El dolor de la garza y otros trabajos de Priscila Bisher

Por Priscila Bisher

EL DOLOR DE LA GARZA

Cuéntame de la vez 
Que te perdiste en el alba 
Garza erguida 
Posa lo que te es sensible 
Al pasar la cuenca de tu tez 

Te presencian estos campos 
Para, detente 
Suspende tu aliento santo 
Alimenta cada hoja latente 

Te veo estremecerte en la telaraña 
Siento tu sangre teñir mi sueño 
Y a Marina, al hundirte en ella 
Carecer de la esperanza, y todo sentimiento 

Cuéntame, garza marginada 
No dejaré en sacrilegio 
Las astillas en tu dorsal 
Gracias por este privilegio 

Vuelve a las nubes, te llaman 
Galardonada, tan condecorada 
Vendrá Raguel por ti 
Ordena guirnaldas para la garza

MULHER DIVINA

Vi su corazón 
No tuve que usar un escalpelo 
No tuve que verla llorar 
Todo mundo puede hacerlo 
Veo su corazón
El momento que comparte conmigo
Lo que le genera pasión 
A cambio 
De una mirada 
Seria o contenta, a lo mejor 
Y me encantó  
Ver su corazón 

Sobre Priscila Bisher:
Escritora, Ilustradora, Diseñadora Gráfica y Educadora. Mi trayecto como escritora va desde los 16 años cuando comencé a escribir poesía. A los 21 tuve la fortuna de haber publicado mi primer libro en colaboración con otros grandes escritores hispanohablantes en una antología de poesía Española. Con los años se han publicado diversos poemas en revistas digitales y he formado parte de antologías de literatura infantil. Mi primer libro independiente ha sido un cuento infantil titulado “Sabor Esmeralda” donde yo misma realicé las ilustraciones. Mi pseudónimo como ilustradora es “Lapris Lazuli”, donde me encanta expresar temas de espiritualidad, ecoactivismo, crecimiento personal, lucha social, entre otros. En el 2022 tuve mi primera exposición de arte titulada “Intervención Divina” y actualmente he estado participando en lecturas de mi poesía en centros culturales en mi natal ciudad de Mexicali, Baja California.

La mujer que espera

Por Alas M.

En un medio día gris, una mujer con la vista perdida y los ojos pardos. Aún no sé qué hay en su mente y tal vez no lo sepa nunca. 
Sus ojos parecen perseguir un anhelo propio que se fue para siempre, o persiguen el momento en el cual llegará el bus indicado para  seguir su camino. 
Vislumbro en su apariencia un cansancio infinito, dolor en sus entrañas y humildad profunda para servir y amar a los demás. 
Siguen siendo esos minutos de semáforo los que me permiten verla hermosa, adolorida, perdida y al final veo sus mejillas sonrojadas,  lavadas por el sudor o tal vez por unas lágrimas fugaces que dejó escapar al sentir que todo tiempo pasado fue mejor y que su larga  espera en ese lugar sería para siempre o tal vez por última vez y para nunca más volver.

Alas M.
Escritora ciudadana de Palmira Valle del Cauca, Colombia, nacida en 1987 con raíces vallecaucanas firmes y risaraldenses en su corazón. Empleada del sector privado, que ha luchado desde temprana edad para mantener vivo su amor por la literatura, esmerándose por relatar historias que no han tenido la oportunidad de ser contadas.

Otras publicaciones:

  • Voces y Prosas (Cuadernos de Escritura Creativa, Jhonny Delgado M. Editor, 2017)
  • Justo con lo Puesto (Plaquette Poética, Ancla Ediciones, Colombia, 2023)
  • Flores para la Abuela y Otros Relatos (Compendio de obras del II Certamen Internacional de Relatos “Torremocha”, Ediciones Rubeo, España, 2024)
  • Nada se Crea (Microrrelatos y otros, Compendio de obras del II Certamen Internacional de Microrrelatos “Aldea de Toya”, Ediciones Rubeo, España, 2024)
  • La Cueva del Tío Páramo y Otros Relatos (Compendio de obras del II Certamen Literario «Ciudad Heroica de Veracruz», Ediciones Rubeo, España, 2024)
  • Revista literaria Nudo Gordiano, Número 37 (versión digital), Toluca de Lerdo, Estado de México, 2024
  • 99+1 Antología de Microrrelatos (9 Editores, Colombia, 2024)
  • Palabras en Colores (Colección Antologías Hispanas, Volumen No. 14, Laia Editora, Ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, 2024)
  • Corazón Andino: Esperanza de los Andes (Antología, Edición Conmemorativa ITA Editorial, Colombia, 2024)

