ACERC-ARTE || MI TIEMPO CONMIGO.

Por Reyna Morales B.

Día ajetreado. Trámites aquí, citas acá. El tráfico de una ciudad que ya no para. Nunca hay tiempo para nada. Para nadie.

Por fin en casa. Salen volando los zapatos y tomo un poco de agua fría. Siento como corre por mi garganta. El silencio ayuda a relajar los sentidos, esos que estuvieron en estado de alerta ante tantos estímulos y estrés, propios de una ciudad viva y caótica.

Respiro profundo. Siento el aroma del café recién hecho.  Es hora de cerrar los ojos, descansar un poco. Pequeños sorbos de café me regresan la calma. Me levanto a preparar el baño. Agua tibia y velas con aroma a flores para crear un ambiente tranquilo, sólo para mi. Es mi tiempo conmigo. No más «Llene ese papel» o «¡Este reporte es para ayer!». Sólo somos mi agua tibia y yo… Es hora de sentir un roce suave, cálido, es momento de descubrirme como un ser sintiente y deseante. Nadie mejor que yo conoce cada pedacito de piel, cada sensación. Nadie sabe que punto me hace vibrar. Me quedo allí, quieta, sintiéndome rodeada de mi misma, acariciada por mis manos suaves y hábiles. No existe nada ni nadie. Sólo yo. No es egoísmo ni tampoco falta de compañía. Es el momento de disfrutarme, de sentirme y de encontrarme. Es mi tiempo conmigo…

Esperando

Por Madelaine BO.

Estoy contando los minutos para verlo llegar. Ya quiero que solo pase por la puerta para quitarle de inmediato la camisa.

Lo he esperado todo el día, mi cabeza ha dado vueltas, se exactamente lo que quiero.

Él llega le ofrezco un vaso con agua, tengo la cena lista, mientras la comienzo a calentar se acerca a mí y me da una nalgada acompañado un beso en la mejilla; quiero apresurar la cena por que ya estoy húmeda, quiero sentir como me empieza a introducir sus dedos mientras me besa.

Muero por besarlo… empezando suave y que cada vez sea más apasionado, que se vaya calentando, quiero sentir como cambia su respiración, sentir que algo crece dentro de su pantalón.

Quiero sentarme sobre él y hacer movimientos alternos quiero sentir esa desesperación que tiene para hacerme suya.

Me esta besando y yo ya quiero meta su mano bajo mi falda, que sienta ese rio que empieza a brotar de entre mis piernas.

Estoy ansiosa por desabotonar mi blusa que sus labios exploren mis pechos. Ellos que necesitan sentir su piel con la mía.

Me urge me envista una y otra vez, me escuche gemir, quiero gritar su nombre con cada penetración y que me reboten sus bolas en mis nalgas.

Estamos en el la cima de éxtasis y no quiero que termine a pesar de que se que puedo volver a comenzar en cuanto lo quiera.

Anteriormente ya le he robado suspiros, besos, sonrisas… Pero robarle un orgasmo y verle tener esas contracciones que van de la mano con gritos, gemidos y mucha humedad y sudor. Las sabanas se van humedeciendo de nuestros fluidos las llenamos de arrugas cuando las sujetamos cerrando con los puños con cada sentir de placer es como extraer miel de un panal siempre terminamos probando esa dulce miel.

Después de algunos instantes terminamos agotados, estoy satisfecha de ver el espectáculo que me dio, ver su cuerpo cansado, extasiado y empapado de mí…

Entre Caos poético y textos perdidos | Sueño húmedo


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Lizzie.v.p


Te contaré un sueño .... divinidad sensitiva tuve
al amanecer
cuando bajo influencia del amor
divagamos y
disfrutamos sin medida en tiempo y forma el anhelo por encontrarnos ,
ajustándonos en esencia
nos acariciamos en miradas
que irrepetibles se volvieron en mis poros transpirando el nerviosismo
por estar a tu lado;

Entrelazando nuestras manos
se apretaron ,
sin soltarse por un largo rato,
donde nuestras voces
al unísono
nos mecieron
sin dejarnos ir
solo llevar.

