Letras Revueltas|Pian Pianito

Por Illari Alderete

Comenzó otro año y yo voy pian pianito, esta frase viene del italiano pian piano que significa poco a poco, suele utilizarse para señalar que la lentitud es necesaria para llegar a distancias lejanas, sin correr y cansarse antes de la meta. Confieso que, en ocasiones, me gustaría ir al ritmo de los demás, luego recuerdo que siguiendo a los otros suelo agotarme más rápido y perderme. Ya lo dijo Antonio Machado:

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.”

¿A dónde voy con todo esto?, ¿por qué he de hablar de la lentitud? Terminé el año sintiéndome orgullosa de mí misma, hacía tiempo que no tenía tanta claridad en las obras literarias que había leído, en total 13. Al fin, había recuperado la constancia en un placer que había perdido con la tecnicidad del trabajo. La realidad es que después de seis u ocho horas de dar clases, lo que yo menos podía hacer era llegar a leer pues, aunque amena, esta habilidad requiere de concentración y esfuerzo, así que solía, aún lo hago, llegar a ver series o jugar videojuegos, a veces sólo a sentarme y scrollear. Poco a poco logré retomar lecturas que hacía tiempo que había empezado, la que más me gustó fue El peligro de estar cuerda de Rosa Montero, es un ensayo en el que se reflexiona sobre los procesos creativos y su relación con la locura, la premisa es que para escribir se requiere tener un “tornillo zafado”. En mi afán por descubrir si pertenezco al gremio analicé mi conducta para determinar si tengo algo de loca, a lo más que llegué es a pensar en la época que tuve depresión porque me sentía alejada de la senda que deseaba de niña. ¿Eso podría tomarse como locura?, si es así, ¿cuántas de nosotras no andamos medio locas? Rosa Montero señala que las y los escritores tienen tres veces más probabilidades de sufrir depresión que una persona común, aunque este trastorno en autores y autoras también va acompañado de altas dosis de fogosidad, entusiasmo y energía. ¿Cuál será la relación entre la escritura y la depresión? ¿Tendrá algo que ver el tiempo? ¿El tiempo que se dedica a la lectura y escritura?

Imagen obtenida de Dream Memorieshttps://mdmemories.blogspot.com/2022/06/resena-el-peligro-de-estar-cuerda-rosa.html

Admito que mi forma de pensar es muy desorganizada y que me cuesta mucho trabajo elegir un libro, normalmente quiero leer todo a la vez, por eso me gustan el radio y la televisión porque puedo hacer otras cosas mientras me entretengo, aunque tal vez sólo he fomentado malos hábitos y estoy cediendo al ímpetu de la posmodernidad que implica consumir varias cosas a la vez. Intenté leer varios libros al mismo tiempo, hice dos experimentos, uno a comienzos de año y, otro, a finales. El primero fracasó porque empecé a confundir libros y autoras, “Noches azules” de Delphine de Vigan y “Nada se opone a la noche” de Joan Didion, ambas hacen una crónica familiar y hablan de la muerte, así que empecé a mezclar lugares e historias y me resultaba imposible distinguir una de la otra, no terminé ninguna, por eso no están entre mis 13 libros leídos del año. 

En mi Kindle las portadas se parecen más

El segundo experimento fue mejor porque dejé que mi cabeza divagara, comencé leyendo Canto yo y la montaña baila de Irene Solà que mezcla géneros, perspectivas y se tratan de fragmentos que cuentan la vida de una familia que habita en las montañas, al mismo tiempo me di cuenta de que extrañaba leer ensayo y comencé a leer El día que aprendí que no sé amar de Aura García-Junco, este nos habla de las diversas formas de amar en contraste con la monogamia, sin embargo, mientras leía ambos libros estaba escribiendo una de mis columnas y me di tiempo de detenerme un poco y leer acerca del descanso y el cuidado, por eso leí “El pabellón del descanso” de Amparo Dávila, del que hablo en mi columna anterior, Su cuerpo dejarán  de Alejandra Eme Vázquez, que es un ensayo en el que problematiza el papel de las cuidadoras en la sociedad a través de su familia. Cuando terminé ambas lecturas me cuestioné si leer para escribir no volvía a ser normativo y, por lo tanto, me quitaba un poco el gusto de la lectura, sin embargo, disfruté ambas lecturas y me dejaron pensando largo rato en el papel de las cuidadoras en las sociedades actuales. 

