde hizo referencia a Antón Chéjov con su cuento «La Tristeza», que quien ha leído mis columnas anteriormente sabrá que es uno de mis autores favoritos y mi cuento preferido de este.

Era obvio que me llamaría la atención desde un principio. Y, lo más curioso, es que en el cuento, donde hace dicha referencia, logra exponer la perspectiva de que ella es la autora y que dependiendo de su narración sería la manera en que podría crear cierta emoción del lector con respecto a los personajes. Por lo que expone la vida de una de sus personajes y te va explicando la función de cada uno de los tipos de narración que ella pudiera utilizar para que sientas empatía, hartazgo y demás. Lo que como lector puede ayudarte a comprender un poco más cómo funciona la escritura y construcción de cuentos.

Y por si todo esto no fuera suficiente, ¿qué crees? En los relatos los personajes principales siempre se tendrá una figura femenina que te invitará a conocer un fragmento de su vida diaria que bien pudiera ser la de alguna conocida nuestra. Aunque es necesario resaltar que al ser mujeres sus personajes principales, son mujeres firmes, fuertes, astutas, figuras que escapan de la clásica caracterización del género femenino. Porque sus personajes siempre van un paso más allá de lo que tú, como lector, piensas que puedes esperar de ellas.

Un libro que es la mezcla ideal entre una pizca de realidad y rutina; fantasía y psicología humana. Sin duda, si te gusta el chisme, este libro es para ti. Encontrarás tantas historias de vida que después podrás contarle a tus tías y se las creerán como si fueran reales.

Debo de confesar que todavía no termino el libro, pero eso no me impide hacerte la invitación a tener una muy buena lectura para la semana, así como lo será para mí. Los cuentos son breves y sencillos, no tardarás ni diez minutos en leer cada uno, así que, si eres un lector con bloqueos, perezoso o sin tiempo este libro es para ti, ya que lo puedes llevar a tu ritmo y sin presiones.

Ahora sí, me retiro a tomarme mi café ya frío. Aunque con la sensación de que valió la pena levantarme temprano una mañana de domingo.

Referencias

Berlin, L. (2019). Manual para mujeres de la limpieza. México: Penguin Random House.

¡Guárdalo todo! por Jeanne Karen en La máquina verde

A veces escribo para lo inmediato, para esa memoria de poco alcance, para sobrellevar los días, identificar y guardar las fechas, los números, los datos. Otras veces escribo para un tiempo que está en realidad fuera del tiempo, una cosa abstracta, un deseo más que un objetivo, eso es lo que persigo. El deseo de que permanezca el poema y de que en el texto que lo compone viva la poesía, que de alguna manera se instale ahí para siempre, en ese corazón tembloroso al que le otorga sentido, al que debe insuflarle suficiente energía, suficiente vida para que continúe, para que se proyecte a través del ritmo y de las formas. Me gusta recordar las citas que me han acompañado a lo largo de mi vida, que de una u otra manera me han formado como lectora, me gusta tener presentes a los grandes poetas que han hecho de este tiempo lo que es. Es bueno también empaparse del conocimiento de otros períodos, de otras vidas, de otras historias distintas a la nuestra. Por esa razón, hace unos días regalé mi colección de discos compactos, esas formas viejas de felicidad y diversión, donde la música lo era todo. El mundo de los jóvenes de mi generación fue intensamente artístico.

No tenía idea que para una persona joven de estos tiempos significaran algo, esos queridos objetos en donde solamente se guardaban unas cuantas canciones, pero fueron canciones que definieron nuestras vidas y que ahora son formas de arte relevantes que van a permanecer.