Rostro’s, y otros poemas por Dorali Abarca

Por Dorali Abarca Gutiérrez

Rostro’s 

Estoy en busca de mi rostro, de uno solo. 
Lo he buscado por las misas de domingo, por el puesto de películas piratas, por la ropa de paca, por la verdura madura del puesto de la esquina. 
Busco mi rostro en los trapos sucios de casa, lo busco en la nevera y entre el hongo de la pasta abandonada. 
Llevo buscando mi rostro en recuerdos ajenos, en álbumes de fotos, en revistas olvidas, en la memoria tardía que mi casa planta. 
Madrugo para buscar mi rostro y el dios no me ayuda, no llevo 100 años pero el mal no se ha quitado. 
Busco mi rostro en otro rostro, en el rostro de mi madre, en el rostro de mi abuela, en el rostro de mi padre y mi rostro no existe, mi rostro nunca fue rostro. 
No tengo un rostro, no tengo un rastro; una pisada, una historia pasada. No tengo un rostro mojado. 
No tengo un espejo, tampoco tengo rostro.
Busco mi rostro.

Photo by Fernando Serrano on Pexels.com

Retazos 

Soy la herida de mi madre rondando por la casa nueva, soy su desafortunado tormento y su luz de día. 
Soy las batallas que nunca gano, soy las sombras que recorrió por años. Soy la fuerza de mi madre, soy su lucha, que es grande. 
Soy el ayuno de mi abuela en cuaresma, soy su preocupación por el otro, soy la caridad de su voluntad. 
Soy la libertad que algún día peleo, soy su rabia, soy su reclamo, su súplica. Soy esa mujer bordada con retazos de otras, la mujer que recuerda, que recuerda la deuda histórica, que recuerda que no estamos todas. 
Soy esa mujer que desde la tierra grita, se queda sin voz, la revoltosa, soy la mujer que llora, la que rezonga, la ruidosa. Soy la hija que mi madre tejió, que mi abuela cultivó.

Del otro lado 

Me niego a aceptar que la vida me derrumba, que la vida me arrastra por sus pasillos de espinas. 
Me niego a aceptar un suelo teñido de sangre, a sucumbir en mi perpetua soledad; que mi soledad no me enferma, mi soledad no me mata. 
Me hunde la desgraciada idea de habitar lo inhabitable, de llegar a la nada y sentir el vacío en la boca de mi estómago. 
La deshumanización me mata, la falta de oportunidades para un techo digno me mata, la decadencia laboral me mata, la creatividad aprisionada en un único mercado me mata. Me resisto a caminar entre la desesperanza, desde la amarga individualidad, desde la inconsciencia social, me niego a la destrucción de un lugar que no me pertenece. 

Por Dorali Abarca Gutiérrez

Ella sólo quiere trabajar

“Puede considerarse bienaventurado y no pedir mayor felicidad
el hombre que ha encontrado su trabajo”
Thomas Carlyle

Por Jacqueline Campos

Imagina que eres una mujer joven con energía, sueños profesionales y de independencia económica y que estudias una maestría en educación. Imagina que aprendes con facilidad y que tu sueño es dar clases a niños y jóvenes, pero nunca lo has hecho; imagina que tu familia vive al día y que son lo que otros llamarían humildes. Sigue el reto y continúa imaginando que además, vives dependiendo de una silla de ruedas porque naciste con una condición congénita llamada espina bífida, que nunca te permitió caminar y vives en una comunidad agrícola, donde con frecuencia se discrimina discreta e indiscretamente a la personas que tienen discapacidad
¿Cómo crees sería tu vida con estas condiciones?

Hice este ejercicio de imaginación y mi respuesta es: mi vida sería muy difícil. Probablemente viviría con depresión crónica, causada por las frustraciones de luchar con tantos obstáculos para tener el derecho a la educación, al trabajo y a la no discriminación que otros gozan sin tener que pelearlo y exigirlo.

Las condiciones que te describí pertenecen a una mujer que vive en el valle de San Quintín, en Baja California: se llama Ceci y su historia me fue narrada por la Mtra. Débora García, abogada, cofundadora y directora de Justicia y Equidad de la asociación civil Ancla Eterna. Cuando Débora habla de Ceci se conmueve, porque Ceci le autorizó y pidió que contara su historia en mi programa de radio cultural y educativo <Voces con Luz>. Ceci quiso que Débora fuera su voz para expresar lo que ha experimentado viviendo con discapacidad motora y  su frustración porque ningún empleador le ha dado la oportunidad laboral.

Una de las reflexiones de Ceci es sobre el trabajo de jornalera. Me la imagino mirando pasar por su ventana a mujeres jornaleras que van o regresan de los campos. Este puesto es muy solicitado en la comunidad, donde los ranchos agrícolas son la primera fuente de empleos. Las jornaleras son principalmente de origen indígena, muchas son nietas y bisnietas de migrantes de Oaxaca, Michoacán y Guerrero que llegaron al valle desde la década de los setenta. Ceci tiene conocidos y familiares que son jornaleros; sabe que este trabajo es despreciado por muchos y que los jornaleros suelen recibir discriminación y rechazo por muchos habitantes del valle. También sabe, que muchos jornaleros desean que sus hijos estudien y nunca tengan que vivir las condiciones de desgaste físico que ellos han tenido que sufrir, creen que el estudio puede darles mejores oportunidades de empleo. Sin embargo, Ceci, que ha estudiado mucho y con excelentes calificaciones, no ha accedido a esas oportunidades laborales. Débora nos cuenta que Ceci quiere trabajar, incluso quisiera ser jornalera si su cuerpo pudiera permitírselo, ella no considera que sea un trabajo despreciable. Quiere trabajar, es su deseo, quiere tener un ingreso, seguro médico, pagar sus impuestos y pagar sus propios gastos;  quiere pertenecer a la población llamada económicamente activa. Sabe que por ley tiene derecho al trabajo, pero parece que los empleadores, el ayuntamiento y el gobierno de su comunidad no lo saben.