En la fugaz sensación permanecía en mi nervio principal, el tintineo insesante de placer, húmedo y acuoso, exhausta piel.

Entonces amaneció por fin en mis ojos
quedando solo el espíritu
del sentir por anochecer
y volverme a encontrar
en la cercanía de sus brazos,
en la gravedad de una boca
inmortalizando el encuentro infinitas veces mas.

lizzie.v.p
Situaciones.sueños.lizzie.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad.Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

El ojo de Lya | Erótica de monstruos

Por Liana Pacheco

Hace unos días, reescribí un texto sobre el deseo femenino; de costumbre la música sonaba en mis auriculares y llegó al tema «The Phantom of the opera», la versión del musical que Lloyd Webber dio al mundo. 

Inevitablemente pensé en la trama de la versión fílmica (Dir. Joel Schumacher, 2004): Ambientada en la Ópera de París, 1870, vemos a Christine Daaé, una joven bailarina que por causalidades obtiene el papel principal. En las catapultas del teatro vive un ser al que atribuyen poderes sobrenaturales, pero solo es un hombre de rostro desfigurado que se cubre con una máscara.

Este «fantasma», que Christine cree es el ángel de su padre, ha sido su tutor en el canto; explayando, alimentando su talento, más por fascinación de él, que por beneficio de ella. Al final, él, hombre fantasma, monstruo, obsesionado, hace todo por retenerla, pero entre la obsesión de él, el deslumbramiento de ella y el terror de todos, el caos domina.

Encuentro una similitud con la última adaptación de Nosferatu, (Dir. Robert Eggers, 2024). Ellen, una joven atormentada por la soledad clama la compañía de alguien y le responde una voz, ella cree que es un ser compasivo, pero todo lo contrario. La criatura mueve su existencia en única dirección: Ellen.

Destaco de esta versión el trasfondo de la protagonista, el Conde Orlok la llama “Enchantress” y el profesor Von Franz le menciona «En tiempos paganos, puede que haya sido una gran sacerdotisa de Isis”, reafirmando la naturaleza sobrenatural de Ellen. 

Fue inevitable mi atracción hacia la corporalidad de Nosferatu, su voz, sus palabras, la intención y deseo de posesión por Ellen. Reconozco el deseo erótico que despertó en mí. O es que el atractivo de Bill Skarsgård ¿persiste entre el maquillaje y la caracterización?; o ¿son los diálogos?, una poesía de un amor dominante, carnal, violento. Recordé que al ver «The Phantom of the opera», hace más de diez años, mi emoción era creciente cada que el “fantasma” seguía los pasos y el rostro fascinado en deseo de Cristinne,  a diferencia de las escenas que compartía con Raoul, el otro interés amoroso, que me parecían aburridas. 

¿Es mi anhelo personal?, la voluntad de ser deseada, amada por un hombre que muestre esta insana devoción, al que no le importe fronteras, vidas, leyes éticas con tal de tenerme… Pero ya sacudiéndome la fantasía de amor romántico, mi culpa aminoró luego de encontrar tiktoks donde compartían mi sentir, la atracción hacia la figura cadavérica.

Recurrí a la IA que en resumen dice: «El atractivo sexual de los monstruos se debe en parte a su naturaleza «otra», su capacidad para evocar un sentido de miedo y fascinación al mismo tiempo. Sin embargo, también es importante destacar que estos personajes tienen una profundidad y complejidad que va más allá de su apariencia física. Tienen historias, motivaciones y deseos que los hacen más humanos y, por lo tanto, más atractivos». 

En conclusión, dejemos que el erotismo de los monstruos siga fascinándonos, sin que nuestra conciencia pierda la objetividad de que esos monstruos pertenecen a la ficción de pantallas y libros; que la realidad no necesita seguir perpetuando estereotipos de amor romántico con violencia y abuso. 

Formas del anhelo, un poema en La máquina verde por Jeanne Karen.