En el conjunto de discos compactos se encontraban bandas tan diversas como Nirvana, Mano Negra, The Strokes, Zebra, Squirrel Nut Zippers, Caifanes, Soda Stereo, entre otra treintena de discos de jazz y de música clásica, más una pequeña colección de The Beatles, Cranberries, Queen, Pink Floyd. Todavía recuerdo muchos de los temas, y de algunas bandas casi toda la discografía, así que compartir con alguien esos discos, me hace pensar que no perdimos el tiempo como generación, que realmente dejamos una huella, disfrutamos, amamos, vivimos con toda la intensidad de esos años en que no había redes sociales, celulares inteligentes, etc. Nuestra voz, nuestros pasos se escuchan. Son voces de un pasado donde todo fluía lentamente, donde una carta tardaba un mes en llegar, un paquete también, un nuevo álbum llegaba de muy lejos, porque siempre todo estaba muy lejos, todo era otra parte.

Y pienso, ¿por qué mi creación está cargada de melancolía?, no es tristeza, no lo es. Es el lenguaje de mi época, el reflejo de la libertad que disfrutamos gracias a las generaciones anteriores. Si escribo un conjunto de poemas va implícito ese espíritu, busco que irradien esa luz como las cosas vivas, por lo menos esa es mi intención, quizá no lo logro siempre y por eso también es que escribo para llegar allí de vez en cuando, una vez cada cierto tiempo o una sola vez en la vida, no importa.

Cuando estoy a solas vuelvo a esa música, a las voces profundas del jazz que me hacían soñar desde que era una niña, hasta las guitarras aturdidoras de las bandas de rock. El trabajo creativo va cargado de todo. En el mío quedan reminiscencias de los sonidos, del ritmo, de algunos álbumes emblemáticos. Son guiños, conjunto de signos que el subconsciente ha recogido.

Tantos años han pasado y ahora hay una extraña alegría, si pudiera volver el tiempo, me diría: ¡guárdalo todo!

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

Nuevos procesos por Jeanne Karen en La máquina verde

Presentar un libro siempre será emocionante. Tengo muchas historias sobre primeras presentaciones, pero esas las contaré en otra ocasión, porque hoy vamos a hablar sobre los nuevos procesos. Estaba en la sala de lectura de una biblioteca universitaria, junto con una amiga y un amigo, de pronto, después de escucharlos, recordé las sensaciones y los pensamientos que envuelven el hecho de comenzar.

No hablo desde mi experiencia como escritora, más bien desde la experiencia en general. Los comienzos son situaciones extraordinarias en nuestras vidas. Entrar por primera vez a terrenos desconocidos, ir pisando con cuidado, tratar de resolver en la mente, de qué se trata lo nuevo, lo que se ve, lo que se percibe, lo que se vive, conlleva mucha emoción, pero también ansiedad, el hecho de no saber, nos descoloca.

Recuerdo con mucha claridad cuando aprendí a andar en moto: encender la máquina para mí fue impresionante, darme cuenta de que en un segundo tenía en mis manos la dirección de un artefacto, hasta ese instante desconocido para mi cuerpo y para mi mente. Tuve miedo, mucho miedo, así que no me quedó más remedio que enfrentarlo. Conducir cualquier vehículo es algo muy serio, que involucra muchos factores, pero lo único que podía pensar, era en el hecho de que mi vida dependía de mi aprendizaje, no había espacio para la duda.

Cuando somos seres creativos, no pasa eso, nunca he sentido que esté en peligro por escribir un mal poema, de hecho creo que nada bueno o malo depende de la escritura de ninguno de mis poemas. Sin embargo, iniciar el proceso de la escritura, ¡siempre será algo nuevo!, la sensación es esa: emprender de cero, de la nada, de no saber a ciencia cierta dónde vamos o qué va a pasar con lo creado. Luego llegan los nuevos procesos, es decir, esa forma distinta de hacer lo mismo o lo que aparentemente es lo mismo, pero no.