Ceci no quiere recibir los $3200 pesos de la pensión del bienestar de las personas con discapacidad permanente, porque en primer lugar no es una pensión digna que contemple la realidad de los gastos económicos que implican vivir con discapacidad y mucho menos vivir con bienestar, con tus necesidades básicas cubiertas, con seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización. Lo que ella quiere es trabajar, tener un empleo digno y remunerado. Acceder a su derecho.

“La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, del cual México forma parte, en su artículo 27 establece que las personas con discapacidad tienen derecho a trabajar, en igualdad de condiciones que las demás, y esto incluye el derecho a tener la oportunidad de ganarse la vida por medio de un trabajo elegido libremente y en un entorno laboral abierto, inclusivo y accesible”. Este párrafo se lee en la página web de Gobierno de México, en el Blog del Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad. Sin embargo, las legislaciones no son suficientes: ocupamos aceptar que muchos mexicanos somos racistas, clasistas, que además discriminamos y excluimos a los que percibimos y consideramos diferentes a cómo creemos vernos a nosotros mismos; estas son las barreras psicológicas y sociales que generamos y mantenemos culturalmente y que permiten perpetuar la violación de los derechos humanos.

Se ocupa escuchar la voz de las personas que viven y sufren el incumplimiento de sus derechos humanos. Es necesario otorgarles espacios y medios de difusión, oír sus voces. Se ocupa escuchar voces como la de Ceci, que nos dejan ver que el trabajo es un sueño, un deseo y un derecho que se debe otorgar a personas como ella que comparten la condición de discapacidad y que pueden ser productivas, si se les brindan las oportunidades.

Débora García fue la voz de Ceci en mi programa de radio un viernes en el primer mes del 2025; un año en que otras generaciones imaginaron que en la Luna ya vivirían humanos, se habría erradicado la pobreza, encontrado la cura para el cáncer, habría autos voladores o que tener una Robotina en casa sería lo habitual, como en las caricaturas de los supersónicos creados en 1962. Pero no, en el 2025 hay mucho por hacer por las relaciones humanas, la convivencia pacífica, la cultura de la paz y, sobre todo, en el tema de los derechos humanos.

Para iniciar el año la Mtra. Débora nos recordó la importancia de cambiar de actitud ante la discapacidad, de ser empáticos, de integrar y convivir con las personas con discapacidad de una manera inclusiva y más humana. Ella impulsa una asociación en el valle de San Quintín, que desde hace 10 años es como un ancla que da seguridad y apoyo ante las condiciones de turbulencia que implica navegar en el mar de la vida con un familiar con discapacidad, sin apoyo adecuado y digno. Podría escribir mucho sobre Ancla Eterna, pero no es el objetivo de este artículo.

Mi objetivo fue escribir sobre Ceci y su derecho laboral, narrarles su condición, para generar empatía y motivarlos a reflexionar sobre sus propias actitudes acerca de la discapacidad y el derecho al trabajo; quizás usted sea empleador, reclutador de personal o pueda estar en posición de ofrecer trabajo a otros. Entonces usted podría considerar otorgar el derecho laboral que tanto bien y tan valorado será por una mujer o un hombre con discapacidad, que puede ser productivo y capaz para su empresa.

Le invito a conocer la labor de Ancla Eterna https://www.anclaeterna.org/

Mtra. Deborah García. Madre por medio de adopción a dos hijos con discapacidades múltiples. Abogada, activista en defensa de los derechos humanos de personas con discapacidades, co-fundadora de Ancla Eterna; una ONG que brinda servicios a más de 500 niños y adultos con discapacidades con la finalidad de promover el acceso a sus derechos y una vida plena en el municipio de San Quintín, Baja California, México. Cuenta con una Maestría en Derecho Familiar, una especialidad en Justicia Constitucional, actualmente realiza un Doctorado en Derecho, en el Centro de Estudios Jurídicos Carbonell.

