Cartografías del Instante| Promesas de amor

Promesas de Amor

Por Anyela Botina

¿Recuerdas el día en que caminábamos por la ciudad, hasta que, en una esquina cualquiera, tú sacaste un rollito de papel y me lo entregaste en las manos? Era un poema de amor, y yo me puse roja, rojísima. Pero tú me dijiste que no lo tomara como algo que quisieras de vuelta, que las palabras de amor, en realidad, nunca regresan.

Más allá de eso, yo sabía que tendría que responder a tus palabras, y que, aunque sentía que algo estaba a punto de alcanzarme —algo que era mi pasado y los amores que, desde ahí, aun me hacían daño—, también quería decirte «te amo». Mientras desenvolvía el rollito, la cabeza me daba vueltas. Leía tus palabras: estrella, azul, eterno, vuelo de pájaro.

Tú y yo, recogiendo nuestras palabras como promesas, una junto a la otra, las fuimos enrollando en ese trozo de papel, en esa tarde, en mis ojos que decían miedo, pero también decían mar, caracola, alelí, alma, amor, mil veces amor, tus manos que sellaron esa promesa diciendo: te guardo, cerca a mi corazón.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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Con ganas de llover

Carmen Asceneth Castañeda

Amanecí con ganas de llover
desgarrada nube
agua que precisa caer.
Dejar de ser mustio rocío
en pleno despertar
taladrar la tierra
horadar asfaltos
trastornar transeúntes
desquiciar la ciudad.
Acallar voces con mi estruendo
destruir paraguas
inundar postales
importunar la mañana
con mi reproche
de piel insolada
en desértica espera
mientras clamaba la noche.
Amanecí con ganas
de convertirme en tormenta.

Copyright © María del Carmen Castañeda Vargas

Arte: «Dama en una tormenta eléctrica» Debbie Clark- Pintura acrílica original

Poemas, Olivia Burr.

[Bluff] Olivia Burr

Necrosado el anular
de promesa coagulada
que corroe la garganta
ennegrece mis pulmones
y estrangula mis latidos
que me palpan la cara
me arrancan las córnea
y me besan la frente
para ser expulsada al vacío
de palabras agudas
ácidasheridas
y muertas.


[Del ocaso al alba] / Olivia Burr

El aire humedece mi piel
al evocarte
sabor salino
al roce de tus dedos
dos luciérnagas vuelan
sobre un campo crecido
de esta mi creación
sincera de surco capilar
espumosa orilla donde remojé
tu estrella
en el ocaso
hasta devenir
hasta renacer
mis dedos llaves
encapsulan el tiempo
en reminiscencia de mi juventu
del vendaval tiembla
llueven las entrañas
al recibir el alba.


[Agridulce] / Olivia Burr

Hay una palabra
que (encierro) a lengüetazos
juego con ella
hasta que me canso
la mastico
no la quiero dejar ir
afilada puntiaguda
se encaja en mis encías
y escurrestú tú
Agridulce amor atado

(dentro esta jaula de mis dientes).
Natalia Villanueva, escritora neolonesa emergente. Autora de ‘Si pudiera tenerte otra vez’ (Editorial Capítulo Siete, 2023) bajo el seudónimo de Olivia Burr. Su primera publicación literaria es una compilación de una década de pequeños fragmentos de sus diarios más personales.

Versátil: La libertad de pensar Disturbios en Stonewall

Resistencia en la disidencia

Osmara Rodriguéz

El 28 de junio de 1969 un grupo de personas de la comunidad LGBTQ+ comenzaron la rebelión de Stonewall como protesta por una redada policiaca al bar ,cosa que era desgraciadamente algo común, y al tratar de manera violenta a las personas que se encontraban ahí .

La gota que derramó el vaso fue cuando la cadenera del bar , Stormé DeLarverie se resistía a ser arrestada mientras los policías la trataban de manera violenta y al ser golpeada en la cabeza para subirla a la patrulla gritó a quienes la miraban : ¿Por qué no hacen nada?