I

   El color del atardecer viene de la polución, las luces bermejas ocupan un extenso espacio en nuestro cielo. Respiras cansada del silencio, de la gente, de ti misma. Caminar por la tarde al trabajo te hace más humana, en tu cabeza da vueltas Bachelard y la Poética del Espacio, tu asfixia es roja, presa del ritmo de los torrentes. Encontrar por las avenidas un elefante, un tigre albino, una tortuga es imposible; a tu encuentro, solamente un camión urbano, la nevería de la esquina, las sombras y la ruina. Hoy tienes que hablar, pero tu lengua se traga la voz. En tu cabeza todo es concreción, cada pensamiento está pulido y acomodado como en la estantería de una fábrica. Cuando quieres pronunciar una larga charla, construir ideas, solamente tu risa sobresale. Los ojos se vuelven una expresión, una forma del anhelo. En ese momento, en tu mente, eres nube o niebla. Tu humanidad es ahora una palabra que se desnuda.

   II

Es un hueco en el cuerpo y ese hueco desea tu sangre. La que viene desde la garganta, envuelta en saliva y alimento. Ese vacío no te deja comer. El sueño es una tortura. En cada pesadilla pierdes la cabeza de una u otra forma, a veces te la vuelan con una AK 47, otras veces eres degollada o termina bajo una máquina de aspecto inexplicable y otras flotando en las aguas de un mar cálido. Hoy no comerás nada, le tienes miedo al trozo de pan.

Tienes miedo también de la calle, la banqueta y los charcos. El dolor es un perro negro que te sigue, le gusta mordisquear los talones y dejar un poco de rabia que se encaja en el hueso y el hueso se vuelve cada vez más gordo y grande, entonces caminar es doloroso y los pensamientos comienzan a invadirte, suenan a música fúnebre. Agonía. Un paso es un relámpago que sube por tu muslo, el corazón lleva el ritmo de una tormenta. El deseo es no tocar el suelo. 

III

Pierdes densidad. Cada día que pasa eres más ausente. No estás. Eres. Hace tiempo que el vuelo dejó de ser imaginario. La ventana por la noche es una puerta. El segundo piso es estar más cerca del cielo.

IV

El destino y el tiempo no tienen voluntad, las coincidencias tampoco, solo tú y yo. Se dice que vendrá la muerte. Tu rostro es ahora desconocido. Por tus ojos no corre ya la luz. Eres normal en otro sitio, sustituible, otra más. Eres ahí un grano de arena, un vacío. Tu espíritu vino tras de mí, se escondió entre las palabras. Descifra idiomas antiguos. Me pertenece y con su fuerza la creación es posible. Tu cuerpo se quedó deshabitado, es una casa sin jardín, un cascajo, un entramado de viejos circuitos eléctricos, una estación de trenes sumida en el mutismo absoluto de todo lo que se fue. Tu cuerpo es un invierno que ya no existe.

(Poema que forma parte del libro «La vida no es tan clásica», Editorial Zeta Centuria, Buenos Aires, Argentina, 2018)

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Acerc-Arte|| ¿Perra nocturna o bruja? El difícil arte de ¿crear? vida.

Por Reyna Morales B.

En los primeros días de enero, estuve acompañando a mi hija a hacer sus trámites en la universidad. ¡Fue tan emocionante! Pero no me permitió hacer nada. Ella solita supo que hacer. Verla recorrer el pasillo que la llevaba a la ventanilla donde tenía que tramitar su ingreso me hizo sentir un nudito en la garganta y recordar dos primeros días cruciales en su vida: el día que entró al kinder y su primer día en la primaria. En ambos casos, lloré como toda mamá que ve a su pequeña cría apartarse de su lado. Sabemos que unas horas después estaremos de regreso para tenerlo otra vez en nuestros brazos, pero igual nos gusta el drama. Sin embargo, ella no derramó ni una lágrima. En el Kinder entró al salón, eligió un asiento y veía extrañada a todos los demás (padres y alumnos) hechos un mar de lágrimas. Volteó y muy seria me dijo: «¡Mamá! No llores, solo es la escuela!… Vete a la casa y al rato vienes por mi…»  Cuando entró a la primaria, estábamos afuera de la escuela, cerca de la entrada. La directora abrió el portal y dio el mensaje de bienvenida. En cuanto empezaron a entrar los alumnos, mi hija me soltó de la mano y corrió a preguntarle a la directora que cuál era su salón. La directora sonrió y le dijo qué hacer. Mi niña entró feliz a buscar su lugar y no volteó ni para decir adios.