Mientras estaba a la mitad del ensayo de Junco y de la novela de Solà, comencé a preguntarme por las relaciones de pareja y, por fin, terminé de leer El matrimonio de los peces rojos de Guadalupe Nettel, que es una colección de cuentos que establece similitudes entre los animales y las relaciones interpersonales, éste me lo habían recomendado varias veces y, aunque tengo mis reservas con Nettel, tres de sus cuentos me atraparon “El matrimonio de los peces rojos”, “Guerra en los basureros” y “La serpiente de Beijing”, pienso que lo fundamental en las tres historias fueron los personajes y lo no dicho en cada texto. También me ayudó confrontar mis observaciones con las de los demás, para mí “Hongos” fue un texto que cae en un cliché que no me agrada, el de las mujeres que viven para los hombres, no es que sea malo, es que ya no puedo con esas historias.

La avalancha de textos no terminó allí, y eso me llevó a otro tipo de lectura, la lectura por obligación. En mi clase de inglés me dejaron leer Walkabout, que es  la historia de cómo un niño aborigen australiano salva a dos niños gringos y, por lo mismo, me desagradó; y la de Ethan Frome, que habla de las relaciones de pareja y un hombre que se aburre de su mujer porque está enferma y sólo hace labores de la casa, acepto que la premisa me atrajo, pero Ethan es de esos personajes que ya no soporto, es algo que me han dejado “los lentes violetas”. También cuestioné esta práctica que tenemos los profesores con el fomento de la lectura y coincido con que el camino no es obligar, pues aunque me gusta leer, tener que dejar lo que estaba leyendo para cumplir con un proyecto no fue grato, al contrario, me produjo disgusto. Sé que hay mil técnicas para promover la lectura, pero hasta qué punto podemos forzar a las personas a que lean.

Instagrams:@laletraenllamas, @Aura_gj, @leeresvivir2veces,@cumuluslibrus

Una de las redes sociales que últimamente frecuento, porque me da una satisfacción instantánea, es Threads, allí es más fácil conectar con escritores en ciernes y lectores más jóvenes. Comenzó a circular a finales e inicios de año, el hilo sobre las lecturas realizadas, en él aparecieron los que decían 80 o 60 libros y señalaban a los que leyeron 12, ¿Cuándo la lectura se convirtió en un objeto de consumo? La crítica hacia los que leían esas cantidades inimaginables para mí, se dirigió hacia el tipo de obras que consumían; de autoayuda, novelas románticas, sagas de fácil consumo, etc. Yo aún no tengo una opinión, sólo puedo decir que leer requiere de tiempo y que el placer, para mí, surge del anquilosamiento de la obra en la mente. En todo caso apelo a los diez derechos del lector de Daniel Pennac:

  1. El derecho a no leer
  2. El derecho a saltarse páginas
  3. El derecho a no terminar un libro y empezar otro
  4. El derecho a volver a leer un libro
  5. El derecho a leer cualquier cosa que nos venga en gana
  6. El derecho a leer lo que me gusta
  7. El derecho a leer en cualquier parte, aunque después puede traernos consecuencias
  8. El derecho a picotear aquí y allá
  9. El derecho a leer en voz alta, estemos donde estemos
  10. El derecho a guardar silencio sobre todo lo referente a nuestras lecturas

Que se resumen en:

No burlarse jamás de aquellos que leen o no leen, en las circunstancias que sean. Lo placentero se halla, para mí, en la libertad de leer, como sea, en especial, en poder rumiar los textos.

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

Entre Caos poético y textos perdidos | Habitación propia


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Lizzie Vp


Mi cuerpo
templo de veneración
habitación propia que aloja sentires, deseos, manuscritos, tierra que aún no se explora necesita mostrarse, abrazo mi reflejo.

Otras voces quebrantadas pintan el camino de la simple satisfacción por encontrar, encontrarme con el amor más profundo que es el ser quién soy, abrazate en libertad.

¿Y tú explorador, qué haces rondando montes lejanos?

Los caminos son demasiados, el tiempo es poco, la ruta es una sola, abrázame.


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad.Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

El goce de la contradicción por Jeanne Karen en La máquina verde

Cuando comienzo el día con dolor de cabeza, ya sé de dónde viene. Estuve en las horas de la madrugada, ida y vuelta, de un pensamiento a otro, pero no de pensamientos que puedan formar una serie estructurada, más bien, todo lo contrario, cosas, ideas, que se contraponen de manera terrible, unas con otras, como un choque de dos cuerpos de agua, uno revuelto y otro cristalino.

Luego sucede que llega el sueño, pero al despertar tengo la sensación de cansancio, de una lucha interna por tratar de entender hacia dónde exactamente me lleva la manera intensa en que mi cerebro funciona en los momentos menos oportunos, en las horas inciertas.

A veces me lleva a escribir, a escribir mucho y lo agradezco, pero otras veces solamente me trae un dolor molesto. De esos pensamientos encontrados, contrapuestos, han surgido poemas, pequeñas historias. No sé cómo funciona para otras personas esa lluvia de ideas al azar, la actividad de una mente inquieta. Tal vez no la notan o es parte de sus días, de su existencia. Una energía que de pronto les da para llegar más allá, para resolver acertijos que parecían no tener una sola respuesta.  

Es que, pienso, ¿está acaso nuestra mente descansando en realidad? Y más bien  parece que es un momento de autonomía, de dejarse llevar simplemente por lo que es, un centro de control: el cerebro. Como cuando estamos en una alberca y dejamos al cuerpo flotar y le permitimos irse con la corriente de agua, ¿no es un gran descanso?

Somos una contradicción, estamos hechos de palabras encontradas, de frases que como los palillos chinos caen unas sobre otras y vamos por la vida tratando de no hacer un mal uso, de no hacer un movimiento en falso, de no decir lo que no debemos en el momento menos apropiado. A mí no siempre me sucede que sea cauta, me ha pasado muchas veces que dejo caer una observación estúpida con un gran estruendo como un árbol que acaba de ser talado.

Es imposible para mí no estar formada de esas contradicciones, de esos pensamientos que de forma violenta se encuentran en mi cabeza, que parecen un par de trenes descarrilados. Creo que parte de mi forma de ser, de escribir y de crear tiene mucho que ver con esos procesos mentales y además tiendo a disfrutarlos, no me causan demasiado conflicto, como quizás sí les puede causar a otras personas.

Porque algunas veces me lo han echado en cara, me han dicho algo así como: “pero tú no pensabas tal cosa, dijiste todo lo contrario”, y una serie de señalamientos en ese tono. No me importa, sé lo que soy, soy perfectamente capaz de cambiar de opinión de un momento a otro, de formarme una convicción enteramente distinta a las anteriores, de hoy a mañana. Sin embargo en las cosas importantes me mantengo firme: el amor a la vida, que no es otra cosa que el amor a la literatura, al café, a la soledad, a algunas puestas de sol, a la familia y a mis cercanos.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Polilla en Versos | Microrrelatos de Media Noche I

Por Paola Rodríguez


Parálisis del Sueño
La noche pasada sentí que «se me subió el muerto», como mi madre siempre decía. Sin embargo, ella nunca mencionó que al despertar el cadáver seguiría estando sobre mí.

Exhumación

Nunca creí experimentar la desesperación de ser enterrada viva, pero cuando escuché a esos saqueadores de tumbas debatir lo que harían con mi cuerpo una vez que lo lograran desenterrar, solo pude desear que el oxígeno dentro del cajón se acabara antes de que ellos llegaran hasta mí.


Biografía del autor. Paola Lizbeth Rodríguez Gómez (Tepatitlán de Morelos, 1999) Egresada de la Licenciatura de Escritura Creativa de la Universidad de Guadalajara. Algunos de sus textos narrativos han sido publicados en la revista de literatura Al Margen, además de otras pequeñas colaboraciones en revistas independientes y fanzines. También disfruta de la poesía visual y el art-journal.

