Encuentros


Por María Teresa Meza

Cadencias, preámbulo, ganas de sentirte mío...
Sensaciones vibrantes como la primera vez,
una relación infinita,
sin forma,
un poco fugaz;
silencios prolongados en el tiempo que corre el agua de la vida.
Me gusta saberte muchas veces mío a pesar de la distancia,
con la naturaleza de nuestra relación,
procuro no saltar al vacío para evitar sufrir por extrañar tu mirada penetrante mientras lo hacemos.
"Libres de lealtades",
por eso es única y especial nuestra relación.
Mientras la paciencia crece, tejo y escribo mi camino,
a veces muy distante del tuyo...
Pero somos felices,
porque se siente en el ambiente de nuestros "encuentros".

Maria Teresa Meza
LICENCIADA EN ADMINISTRACION. ME APASIONA EL ARTE, LA CULTURA Y HOY EN DIA LA LITERATURA. MUY COMPLACIDA EN SER ESCRITORA AMATEUR A PARTIR DE LAS “JORNADAS DE LECTURA Y ESCRITURA FEMENINAS” DE LA SECRETARIA DE CULTURA DE LA CIUDAD DE PUEBLA, PARA DEVELAR, ENTRE OTROS OBJETIVOS DE LOS TALLERES “LA SENSUALIDAD EN LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES” .COLABORE 4 AÑOS COMO MEDIADORA EN VISITAS GUIADAS EN MUSEO DE ARTE MODERNO DE LA CDMX “MAM”.COLABORE UN AÑO EN “SEP CDMX” COMO ASESOR, EN LA COORDINACION DE EDUCACIÓN MEDIA.

Puedes encontrarla en instagram como mariateresa.meza.10

Amor eterno


Por Teresa Sarahí Soriano

Jaime siempre la esperaba en la bañera cuando ella volvía del trabajo. Pese a su condición, parecía adivinar la hora que marcaba el reloj de pared de la entrada. Se desplazaba entre las habitaciones escurriéndose por el piso, despojándose por los pasillos de la ropa que ella le escogía por las mañanas antes de irse. Después de años había aprendido a regular el agua y cada vez se contaban en menos las ocasiones en las que inundaba el cuarto de baño. Cuando la escuchaba girar el pestillo de la puerta, una alegría infinita invadía sus ojos y, entre los temblores del agua y los propios, estiraba las manos para acariciar su miembro y esperar a que ella hiciera el resto del trabajo.Ella, por su parte, se había resignado a esa interacción de la que no tenía escapatoria desde hacía varios años. Desde el principio se había comprometido ante ella misma y ante el mundo a darle amor incondicional a Jaime, aunque cuando tomó esa determinación nadie le advirtió que una noche de copas, cuando él salía con sus amigos, podía llegar a cambiarles la vida. Desde el fatídico día del accidente, Jaime se había convertido en una piltrafa humana; cuando entró en coma, el doctor le había sugerido desconectarlo por el grave daño cerebral que presentaba. Muchas de sus funciones neuronales habían muerto aquel día y, aunque existía la posibilidad de que con el tiempo las que quedaban hiciesen nuevas conexiones, no se sabía a ciencia cierta si él volvería a ser el mismo. Ella se negó a quitarle la vida y se indignó frente a la sugerencia de los médicos. Pero para cuando despertó, se dio cuenta de que ambos habían cruzado un punto sin retorno. Él no la reconocía y tampoco hablaba, abría la boca cuando le acercaban los alimentos, pero su mirada permanecía siempre en un punto fijo. Usaba pañales y ella se veía en la necesidad de cambiarlo de posición todos los días para reducir las llagas que se producían en su piel a causa de la inmovilidad.En esa época se arrepintió de no haber escuchado los consejos; tenía que haberlo desconectado cuando se lo dijeron. Cualquier cosa que hiciese de aquí en adelante, sin lugar a dudas, sería un asesinato en todo el sentido de la palabra. El milagro ocurrió un día cuando la siguió con la mirada; algún tiempo después apretó su mano, luego comenzó a comer solo y casi tres años más tarde podía arrastrarse por la casa. No obstante, permanecía siempre en un completo mutismo; a veces parecía reconocerla, o entender cuando lo llamaba por su nombre como lo hacen un perro o un gato, pero siempre desde el total desconocimiento del lenguaje y lo que esto significaba.Una vez, él había comenzado a tocarse mientras ella lo bañaba; sin embargo, sus manos, tan temblorosas como las de cualquier anciano con párkinson, le impedían darle continuidad al placer que el cuerpo le solicitaba. A ella se le inundaron los ojos de lágrimas y, llena de dolor y de lástima, lo masturbó mientras muchas gotas de sal resbalaban desde sus mejillas hasta la bañera. Él, indiferente a lo que ocurría, eyaculó en poco tiempo y la miró con un brillo especial que no se le había visto desde antes del accidente. Desde entonces, cuando ella regresaba a casa, colocaba su bolso en el perchero, se quitaba los zapatos de tacón, se arremangaba la blusa hasta los codos, se recogía el cabello y se encaminaba hasta el cuarto de baño para socorrer a su hijo. Después de todo, nada podía compararse con el amor de una madre.

Derechos reservados a su autora .

Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Veracruzana y actualmente estudia el Doctorado en Mundo hispánico en la Universidad de León, España. En el ámbito de la investigación mis estudios se centran en la figura de la mujer bruja en todas sus etapas dentro de la literatura. En la creación la bruja soy yo.

Escribir desde la tristeza por Jeanne Karen en La máquina verde

Muchas veces comencé un texto como una manera de hablar conmigo misma, deseaba contarme una historia necesaria por alguna razón, o simplemente llenarme de ideas, de emociones. La escritura me ha acompañado a lo largo de mi vida, en días difíciles, en momentos memorables, en situaciones casi imposibles.

 Hace poco platicaba con una amiga que también es escritora, en realidad caminábamos juntas, en un pequeño trayecto sobre las calles de nuestra ciudad, un sitio árido, que en las noches por lo regular tiene un clima fresco y agradable; algunas vías son muy viejas, los adoquines nos recuerdan el sonido de tacones, carrozas, andares de otros tiempos: parece que no pasaron los años, como en muchas de las ciudades de México que todavía conservan el pasado, la historia en sus barrios. En ese ambiente, bajo un cielo oscuro con muy pocas estrellas, me sentí de pronto aturdida por mis circunstancias, por los momentos arduos que he tenido que enfrentar últimamente, por las ganas que tengo siempre de evadir una sensación de tristeza en el aire. Le dije que no puedo con el peso de todo, que por más que trato de aligerarme la realidad, a veces resulta inútil intentarlo.

Ella me sorprendió muchísimo con sus palabras, las entiendo, las conozco, es más hasta sé de ese sentimiento. Dijo algo que me parece cierto y pesado, como esas rocas que van a dar a una laguna quitándole la estabilidad a sus aguas: yo necesito estar triste para poder escribir.

Parece en mi caso, que la tristeza me arrebata las palabras, pero pasa algo extraordinario: la poesía permanece entre las hojas, entre las cosas que leo, lo que miro, las calles en las que pienso, las sonrisas de las personas que amo.

Le dije a mi amiga que a mí no me importa el estado de ánimo en que me encuentre, porque para mí escribir es necesario, es la forma en la que mi mente puede ordenarse, describir los mundos, los planos, las aristas, las vidas.

 Cuando escribo vivo dos veces, existo, soy, explico o más bien, trato de explicarme a mí misma todo cuando sucede. Al escribir recreo el entorno, asimilo la verdad, encuentro la línea que preciso para enviar un mensaje, trato de que sea lo más claro posible. Creo en el poder de las palabras para sanar, para aliviar, para acercarnos a otras personas, creo en el poder del lenguaje escrito como una forma de acompañamiento. Me hacen falta las palabras que vienen de la esperanza, del amor, creo que esas nunca estarán de más. Me hacen falta las que me permiten soñar y seguir.

Entiendo y comparto la idea de que necesitamos estar tristes para escribir, pero nunca será necesario ser personas tristes para hacerlo. Hay que darle su justo momento a las emociones, sin quitar la energía de nuestra existencia, el impulso, la alegría, esas risas tan sonoras, tan claras.

Escribir con una sombra sobre nosotros todo el tiempo, nos dejará sin la radiación necesaria, una densa oscuridad arruina la percepción. Escribir desde nuestra propia novela, con altibajos. Escribir cuando estamos pasando por la carrera más agotadora, pero también cuando todo es disfrute, alegría y fiesta, hacerlo en el mismo texto es posible, le da cuerpo, le otorga ritmo, le da calidad y llega a más personas que al igual que una, tratan de encontrar en la literatura el asombro, el espejo.

Si hacemos caso de los versos del poema Primer preaviso de Ana Ajmátova, cuando dice:

¿Qué tenemos nosotros qué ver[1]

con que todo quede a polvo reducido,                                     

sobre cuántos precipicios canté

y en cuántos espejos he vivido?

Mirémonos en esas claras superficies, que estar tristes no solamente nos lleve a escribir o a leer, que también nos ayude a contemplar nuestra propia naturaleza, nuestras ruinas, nuestros cimientos, los ojos al precipicio.


[1]Página 43. Réquiem y otros poemas de Ana Ajmátova, Mondadori, España 1998.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activistista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Poema 3Am


Por Antonia Vázquez


Me encuentro conectada a tu ser nuevamente; los gemidos me despiertan, somos nosotros disfrutando de nuestros cuerpos, nuestros templos.  Respiras lentamente cerca de mis oídos y mi ser se expande. Siento deseo, deseo de querer ser consumida por el fuego que tu ser emana, de palpitar aún más deprisa y detener el tiempo.En la pieza hay tres cosas: silencio, oscuridad y disfrute. Las yemas de tus dedos recorren el camino de mis piernas hasta llegar a mis caderas, siento el vaivén y eso me calienta, me incita a montarte.  Tengo los ojos cerrados, toco tu rostro y encuentro tus párpados relajados; pues claro, no queremos despertar por completo, pero queremos seguir. Y de pronto, como si de cambiar de música se tratase, nuestro ritmo cambia. Ahora se vuelve un poco más rápido, hemos despertado. Tu brazo busca la lámpara, enciendes la luz roja y solo ves mi espalda. Yo siento las almohadas en mi cara, estoy gimiendo de placer, río de felicidad, pues volvió a suceder: despertamos en medio del acto, atrapados nuevamente por el deseo que nos tenemos el uno al otro.

Mía

He rozado mis labios  mientras la mirada en el espejo  susurra mi nombre.  Me desvisto para coquetearme más, pero  ¿quién es ella? ¿Y de dónde ha salido?Hace tiempo que se entreasoma  en los destellos de mis hombros cuando el sol me besa.  Ahora que, sin invocar su presencia,  se presenta ante mí con esa energía vibrante  y me estremece saber que ella, dominante,  me quiere suya. Me convierto en mi propia amante  desde ahora y sin fin.


Derechos reservados a su autor.

Una sola exhibición


Por Eva Woog


En espera de que llegues, escucho el sonido de las manecillas del reloj, voces dentro de mí que me dicen: «Estás a tiempo de irte y no seguir con esta lectura que es conocerte y sentirte». Manecillas, voces, manecillas, voces. Me pregunto: «¿Cuánto más vas a tardar en llegar antes de que yo tome la decisión de huir?». Es lo sensato, salir de ese espacio lleno de gente y ese inmenso reloj marcando los segundos, los minutos, las horas. Manecillas, voces, manecillas. ¿Irme? Quedarme con los deseos reprimidos. Mi cuerpo se tensiona al pensarte e imaginar tu lengua, tus dedos, todo tú recorriendo mi cuerpo.Me encuentro entre toda esta gente que pasa sin formas junto a mí, no me ven, como si fuera una sombra. Tienen su prisa y yo la mía, que es la espera de verte llegar. Me asfixia este lugar que tú elegiste para nuestro encuentro. Siento los movimientos de este espacio infinito que no tiene sentido, solo sonido. Manecillas, voces, manecillas, voces. Quisiera que se callaran, no quiero que interrumpan mis pensamientos donde solo estás tú sobre mi cuerpo. Este cuerpo que no te conoce, que no te ha sentido pero te desea con un calor que sube desde mis pies, pasando por mis piernas desnudas, mi sexo húmedo de imaginarte, mi abdomen plano que vibra de emociones desconocidas, mi corazón que parece salir de mi pecho perforando mis senos palpitantes, expectantes, mis brazos abrazando tu cuerpo, mis manos recorriendo tu cuerpo viril y tu miembro erecto, con ganas de lamerlo y sentir su penetración entre mis piernas, mi boca abierta esperando la tuya y tu lengua recorriendo esa cavidad deseosa de un beso, tus manos sobre mi cabello alborotado, sudado de tanta excitación por ese momento esperado. Sigue pasando el tiempo. Manecillas, voces, manecillas, voces. Todavía estoy a tiempo de salir de aquí, de evitar este error, este peligro que me puede llevar a la locura. Espero.Manecillas, voces, manecillas, voces. Cada vez se escuchan más fuertes y de pronto, sin darme cuenta, se silencian. Veo a la puerta de entrada marcada por un letrero medio borrado que dice «Hotel». Te veo, llegaste. Sin querer o queriendo me vengo, siento la humedad entre las piernas, mojando esa ropa interior nueva escogida especialmente para ti, esa sensación de las aguas de un río fluyendo para encontrar el mar y entrelazarse en movimientos confusos de agua dulce y salada.Manecillas, voces, manecillas, voces. Me ves como si nada, me saludas a la distancia, te acercas, te veo a los ojos, me besas suavemente en la boca. Siento derretirme entre tus brazos, ya no solo eres un pensamiento, estás aquí, te puedo sentir, te toco. Mis voces internas siguen diciendo: «Vete, vete, vete». Manecillas, voces, manecillas, voces. Quieren evitar el dolor de la separación al final del acto donde la naturaleza lleva al clímax. Las callo, mi voluntad está sometida. Quiero ser libre, no busco lealtad, desilusiones he tenido demasiadas. Tomas mi mano, con ello escribo mi destino. Manecillas, voces, manecillas, voces. Me conduces al ascensor. Se abre la puerta. Por un pasillo me conduces y me dejo llevar a una habitación con lo necesario para un momento de placer. Cierra la puerta, finalmente se callan el reloj y las voces del lobby. Mi deseo crece al sentir tus manos desabrochando mi blusa, bajando mi falda. Me ves con la ropa interior elegida para ti, me besas, me tocas, me penetras y estallamos en un orgasmo parejo. Soy feliz. Después de tanta espera, mis deseos fueron consumidos en una sola exhibición. Nos vestimos, nos despedimos, nos alejamos. En cuanto lo veo salir por la puerta por donde llegó, me quedo escuchando: manecillas, voces, manecillas, voces.

Mi nombre Evangelina Woog  Flores, me dicen Eva para abreviar, nací en la CDMX, en 1961, soltera, madre, mujer, amiga,  licenciada en administración de instituciones, desde hace 10 años pertenezco al taller de lectura El Juglar donde además de leer, escribo, a partir de ahí he participado en varios talleres donde los temas son muy diversos y la escritura fundamental, aquí comienzo esta etapa de escritora, no es tanto como lo hago, si no que me animo hacerlo, la practica ira mejorando esta actividad nueva para mí.

Cartografías del Instante| Soledad

Soledad

Por Anyela Botina

Si en mí respira la montaña,

Si en mí canta el viento,

Si en mí llora la muerte,

Si en mí existes tú,

pedacito de mi alma,

yo nunca estaré sola.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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Alfombra roja


Por Joselin Huerta




Un sentir que en casa no se debía sentir.

Culpa por aquellas miradas con las que te decía
"quiero más de ti". Porque una niña buena
no debería tener esos pensamientos,
mucho menos sentirlos y, peor aún, pedirlos.

Pero esas tardes en tu sala, sobre la alfombra roja
en la que rodamos, nos miramos, nos besamos,
nos tocamos y después de muchos, muchos
días de hacernos sentir y aplazar lo que para un par
de niños significaba "hacer el amor"
(aunque ya lo habíamos hecho sin darnos cuenta),
no me impidieron, aquella tarde de abril,
dejar la culpa atrás y aceptar sentirnos sin ropa,
sentirte firme sobre mí, mientras tus labios recorrían mi piel.

Después de ese día, comencé a desear cada vez más y más
las miradas que nos llevaban a empezar con aquellas caricias
que quedaron grabadas sobre tu alfombra roja.

El maravilloso poder de los regalos por Jeanne Karen en La máquina verde

Pienso en los regalos, en esos objetos a los que les atribuimos un lugar en nuestra vida, un poder, hasta una presencia. Son por así decirlo la representación física de una emoción, de un sentimiento entre las personas.

Cuando vienen de alguien a quien amamos, el regalo es casi como un pedacito del alma de esa persona, una parte de su ser y lo atesoramos como si quien nos lo regaló estuviera siempre ahí presente, mirando nuestra interacción con esa cajita de música, esa camisa o cualquier otra cosa.

Hay regalos, hay obsequios que no se dan envueltos, unos por su tamaño y otros porque no son propiamente objetos; esos son mis favoritos: los que recibimos en forma de un fuerte abrazo, de un día de lluvia, de una sonrisa, de las palabras precisas que necesitamos.

Hace poco una amiga se fue de viaje a presentar su libro en un recinto cultural, en el marco de un importante evento, a su regreso a nuestra ciudad nos vimos, ella llegó al punto de encuentro tan feliz y radiante. Pasamos unos minutos caminando por las tranquilas avenidas del centro, por fin llegamos a nuestro destino.

Platicamos un rato y al final, antes de dejar el lugar, sacó de su bolsa una bellísima libretita de apuntes, en la portada aparece el rostro del escritor norteamericano Edgar Allan Poe, luego un cuervo que se ve sobresalir con su negrura por el fondo blanco. Sobra decir que me encantó, sin embargo lo que más amé fue el gesto, el hecho de que haya pensado en mí, en mi gusto por cierta literatura, en mis ganas de escribir siempre en cualquier lugar, sobre cualquier superficie, y ¿qué mejor que una libreta con el tema de Poe?

Me alegré muchísimo, ahora mismo la tengo junto a mí, aquí en el escritorio reposa encima de una pequeña columna de libros, parece que tiene su propio dintel y que de un momento a otro escucharé un claro: nunca más, nunca más.

En sí, no son las cosas, no son los objetos, es el amor, el cariño, somos nosotros hablando a través de algo, algo que de pronto cobra vida, algo que tiene alma.

Llevo mucho tiempo diciéndoles lo mismo, las cosas adquieren un espíritu, una esencia. Inauguran su propia vida, entonces, ¿por qué es tan difícil, por qué cuesta creer por ejemplo que una máquina, una computadora, un programa, adquieran lo mismo? Que suspiren por primera vez, que decidan, que hagan, eso pasa, pasará.

Los seres humanos siempre le hemos conferido vida a los objetos, les hemos insuflado presencia, casi casi respiración, latidos y lo seguiremos haciendo.

Por ejemplo, un día la libreta, mis libretas, tal vez tomen otra naturaleza, se vuelvan no solo objetos que sirven para algo, para anotar, para estudiar, para dibujar, sino algo más: cómplices.

La lap top con la que escribo para ustedes fue un regalo también, para mí se convirtió en una amiga, en mi confidente, en mi compañía. Les podrá parecer extraño, o no, porque quizá les sucede igual con sus máquinas, son sus amigos digitales o virtuales y supongo que cada día que pasa será menos extraño. Somos cercanos ahora, ¿qué más llegaremos a ser?

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

¿Ballenas o Gas?

Versátil : La libertad de pensar


Osmara Rodriguéz

El Proyecto Saguaro Energía es un proyecto para la extracción, transporte, recepción, licuefacción y exportación de gas natural licuado (GNL) obtenido mediante fracking en Texas. Este sería el proyecto más grande de GNL en la costa de América del Norte y promete convertir a México en uno de los principales exportadores de este producto, procesando aproximadamente 15 millones de toneladas por año.

Sin embargo, lo que México Pacific y el gobierno mexicano no mencionan es que este proyecto impactará gravemente la vida marina en el Golfo de California, provocando la destrucción del hábitat de animales en peligro de extinción, como las ballenas y la vaquita marina.

Claudia Campero, coordinadora de Vinculación de Conexiones Climáticas, explicó que el gas se pretende conducir por un megatubo desde Texas, atravesando los estados del noreste de México y teniendo una terminal en Puerto Libertad, solo para transformar el producto de su estado natural a un estado líquido, con la finalidad de facilitar su envío a Asia.

Esto, en realidad, no deja los grandes beneficios prometidos a México.El transporte se planea realizar mediante megabuques de 300 metros a lo largo de las aguas biodiversas del Golfo de California, hasta los mercados de combustible en Asia.

Para comprender la magnitud de la destrucción ambiental que puede causar el proyecto, es necesario entender la importancia del Golfo de California. El oceanógrafo Jacques Cousteau lo bautizó como el «Acuario del Mundo». En esta zona habitan aproximadamente 12,105 especies de flora y fauna marina.

Vanesa Prigollini, cofundadora de MAREA, alertó que en el Golfo de California vive el 39% de los mamíferos marinos del mundo, y una tercera parte de los cetáceos habitan esta área, justo en Puerto Libertad y al sur de la Isla Tiburón, donde tienen su hábitat de alimentación y reproducción.El Golfo de California es el hogar permanente y de paso del 85% de los mamíferos marinos de México.

El Proyecto Saguaro supone el desplazamiento y/o muerte de las ballenas. Una de las principales causas de muerte de las ballenas son las colisiones con grandes buques, ya que el ruido que estos generan es ensordecedor para esta especie, que necesita la tranquilidad del mar para orientarse mediante su canto y reproducirse.

También se pone en riesgo el Santuario de la Vaquita Marina, ya que sería perturbado al convertir esta área en una ruta de carga constante, además de los inminentes riesgos de derrames o trato inadecuado de materiales.

Además, los daños no solo serían catastróficos para el medio ambiente, sino también para los pobladores locales, ya que esta megainfraestructura causaría ruido y la quema permanente de gas metano en mecheros, alterando las condiciones actuales de la comunidad de pescadores, que aportan el 50% del volumen de pesca de todo el país.

Carlos Mancilla, director de Bcsicletos, indicó que las operaciones del Proyecto Saguaro atentan contra las actividades ecoturísticas de las que dependen miles de familias en Baja California Sur, donde la naturaleza es el principal atractivo para los visitantes.

El fracking es una técnica contaminante que utiliza millones de litros de agua en un solo pozo y contamina el aire y la tierra, inyectando agua a presión con químicos cancerígenos para fracturar las rocas donde se encuentra atrapado el gas.

Para llevar el gas a la costa, se plantea la construcción de una infraestructura de 800 km de largo en nuestro país, atravesando sierras, comunidades, ríos, arroyos y zonas de importancia ecosistémica, las cuales podrían estar en grave peligro.

Entonces, si el gobierno mexicano ha sido informado sobre todos los riesgos, ¿por qué fue aceptado este fatal proyecto? La respuesta es decepcionante y se resume en una palabra: Dinero.

La corrupción gubernamental está poniendo el beneficio de empresas extranjeras por encima de aquello que nos hace únicos.

Es frustrante ver cómo, una y otra vez, se pone en peligro el bienestar del pueblo. No hay ni un solo proyecto que valga la pena la desaparición de más especies, y mucho menos uno que esté poniendo en riesgo todo un ecosistema.

Es por eso que los invito a tomar conciencia de la destrucción que causa el Proyecto Saguaro, porque si hacemos caso omiso a todos estos riesgos, si volteamos la mirada e ignoramos esta cruel destrucción, seremos cómplices de la extinción de miles de especies y de la ruina de familias enteras. Los invito a firmar en apoyo a la campaña ¿Ballenas o Gas? en la página electrónica:

https://secure.avaaz.org/ballenasogas

Y aunque todo parezca perdido ante la corrupción, debemos al menos intentarlo. De lo contrario, también seremos culpables.

Vaciar una montaña | De Troya a Ítaca. ¿Irse es regresar?

Por: Samia Badillo


El camino,
más que camino,
es un lugar,
un lugar para estar en él,
como en todo lugar,
nada más que un momento.

Roberto Juarroz

Escucho la plática que tuvo Irene Vallejo en el Festival de Letras de San Luis Potosí. De esta autora estoy leyendo El Infinito en un Junco, en su adaptación gráfica. Voy despacio, saboreando cada página porque no quiero que se acabe. Porque de alguna manera, me devuelve a una sensación nostálgica y gozosa de mis años de lectora asidua, donde el amor a los libros formaba parte de mi día a día, estudiando, haciendo análisis de obras o dando clases y compartiendo lecturas con mis  alumnas. Hay algo de ese amor profundo que transmite Irene con el que yo me identifico. Y seguramente no sea la única. Porque “la historia del libro” es en realidad la historia de nuestros afectos con los libros. Es nuestra historia. 

Hay varios momentos de la charla en los que valdría mucho la pena reparar: aquel donde Irene recapitula, como en su libro, la gran conexión que hay entre tejer/hilar y el contar historias. O aquel donde con Volpi dicen que el texto es como una partitura pero quien la interpreta es el lector (yo diría: quien le da aliento, es decir, voz. ¿A caso no ‘en el principio fue el verbo’?). Y qué decir de cuando Irene refiere que hoy en día las redes sociales y su algoritmo nos mantienen en un mundo de ideas afines y que por ello la valía de los libros está en que nos desafían con su abanico de pensamiento: nos retan a ir más allá de nuestros propios sesgos. 

Hay, pues, momentos en los que sin duda, valdría la pena comentar y detenerse. Pero hay uno que me convocó especialmente: es donde cuenta cómo su padre le relataba las historia de Odiseo y que en ese momento, en la infancia, se definió su futuro como estudiosa de los clásicos. Irene dice que en la Ilíada y la Odisea se encuentran dos de los lugares afectivos humanos más básicos: Troya e Ítaca. 

Troya, el deseo de ir hacia lo desconocido y la aventura, el deseo de ir más allá de lo conocido y transformarse. Pero a la vez, está Ítaca: la gran necesidad de tener un hogar, en donde están los tuyos: donde están las personas que te aman y a quien amas, donde construiste recuerdos. Donde está tu perro que a pesar de haber envejecido recuerda cómo hueles y quién eres. 

No sé decir por qué descansé tanto al escuchar que ese conflicto/anhelo/deseo es una de las piedras angulares del ser humano. Supongo que me sentí menos sola sabiendo que la contradicción que de pronto siento tiene miles de años compartiéndose en historias. 

Este año me pidieron el lugar donde había vivido por tres años, junto a M. Tenía tiempo ya de estar pensando en abandonarlo todo e irme a vivir a otro lugar, ya que mi trabajo remoto lo permite. A veces, en mi fantasía, era más fácil dejar de pagar rentas tan caras (vivo en la CDMX), o no tener un lugar fijo y gastar lo que me cobran por un departamento en algún otro en Buenos Aires o Brasil. Quería viajar por Latinoamérica unos seis meses. Encontrarme con mi propia diferencia en otro país. 

Cuando tuve que tomar la decisión, me encontré haciendo cosas para quedarme. Yo, que a los 18 años decidí buscar a Troya en la Ciudad de México y vivir esa aventura, me preguntaba si había hecho esta ciudad mi casa. Si mi Ítaca había cambiado de lugar. 

No quería dejar mis plantas ni mis muebles. No quería dejar la casa que ya había construido aquí. La casa que son los amigos con los que tengo hasta un vocabulario inventado común. La casa que es mi pareja y su ternura. La casa que son los lugares donde he creado identidades y recuerdos: la panadería con su masa sabor a sal. El parque que antes de parque fue una ladrillera. El barrio que parecía un pueblito. La cineteca que se volvió hipster. El café argentino donde recuerdo tanto los afectos de ese país. Los jardines enormes de las bibliotecas antiguas. Las Islas de C.U. El Té Cuento. Ciertos rincones de Chapultepec. La sensación de los pies descalzos en Viveros. El parque de los venados y un primer beso. La prepa en cuyos jardines hablé de Fray Luis de León. La biblioteca que son mis libros…

Así que me quedé. 

Sobre la odisea misma de encontrar un lugar donde vivir en esta ciudad gentrificada, escribiré en otro lugar. Baste decir que ahora tengo la seguridad de ya tener un nuevo espacio, sólo para mí. Y al estar escribiendo entre varias cajas y pocos muebles me pregunto si en el futuro existirá otra Troya, que me anime a salir. 

En este proceso de mudanza, en algún punto, me quedó claro que de alguna forma yo soy mi propia casa. A donde quiera que vaya, lo que viví irá conmigo. Mi manera de tratarme irá conmigo. Mi diálogo interno. Mi paciencia o mi mal humor. Mis herramientas y mis carencias. Eso formará en cualquier lugar, mi casa. 

Pero también me quedó claro que los lugares y las personas transforman mis afectos y que al mismo tiempo, yo los transformo a ellos. Y que he podido hacer aquí no solo un lugar, sino varios lugares seguros. 

Y vuelvo a las palabras de Irene Vallejo, en el Festival de Letras de San Luis Potosí: Odiseo mismo encarna el anhelo de irse a la aventura y el anhelo de regresar a la seguridad del lugar que sentimos nuestro. 

No sé si hay un mejor camino. Ni sé si las decisiones pueden ser catalogadas como buenas o malas para alguien.

Lo que sé es que escuchar nuestro deseo es complejo, porque está lleno de contradicciones. Que somos una maraña de impulsos y de ideas; de afectos, emociones y recuerdos. Y que a veces tejemos nuestra historia sin que haya un mapa brindándonos una dirección. 

¿Quién contará nuestra aventura y relatará si nos animamos a quedarnos o a salir? ¿Quién lo atestiguará?

Compartía con M. que en la fantasía de irse era más fácil porque allí había una especie de evasión de las dificultades que implicaba lidiar con el presente y con la realidad. Pero si el irse se vuelve realidad, irse también es difícil. 

Soy mi casa. 

Y  se trate de Ítaca o Troya, mi aventura es volverme a habitar.  

Mediadora de lectura, narradora y creadora de contenido digital. Su trabajo ha estado ligado al acompañamiento de grupos, la creación literaria y la investigación de la Literatura de tradición oral en México y sus vínculos comunitarios. Actualmente se desempeña como consultora en el área de diseño y comunicación en equipos de UX (User Experience).