Hoy la veo segura, dueña de si, con planes, con amigos que la aman de verdad, iniciando una vida universitaria y creciendo en el trabajo, y me siento tremendamente orgullosa. ¡Creo que algo hice bien! ¿Pero saben algo? La maternidad no es nada sencillo… Ni es tan maravillosa e idílica como nos han inculcado. No cualquiera acepta el reto. Y no esta mal, aclaro antes de que me digan algo. Son decisiones muy personales. Yo opté por enfrentar la maternidad sola. Tenía 24 años, un trabajo estable y la seguridad de querer una hija y no casarme. Pero cuando el momento llegó, lo dudé

¿Qué podía ofrecerle yo? ¿Cómo la sacaría adelante yo sola? (Aunque tenía toda una familia dispuesta a hacer todo por nosotras, realmente me sentía sola) Consideré incluso, darla en adopción. Pero el instinto pudo más y me aferré a ella… Me aferré a ella…

Trabajé duro. Le di todo lo que estaba a mi alcance. Sobre todo, educación, conocimientos, experiencias. Criar a otro ser humano no es sencillo. No sólo es mantenerlo con vida. No sólo es cubrir necesidades básicas. Es formar una mente, un modo de ver e interpretar al mundo. Es enseñarle como no meterse en problemas y que si lo hace, sepa resolver. Seguridad y amor propio. Autorespeto. Y así una larga de características y herramientas para que sepa que hacer cuando tú ya no estés a la mano. Pero es agotador, confuso, caótico. Te ves obligada a ceder no solo tu cuerpo, sino también tu espacio, tu tiempo. Dejas de ser tu prioridad. Dejas de ser tú. Punto.

Todo el tiempo, todos los medios, los otros, te van encaminando, desde que eres niña, al fin que pareciera ser el único y la razón de ser, ser madre (aquí entran cantos celestiales)… Y entonces, muñecas, bebés, pañales, biberones; y eso sin mencionar los juegos de té, las cacerolitas, planchas, escobitas y tocadores miniatura… Todo para enseñarle a las niñas que su lugar ideal es estar dentro de casa, limpiándola, obviamente, y «arreglándose» porque una mujer hecha y derecha, debe lucir como modelo de enseres domésticos… También le enseña que su rol fundamental es el de ser madre (otra vez los cantos celestiales) No sé si por gracia o desgracia, las nuevas generaciones dicen «¡Hey! ¡Yo no quiero hijos! ¿Porqué me presionan?» o «Si quiero hijos… Pero después. Primero quiero estudiar, trabajar, viajar, salir…». Y está bien. Cualquiera de esas posturas están bien, incluyendo casarse y tener bebés, si están realmente convencidas.

Criar niños es cansado. Duele. Y no solo físicamente. Duele verlos sufrir. Duele que a veces no te entienden. Duele que interpreten tus «sermones» como un odio inconmesurable hacia ellos. Duele ver que algo les atormente y no lo quieran compartir contigo, porque tú no los entenderías (ellos creen que una nació de 40 años)…