Dos por un cuarto de hora


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Lizzie Vp


Caminaba de regreso a casa, hacía demasiado calor y en mi mente solo pensaba en hablar con él. El día anterior me había hecho una propuesta demasiado sugestiva y cautivadora para mi pensar, y para mi vagina mucho más. No había dejado de pensar en su intrusa proposición, tener un encuentro del tamaño de Las Vegas.

Dentro de mí había demasiado calor, ideas insinuantes, juego y locura sexual que sentía extremadamente en la humedad de mi clítoris, de mi panti, solo con pensarlo. Al llegar a casa, tuve un instante de lucidez y me di a la tarea de revisar mis mensajes: ¡Estaba ahí! Revisé de principio a fin, era imposible que fuera él, tan joven y guapo, pero me arriesgué. Decidí contestar y afirmar su proposición. Inmediatamente me dijo que me quitara la ropa. Preferí ir a la ducha cuanto antes y enjabonar mi cuerpo. Lo vi entrar y, besándome, llegó a tocar lo indefinido; sentí tanta hambre que ni lo sentí llegar. Accedí por igual, penetrarme se sentía tan bien que pedí más sin parar. Nos dirigimos a la recámara y entre risas nos abrazábamos, puesto que un curioso observaba por el jardín en ese gran ventanal. Eso no impidió que siguiéramos porque aumentó más la sensación por querer llegar al clímax en su totalidad. Él solo me pedía que aguantara más porque quería enseñarme nuevas sensaciones, creyéndose un máster, y lo fue. Me colocó en la silla de paja al lado del clóset, que lastimaba mis caderas en cada embestida; el sudor nos hacía resbalar. Nos olvidamos de todo, solo nos dimos a sorbos de tan sedientos que andábamos.

Terminamos ambos en un dos por cuarto de hora. Yo montaba y él sobre mi pecho tratando de no dejarse ir, eso recuerdo.

¡Qué placentero fue! Ambos descansamos acompañados de un «te amo» espontáneo.

En ese elixir de placer, tomé mis panti y las coloqué en su lugar. Era ya tarde. Nos despedimos con un «like» y un «¡MUAAAA!». ¿Qué puedo hacer ahora si confirmo lo que tanto me advirtió? Sin duda quiero más.

Derechos reservados a su autor.


Sobre la autora


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad.
Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

Agua estancada o un instructivo para empezar a actuar en mi defensa


Por: Yaneli González


Tengo una lista en el bloc de notas titulada “URGENTE!!!”, son cosas burocráticas que tengo que hacer pronto; otras son más bien deseos, acciones que desde hace mucho pospongo y se reducen en autocuidado y crecimiento:
SAT, licencia de manejo, oculista, alergólogo, la visa, el inglés, ejercicio, cabello sano, piel sana, negocio propio, libro publicado, no anoto en la lista nada de salud mental aunque es más urgente que todo lo anterior. Son palabras adorno. Cosas que quiero hacer y que dejo pasar conforme los años.


Hay un término que usan constantemente en mi familia: “desidioso”, usado como adjetivo para una persona que tiene desidia (negligencia, falta de cuidado, según la RAE). Me gustaría hablar de mí con otro concepto, pero ya van 20 días de que empezó el año y mi lista de propósitos, que nuevamente escribí y puse en un lugar visible para ahora sí, por fin, hacerlo, sigue intacta.
Mi psicóloga diría que no me castigue, que todo proceso es lento y es válido tropezar, pero en mi interior hay agua estancada que necesita moverse para avanzar. ¿Avanzar a dónde? A un lugar donde me guste más quien soy. Donde me cumpla a mí misma y pueda ser más honesta con lo que pienso, hago y digo. Congruencia.

Sigue leyendo «Agua estancada o un instructivo para empezar a actuar en mi defensa»

50 sombras de morado | Reconciliarte con tu propio arte

Por Irene González.

He hablado más de una vez de la escritura como refugio. Un hogar, un encuentro con uno mismo. El arte como una manera de sanar. ¿Pero qué pasa cuando el encuentro con tu propia escritura, en lugar de sanar, desgarra?