Jacqueline Campos. Psicóloga, escritora, mediadora de lectura, activista, productora y locutora de un programa de radio cultural y educativo en la XEQIN La voz del valle.  Voluntaria en asociaciones civiles que apoyan a población vulnerable en la comunidad de San Quintín, Baja California. Crea el Blog comunitario Voces por la Paz BC que difunde textos en torno a la sensibilización sobre la violencia de género y promoción del derecho a la vida sin violencia https://vocesporlapazsq.blogspot.com/ así como del Blog Letras en torno al cáncer de mama, con el objetivo de ser un espacio de expresión de escritura creativa para fomentar la prevención y la empatía por las mujeres que luchan contra el cáncer https://entornoalcancerdemama.blogspot.com/ Compiladora del libro La vida con lazo rosa, Ediciones Ave Azul ( México/ 2024). Publicó Un amigo en el corazón, Soconusco Emergente (México/2023).

Referencias:

https://www.facebook.com/orientacionpsicologicagratuita/

https://ecos.inpi.gob.mx/xeqin/

https://www.gob.mx/conadis/articulos/el-derecho-de-las-personas-con-discapacidad-al-trabajo

https://www.gob.mx/bienestar/acciones-y-programas/pension-para-el-bienestar-de-las-personas-con-discapacidad-permanente

Del día en que ya no temí reconocer en mis palabras aquello que veo en el espejo | El retrato de una chica perdida

Fotografía por @castell_v17 (ig)

Por María Fernanda Vázquez

No sé en qué momento perdí mi voz. Tuvo una disminución gradual de la que apenas me percaté, llegado el momento, resultó ser de un volumen tan bajo que ya ni siquiera yo la escuchaba. 

Por mucho tiempo, que no concibo en una medida específica pues el ‘no estar’ va y viene, pensé que la había entregado voluntariamente, en un intercambio que me dejó sin las palabras que en algún tiempo (impreciso) entonaran los deseos de mi vida. Si la veía alejarse, ¿por qué no encontré la manera de llamarla de vuelta a mi cuerpo?

Sin embargo, aunque me convencí de ello, no podía recordar el momento exacto en el que cedí ante alguien y permití que extrajera de mi cuerpo las cuerdas que hilaban mis deseos. Un acto tan atroz como el arrebato de las cuerdas vocales debería ser visible, debería poder sentir el vacío en la garganta. No en nudos, ni bifurcaciones por palabras inconexas, sino el vacío total. Aun así, al pasar las manos sobre la piel de mi cuello seguía todo allí, estancado, pero permanecía. 

No, no me abrieron la garganta. 

No es una pérdida total, entonces, pero ya mencioné que es casi imperceptible. 

¿Por qué está retraída? Quizá yo la empequeñecí, no sola por supuesto, pero creo que ahora puedo admitir que le tengo miedo. ¿Por qué temo?, me pregunto y como respuesta encuentro que quienes me enseñaron a atemorizarme son una serie de eventos que, como si tuvieran forma física, sofocaron mi voz, ahogaron las sensaciones de mi cuerpo, apresaron la voluntad de mis anhelos. 

No, no me abrieron la garganta, la encadenaron. 

La encadené con el miedo que me provocó la importante conclusión de que mis palabras eran un reflejo directo de la persona que soy y, mala mía, nunca me ha gustado verme en el espejo. El reflejo comienza a hacerse real en el momento en que lo nombras, cada palabra le da más certeza y yo temía reconocer a la imagen en el espejo. Me tenía miedo y pensé que las palabras serían el arma que terminaría por dibujar todo aquello que no quería ver en mí: a mí. 

Entonces esta conversación inacabada trata de algo muy particular: mi miedo a ser vista y nombrada. Herencia de generaciones y de la que no soy la única víctima. 

Pasé mucho tiempo reflexionando alrededor de los motivos por los que dejé de escribir y me encantaría acotarlo a mis palabras aquí, pero ¿en cuántos espacios dejamos de escribirnos por el miedo? 

Este temor existe por qué el reflejo en el espejo es inevitable, cotidiano, habitual; sin embargo, cuando comienzas a traducir tu imagen en palabras ¿qué posibilidad de esconderse queda? Ninguna. Pero una vez que traduces la imagen del espejo, así sea solo una parte, comprendes que el miedo también puede desaprenderse, desaprehenderse.

Hay un poema de Akiko Yosano que pinta lo siguiente: 

sobre su pelo

llamea una peonía,

como si ardiera el mar,

pensamientos y anhelos enredados,

en los sueños de la muchacha.1

Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, crecí en el Edomex y ahora vivo allá, pero duermo acá, por decir algo. Actualmente vivo mis últimos instantes como estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM (sin trámites de titulación, obviamente) y espero poco a poco perder el miedo a mi voz.

Mi interés por la literatura ha crecido conmigo, no linealmente, pues es un vaivén de encuentros y desencuentros que me confirman que siempre hay algo por aprender y compartir. Espero poder encontrarme en las letras de lxs demas, espero alguien se encuentre en las mías.

  1. Tomado de: Yosano, Akiko. Poeta de la pasión. Antología poética. Traducido y anotado por José María Bermejo y Teresa Herrero. Madrid: Hiperión, 2007. ↩︎

En busca del placer


Por Aimeé Miranda Montiel

Nadie me enseñó a sentir placer, nadie me dijo cómo hacer para gozar de mi cuerpo y de todas las formas en que puedo ir más allá de la funcionalidad de cada parte que me conforma. Nadie me habló de erotismo ni de orgasmo, y tampoco conocí la palabra vulva hasta pasados los treinta.Nadie me dijo que el placer también podía ser solo mío, que podía gozarlo sin culpa, sin remordimiento, que podía apropiarme de mi placer con libertad, con amor, con deseo de mí misma, con rendición ante mis ganas de sentirme, de conocerme, de fundirme en mi propia piel y generar una burbuja de éxtasis donde solo cupieran mis gemidos y mi sabor.Nadie me dijo que compartir mi placer con otros va más allá del cuerpo, más allá del sexo, y sí, mucho más allá de la penetración; que comparto mi placer al disfrutar de la vida, al reírme, al contar mis sueños más raros, al bailar y hacer que mi cuerpo se encienda cerquita de otro cuerpo, al sorber mi café y también al hacer caras que reflejan orgasmos genuinos al disfrutar una comida que amo, al subirme al escenario y leer mi poesía en la que desnudo mi intimidad y comparto mis emociones y mis deseos con cada palabra, al mostrar una canción que me conecta con una parte muy salvaje de mí y también cuando canto sin importar si tengo o no talento.Nadie me dijo que el placer va más allá del erotismo, pero que cuando le pongo a cualquier cosa el ingrediente secreto de lo erótico -que a veces se siente como un tabú más que como un secreto-… uff, la vida, el sexo, la comida, la poesía, los besos, las palabras y hasta las miradas son infinitamente más deliciosos.Nadie me contó del placer que puedo encontrar en todo, pero sobre todo nadie me habló sobre el placer por vivir, porque escuché tantas veces que la vida es dura, que la vida es difícil, que la vida es cabrona, que me compré la mentira de que el dolor y la vida son sinónimos, cuando en realidad: LA VIDA ES PLACER, somos hijos del gozo, del sexo, del placer, del orgasmo, del disfrute y del erotismo.Así que, aunque nadie te lo haya dicho a ti tampoco, ya no importa, porque hoy eres libre para conquistar y disfrutar tu placer… en ti y en todo lo que te rodea, en la vida misma, a cada instante, siempre.


Sobre la autora

Soy una persona mega ecléctica y súper acuario… amo la energía, amooo a los perritxs, todxs me parecen adorables y a todxs les digo “hola bebé” cuando los veo en la calle, obviii mi favorita es Rafaella mi perrhija, amo las plantas, amo leer y escribir desde que era niña, soy una apasionada de las palabras y me encanta echar el chal, amo entrevistar a cualquiera, pues para mí todo serhumanx tiene algo interesante que compartir, pues todxs somos únicxs. Amo la vida, amo mi vida,amo este momento, gracias infinitas por compartirlo conmigo (:

Poesía y desilusión por Jeanne Karen en La máquina verde

¿Qué es lo que nos mueve? A veces las palabras sobran, las emociones dan vueltas en algún lugar del cuerpo, de la mente, como el agua que se acomoda en un cuenco. En esos días en que nos sentimos vacíos, vamos formando parte de un extendido silencio sin nombre, de una extraña naturaleza. 

Bajo los fuertes rayos del sol también me siento ciega, tanta luz no me deja ver los caminos, el sentido de la existencia.

Llegué a un sitio en donde al final había un difícil descenso y luego un campo de fútbol, parecía el último del mundo, en un escondite donde el sol gobernaba con todo su esplendor con toda su fuerza y terquedad lumínica.

No sé si podría vivir ahí, rodeada de luz, del recuerdo de un cauce, porque ahora gran parte del territorio de mi país no es nada más que un cascajo, un polvorón apenas.

Me levanto siempre con un nudo en la garganta, un nudo apretado por la sed, por el dolor, por la poca esperanza que se va con cada gota de agua y con cada pequeña nube que solamente percibimos pasar a lo lejos en los llanos, que va hacia los cerros o quizás hacia la nada, porque el agua nunca baja, no vuelve.

Pero constantemente se nos pide no rendirnos, echarle ganas, confiar, son frases como púas, como engranajes de una maquinaria desgastada por el paso del tiempo y por el dolor.

Si hay algo que todavía me mantiene de pie y siento que así pasa con muchas personas, es la literatura, o más concretamente la poesía.

Nunca será lo mismo mirar un cielo sin haber leído un poema, no uno específico, más bien algo de poesía, de cualquier poeta, de cualquier ser humano que haya dejado alguno en un viejo cuaderno. La vida a través de la poesía es otra. Hay silencios que tienen todos los nombres, nos llenan de aliento, de un aliento fresco para seguir, para vivir, para pretender escribir a nuestro propio ritmo los poemas, la vida.

Vayan hoy a una librería, tomen un libro de poesía, échenle una rápida lectura o en internet busquen en tema y después poemas relacionados con lo que han elegido, verán que el camino de la poesía es diferente, a veces extraordinariamente melancólico y otras luminiscente como un campo de futbol al mediodía.

Nos queda la espera, el baile, el deseo de lluvia en nuestra tierra, nos queda el cansancio que se reparte, la alegría como una moneda de oro que no alcanza para todos, que algunos ni siquiera alcanzamos a contemplar.

Sin embargo yo me escondo detrás de un espejo, detrás de un lenguaje que descubrí hace mucho tiempo, vivo intensamente, nombro lo que no existe.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheo.

Por Arizbell Morel Díaz.

Photo by Crina Doltu on Pexels.com

Gato corazón, tus patitas de nieve son…

–AMD Y M3P3, EP, Vibralia, 2025. 

Corcheo era un gato como los otros, salido de un callejón sin salida llamado camada.

Un buen día, unas manos lo tomaron y lo metieron a una caja plástica.

“Ahora tendrás un nuevo hogar, Corcheo.”

¿Un nuevo hogar? ¿Qué es un hogar?

Acaso un hogar es:

  • 2 hermanitas (una manchada y otra blanca).
  • Mamá del color de la medianoche.
  • Cuatro tías y tíos variopintos.
  • Dos perros guardianes.
  • Una familia de cinco amorosos cuidadores.

¿O es otra cosa?

Lo siguiente que Corcheo vio fue un vagón sin salida, lleno de ruido, con luces y gentes por doquier.

Un silencio de redonda.

Y se hizo la luz…

La luz que se mueve sin destino.

La luz que transita con un trino.

Luz de ida y luz de vuelta por debajo de la gran ciudad.

A Corcheo, siempre le gustó la oscuridad…

La caja se mueve, la caja cruje.

Y Corcheo en su interior, paralizado, solo piensa y siente terror en sus cuatro patas.

Todo es demasiado nuevo para ser verdad.

Todo ha cambiado en su realidad. 

“Ahora ella te cuidará, Corcheo.”

Otras manos y una bolsa roja por la que vio el vagón de regreso.

Manos suaves que no han conocido el cuidado gatuno.

Manos aterrorizadas por la novedad de una mascota.

Ha venido a su vida junto con un dulcero navideño.

Corcheo, la abundancia y la alegría, están escritos en el pecho.

Ahora están juntos en esto.

Corcheo puede sentirlo en sus patas: Su nueva dueña no sabe qué esperar.

Ambos abordan el tren de regreso, ni un maullido emite el felino. 

Ruido, ruido y quejumbre de la gran urbe…

Gente que lo mira asombrada, Corcheo es galante. 

“Un gatito” “¡Un gatito negro!” “¡Oscuro como la noche!”, exclama la multitud de mujeres que lo admiran.

Hecho bolita, Corcheo las mira.

Ese gato tiene el mundo dentro de sus ojos verdes. Transita su mirada por todo. Absorbe y recuerda la totalidad.

Corcheo es la noche.

De pronto, el frío de la ciudad. 

Movimiento en su bolsa y una tienda llena de tentaciones animales.

Corcheo y ella se dirigen a un pasillo que huele asombrosamente bien.

Bolsas interminables con gatitos que, como él, desean comer.

A lo lejos maullidos, ladridos, quejidos de animales.

De cerca, una mujer que pregunta por las necesidades de su primer gato.

No es muy precavida, ha esperado al último minuto, observa Corcheo.

Ella habita el vértigo del cambio. La responsabilidad de cohabitar mientras elige el mejor empaque (uno rosado) para que se adapte al primer mes de vida en conjunto.

Pequeñas instantáneas de un comienzo:

Corcheo es admirado por un dependiente de la tienda.

Corcheo causa que una pareja le ofrezca otros tres gatos para adoptar a la adulta-niña que lo lleva en la espalda.

Pero apenas puedo con uno…

Corcheo observando el mundo que lo rodea y camina con él. 

Corcheo que no maúlla ni cierra sus ojos ni un minuto. 

Por eso los poetas se enamoran para escribir.

Por eso las escritoras tienen gatos.

Porque en la otredad se contempla la vida como nunca antes…

Se detienen en un conocido café que admite mascotas.

Hace unos meses, vio a otra chica, como ella, que leía en compañía de su perro.

Quiso ser ella.

Quiso tener eso.

Ahora lo vive.

Después de pedir un capuchino y sentarse junto a unas plantas, se miran.

Ambos aterrados pero con la esperanza de un nuevo comienzo. 

Ella no soporta verlo encerrado y con sus manos vírgenes de gato lo levanta para colocarlo en su regazo. 

Corcheo se abraza a ella y es cubierto por el tejido de un suéter navideño. 

Duerme, mientras esperan un traslado.

Es distinto de cómo se lo había imaginado.

El terror y la emoción recorren sus venas, su corazón, sus arterias.

Corcheo es negro como la noche y pronto saltará (con sus cuatro patas) como la figura arácnida que le da nombre en su nuevo hogar. 

Ni una gota de leche en su pelaje.

Es una sombra que transitará otros lugares.

Una furia nocturna que acaba de disfrutar de su primer paseo por la gran ciudad.

Continuará…

Arizbell Morel Díaz (Arizbell Morel-Díaz).

Licenciada en Literatura Dramática y Teatro por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” de 2021-2024 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). Integrante activo de la Comitiva de Encuentros “Apuntes” de la Cátedra Bergman de la UNAM desde 2021.

Ha dirigido obras como “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. Actualmente se dedica a la producción y dirección de proyectos teatrales y musicales enfocados en la sustentabilidad, las jóvenes audiencias, la perspectiva de género y las comunidades.

También es actriz entrenada en verso y asistente de producción. Vocalista en Vibraría (@vibralia_la_banda)

Ha escrito narrativa y ensayo. Su primer texto publicado en La Coyol es “Bitácora de una planta en resistencia” (2020).

La tormenta del deseo


Por Jania Salgado


La lluvia caía con fuerza mientras caminaba por las calles brillantes por los charcos. Entonces la vi, una silueta femenina resguardándose bajo una pequeña sombrilla. Su vestido empapado se ceñía a sus curvas de una manera casi indecente. Una atracción magnética me impulsó hacia ella.Nuestras miradas se encontraron y un relámpago iluminó sus rasgos, revelando unos labios carnosos y ojos profundos. Una belleza sublime que me dejó sin aliento.»Parece una noche complicada con esta tormenta,» comenté, buscando iniciar una conversación.Ella me examinó de arriba a abajo antes de responder. «Las noches de tormenta siempre traen consigo inesperadas… oportunidades.»Su voz era como una melodía cálida que acariciaba mis sentidos. Un escalofrío me recorrió la espalda al comprender el doble sentido de sus palabras. El deseo comenzó a arder dentro de mí.»¿Te gustaría resguardarte en otro lugar en lo que pasa la tormenta?» ofrecí sin poder contenerme. «Hay un café no muy lejos de aquí.»Una sonrisa pícara curvó sus labios. «Me encantaría.»Caminamos juntas bajo la pequeña sombrilla, el roce accidental de su brazo enviaba descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Llegamos al café y nos sentamos en un rincón apartado. Mientras se quitaba la chaqueta empapada, pude admirar la pálida y tentadora piel de sus hombros. «¿Te apetece un vino tinto?» pregunté con voz ronca, necesitada de aliviar mi garganta repentinamente seca.»Mmm, me encantaría,» respondió, cruzando las piernas de una manera que dejaba ver grandes porciones de sus muslos humedecidos.Cuando el mesero se retiró, ella se inclinó hacia mí, acercando su rostro al mío. «¿Y bien? ¿No vas a preguntarme mi nombre?» susurró con voz grave y seductora.»No,» respondí hipnotizada. «Prefiero descubrirlo poco a poco esta noche.»Ella se humedeció los labios lentamente. «Me gusta cómo piensas…»Observé embelesada cómo las gotas de lluvia resbalaban por su cuello esbelto. El deseo por probar esas gotas con mis labios me consumía.»Desde el momento en que te vi ahí bajo la lluvia, supe que esta noche sería diferente…» susurré.»¿Y qué esperabas de esta noche?» preguntó, atrapando su labio inferior entre los dientes.»Esperaba… solo conocerte,» respondí, la mirada perdida en la tentadora curva de sus pechos.Un destello salvaje brilló en sus ojos oscuros. Se inclinó hacia mí, hasta que sus labios rozaron los míos. «Entonces conóceme,» susurró con voz delicadamente sensual.Un rayo iluminó su rostro angelical y sin poder resistir más, la besé con una pasión desatada. Perdí por completo la noción del tiempo y el lugar, solo existía ella y la tormenta de deseo que habíamos desatado.Cuando finalmente rompimos el beso, ambas respirábamos entrecortadamente. «Vamos,» dijo poniéndose de pie y tomándome de la mano. «La noche es joven y los placeres nos esperan…»La seguí en un trance hasta su apartamento. Apenas cruzamos la puerta, me arrojé sobre ella con un impulso salvaje, mordiendo su boca en un beso voraz. Nos arrancamos la ropa frenéticamente en una danza desesperada de sentir piel contra piel, sobrevino un gemido al mismo tiempo que un trueno sacudía los cielos despertándome del trance de fuego interno.“¿Estás bien?», me preguntó en repetidas ocasiones, hasta que regresé a mi realidad, bajo esa tormenta violenta que parecía que el cielo se caía a pedazos y entre las luces del trueno la vi acercándose a mí.»Hay un café no muy lejos de aquí.» Me dijo, mientras le miraba codiciosamente. “Podemos resguardos ahí mientras pasa la tormenta”. ¡Sonreí! Y tomadas de la mano nos fuimos caminando.