Pero hay algo más… Un dolor del que muchas mujeres no hablan, del que soportan sin compartir porque temen ser juzgadas, rechazadas y señaladas. Temen decir que si hubieran podido, habrían hecho otra cosa con su vida. Si pudieran retroceder en el tiempo, cambiarían cosas, tomarían otras decisiones… Habrían hecho otras elecciones y evitarían ciertos errores… Y si. Algunas incluso habrían tomado decisiones muy diferentes con respecto a su maternidad. Y es por eso que no lo dicen. ¿Qué van a pensar de ellas, de lo «malas» que son, de lo inhumanas y desalmadas que salieron? En silencio sueñan con una carrera, un trabajo, un viaje, un príncipe azul diferente al que les tocó. Piensan en aquella actividad deportiva o artística que ya no pudieron iniciar o continuar. Y ni pensar en hacerlo cuando ya tienes un marido y/o hijos que criar, porque ya no hay ni tiempo ni energía… Y si además, eres madre trabajadora, los quehaceres, responsabilidades y cansancio se multiplican. Y el sentimiento de culpa… Esa incómoda sensación de que hagas lo que hagas, le quedas a deber a todos. A la familia que te ve de vez en cuando, al marido que deja de verte como una mujer deseable y deseante; a las mamás de los compañeros de escuela de tus hijos porque ¡cómo es posible que no estés presente en juntas y festivales!… A tu jefe porque nunca estas a la mano cuando se necesita pero que prefiere tu perfil porque «si tiene hijos, seguro necesita dinero… Y hará lo que se le pida»… Pero sobre todo a tus hijos, porque ellos no entienden de economía ni de carencias. No entienden porque a veces no estas en juntas ni festivales…

Nada de esto es para desanimar a ninguna futura madre y esposa. Ni para quejarme de mi propia maternidad. Es porque a veces es necesario visibilizar estas problemáticas tan calladas y poco aceptadas por las mismas mujeres que las atraviesan. Porque es necesario voltear a ver las realidades de otras personas y así entender a la sociedad que nos rodea. Películas como «Nightbitch» o «Witches» lo llevan a una explicación tan clara y contundente, que deberían formar parte de nuestro acervo referencial.

Amo mi maternidad,  aunque fue difícil, a veces salpicada con un poco de culpabilidad, porque a veces me duele y tardé en entender el desordenado orden que conlleva, ver a mi hija convertirse en una mujer determinada, con metas y objetivos claros; disfrutando responsablemente su juventud sin olvidar que estoy cerca si me necesita, me hace pensar que no hice tan mal trabajo… Y no me importa si no me hace abuela…

Placer de mujer


Por Yuri Guzmán

—¿Te gusta?

—¿Qué si me gusta?

Nunca pensé que debería gustarme, imaginé que el que debería estar complacido eres tú.

Desde que te dejé entrar a mi intimidad, cuando recorriste lo profundo de mi cuerpo y te albergaste en mi mente, tu pregunta me hace pensar en mi derecho a disfrutar, mi derecho al placer.

Y es que creer en mi placer como mujer me fue prohibido, más bien negado, oculto, no existía tal posibilidad;

las mujeres deben ser mesuradas y no dejarse llevar por las bajas pasiones, eso aprendí.

Todo cambió con tu presencia, con tus sabores agridulces y tu calor de tierra colorada que me envuelve cálidamente.

—¿Te gusta?

—¡Claro que me gusta!

Me gusta que el encuentro de nuestros cuerpos origine baladas y danzas salvajes, que nuestra piel comunique nuestro disfrute, que nuestros labios experimenten nuestros sabores y… me descubro abandonándome al placer.


Banquete

Nada más exquisito que el sabor de nuestros cuerpos juntos, que consumimos cada que se nos apetece, y tras el banquete busco perpetuar en mi memoria tu sabor a miel, tu olor intenso a canela y el calor que emana de tu cuerpo y me contagia.

Me he descubierto agitada y húmeda tras el recuerdo de nuestro último encuentro, me decido y pongo la mesa; ahí ofrezco mis frutos esperando ser disfrutados.

Me deleito con cada nota de sabor que descubro en tu boca y las pinto como un caleidoscopio, con los colores fuego y tierra de nuestros cuerpos.

Los miro… nos miro, serenos, satisfechos y plenos.

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

La calidez con la que mis manos recorren mi cuerpa,
la forma en que mis yemas reconocen sus mares y selvas
perdiéndose entre sus cuevas húmedas de sal y vida.
«Nadie podrá cuidar de mi mejor que yo misma».

El amor con el que me preparo mi comida favorita,
poner la música que calma las ansias de mi alma,
crear melodías en la oscuridad,
dibujando sombras entre yo y la nada.