Ya no inicia el libro con un poema largo, ahora son diez poemas pequeños, de gran claridad y belleza como pequeñas lanzas certeras, casi con voluntad propia; así para cada nueva actividad: dibujar una línea, abrir un archivo, levantar de forma distinta el escombro, dejar el horno precalentado a otra temperatura. ¿Qué sucede con esos nuevos procesos?, la mayor parte del tiempo nos llevan a fallar, pero si algo sale, si algo resulta, sin duda nos llevarán a hacer las cosas de forma distinta, a tener otro tipo de resultados.

En realidad, ¿cuántos nos atrevemos a buscarlos?, ¿abrimos el libro y leemos desde la primera página, o nos lanzamos a leer la Rayuela de Cortázar de alguna otra manera que no está sugerida en la novela?, ¿qué habrá pensado Julio cuando la escribió? Yo creo que pensaba en el tema de hoy, en esos otros caminos sin explorar, en la emoción que provocan, en los hallazgos, en la creación, hay que atreverse y también hay que estudiar esas nuevas representaciones, donde no hay cambio no hay avance. 

Quiero seguir buscando siempre, experimentar con mi propia existencia, con mi trabajo. Convertir mis días, mis lecturas, las anécdotas, los conocimientos, en parte de la materia prima de esa obra que se compone y se descompone con el tiempo: mi vida. En alguna de mis libretas estará la lista de todos esos nuevos comienzos, de las veces en que intenté hacer lo que hago siempre, pero desde otra arista, con otra visión, con otra intención de búsqueda.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Leer para sanar por Jeanne Karen en La máquina verde

Hay días en los que simplemente despierto con el deseo de hacer lo que más me gusta, lo que amo. Hoy es un día de esos, sin embargo apenas puedo.

Nunca me imaginé que la extracción de una muela del juicio fuera una cuestión tan complicada. Ahora estoy frente a la computadora, sintiendo todavía los efectos de la anestesia, un poco de mareo, ya con la molestia muy fuerte, mientras, trato de sostener una compresa fría en mi rostro. Me las ingenio, como lo he hecho siempre para muchas cosas, como lo hacemos en general los seres humanos, pero no dejo de maravillarme de lo increíble que somos, resulta que a pesar de todo, escribo algo.

La fortaleza y el valor, tal vez no nos acompañan siempre pero aparecen en el momento indicado. Escribir me ayuda a seguir en la vida, a despertar, respirar, crear, amar. Desde temprano tuve el impulso, el deseo de venir a escribir algo sobre lo que ha sucedido los últimos días, desde la semana pasada que estuve con ustedes por acá, con otras líneas, con otras ideas.

Trato de recordar si he escrito con dolor físico antes, pero por ahora no llega a mi mente ningún momento en especial. Lo que sí recuerdo con toda claridad es haber leído con dolor, con uno de espalda por ejemplo. Leer me ayudó a aislarme, a concentrarme en el libro, cuando leía, me daba la sensación de no estar en ese cuerpo, con esa angustia. Mi mente se concentró tanto en la lectura que difícilmente me permitía sentir el entero caos de mi estado.

A veces tenemos un umbral del dolor muy alto, aguantamos, resistimos, pero otras veces no es tanto y sentimos que el mundo se ha volcado en nuestra contra. Un desastre tras otro, digo en algunos momentos, en esos instantes que quisiera pasar rápidamente, pero luego caigo en cuenta de que es la única vida que viviré, entonces, ¿saben algo?, pienso en disfrutarlos también, quizás de una forma un poco extraña y retorcida, pero lo hago, tomo aire, sigo. Así que hoy estoy aquí, escribiendo la columna, para mí, para ustedes.