Entonces la multitud reacciono a defenderse ,por primera vez en la historia se estaban levantando ante la violencia y discriminación.

Han pasado 56 años desde los disturbios de Stonewall, y se han logrado grandes avances por los derechos de la comunidad,sin embargo la homosexualidad sigue siendo ilegal en 68 países y con el asenso de la ultra derecha,los gobiernos conservadores comienzan un restroseso en materia de derechos .

Y este panorama deprimente y frustrante, sentir que años de lucha se empiezan a olvidar . Pero es ahora más que nunca que debemos recordar las palabras de Stormé ,no dejar que estas acciones pasen desapercibidas .

No podemos permitir que nos hagan retroceder de regreso a un closet legal,hemos de recordar todas las injusticias a las que la comunidad LGBTQ+ a sido sometida a lo largo de la historia.

Para muchas personas que no forman parte de la comunidad LGBTQ+ , les parece que simplemente ese no es su problema.

Sin embargo la lucha por los derechos de la comunidad no es un tema solamente para los afectados sino que es una lucha por la humanidad,el trato digno y el derecho a existir.

Es necesario recordar que cuando alguna minoría oprimida logra un avance en materia de derechos los demás movimientos civiles encuentran un poco más de respaldo, si la sociedad hoy abandona a las personas trans y a los migrantes ¿ Quienes serán los siguientes?

Como paralelismo al poema de Martin Niemöller se podría decir que primero vinieron por las personas trans ,después por los migrantes, por el pueblo palestino y si guardamos silencio ,si no protestamos ahora ¿ Quién lo hará cuando vengan por ti? Como miembro de la comunidad LGBTQ hoy más que nunca abrazó el orgullo de ser quien soy y recuerdo que el camino hacía la libertad comenzó con la rebelión de Stonewall.

Entre Caos poético y textos perdidos | Sin fronteras


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Lizzie V p

Seguir su rastro 
es tan apasionante.

La cuestión es inquebrantable de voraz sutilidad
que me guía y me calma,
línea invisible  del querer volcarse con todo y alma,
sin frontera ni estrecho sutilidad que delimita
el ancho de su almohada
el filo de mi sábana;

Apasionable e inigualable amor,
sin fronteras para fluir
vulnerabilidad que atrapa
en el límite de su hombro,
el tirante como sostén de indiscreción
deja escapar el regocijo del amor.

Lizzie.v.p

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad. Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

Entre Caos poético y textos perdidos | Habitación propia

Entre Caos poético y textos perdidos | Sueño húmedo

Entre Caos poético y textos perdidos | Los mejores que tú

Carta con lector ausente


Por B. R. Sánchez

Cielo.