«Amor propio» dicen, y yo pienso en las noches que pasé llorando.
En los años huyendo de los espejos y las superficies pulidas
evitando a toda costa mi reflejo… evitándome.
Pienso en las marcas que decoran mis piernas, mi vientre
y ese recoveco en la mente que, de cuando en cuando, grita.

No sé cuando comencé a quererme.
Ojalá tuviera una fecha en el calendario
que me permitiera celebrar cada año un aniversario;
recordar cuándo fue la primera vez que mis manos,
sin prejuicio, cobijaron mi piel desnuda.

Celebrar la primera vez que mis ojos se admiraron
de verme sin pudor, en medio de las noches vacías,
donde fuimos testigos de mi reconciliación:
Yo y la inmensidad del Sol.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 24 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

El ojo de Lya | La dualidad del sex0

Hace meses en un espacio de mujeres escuché: “el deseo sexual de la mujer es un tabú, incluso más que otros acontecimientos que nos atraviesan, como la menstruación o el derecho al aborto”, derivado de eso nos dejaron una actividad, pensar en cómo visualizamos nuestro deseo, lo cual no tenía una mínima idea. Pedí apoyo, precisamente con el hombre con el que desahogaba mi deseo, su respuesta fue que no entendía nada; quizá en su psique no conjugaron bien las palabras deseo sexual & mujer, reafirmando lo que se dijo en el taller.

Sin embargo, la tarea seguía pendiente y lo único que se me ocurrió fue plasmar mi propio camino de aprendizaje sexual:

Mi deseo es una dualidad que emerge del vértice de mi cuerpo.
De esa cavidad, pliegue de inflexión, rebeldía y placer.

Entonces contemplo mi deseo como una criatura de dos cabezas, que comparten el mismo apetito, pero que observan en polaridades opuestas.

Una de ellas, es el apetito sexual que disfruto en la solitaria compañía de mi cama, debajo de la frazada. Lo conocí cuando tenía dieciocho años, mientras leí un relato erótico.

Este primer deseo empezó a palpitar dando indicios de su existencia, como una cría de animal salvaje que berrea para que el mundo sepa que ha llegado a la vida.

Ese deseo es pequeño, su débil voz me susurra al oído cuando quiere salir, explorar y explotar. A veces quiere ser un desahogo rápido, otras, quiere que se le complazca en forma lenta y pausada y va mutando con calma hasta que se vuelve una monstruosidad sin cabida en mi cama.

Mi mano se vuelve ávida, con hambre de lumbre y placer. Guiada por la fuerza que dicta ese deseo, hasta que el placer desborda y la sensación es algo indecible para detallar en palabras.

Mi cuerpo se arquea, mi garganta gime y siento cómo mi corporalidad se vuelve una con la fuerza del universo. La satisfacción es sentir cómo mi útero vibra, late como un segundo corazón dentro de mí. Al final termino inerte, desnuda, agotada mientras el caos de mi deseo retorna a la calma.

Este deseo me pertenece sólo a mí, no lo he compartido nunca con nadie.

El otro rostro de mi deseo es el que conjugo con un hombre; asemeja a una cerradura, fría, rígida, hasta que alguien introduce la llave correcta. 

La llave del deseo-cerradura es una charla, aroma, la forma en que sonríe o, como me sucedió hace un año, la destreza de arreglar la cerradura que rompí al azotar la puerta.

Este deseo clama que toquen la superficie de mi cuerpo, el sentido de mi piel, hasta que el deseo de violencia irrumpe, disfruta en la frontera que une al dolor y el placer; termina deleitándome con ambas sensaciones.

Caí en cuenta que este deseo no me brinda demasía de placer físico, más bien emocional. El vaivén de mi cuerpo, mis senos a voluntad de la gravedad, las ondas de mi cabello agitándose, las manos de él sujetando mi cintura y me controlan al deseo de su placer.

El deseo-cerradura es un estructurado sistema para abrirse, se alimenta del aliento, saliva, rasguños, gemidos, besos, sudor.

Este deseo me atemoriza, en ocasiones ignora los límites de la moralidad y del “CÓMO-DEBE-SER” la expresión sexual de una mujer. 