La escritura puede ser un proceso terapéutico. No importa si nos consideramos escritores o no, si es profesión, hobby o una herramienta de desahogo personal e íntimo. Sin embargo, la escritura y el arte pueden de repente decidirse a sostenernos la mirada, a ladear la cabeza, escépticos, y a dirigirnos unas cuántas preguntas: ¿tú quién te crees que eres para estar haciendo esto? ¿te crees escritor… artista? Pffff…. Y así como así, el refugio toma la forma del miedo. El espacio seguro es secuestrado por las ansiedades, los miedos, las inseguridades. Resulta que la pluma también tiene doble filo.

Sí, se habla del síndrome del impostor, pero esto se siente como algo más. Como una puñalada cada vez que recuerdas el manuscrito que se quedó a la mitad, la falta de aire y el pinchazo de pánico al contar los textos que no hallan final. Enviaste más al cesto de basura – papelera de reciclaje-, que a cualquier revista o convocatoria, y la simple imagen de uno mismo, sentado frente a una página medio garabateada, provoca náuseas.

¿Qué pasó con las historias que escribiste de corrido alguna vez? Aferrarte a recordar esa semana en que tecleaste y tecleaste y tecleaste, deteniéndote únicamente para resolver las necesidades humanas que te mantienen existiendo, sólo vuelve más grande el hoyo en el estómago. Que si fue un episodio maniaco, unos días de hiperfoco, igual no dejas de preguntarte ¿cómo lo logré? Es peligrosamente fácil caer en la romantización del pasado. Entonces, la angustia presente parece caer con el doble del peso en nuestro pecho.

Y luego un círculo vicioso: la ausencia de letras te da para abajo pero pensar en escribir te genera una ansiedad visceral y la culpa de la ansiedad te convierte en una máquina frustrada y el cansancio de la frustración te bajonea más. No sé si fue un círculo o no, pero alguna figura geométrica de pensamientos fatalistas, destructivos y obsesivos de repente paraliza cualquier asomo de creatividad. Si una idea nace, lo hace en medio de esta figura que se encarga rápidamente de asfixiarla. Y el tiempo que pasa, le alimenta.

Bloqueo artístico, síndrome del ímpostor. Bien cliché la problemática, bien real el dolor. Quema el pecho extrañar el amor por la creación. Sentirse perdido en el terreno que pensabas conocer mejor. Porque cuando los mismos demonios por los cuales te inventaste ese espacio, lo secuestran y lo vuelven suyo… ¿a dónde huye uno? A lugares todavía más oscuros. Y es ahí donde uno busca la reconciliación. Se obliga a ello, porque es eso o seguir descendiendo. Retomar, poco a poco, incluso si todavía da miedo.

Haz borrado treinta veces la misma línea, pero al menos todavía estas ahí, combinando letras en algo que casi, casiiiiii se convierte en el borrador de un breve artículo. Un pequeño desahogo de pecho, más que artículo, y una publicación más que borrador, porque ni pensar en arriesgarnos a dejarlo para siempre guardado en la papelera de WordPress por los siglos de los siglos amén. Soltar, teclear, darle clic al botón de publicar. Y a seguirle.


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


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La mesa


Por Gabriela Cortés Delgado

El recuerdo se dibuja y se convierte en deseo.

Tus dedos en mi rodilla, debajo de la mesa;

el cosquilleo subió hasta mi entrepierna.

Las voces desaparecieron, el ruido se fue, solo existíamos nosotros. Debí ocultar la mirada para no delatar las ganas de que tu mano subiera más.

Debí morder mis labios y retener el suspiro.

Debí disimular y controlar el movimiento de mi cuerpo.

Debí, mas no lo hice.

Permanecí con los ojos abiertos, pero con la mirada extraviada en tu boca entreabierta que se acercó a mi cuello y untó saliva.

Una explosión subió a mis pechos y la humedad me provocó cosquillas.

Tuve deseos de balancearme sobre ti, pero una voz impersonal me detuvo:

—Ya vamos a cerrar, ¿le traigo la cuenta? Se apagó la flor, se deshizo el encanto.

Habrá que esperar otro momento, otro sitio donde no cierren tan pronto.

BLANCO Y NEGRO

Lo he traído a mi mente decenas de veces. Algunas tú te acercas y pones tus dedos en mi cintura, la empujas un poco y eso es suficiente para encenderme. Otras tantas, soy yo quien te calla los pesares con un beso; quien interrumpe la plática y rompe protocolos.

Me pregunto si has deseado lo mismo, o si solo soy yo que siento como imán tu cuerpo.

Tu voz que me recorre bloquea mis prejuicios, los miedos y los recuerdos; aunque no lo suficiente. Heme aquí imaginando de nuevo tu presencia en los escenarios más absurdos; viendo de cerca tus cejas, tu pecho que se eleva y desciende; escuchando las mismas historias de siempre, entonces todo se vuelve blanco y negro; lo único con color late en mi pecho, al son del bailoteo de tus manos.

Derechos reservados a su autor.

Entre libros y canciones

El Hedonismo en Baile con Serpientes

Verónica Obregón/ @el_murmullo_de_los_libros

La búsqueda del placer, desde la antigua Grecia hasta la actualidad, ha sido un tema recurrente en la literatura. Sin embargo, este ensayo se centrará en una concepción particular del placer: el hedonismo como filosofía de vida que busca la satisfacción inmediata y sin límites. El hedonismo, especialmente en su versión postmoderna, se presenta como una fuerza destructiva que mina los valores tradicionales y aliena al individuo. Tal como se demuestra en la novela «Baile con Serpientes» de Horacio Castellanos Moya, cuyo personaje principal encarna al hedonista desbordado.

En tanto, el término hedonismo, proveniente del griego «hedoné» (placer), ha sido parte de la filosofía de vida desde la antigüedad. Sin embargo, su interpretación ha variado a lo largo de la historia. Epicuro, por ejemplo, proponía un hedonismo moderado, basado en la búsqueda de la ataraxia, una tranquilidad del alma que se lograba mediante la satisfacción de necesidades básicas y el cultivo de amistades. A diferencia de Epicuro, quien valoraba la razón como guía para alcanzar el placer, el hedonismo postmoderno se caracteriza por una búsqueda desenfrenada de sensaciones intensas y fugaces, sin importar las consecuencias.

En la novela «Baile con Serpientes», Eduardo Sosa encarna a la perfección este hedonismo extremo. Sus acciones, como asesinar sin remordimiento y buscar constantemente nuevas experiencias extremas, demuestran una búsqueda desenfrenada de placer sin considerar el sufrimiento ajeno. Este hedonismo, arraigado en un contexto de violencia y deshumanización, se convierte en una forma de rebeldía y nihilismo, reflejando la pérdida de valores y la desconfianza en las instituciones característica del postmodernismo.

El hedonismo postmoderno, al priorizar la satisfacción inmediata y el placer individual, conduce a una alienación social y a la destrucción de los lazos comunitarios. Esta filosofía, al negar cualquier valor trascendente, fomenta una actitud de desprecio hacia la vida y hacia los demás, convirtiéndose en una fuerza corrosiva que amenaza los fundamentos de la sociedad.»

‘Quise hacer mi buena acción del día, ayudar en algo a la limpieza ambiental. Detuve el auto donde la concentración humana era más apabullante. Les pedí a las muchachas que por favor salieran a dar una vuelta, me sentía abrumado, tenía ganas de permanecer un rato solo en la cabina’ (p. 34), ejemplifica a la perfección la lógica hedonista de Eduardo Sosa. Sus acciones, aparentemente altruistas, en realidad son impulsadas por su deseo de control y de experimentar sensaciones fuertes. Este patrón se repite a lo largo de la novela, donde Sosa manipula y destruye sin remordimiento, siempre buscando satisfacer sus impulsos inmediatos. Esta doctrina hedonista, como se ha señalado, es egoísta e incoherente. Al priorizar el placer individual, el hedonista ignora las consecuencias de sus actos sobre los demás y sobre la sociedad en su conjunto. La ironía reside en que este hedonismo extremo, lejos de conducir a la felicidad, desemboca en un vacío existencial y en una profunda alienación.