Fragmentos del corazón


Por Alelí Dolores

Hoy me siento diferente, quiero plasmar algo más allá de unas líneas, volverme exquisita a través de las letras, dibujar lo que dentro de mí está floreciendo. No soy una mujer de corta edad, pero sí con los sentimientos a flor de piel; como si de repente me estuviera estrenando en el placer, en este mundo que era prohibido, poco mencionado, demasiado alejado para el entorno donde crecí.Cuando empecé a notar que mi cuerpo cambiaba, nadie supo explicarme nada. No sabía lo que era la palabra «adolescencia», ese cambio hormonal que se presenta de niña a mujer. Eran conversaciones incómodas, siendo la única mujer entre dos varones. Temas de sexualidad no se abordaban en la mesa, no se hablaba de menstruación, pues no era apropiado frente a hombres, ni tampoco cuando estaban ausentes. Crecí tratando de entender esa sensación de mariposas en el estómago, sobrellevar un cólico, ponerle nombre a los sueños húmedos. Tenía miedo de dar o recibir el primer beso, me pregunté muchas veces qué era dar la «prueba de amor», a qué se referían los chicos cuando preguntaban si ya no era virgen, qué importancia tenía llegar intacta al altar.Me llenaba de preguntas con respuestas inconclusas, y entonces, como por arte de magia, estaba justo en ese instante del primer encuentro con quien yo sentí que era el amor de mi vida, la persona que me daría respuestas a ese mundo desconocido para mí. Me sentía tan mujer y al mismo tiempo tan inocente e infantil, pues no supe distinguir en qué momento tenía que sentir lo que era un orgasmo, un exquisito y sensual encuentro lleno de pasión. Solo recuerdo que era una fecha muy especial.Fue algo que no entendí hasta apenas y entonces me atreví a vivir una catarsis que hizo brotar a una mujer que estaba presa dentro de mí. Todo empezó por una necesidad de sentirme amada, deseada, satisfecha, y de pronto todo se salió de control. Noté que mis labios eran totalmente seductores, que brotaba todo mi sentir al momento de hacer contacto con los suyos, tan carnosos y suaves. Nunca tuve tanto placer como lo doy a conocer ahora, y sin embargo, es tan satisfactorio incluso para mí, que me siento liberada en cada palabra plasmada. Ahora no puedo vivir sin eso, y de momento me da miedo el efecto que puedo producir cuando alguien más lea mi escrito. Después de todo lo aprendido, me doy cuenta de que no son simples palabras, son una hermosa combinación porque selecciono con cuidado la imagen recreada en mis recuerdos y dejo volar mis fantasías. Ahora sé que alguien más siente lo que yo siento, que no son escritos vacíos, porque son mis primeros encuentros conmigo misma, y que de alguna manera hago llegar, sin importar el tiempo transcurrido o la distancia. Tengo muy presente el día que decidí ser tuya y hacerte mío, de reconocer que a pesar de estar en una piel ajena, es mi erotismo y mi fantasía lo que alimenta día tras día tus erecciones, despierta lo fogoso de tu sexo escondido, reprimido, lleno de prejuicios y censura incomprendida.Aquí hemos logrado encontrar un lugar donde podemos compartir nuestra exquisita poesía, nuestros furtivos encuentros llenos de humedad… porque las imágenes de tu rostro están latentes en mi corazón, siguen tan presentes y son el motor de mis orgasmos. Tus caricias, la tinta que eleva la intensidad de mis sueños prohibidos. No dejes de leerme, amor mío, porque entonces dejaré de reaccionar a tus placeres. Es delicioso sentirte adentro de lo más profundo de mi ser, porque cuando me escribes y describes cómo me piensas, cómo me deseas, cómo haces el amor con mis letras, soy capaz de confesarte que al recorrer mi piel, se humedecen mis pensamientos, tan solo con saber lo que en tus sueños quisieras hacerme sentir. Guía mis manos y la mezcla de mi tinta… para poder escribir la más exquisita melodía…y así hacernos venir en este tan privado y excitado cuarto lleno de variedad para estimular nuestras hormonas y envolvernos en un elixir de orgasmos que no son más que nuestras ganas de hacer lo que de nuestro amor nace…no tardes, amor mío, porque tenemos una cita en este nuestro muy querido rinconcito lleno de Erotismo y Fantasía…aun en la distancia… aún sin tocarnos.

Mi nombre es Aleli Dolores Hernández

Me considero una mujer plena que no necesita ocultar su edad, tengo 44 años, soy de La Ciudad de Puebla dónde a lo largo de casi 10 años he conocido gran variedad de géneros literarios, debo confesar que éste fue una catarsis para mí; pero ahora es de mi agrado compartir y plasmar desde mi sentir lo aprendido con otras que como yo han vivido
reprimidas, censuradas y ajenas a conocer su propio sexo,soy del Programa Nacional Salas de Lectura, soy parte de la biblioteca comunitaria Crisálidas de Álamos y espero disfruten de mi escrito.