En ocasiones lo escucho susurrarme: “put4” cuando estoy a merced del egoísta placer de un hombre, pero he aprendido a silenciarlo gimiendo con más fuerza. A pesar de que este deseo es compartido con un hombre y nunca he experimentado un orgasmo con ellos.

Mi gozo es apropiarme de sus sensaciones, perpetuarlas en mi palabra escrita.

ESCRIBIR NOS LIBERA: Escribamos lo prohibido para conectar con lo genuino y lo divino

El arte de lo erótico se pierde en las fantasías de lo que nos han vendido como sexy, sexual, disfrutable.

En un día cualquiera disfrutando del goce de Vivir…

Siento que he crecido en una cultura que me desconecta de mi cuerpo, ahora resulta casi un privilegio o a veces hasta una obligación mover mi cuerpo, cuando en realidad es el único medio para disfrutar de esta experiencia terrenal, mi cuerpo es ese espacio que me permite conectar con lxs otrxs y disfrutar de todas las cosas que si fuese un alma etérea no podría vivir, gozar, encarnar.

Me han dicho que mi cuerpo es objeto, que sus sensaciones y deseos espontáneos incluso rayan en el pecado, que mi cuerpo está disponible para otrxs y no para mí, me han dicho cómo debe verse, cómo es adecuado que luzca.

Es probable que a todxs nos hayan instruido con esas y más mentiras respecto a nuestros cuerpos, pero también se nos ha aleccionado sobre el deseo, nos gritan o envían mensajes inconscientes que nos dicen que el sexo es prohibido, sucio, que hay que esconderlo a tal punto que aún sigue siendo tabú o un deseo reprimido, qué aberrante, pues en realidad somos hijxs del sexo y del placer.

También nos han dicho cómo debe verse el sexo, cómo debe disfrutarse, cuáles son las caras, las posturas y hasta la indumentaria que debe acompañar al sexo para que sea ¿glamuroso y deseable? Nos venden la pornografía, las prácticas sexuales extremas y los deseos que jamás hubiésemos tenido, como lo REAL del sexo, cuando lo único real que hay en torno al sexo son los cuerpos disfrutando en libertad, gozo y espontaneidad.

Y es que hay un interés en vendernos que esa es la forma de disfrutar “verdaderamente” o “prohibidamente”, porque si perdemos conexión con nuestro verdadero deseo, entonces cualquier cosa puede hacerse lucir como deseable, aunque ni siquiera la deseemos genuinamente.

Estoy harta de que le quiten lo sagrado al sexo y al disfrute, de que la cultura siga fomentando la perversidad de lo oculto, cuando en realidad hay una divinidad inmensa en compartir el goce de lo erótico, el goce de la unión de los cuerpos, el goce de encarnar el disfrute más expansivo que podemos experimentar.

Por eso elevo mi deseo para que nos permitamos experimentar el sexo desde la consciencia e instinto natural de nuestros cuerpos así tal cual, sin miedo ni pudor, y no desde la mente que ha sido instruida para pervertir lo sagrado y real; deseo que volvamos a conectar con lo erótico del deseo y del sexo, para que encarnemos en nuestras vidas el fuego creativo y divino, tanto en lo íntimo como en lo comunitario.

Deseo que nuestro deseo sea natural y real, divino y sagrado, erótico y lleno de goce.

Te dejo una parte del poema que estoy construyendo, que está lleno de fuego divino puro:

Soy el rojo intenso que dejo en tu piel

al devorarte con fervor,

soy la luz diáfana que entra

por las cortinas cerradas de tu balcón.

Soy el silencio y la espera

entre cada intermitencia

que marca nuestro ritmo,

soy la pausa que se mece entre

un gemido y un respiro.

Soy lo eterno y lo etéreo,

soy tus dedos dentro de mi cuerpo,

soy el aliento que al soplarlo

impulsa tu vuelo.

Gracias infinitas por leerme y por compartir las letras de lo que a veces nos pintan como prohibido. Que tu deseo sea liberado a través de tus letras y de tu cuerpo. Sigamos escribiendo juntxs, porque ESCRIBIR NOS LIBERA. Puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda