Letras Revueltas|Sembrar una semilla

Por Illari Alderete

Cuando me uní a La Coyol, ya hace más de un año, me imaginé como José Emilio Pacheco, quien invariablemente escribía su columna “Inventario”, ya sea en el Excelsior o en Proceso. ¡Déjenme soñar alto! La realidad es que el trabajo y la vida cotidiana, me roba la creatividad con creces. En ocasiones me despierto y sólo pienso en las obligaciones que debo cumplir; labores de la casa, docencia y profesionales. No hay tiempo de pensar en la escritura. A veces se me seca la boca y siento que no tengo nada que decir. La realidad me deja callada… No quiero ver los noticieros hablándome de pipas de gas, de amenazas de bomba, jóvenes asesinando jóvenes, genocidio. ¿A dónde se nos está yendo el mundo?

Walter Benjamin señala que para narrar necesitamos de la experiencia y que la guerra y la modernidad nos han robado esa capacidad, nos han dejado mudos. No hay nada que contar sobre  la guerra porque su nivel de violencia es tan extrema que no existe manera de narrarla. Corres el riesgo de hacer pornomiseria como señala Una mala lectora sobre Claus y Lucas de Agota Kristof. Cuando leí esta trilogía, me gustó el desarrollo de personaje de Lucas, pero no paraba de cuestionarme hasta dónde era ético empatizar con un personaje que, aunque aparenta ser “justiciero”, termina actuando como un psicópata. Lucas entrena junto a Claus para dejar de sentir. Kristof utiliza oraciones cortas y un lenguaje impersonal para evitar los juicios, sin embargo, como señala, Una mala lectora, el tratamiento que hace del personaje “Cara de liebre” no es tan objetiva como aparenta, pues el narrador hace énfasis en el disfrute que tiene la niña por una violación de soldados hasta la muerte, ¿qué tan verosímil puede ser esta ilustración? Entiendo que el propósito de la obra es mostrarnos la deshumanización a la que lleva la guerra, pero por qué Claus y Lucas son deshumanizados al perder sus sentimientos y emociones y la niña, es deshumanizada, al perder el control sobre sus deseos y castigada con una violación en serie. Claus y Lucas, en su estilo parco, terminan normalizando los horrores de la guerra. En el último libro de la trilogía lloré mucho por esa falta de humanidad en ambos personajes quienes comenzaron siendo hermanos y terminaron siendo completos desconocidos, capaces de mentir para evitar la brutalidad de la guerra, y me olvidé totalmente de “Cara de liebre”, como si fuera sólo un accesorio. ¿Es verdad que las autoras y los autores pueden narrar sin hacer juicios políticos? ¿La autora no tomó una decisión al narrar la escena de esta forma?

     Últimamente, siento un cansancio extremo, me duermo después de las 12 para, por lo menos, dormir 7 horas, recapitulo mis sueños; califico trabajos, doy clase, me encuentro discutiendo para obtener el nivel necesario en la clase de inglés para, por fin, obtener mi título, me despierto y recuerdo la última experiencia en el médico que entre la burocracia, la rapidez y el acoso, es confusa, me cuestiono a mí misma si debo poner una queja y complicarme más la vida o dejarlo así y vivir con la culpa de no haberme quejado y dejar al doctor hacer de las suyas. Me siento mormada y agobiada porque comienza un periodo más de evaluaciones: mis alumnos, algunos perdidos en sus mundos, tratan de seguirme el ritmo, que no es el mío, sino el del calendario escolar. La vida parece un continuo cargar la piedra hasta a la cima y volver a bajar para recogerla.

     En el otro lado está la mirada ajena, la que es incapaz de siquiera ver al horror, la podemos observar en Bartlebly, el escribiente, de Herman Melville, el narrador, un  abogado  jefe de un grupo de escribientes, nos cuenta la historia de su encuentro con Bartlebly, el más extraño de sus empleados. La rareza del personaje radica en que es demasiado prolijo con su trabajo, llega antes a la oficina, trabaja sin hablar, no sale a comer, el problema surge cuando ante una petición del narrador, Bartlebly le contesta que “prefiere no hacerlo”. El narrador, que se jacta de ser muy razonable, decide hablar con él para que comprenda su papel como trabajador, sin embargo, éste no cede. Debido al perfeccionismo del  escribiente y a su amabilidad, el narrador se ve incapaz de lograr que haga cualquier cosa, poco a poco, con las constantes negativas, Bartlebly rompe todas las reglas impuestas a un trabajador común, su rebelión es simple, dejar de hacer cualquier cosa que se le pide. El narrador antes de comprender la situación prefiere abandonar al escribiente que termina convirtiéndose en un problema para todos. El final del personaje es predecible, tal y como Benjamin señala, es un hombre sin experiencias, por ello, su vida carece de  sentido y paga las consecuencias de no ser útil al sistema.

  ¿Qué es la experiencia? Es el conocimiento que se adquiere a partir de lo vivido, para tenerla hay que elaborarla y compartirla, sirve para sobrevivir. La brutalidad y la alienación nos roban la capacidad de contar historias. ¿Cómo contar lo inenarrable?, ¿cómo narraremos a nuestros sucesores que fuimos observadores de la injusticia?, ¿de la muerte sin sentido de mujeres, niños y hombres?

Mi inexplicable cansancio disminuye cuando me pongo a investigar y a escribir sobre mis preocupaciones, o cuando mis alumnas y alumnos, a las que siempre se les señala de indolentes, mencionan que desean un mundo más equitativo para todas y todos, cuando logro aunque sea por un momento que salgan de la burbuja en la que las instituciones insisten en tenerlos. Cuando dejo de ver los contenidos obligatorios de mi materia y platicamos del mundo que nos rodea. Catherine Walsh subraya que no hay más camino que hacer grietas, porque en ellas podemos sembrar semillas. El trabajo pequeño, en comunidad, es el que nos va a permitir superar el enmudecimiento. Gritar. Entonces, cuando el genocidio y las violencias terminen, podremos escribir sobre la vida.

Para escribir una poesía
que no sea política
debo escuchar a los pájaros.
Pero para escuchar a los pájaros
hace falta que cese el bombardeo.

                               Marwan Makhoul ( traducción de Alí Calderón, en La izquierda diario, “Poesía palestina para la denuncia y la resistencia” Lucía Nistal compiladora https://www.laizquierdadiario.com/Poesia-palestina-para-la-denuncia-y-la-resistencia#nb2)

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

3 comentarios sobre “Letras Revueltas|Sembrar una semilla

  1. Esto refleja el peso de la rutina, el cansancio y la dificultad de encontrar inspiración en medio de un mundo lleno de violencia e injusticias. A la vez, muestra cómo la escritura, la docencia y el diálogo con los estudiantes se convierten en un respiro y una semilla de esperanza. Es un llamado a no callar ante lo inhumano y a seguir sembrando desde lo pequeño para construir un futuro más justo.

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