Leer me reconforta, no estar pendiente de mí misma es gratificante, no me preocupo ni de la respiración. Cuando estoy así, en cama, por prescripción médica, trato de seguir con lo que hago habitualmente, pero a veces resulta horriblemente incómodo, hasta pensar cansa. Imaginar es distinto, me aleja de mí misma, ya no cuento mi historia en la cabeza, comienzo a contar esas otras historias que están contenidas en los libros. Cuando leo poesía me sucede que tengo más espacio de acción, por así decirlo, hay un campo infinito, posibilidades que ni siquiera sabía que existían. A veces me gusta recordar versos, entre más difíciles, es mejor, porque mantengo mi mente ocupada en algo más, algo interesante, desafiante, infrecuente. Pienso en los poemas de André Bretón, por ejemplo, en un verso tal vez: Si solo saliera el sol esta noche. De pronto, por un instante, la verdad como la conozco cambia. Ya no soy un cuerpo, ya no es mi cuerpo sostenido por el dolor, ahora es el lenguaje poético entrando a mi conciencia, como ese sol del que alguna vez leí en el poema de El Airón, de nuestro admirado escritor francés.

Tal vez sí hay tiempo para todo, pero el tiempo que se vive a través de la lectura es un tiempo sinfín, es como navegar en todas las aguas, sumergirse en penumbras sin nombre y encontrar también la luz en los rincones. Leer es presenciar nuestra propia existencia como algo distinto. Cada que leemos un nuevo libro somos otra persona, al libro entramos con una visión y al salir nos hacemos de la nuestra. Puedes amar una lectura o no, puedes compartir con el autor algunos puntos de vista, puedes incluso odiar el material, pero no puedes ser lo que eras. Leer nos da una visión de la realidad que difícilmente vamos a conocer sino leemos, para mí es como vivir un poco más intensamente.

Me duele el hueco, el lugar de la boca donde alguna vez tuve una muela, me duele pensar en eso, me duele recordar el procedimiento, pero no se compara con lo mucho que voy a disfrutar cuando sane y lo mucho que estoy disfrutando el proceso, tantas páginas por recorrer, tomo un libro, tomo otro, pienso un poco en el futuro. Si tardo más días en estar bien, habré leído un par de cosas muy importantes para mí y habré sanado algo más, se habrá movido mi raro corazón para sentir algo distinto.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

  El pintor, Ángeles y la mariposa azul

(1)Hanna, pintura, técnica gouache de Pedro Alonso O’choro

Algo sobre mí

Soy argentina, nací un día de invierno de 1963 en Florencio Varela, partido del gran Buenos Aires, una ciudad enorme que por entonces conservaba aromas de pueblo.

Soy auxiliar psicoterapéutica y como tal durante años trabajé aplicando laborterapia y arteterapia en hogares de ancianos, talleres protegidos de adultos con discapacidad intelectual y atención de personas con trastorno del espectro autista y otras patologías.

Hoy mi espacio es el inclusivo en el ámbito educativo y mis talleres buscan socializar e integrar, teniendo como herramientas pinturas y textos.

Desde siempre me gusta escribir y cuando lo hago sumo mi apellido materno.

Soy Miriam Rodríguez Roa, coautora de El arte de ser: mujer, arte y discapacidad, una obra literaria, gestada, editada y publicada en Ciudad de México, que reúne el trabajo inédito de mujeres de México, Ecuador, Cuba y Argentina.

Derechos y Colores| ¡Pensemos diferente! no hay mujeres de primera ni de segunda

Por Natalia Mendoza Servín

Imagen recuperada de: https://pulsoslp.com.mx/nacional/libro-feminismo-silencioso-de-beatriz-gutierrez-muller/1833181

El día de hoy, la Dra. Beatriz Gutiérrez Müller presentó su libro «Feminismo Silencioso», donde la autora no se hace una pregunta menor: ¿Cuál es mi papel en la historia de este país? Para quien no la conozca, la Dra. Gutiérrez es una investigadora, profesora, periodista y escritora mexicana cuya pareja sentimental es el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Además de ser una académica destacada, la doctora es la primera mujer en rechazar el título de «Primera dama», que en México, se le asignaba a las mujeres esposas de los mandatarios del país, que hasta hace apenas unos meses, habían sido todos hombres. El cargo, es honorífico. Ninguna ley establece que la Primera dama tenga algún encargo gubernamental, pero solía asignárseles la titularidad del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, reforzando por supuesto los roles asignados a las mujeres de manera tradicional en México.