La pregunta que surge es: ¿Qué llevó a Eduardo Sosa, un sociólogo, a adoptar una filosofía de vida tan destructiva? ¿Cómo es posible que alguien con conocimientos sobre la sociedad y sus problemas pueda caer en una espiral de violencia y nihilismo? Esta pregunta obliga a reflexionar sobre los factores sociales y psicológicos que pueden llevar a un individuo a adoptar un hedonismo extremo. Asimismo, es importante considerar cómo el hedonismo postmoderno sigue siendo relevante en la sociedad actual, marcada por el consumismo, la cultura de la inmediatez y la búsqueda constante de nuevas sensaciones. La influencia de las redes sociales y el marketing digital ha exacerbado esta tendencia, fomentando un individualismo narcisista y una deshumanización de las relaciones interpersonales.

En conclusión, la novela «Baile con Serpientes» presenta una crítica mordaz al hedonismo postmoderno y sus consecuencias devastadoras para el individuo y la sociedad. A través del personaje de Eduardo Sosa, Castellanos Moya  invita a reflexionar sobre los peligros de una filosofía de vida que prioriza el placer inmediato por encima de cualquier otro valor.

El mundo de lo simbólico por Jeanne Karen en La máquina verde

El último día del año recibí una señal, algo que llegó para poner en jaque mi estado de salud, no tan difícil de tratar, pero sí de cuidar, tengo que estar atenta a lo que siento, prácticamente todos los días.

Entonces, después de pasar unas horas en la sala del hospital, inevitablemente me puse a pensar en otros temas, -de todo un poco en realidad-, en parte para distraer a la mente del dolor y en parte porque siempre gozo de esos diálogos internos conmigo misma, de ahí surgen las ideas para escribir, principalmente para adelantar el trabajo de la columna.

Recordé la primera vez que me llamó la atención el mundo simbólico, no fue por algún amuleto, ni siquiera por una lectura de cartas, lo primero que asocio con ese mundo es en realidad la esfera simbolista de la poesía.

Claro, como poeta, debe ser obvio que de ahí provenga mi visión. Sin embargo con los años he añadido más elementos a mi lista en ese sentido, por ejemplo he tenido el gusto por otras lecturas, pienso en un librito que encontré, sobre la interpretación de los sueños, tiene un nombre sencillo, quizás ese: Interpreta tus sueños o algo similar. Pasé de maravillarme con la asociación de imágenes de los poemas de Baudelaire o de Rimbaud, a la lectura del café, las consecuencias del uso de un tipo particular de piedra o de metal, los números, las claves en el aire y en el tiempo.

El último día del año obtuve una llamada de atención, un señalamiento luminoso, una frase subrayada en rojo, ¿qué me depara el año que comienza, qué pasará en el 2025?, ¿será tan cruel como el año pasado o habrá cambiado algo en la suerte, en mi suerte particular?

Me hace falta una lectura de Tarot, solamente tres veces en la vida me echaron la baraja española, dos veces me hicieron lectura de mano; siempre había algo fuerte que marcaba mi destino, no quise ignorar las señales, como no pienso hacerlo ahora mismo, más cuando han sido tan evidentes.

Año nuevo, vida nueva, me quedó claro, clarísimo, debo cuidarme más, atender lo urgente, lo necesario y dentro de ese concepto debo seguir escribiendo, lo sé, la literatura no se detiene, menos la poesía, es como una avalancha que arrasa todo a su paso, viva, pesada, poderosa.

Me gusta atender lo que se manifiesta, las señas en donde se encuentren, en el cielo, en un libro, en un pequeño verso, las combinaciones de números: esas claves secretas del universo.

Recuerden el poema Canción al prójimo de Hugo De Sanctis, poeta argentino, que dice:

Soy un agregado de lo que ha existido sin mí,

solícito y maduro.

Luego que los vientos pesados

 carguen con lo que quede

y que la tenaz espuma se deshaga

y vuelva a construir

sobre mi íntima dureza.

Y adiós gravedad, adiós fragmentos, valijas,

formas huesudas que un día ocupé

queriendo ser eterno y no pude.

Esos huesos como runas me representan, como la Tirada de dados, de otro francés, el poeta Mallarmé; pienso que quizás no voy a abolir al azar, al destino, pero si estaré atenta a cada prueba. Que cada poema sea la casa de los símbolos, el ruido eterno del signo, la palabra que se representa a sí misma mil veces y ante los mismos ojos.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.