Letras Revueltas|Razones para salvar el mundo. Parte I. Rabo de Nube

Me despierto, veo las noticias, escroleo de una mala noticia internacional a una nacional y siento un peso en el pecho, no me doy cuenta pero ella está sobre mí, con su calidez y me acurruca hasta el punto en el que vuelvo a dormir. Dicen que los perros y los gatos perciben cuando estamos intranquilos y buscan la manera de calmarnos, ya sea con juegos o simplemente estando a nuestro lado.

Letras Revueltas|Sacar la voz y hacerla orquesta

Volviendo al conversatorio decidí continuar hablando aunque mi voz fuera torpe y mi discurso no recurriera las grandes figuras literarias, a los nombres o a los datos, sino que partiera de mi experiencia. El temor y los nervios se disolvieron con mis compañeras, que complementaban lo que yo decía, incluso en la discordancia.

Letras Revueltas|Caminando fui lo que fui

Salí de allí aún más perdida de lo que entré, ¿Qué es lo que deseo? Al decir mi nombre no recuerdo haber preguntado nada, pero sus palabras sobre el futuro me abrumaron. ¿Cómo identifico mi instinto? Cuando era niña elegir era fácil, hoy podía ser presidenta, mañana profesora, escritora, científica, pero ahora no sé qué deseo hacer con mi vida. ¿Será que el destino existe? y si es así, ¿cómo saber que lo estoy cumpliendo? 

Letras Revueltas|Desterradas

¿Es necesario tener una propiedad? Sé que puede sonar extraño o quizás no, pero hasta hace cinco años, yo había renunciado a la posibilidad de tener una. Di por sentado que tendría al menos tres opciones; pagar renta hasta mi muerte, si es que tenía una pensión digna; vivir en mi auto, o vivir en la calle, sé que parece una realidad lejana pero si nos preguntamos quiénes se quedan en la calle, nos daremos cuenta de que no hay una serie de acciones que nos alejen de esta posibilidad.

Letras Revueltas|Pian Pianito

Terminé el año sintiéndome orgullosa de mí misma, hacía tiempo que no tenía tanta claridad en las obras literarias que había leído, en total 13. Al fin, había recuperado la constancia en un placer que había perdido con la tecnicidad del trabajo. La realidad es que después de seis u ocho horas de dar clases, lo que yo menos podía hacer era llegar a leer pues, aunque amena, esta habilidad requiere de concentración y esfuerzo, así que solía, aún lo hago, llegar a ver series o jugar videojuegos, a veces sólo a sentarme y scrollear.