Ella decidió abandonar ese título porque le parecía clasista, y consideró que no había mujeres de primera o de segunda, y para hacerlo realidad debía comenzarse por pensar distinto. Coincido con ella en que el cargo era clasista pero también patriarcal, por lo que se comentó líneas antes.

Así que la investigadora siguió con su vida académica. Eso era lo suyo. Nunca abandonó sus aspiraciones por seguir las de su esposo, pero sin duda, y como ella afirma, tal matrimonio la llevó a una vida que no era precisamente la que había pensado: la del espacio público. No lo quiso ella, pero al estar casada con el presidente del país, estaba en el ojo público sin desearlo, entonces, decidió que su forma de asumirse en el sexenio, sería el silencio como algo elegido, pues ella podía en todo momento no hacerlo.

Aunque las diferentes mujeres que han estado en esa posición tienen diversas e interesantes historias qué contar, me parece que la propuesta de la Dra. Beatriz es importante no solo porque ella ha roto el esquema tradicional de lo que deben hacer las mujeres en el espacio aludido, sino porque ha decidido documentarlo.

Virginia Woolf decía: Escribid, mujeres, escribid, que durante siglos se nos fue negado. Y negársenos el derecho a escribir, además de ser una clara violación a nuestros derechos humanos, es una forma de borrar nuestra historia. Deben existir los vestigios de la otra cara de la moneda, porque en política siempre hablamos de impulsar a las mujeres a tomar los espacios de toma de decisiones, y cuando ciertas cuotas se logran, merecidamente las festejamos, pero no es tan sencillo como parece.

Las mujeres de la vida política no llegan con las cosas resueltas. Llegan después de pasar por muchos obstáculos a los que los hombres no son sometidos. Incluso, en algunos casos, cuando las mujeres están en algún espacio de esta naturaleza (como en el caso de la doctora), no necesariamente es el destino deseado y decidido por ellas, como la académica manifiesta.

En México es tiempo de mujeres. Beatriz rechaza el tradicional concepto de Primera dama, muchas mujeres ocupan el espacio en secretarías de Estado en las que nunca se había nombrado a una, y ahora tenemos una primera presidenta. El avance es tremendo, pero no fácil. Su perspectiva e historia de en sus trayectorias profesionales deben ser conocidas de forma honesta, pues ahí está la clave para comenzar a conocer los problemas profundos de las desigualdades entre mujeres y hombres.

El paso que la Dra. Gutiérrez Müller da es necesario: poner en relieve sus vivencias, inquietudes y preguntas son fundamentales para entender nuestro paso por la vida pública. Y como bien menciona ella, el análisis no termina aquí. Valioso será que todas ellas hablen, le den forma a las ideas, a los problemas y retos que enfrentamos.

Es momento. Es necesario.

Contacto en X: @NataliaMese

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

ESCRIBIR

Por Madelaine BO.

Escribir ¿Para olvidar o recordar?

En algún momento necesitamos diferentes maneras de desahogarnos de lo que traemos dentro, algunos lo hacen escribiendo, dibujando, cantando, bailando o cualquier otra manera en que sientan que lo pueden sacar.

¿Y nos sirve?

Pero si realmente logramos el cometido por que sigue doliendo o seguimos recordando, solemos sobre pensar las cosas una y mil veces sin lograr el cometido.

Entonces que hacemos con los pensamientos y los sentires, por que no solo podemos desecharlos como cualquier cosa y solo dejarlos olvidados en algún lugar abandonados en donde jamás los volvamos a encontrar.

Creo firmemente que solo deberíamos sentir y vivir por que el mañana nos puede traer algo mejor de lo que hemos pensado o soñado; confiar… siempre debemos confiar.