Si el amor ha de regresar a mí, que lo haga solo contigo. No deseo un amor nuevo, ni promesas vacías que intenten llenar tu ausencia. Si el destino insiste en traerme el amor, que lo haga con tu nombre marcado en su esencia, con la fuerza de un ángel de la muerte que haya pronunciado tu recuerdo mil veces antes de llegar a mí.Que traiga tu cuerpo como empuñadura de su espada, firme, inquebrantable, como tus manos que me sostenían. Que la hoja de ese acero sea el deseo insaciable de mis labios buscando los tuyos, la desesperación de mis noches vacías, el tormento de mis días sin tu risa. Que me atraviese el pecho sin compasión, como lo hace cada pensamiento de ti cuando intento seguir adelante.No quiero reemplazos, ni consuelos, ni remedios inútiles. Si el amor regresa, que sea solo con tu esencia, con la intensidad de lo que fuimos, con la tormenta de nuestras madrugadas y el incendio de nuestras miradas.Porque así lo quisiste, me marché sin dejar rastro, apenas una nota, sin huella alguna, como si nunca hubiese estado allí. Como si nuestra historia pudiera borrarse con un solo portazo.  Sé que sigues caminando por los mismos pasillos, que te sientas en el mismo sofá, que duermes en la misma cama. Y… aunque ya no quede nada mío entre esas paredes, mi corazón aún late allí, escondido entre los recuerdos, aferrado a lo que un día fue nuestro.Una parte de mí nunca se fue y duele con cada respiración, con cada latido que insiste en seguir adelante cuando todo dentro de mí quiere detenerse.
Si el amor ha de volver, que se quede en la quietud de la noche cuando miro las estrellas y encuentro tu reflejo en cada una de ellas. Que se oculte en nuestras canciones, esas que alguna vez compartimos, que aún resuenan en mis oídos, tan llenas de promesas. Que habite en mis recuerdos, en cada rincón de mi mente donde tu voz aún me llama, donde tu risa sigue llenando el vacío, y en todo lo que dejamos atrás, lo que fuimos y lo que aún podría ser si el destino hubiese elegido otro camino.Que se quede en los suspiros que te pronuncié, en cada palabra que tejí con el alma, en cada mirada que te entregué sin dudar. Que se quede en el eco de lo que nunca se fue, en esa parte de mí que aún te busca, que sigue esperándote en cada paso. Que se quede en la mirada que guardaba en secreto, esperando que al final nuestras almas se encontraran nuevamente, sin importar la distancia, el tiempo o las sombras.Si el amor ha de regresar, que sea con tu nombre, marcado en la piel de mis días, que nunca deje de resonar en mi corazón, en mis pensamientos, en mi aliento. Que se quede en mis noches, llenándome de tu recuerdo, de lo que compartimos y de lo que aún queda, aunque ya no estés. Que se quede en todo lo que soy, que te impregne en cada rincón de mi ser, que me hable en susurros, en caricias invisibles que aún me llegan, como un suspiro que no se apaga.Que se quede en todo lo que siempre serás para mí, no solo en la memoria, sino en la esencia de lo que quedó grabado en lo más profundo de mi alma. Porque, aunque el tiempo pase, aunque las estaciones cambien, siempre serás la huella que persiste, la cicatriz que me recuerda quién fui cuando estuve a tu lado. Y si el amor regresa a mi vida, que regrese de esta manera: con tu nombre, tu presencia y tu amor, que nunca se apague, aunque todo lo demás se desvanezca.

Cielo, si el amor ha de regresar a mí, que lo haga solo contigo.


B. R. Sánchez

Reseña:Mujer indígena maya, guatemalteca. Consultora. Internacionalista y Politóloga. Máster en Administración Pública, y Máster en Derechos Humanos: Sistemas de Protección. Feminista y aprendiz de escritora con pequeñas publicaciones digitales. Actualmente con 10 años de experiencia laboral en el campo de la cooperación internacional, diplomacia, administración y migración. Apasionada por el arte y las letras.

Letras Revueltas|Dame tiempo para darte todo lo que tengo

Por Illari Alderete

Cuando nací ya se me hacía tarde. Mi madre cuenta que demoré mucho en llegar al mundo. Tal vez por eso suelo llegar tarde a todos lados. Que no se tome este texto como una defensa de la impuntualidad, pero sí de la lentitud, ¿por qué molesta tanto la impuntualidad?, y qué hay del otro lado, ¿hay algo de malo en ser puntuales? ¿Tiene algún costo?

La velocidad es el signo distintivo de la época moderna: llegar rápido, producir más en menos tiempo y, sin embargo, el mundo está lleno de procesos que requieren tiempo, tiempo para crecer y desarrollarse adecuadamente. Uno de los casos más conocidos es el del bambú que se tarda alrededor de siete años para brotar, si enraíza bien, puede crecer mucho en sólo seis meses. En México, el ahuehuete es uno de los árboles más longevos, pero para serlo se toma su tiempo, durante el primer año el viejo del agua únicamente crece un metro, uno de los árboles más antiguos de estos se encuentran en Oaxaca, se calcula que tiene aproximadamente 2000 años, me refiero al árbol del Tule. Tan trascendental es su importancia que incluso José Velasco lo retrató, pues fue un personaje principal en “La noche triste”. Este árbol recibió las lágrimas de Hernán Cortés. ¿Cómo no amar a los ahuehuetes?

He tenido muchos problemas por despertar tarde, ¿tarde para qué? Aclaro que no es a propósito, algo en mi cuerpo me dice que aún no es hora de despertar, que es muy rápido. Mi cuerpo se siente pesado y todo es confuso, mezclo las palabras, olvido cosas, me cuesta organizar mis acciones…dejo zapatos por aquí, el celular allá, ando a medias. ¿Quién desea tener despierto a un ser a media conciencia, torpe y con un pie en otro mundo? Llego tarde a todo y me tranquilizo pensando que si no llego a tiempo no es para mí. Cuando salgo, ya todo está cerrado; la tortillería, los bancos, ya no hay citas para el médico. ¿Cuándo tomó el poder un madrugador? 

Esta es una de las playlist que escucho cuando me cuesta volver a la vida, denle play para acompañar la lectura.

Parece que me voy quedando atrás, no soy una hija ejemplar de mi tiempo. Según Txetxu Ausín, “estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia, en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad”(Saber vivir despacito, Ethic), pero ¿será una decisión personal?, ya lo dijo Benjamin Franklin o Edward Bulwer-Lytton “El tiempo es oro” que puede significar que le damos lo más valioso a cosas efímeras o como lo vería cualquier economista alienado: no aprovechamos el tiempo. Para mí aprovechar el tiempo es ir despacio, para otros es hacer más cosas en menos tiempo. 

En mi pueblo desde pequeña me acostumbraron a los procesos lentos. No puedes comer esquites en febrero, debes esperar una semana para comer bacalao. Si quieres un vestido bonito, debes esperar un año para poder usarlo, esa era mi abuela cosiendo o la costurera de confianza de mi mamá. No había inmediatez, incluso para enfermarse debía haber tiempos, si era viernes o fin de semana, o esperas o intentas llegar a la ciudad. Claro que hay circunstancias en las que el tiempo apremia. Como cuando quise llevar a un familiar al hospital más cercano y tardé más de una hora, el tiempo no nos perdonó. 

Mi papá se jactaba de que podía comer en 15 minutos, a veces tenía hasta cuatro trabajos. Daba clases a las 7 y terminaba a las 22 horas, llegaba a casa a las 24 y a las 4 del día siguiente se volvía a ir. No había tiempo para comidas largas, a menos que se rebelara y llegara tarde a su segundo o tercer trabajo. Hoy come rápido por inercia aunque ya no haya prisa. “En 1982, Larry Dossey, médico estadounidense, acuñó el término “enfermedad del tiempo” para denominar la creencia obsesiva de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”’. (Elogio de la Lentitud, Carl Honore)

Al mudarme de departamento, sentí añoranza por los chiles rellenos de mi casa, así que decidí hacerlos en un día que debía entrar a trabajar a las 3 de la tarde. Empecé a hacerlos a la 1, asarlos, quitarles la piel, quitarles las semillas, cortar el queso, batir los huevos en punto de turrón con un tenedor, lo que me tomó una hora, para cuando terminé ya me quedaba tan poco tiempo, que inevitablemente llegué tarde al trabajo. Ese fue sólo el primero de muchos días, en que fui descubriendo que todos mis platos favoritos requieren de mucho tiempo y que, además, no hay otra persona que los elabore del mismo modo en que los que comía en casa más que yo. Uno no sabe cuándo la comida se va a transformar en un refugio, o en un portal que te devuelve instantáneamente con las personas que amas. Cocinar deprisa no permite viajar al pasado y comer rápido, menos. Así que, por lo regular, soy la última que se levanta de la mesa.

Si me preguntan si soy impaciente, contestaré que sí, lo soy, también he caído en la trampa de la prisa, a pesar de ello, mi cuerpo me impide ir rápido, se enferma, comienza a desvariar, ya Flash nos demostró que ir a la velocidad de luz, puede ser divertido y peligroso; corres el riesgo de desintegrarte. Con la llegada de la inteligencia artificial me pregunto ¿qué efectos tendrá dejarle la producción de las artes o de las ideas? Para mí la IA dibuja horroroso, cada vez que veo un cartel hecho con IA, siento que la vida ha perdido color, ¡claro que nos ahorramos las dificultades!, aunque también nos perdemos del ejercicio, lento, fastidioso, frustrante pero satisfactorio de crear e imaginar, ¿qué pasará con las personas que no creen nada por sí mismas?¿Qué tipo de mundo nos espera?

Reconozco que hablar de lentitud es un privilegio, que no todas y todos tienen tiempo de despertar somnolientos, ni de cocinar platillos elaborados, ni de sentarse a dibujar o a leer o a solamente observar, aun así pienso que es un derecho por el que debemos pelear, el derecho a ir a nuestro ritmo, sin seguir el paso de los demás. Para mí, es urgente vivir sin prisas. La lentitud es revolucionaria. 

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

Piezas de un alma simple

Junio

Escrito por: Alondra Grande

Veo llegar y despedirse a junio:
con sus colores y su diversidad,
con sus reflexiones,
con las preguntas que formula mi cabeza,
y parecieran no tener respuestas.

Algo dentro de mi está roto.
Lo noto cuando me cuestiono,
cuando me visto como me visto,
cuando camino como camino,
cuando no encuentro lugar en las ambivalencias.

¿Algo dentro de mí está roto o funciona diferente?
Quiero decir: la ropa no tiene género
y las etiquetas sociales no significan nada.
Quiera decir que, a veces no sé quién soy,
incluso cuando no dejo de ser yo misma.

Algo dentro de mi está roto,
dije una vez en terapia
cuando no entendía por qué causa conflicto
gustar de él, ella, ambos o nadie.
No debería de ser la gran cosa.

Y, sin embargo, genera ruido.
Grita dentro de mi cabeza
que algo dentro de mi está roto.
Habrá quién diga que es por el trauma,
habrá quien piense que no es nada.

¿Cómo se explica? no lo sé.
Ni siquiera yo me comprendo.
Sólo sé que es quien soy.
Quizá no amo de la manera en que se espera,
O quizá el amor no sigue formas heteronormadas


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 25 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

De recuerdos, aventuras y reflexiones|Entre la tradición y la emoción

Por Tania Farias

Crecí en un pueblo, pero no en un pueblo cualquiera. Crecí en uno conocido en la región como “el Pueblo de la Fiesta Eterna” y déjenme contarles que el apelativo no es una casualidad, ni mera coincidencia, al contrario, está muy bien adjudicado y con cada celebración el nombre se reivindica.

Mientras viví allí, nunca le di mayor importancia, ni mayor reflexión a dicha referencia. Es más, participaba tan poco en las celebraciones que en ocasiones solo me daba cuenta de que un santo se estaría celebrando cuando, mientras hacía alguna diligencia, me topaba con una calle cerrada, un numeroso grupo de personas, y por supuesto, música y bailes tradicionales. Es más, era tanta la costumbre de vivir en un pueblo tan “fiestero” que ni los cohetes matutinos, ni las campanadas en repique casi todos los días, lograban despertarme antes de mi hora habitual.

Pero como bien lo dice el proverbio popular “uno no sabe lo que tiene, hasta que lo ve perdido” no fue sino hasta que emigré y con la distancia (y sobre todo el costo del pasaje) que empecé a añorar con poder participar en alguna de esas celebraciones tradicionales, en especial, aquellas que se llevan a cabo en una escala mayor tanto por su duración como por lo que se ofrece, como las celebraciones de Semana Santa, las dedicadas a San Sebastián al principio del año o las fiestas patronales en honor al Señor del Perdón. Y más se aumentaban mis deseos cuando por las redes sociales, veía a familiares y amigos participando con fervor en algunas de ellas.

Aunque sigo viviendo relativamente lejos de aquella región en la que crecí, por lo menos ahora, vivo en el mismo país y cuando mis primos lanzaron una invitación general a la familia para ir a disfrutar al pueblo el cierre de las fiestas patronales, la chispa del recuerdo se encendió y la decisión de asistir fue tomada en poco tiempo y, a pesar de que el viaje a mi región no es algo que pueda realizarse de manera espontánea, planeé mi visita cuanto antes. Con un poquito de esfuerzo, las cosas se dieron.

Nada más llegar al pueblo, mi prima y yo salimos a seguir un “toque de doce”. Confieso que a pesar de haber crecido allí, nunca había participado en ninguno, así que era una primera vez para mí. La dinámica fue simple, nos fuimos al templo parroquial, donde estaban varios grupos organizadores de “Toques de doce” para recibir una bendición y allí elegimos unirnos a alguno de ellos. Mariachi, bailarines reunidos en un solo grupo, así como mojigangas fue el llamado que necesitábamos y allí íbamos nosotras en medio de la algarabía y disfrutando de una de las muchas bebidas refrescantes que los organizadores iban ofreciendo a todo participante de manera gratuita. Porque eso son las fiestas en mi pueblo: devoción, música, danzas, altares, serenatas, peregrinaciones, bebidas y comidas tradicionales para todo el que se acerque, sin costo alguno. Porque sin duda, las únicas monedas de cambio que funcionan durante esos días de fiesta, son el entusiasmo y la fe.

El pueblo entero estaba embellecido. Pero el lugar más venerado era por supuesto el templo principal, el cual, estaba vestido con mantos verdes y amarillos, y centenas de flores que marcaban el camino hasta el altar, donde la imagen del festejado celebraba, además, 450 años de haber llegado al pueblo, durante la conquista del país. Época a partir de la cual se inició un sincretismo perfecto entre los dioses de los antiguos pobladores y el nuevo Dios llevado por los conquistadores. Hasta el día de hoy, ambas religiones se han fundido para crear una nueva manera de adorar al Dios adoptado.

Crecer en un pueblo así, quizás determinó mi propia religión, y como la gran mayoría allí, crecí con una educación católica que al paso de los años se ha vuelto más una costumbre. Sin embargo, el estar en medio de todas esas personas que creen con devoción en que el señor del Perdón protegerá al pueblo de los temblores, como aquel que casi lo destruyó en el año 1941, no pude evitar emocionarme, dejarme llevar por la música y los cantos, y quedarme embelesada ante aquella imagen que todos adoraban y que para el cierre final de las fiestas, era paseada en gran pompa dentro de una cobertura de vidrio, llena de flores y de luces, por todo el pueblo cargada a los hombros por decenas de hombres y rodeada de mujeres vestidas con el traje típico del pueblo, al son de “Tuxpan, Jalisco señores, tierra que me vio crecer, la quiero con toda el alma, pues como Tuxpan ninguno. Es un pueblito chiquito, pero de gran corazón, vale la pena quererlo, por su costumbre y tradición…”

Y mientras me unía al coro que gritaba “Viva el señor del perdón”, rodeada por mi familia, pensaba en el poder de las tradiciones, en como ellas me habían acercado a tantas personas, cuyos rostros me eran desconocidos. Sentí un calorcito en el corazón de contento y me dije que en efecto las tradiciones nos acercan, pero las emociones… esas, nos unen.

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Varada

Carmen Asceneth Castañeda

Bajo el sol del mediodía como cactus, sin poder moverme por exceso de calor.
Sobre la tierra, encajada como piedra, sin esperanza de quedar libre para rodar.
Frente al mar, perdida entre las arenas, una sola, pequeña, sin saber nadar.
Al lado de la montaña, sin raíz, en un añejo tronco húmedo de invierno que ya no cobija y que por las noches suele crujir.
Dentro del agua que llueve, a ratos descalza, a ratos inmóvil y a ratos cansada.
No atino a mover los pies para echar a andar.
No me responden las alas, no tengo aletas, no encuentro muletas, no hay una rama que me sirva como bastón.
Estoy varada, inmovilizada por el miedo, el viento, el agua… y un diminuto monstruo que se me instaló en la piel.

© Carmen Asceneth Castañeda