El pintor, Ángeles y la mariposa azul

(1)Hanna, pintura, técnica gouache de Pedro Alonso O’choro

Algo sobre mí

Soy argentina, nací un día de invierno de 1963 en Florencio Varela, partido del gran Buenos Aires, una ciudad enorme que por entonces conservaba aromas de pueblo.

Soy auxiliar psicoterapéutica y como tal durante años trabajé aplicando laborterapia y arteterapia en hogares de ancianos, talleres protegidos de adultos con discapacidad intelectual y atención de personas con trastorno del espectro autista y otras patologías.

Hoy mi espacio es el inclusivo en el ámbito educativo y mis talleres buscan socializar e integrar, teniendo como herramientas pinturas y textos.

Desde siempre me gusta escribir y cuando lo hago sumo mi apellido materno.

Soy Miriam Rodríguez Roa, coautora de El arte de ser: mujer, arte y discapacidad, una obra literaria, gestada, editada y publicada en Ciudad de México, que reúne el trabajo inédito de mujeres de México, Ecuador, Cuba y Argentina.

Derechos y Colores| ¡Pensemos diferente! no hay mujeres de primera ni de segunda

Por Natalia Mendoza Servín

Imagen recuperada de: https://pulsoslp.com.mx/nacional/libro-feminismo-silencioso-de-beatriz-gutierrez-muller/1833181

El día de hoy, la Dra. Beatriz Gutiérrez Müller presentó su libro «Feminismo Silencioso», donde la autora no se hace una pregunta menor: ¿Cuál es mi papel en la historia de este país? Para quien no la conozca, la Dra. Gutiérrez es una investigadora, profesora, periodista y escritora mexicana cuya pareja sentimental es el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Además de ser una académica destacada, la doctora es la primera mujer en rechazar el título de «Primera dama», que en México, se le asignaba a las mujeres esposas de los mandatarios del país, que hasta hace apenas unos meses, habían sido todos hombres. El cargo, es honorífico. Ninguna ley establece que la Primera dama tenga algún encargo gubernamental, pero solía asignárseles la titularidad del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, reforzando por supuesto los roles asignados a las mujeres de manera tradicional en México.

Ella decidió abandonar ese título porque le parecía clasista, y consideró que no había mujeres de primera o de segunda, y para hacerlo realidad debía comenzarse por pensar distinto. Coincido con ella en que el cargo era clasista pero también patriarcal, por lo que se comentó líneas antes.

Así que la investigadora siguió con su vida académica. Eso era lo suyo. Nunca abandonó sus aspiraciones por seguir las de su esposo, pero sin duda, y como ella afirma, tal matrimonio la llevó a una vida que no era precisamente la que había pensado: la del espacio público. No lo quiso ella, pero al estar casada con el presidente del país, estaba en el ojo público sin desearlo, entonces, decidió que su forma de asumirse en el sexenio, sería el silencio como algo elegido, pues ella podía en todo momento no hacerlo.

Aunque las diferentes mujeres que han estado en esa posición tienen diversas e interesantes historias qué contar, me parece que la propuesta de la Dra. Beatriz es importante no solo porque ella ha roto el esquema tradicional de lo que deben hacer las mujeres en el espacio aludido, sino porque ha decidido documentarlo.

Virginia Woolf decía: Escribid, mujeres, escribid, que durante siglos se nos fue negado. Y negársenos el derecho a escribir, además de ser una clara violación a nuestros derechos humanos, es una forma de borrar nuestra historia. Deben existir los vestigios de la otra cara de la moneda, porque en política siempre hablamos de impulsar a las mujeres a tomar los espacios de toma de decisiones, y cuando ciertas cuotas se logran, merecidamente las festejamos, pero no es tan sencillo como parece.

Las mujeres de la vida política no llegan con las cosas resueltas. Llegan después de pasar por muchos obstáculos a los que los hombres no son sometidos. Incluso, en algunos casos, cuando las mujeres están en algún espacio de esta naturaleza (como en el caso de la doctora), no necesariamente es el destino deseado y decidido por ellas, como la académica manifiesta.

En México es tiempo de mujeres. Beatriz rechaza el tradicional concepto de Primera dama, muchas mujeres ocupan el espacio en secretarías de Estado en las que nunca se había nombrado a una, y ahora tenemos una primera presidenta. El avance es tremendo, pero no fácil. Su perspectiva e historia de en sus trayectorias profesionales deben ser conocidas de forma honesta, pues ahí está la clave para comenzar a conocer los problemas profundos de las desigualdades entre mujeres y hombres.

El paso que la Dra. Gutiérrez Müller da es necesario: poner en relieve sus vivencias, inquietudes y preguntas son fundamentales para entender nuestro paso por la vida pública. Y como bien menciona ella, el análisis no termina aquí. Valioso será que todas ellas hablen, le den forma a las ideas, a los problemas y retos que enfrentamos.

Es momento. Es necesario.

Contacto en X: @NataliaMese

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

ESCRIBIR

Por Madelaine BO.

Escribir ¿Para olvidar o recordar?

En algún momento necesitamos diferentes maneras de desahogarnos de lo que traemos dentro, algunos lo hacen escribiendo, dibujando, cantando, bailando o cualquier otra manera en que sientan que lo pueden sacar.

¿Y nos sirve?

Pero si realmente logramos el cometido por que sigue doliendo o seguimos recordando, solemos sobre pensar las cosas una y mil veces sin lograr el cometido.

Entonces que hacemos con los pensamientos y los sentires, por que no solo podemos desecharlos como cualquier cosa y solo dejarlos olvidados en algún lugar abandonados en donde jamás los volvamos a encontrar.

Creo firmemente que solo deberíamos sentir y vivir por que el mañana nos puede traer algo mejor de lo que hemos pensado o soñado; confiar… siempre debemos confiar.

Desplazarse con algo de poética | Aquella tarde extendida

El atardecer al ser fugaz, hace visible a aquello que damos por sentado

(la danza del desvanecimiento de los tonos del sol)

Contemplar los contrastes del cielo

Encontrar los diferentes tonos de azul

La soledad que se siente al estar acompañada

Una explicación que solo cruje como el ruido

(palabras vacías e innecesarias) 

Silencios extendidos

Caminatas sin rumbo

Caricias ajenas que se generan por inercia 

Un mandoble que pudieras sacar ante cada injusticia que se queda volando en el aire

Aquella tarde solo sucedió

y se quedó en mi memoria extendida.

Monica Tadeo

Artista Visual procedente del sureste del país, cuando no observó a través de la cámara, lo
plasmó en palabras y en ocasiones estas se combinan. Con un interés por enunciar el sentir, cuestionarnos y replantearnos la vida en sí misma.

La imaginación y sus jardines por Jeanne Karen en La máquina verde

Algunas veces debo salir de la ciudad por cuestiones familiares o personales, que poco tienen que ver con mi trabajo o con mi labor como escritora. Tomar carretera me ayuda a concentrarme y a pensar en situaciones que de otra manera no puedo, porque mi día a día es un verdadero caos en cuanto al tiempo y las actividades, si hiciera una gráfica serían un par de indicadores que van de un lado a otro de las columnas que cambian constantemente. Me cuesta seguir una rutina, me cuesta plantearme una rutina, para la única actividad que tengo horas específicas del día es para escribir, el resto permanece casi en secreto, entramos a un territorio neblinoso y oscuro.

Cuando ya voy en camino por fin, casi siempre tengo la fortuna de ir de copiloto, no todo el tiempo, pero aprovecho cuando me toca ese peleado lugar en el vehículo. Otras veces debo compartir la responsabilidad del volante, que también disfruto, pero eso lo abordaré en otra ocasión.

Hablemos de ir mirando el paisaje, de observar a veces como la noche cae sobre las montañas, unas verdes otras azules, en una sincronía del movimiento, se desdibujan y luego aparecen de nuevo, las mismas pero de un color distinto: más grises, con mayor profundidad, lejos.

Hace poco en dos viajes diferentes, escuché las cosas que platican los niños. Recordé lo que es vivir con imaginación. Es decir, hacer del hecho de imaginar parte de nuestra vida, parte de lo cotidiano, del día a día, de nuestras palabras.

Dos pequeños se contaron sobre sus aventuras en la ciudad, uno de ellos decía que había ido a Japón el fin de semana, que en realidad queda muy cerca de casa, quizás a dos horas en auto, no más y la niña que escuchaba atentamente se quedó sorprendida con la descripción que le dio sobre Japón y un parque público. Después ella les contó a sus papás y les dijo que está lista para viajar y que quiere ir a Zacatecas, San Luis Potosí, Guadalajara y por supuesto a Japón, el recorrido completo en un fin de semana. Obviamente los adultos soltamos la carcajada. Fue tan graciosa, tan simpática, tan divertida. Luego le explicamos que hay un parque con temática del país asiático cerca de casa, pero que Japón está muy lejos y hay que hacer largos vuelos para llegar hasta allá. Se quedó tan sorprendida, no sin avisarnos que de todas maneras tiene la idea y la convicción de que alguna vez lo visitará.

Para ellos utilizar la imaginación tal vez equivale en el mundo de los adultos al uso de herramientas para trabajar sobre nuestros talentos y saberes. Sin embargo no puedo dejar de sentir que nos hace falta algo más, que en el largo camino de la adultez vamos perdido cualidades, poder creativo.

Utilizar nuestra imaginación como algo casi tangible, bueno, ya nos resulta extraño. Tendemos a imaginar más bien sobre metas, anhelos, deseos. No sobre mundos, lugares o situaciones que no existen y que nos gustaría crear.

Siento que necesito volver a explorar esa parte de mi imaginación y no solo eso, comenzar a crear desde ahí, no seguir las reglas, comenzar a hacer las cosas de manera diferente, inventar algo nuevo. Muchas veces he tratado de escribir desde otro sitio, desde otra mirada y de otra manera. Siempre termino con miedo, hasta con angustia. Comienzo a cuestionarme, a preguntarme si realmente funciona o funcionará lo que estoy haciendo. La mayor parte del tiempo tengo dudas.

No puedo experimentar tanto como me gustaría, no dejo que la luz de la imaginación se encienda de nuevo, soy precavida, pero no me gusta. A veces quisiera arrojarme a ese vacío, a ese desconocimiento, a esa forma aleatoria de hacer las cosas. Sin brújula, sin puerto seguro, solamente con el impulso. Luego mi mente racional me frena un poco, las preguntas son las mismas, ¿para qué lo haces, por qué, tiene algún propósito?

Me gustaría volver a aquellos momentos en donde imaginar era más sencillo y servía para todo. Alguna vez me dediqué a hacer ilustraciones y las imágenes que salían de mi mente y de mis manos eran para mí lo suficientemente bellas y útiles. Ahora con el tiempo, cierro los ojos y estoy en blanco, no sé cómo darle vida a las palabras, a las líneas, a mis días.

No sé cómo inventar, qué más crear, a dónde ir. De nuevo quisiera soñar con ir de Zacatecas a Japón en un solo día y pasear por un Jardín apenas tocado por el sol y encontrar una garza gris del tamaño de un edificio y sonreír. Me gustaría también saber menos de geografía y más de ilusiones, aprender y recordar cada verso, cada poema que he leído, por ejemplo los versos de Ledo Ivo que dicen:

Tengo un ritmo más grande para alabarte, poesía.

Mayor, sin embargo, era la orilla de la playa de mi ciudad

donde, niño, inventé barcos antes de haberlos visto.

Añoro, añoremos, los invito a desear la invención de nuestra mente cuando joven, cuando todavía el mundo no nos aplastaba con su dolor, con su realidad y con su terrible belleza, destructiva y creadora.  

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

La primera mujer


Por Claudia Canseco

Para mí, la primera mujer y mi mamá es Eva.

Llegaba a su casa y con conversaciones sencillas que nos arrebatan del presente, platicamos y recordamos las anécdotas de la infancia. 

– Mamá ¿recuerdas las tardes que jugabas con nosotros a ser lo que deseábamos? ¿Que muchas veces caminamos en el patio a sabiendas de ser el paraíso? Las tardes y el viento, con la ropa cómoda, las andanzas descalzas y las hojas cayendo en torno al juego–. 

La voz dulce y tierna de mamá junto a los olores de su cocina. 

– En tu cocina, las manzanas nos acompañaban con el deseo de ser libres en el juego, la independencia de pensarnos niñas o adultas, profesionistas o no, logrando hazañas o conquistando el sueño a través de la siesta larga. Únicamente con el deseo de ser. Una entelequia de la manzana: verde o roja, perfecta o imperfecta, perfumada o no, dulce y agradable pero solo a la vista de nuestros propios ojos, no con pecados ni templanzas. Lo importante era ser–. 

Después mamá, me doy cuenta que en el jardín del Edén ha pasado el tiempo, que tú pareces cansada, que las arrugas son bastiones de tu andar y que hace inevitable el camino a tu libertad. Mamá, tú historia de vida no estuvo en manos de una costilla desde la infancia, pero tu relación con Dios es perfecta. Esos Adanes caminaron contigo. Estuvieron hasta donde el tiempo lo permitió con la intención de que no estuvieran solos.

Mamá siéntete serena, no tendrás que ser redimida. Recordaré contigo tu propia infancia y juventud, tu andar con nosotros, los juegos, la libertad y me llevaré las enseñanzas de estas conversaciones bajo el gran árbol de la vida. 

Por ti conocí la luz y la tierra, sin duda eres la primera mujer.

ARTE:

Título: Cerezo

Material: Lienzo

Técnica: Óleo 

Autora: Claudia Canseco Rosa

Imagen que contiene pastel

Descripción generada automáticamente


Claudia Canseco Rosas

Una mujer con lentes

Descripción generada automáticamente

Preocupada y ocupada por la educación en México es profesora e investigadora. Además de tener intereses por el arte en manifestaciones como la pintura y la literatura, piensa que “escribir es un acto revelador de la mente” y se pregunta: ¿Cómo representar el conocimiento? Pinta, escribe, danza y canta, el imaginario mental es el instrumento. 

Cartografías del Instante| Rodar Cuesta Abajo

Rodar Cuesta Abajo

Por Anyela Botina

Hoy noté que hace días no dices nada. Antes me hablabas sobre lugares que no sé si algún día conocerás o conociste. Me gustaba que me preguntaras qué era lo que veía a través de la ventana. Entonces, yo te contaba que de niña me imaginaba que rodaba por esas montañas verdes y amarillas.

Lo noté hoy, mientras veía a la lechera subir por ese camino hasta perderse en la montaña. Tú me miraste con sorpresa y te fuiste. Me di cuenta de que era solo yo, detrás del vidrio recordando cosas.

Después de eso, no te he visto en ninguna parte de la casa. Aunque extraño tus palabras, no puedo imaginármelas, no puedo predecir tus pasos, y tu piel, solo es una idea, igual que tus manos. Es como darme cuenta de que solo estoy imaginando que ruedo por la montaña, pero que en realidad no podría; la montaña no es lisa. Si me tiro a rodar en el potrero, podría golpearme contra las piedras, caer al abismo o quedar incrustada en una rama.

Así es el olvido, pienso. Al final, una se echa a rodar en la montaña, sin pensar en la caída. ¡Qué cuentos! Y después de sacudirse, se queda con una espina incrustada en alguna parte que duele. A veces te acostumbras a que duela un poco, te acostumbras tanto que se vuelve una parte de ti. Hasta el día que recuerdas ese amor que era como salir viva de las llamas y deseas sentirlo nuevamente, pero sabes que no puedes sentir otra cosa que no sea la espina, entonces, la busco y la encuentro, pero en lugar de sacarla, la entierro aún más, hasta sacarme lágrimas, hasta que la espina enrojece la carne y la hace palpitar de fiebre. Hasta creer que vuelvo a sentir ese fuego, pero es la espina que se pudre; mi cuerpo diciendo que el dolor tampoco me pertenece.

Entierro la espina más profundo hasta creer que el amor lo puede todo. Que puedo volverte a sentir cerca, que puedo presentir si estás en peligro o triste, pero ya no puedo. No puedo desde que tu recuerdo no dice mi nombre, desde que tus palabras se han ido confundiendo con otros sonidos de la casa. A veces pienso que este dolor de olvidarte es peor que saberte lejos, pero es mentira. El dolor de este olvido es manso y pequeño, es tan sutil que las lágrimas no aparecen, que no ven la necesidad de sacar la cabeza.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. También, puedes escucharme en Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí👇

Si te interesa este contenido, también te puede interesar:

Selección de poemas de mi libro Menta en La máquina verde

Comparto con mucho gusto una pequeña selección de mi libro Menta. Poemario ganador del Premio Manuel José Othón 2018, publicado por la Editorial Ponciano Arriaga del Estado de San Luis Potosí.

Raíces de miel. Los árboles de mi vida dan enorme sombra:

frondosos follajes de oro.

Caen las hojas del otoño, no hay más tristeza en el bosque.

Recogí manzanas pequeñas de piel rojiza y amarga.

Ni un ruido de máquinas entre los árboles;

solamente el gruñido nos otorga una definición.

Con el andar pasó el tiempo: dios en la humedad del suelo

y en el incendio más arriba de la montaña. Dios en todas partes.

Nos complementa.

********************************************************************************************

Elementos en la maleta de viaje: una rama de lavanda, el frasquito de aceite

de menta. La madre pone en las manos las ofrendas que nos salvan del mundo,

gotas aromáticas en la ventana. Llueve otra vez, y la migraña desaparece.

El análisis poético está enlazado con la realidad y lo aparente.

Si algo viene del subsuelo, la palabra “análisis” se transforma en raíz muerta;

y si otra cosa aparece en el bucle de las redes neuronales dispersas,

no entra la regla que mide cantidad y calidad. Toda poesía, bajo el microscopio,

es un ser vivo de cien cabezas. Aprende a distinguir.

<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<——————————<<<<<<<<

Los pájaros están a la sombra del buey o de cualquier otro animal de tamaño

grande, y buscan protegerse del sol del mediodía.

Nadie mira, prefieren la muerte, andan con ella entre las alas, en los picos rojos y blancos,

van con ella a las fuentes, la llevan en las patas, la acomodan en un jardín, entre flores y niños.

 El vuelo es salvarse

para morir distinto.

**************___________________________________*******************************

En cualquier rincón del mundo

hay un trozo de madera vieja que busca la nuevainterpretación de su existencia:

tal vez una silla rota que desea convertirse en un especiero,

una mesa apolillada, una estantería de libros sabios.

Hay que darle un nuevo nombre, vaciar el otro, cobrar formas distintas

y establecer la coyuntura de los paradigmas del futuro.

Tengo el hábito de recoger objetos sin la pesada carga de las palabras,

algo que ya no parece algo, algo que ya no se parece a nada.

Por eso el creador es el que saca de ninguna parte, abre un bolso que no existe,

entona una canción imposible, dobla las letras, las exprime,

experimenta, y el ebanista y el carpintero trabajan de la misma forma

con su materia elemental: lo viejo y lo nuevo.

Para todo se necesita buena herramienta.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.