Perfectas extrañas

por Erika Amaro

El amor siempre me ha parecido algo indescifrable y al mismo tiempo comprensible. Tal vez se deba a que así lo es, una fuerza misteriosa (des)conocida y experimentada por cada unx de nosotrxs. 

Ayer volví a ser soltera. Es así como los sentimientos están a flor de piel y recuerdo cada instante de manera milimétrica. Yo no quería dejarla, y aun así, lo hice. Llevaba toda una semana rumiando qué hacer y al final, ese fatídico viernes decidí abrir los ojos y darme cuenta de algo que podrá sonar hiper-cliché: yo no podía darle lo que ella me pedía, en realidad, no estaba dispuesta a darle lo que ella anhelaba. Podría haber sido egoísta y quedarme allí, en mi zona de confort y no decirle nada: ir desgastando el tejido poco a poco, abusando de su paciencia y escondiendo mis angustias en el rincón, junto con mis otros miedos y defectos. Yo sé que ella no me habría dicho nada, es más, habría intentado salvar las cosas, tratando de tapar los hoyos de nuestro barco, no sabiendo que la situación ya estaba inevitablemente perdida. Yo sé que yo habría hecho lo mismo, tratando de convencerme a mí misma que todo estaba bien, que esas grietas que denotaban cansancio, separatividad, discrepancias, eran mas bien parte de la obra artística. 

Pero no lo hice. Decidí sanar la herida antes de que se infectara y se tuviera que recurrir a métodos mayores. Yo le ofrecí mi amistad, mi cariño. A estas alturas, no sé por qué le propuse ser amigas, al fin y al cabo, nunca lo fuimos.  Ella me respondió siendo congruente con lo que meses antes ya me había presagiado: “todo o nada; ya tomaste la decisión, así que nada”. Patéticamente, comencé a reírme de mi triste existencia mientras que ella sostenía una cara inmóvil, sin expresiones, sólo viéndome. Traté de continuar con la conversación, preguntándole si tenía algo que decir; ella se mantuvo firme y yo sólo obtuve otra frase de su boca “tienes que arreglar tus problemas o esto te explotará en la cara”. 

Supongo que así son las cosas cuando la otra persona no se abre al diálogo, quedan espacios inexplorados por las partes y que por lo tanto, cada quien los trata de llenar/interpretar como mejor puede, con base en lo que entendió. Lo que quiero decir es que yo actué conforme a ese consejo; sé que tengo que arreglar mis problemas para poder estar en una relación seria, y reconozco también que no puedo hacerlo si estoy inmersa dentro de una que aspira y tiene destellos de serlo. 

También, creo que ella se quedó sólo con el mensaje superficial dado que no tuve oportunidad de desarrollarlo. Estoy segura que sólo piensa que decidí finalizar con lo nuestro por falta de tiempo, y no la culpo. No me atreví a pronunciar lo más letal: “ya no siento lo mismo y no sé qué hacer”. Así, yo me quedo sin aclararle los aspectos que fundamentaron mi decisión. Pero a mí no sólo me habría gustado exponerle esos motivos, sino haber tenido un espacio para la retroalimentación. 

Yo, sinceramente, no entiendo cómo una relación que fue tan linda tuvo que haber finalizado de tajo. Llámenme loca, pero yo no sería capaz de borrar de mi vida la persona con la que tuve mi primera vez, las personas que me han hecho sentir como en casa, que me han hecho volar, que me han hecho volver a creer en esa fuerza divina que es el amor, que me amaron y que amé, que me sanaron y que sané. Son vínculos tan fuertes que me parecería una tontería verbalizarlos como acabados, o peor, tomar acciones para que esto fuese así. Porque, siendo honestas, es inútil; esas cosas no se borran. Cuando se es parte de la piel de la otra persona, se es parte y ya. No hay vuelta atrás. No hay manera de borrar esas huellas de amor. 

Me lamento mucho por haber lastimado un corazón y un alma así de linda. Pero sé que no había otra solución más pulcra y decente mas que ser íntegra tanto con los sentimientos como con las palabras y acciones. Me gustaría ser ahora mismo esa amiga que la consuele, que le diga que ella merece la pena, que ella tiene y puede salir adelante, que volverá a amar y a ser amada, que yo soy una mierda de persona, que la traicionó y que sin embargo, la amó. Ojalá pudiese decir todo aquello, pero no puedo. No puedo recordarle que una historia siempre tiene múltiples dimensiones, perspectivas. No puedo decirle que lo siento mucho, que me olvide, que ya no le duela mi recuerdo. Me veo imposibilitada a hacerlo porque no es el lugar apropiado para mí en estas circunstancias. Porque ella me quiere lo más lejos posible. Porque yo no planeo volver. 

Marcel Proust dijo que en el final de las relaciones, aquella que ya no está enamorada es la que hace el discurso amoroso, tierno, delicado. Yo le agregaría que para hacer ese tipo de pláticas, no sólo hay que dejar de estar enamorada, sino que hay que saber agradecer lo que se fue, lo que se es y querer a la otra persona, reconocer que en ella se encuentra una parte de mí, justo como en mí está presente la otra parte y que ambas compartimos un pedazo de lo que alguna vez fue el “nosotras”; es admitir que esa persona tiene un lugar importante en tu vida y que por lo tanto siempre estarás para ella. 

Por más que le doy vueltas, creo que al final se trata de aceptar que aquel o aquella que te amó te va a odiar, que ser condescendiente es la raíz de de nuestra ineptitud, estupidez y crueldad y que es mejor decir un “hasta aquí” que seguir recibiendo un amor al cual no puedes corresponder de manera franca.

Recurro a la escritura como un medio de redención, porque con ella siempre le dije más por escrito que en persona, porque cuando todas las vías de comunicación han sido cortadas y no le puedes entregar el mensaje a la persona adecuada, no queda más que constatar tu extrañeza, el dolor, el agradecimiento, el amor por medio de un papel. Gracias, estimada, por tanto. Ojalá las cosas hubiesen sido distintas. Ojalá hubiese tenido las palabras correctas para ese viernes. 

Así, elevo mi vaso y con cierta melancolía, dirigiéndome hacia donde estés, manifiesto: ¡Salud por nuestros aprendizajes y experiencias interminables! ¡Salud por lo que fue y por lo que pudo ser! ¡Salud por lo que hay, por lo que puede faltar! ¡Salud por lo que venga y por este instante!

En conclusión, estimada, ¡a brindar por el aguante!




Erika López Amaro

Persona ávida de aprender el funcionamiento de la vida. Interés particular por los
extremos, por las dos caras de la moneda, por conocer los matices y las distintas
perspectivas sobre un mismo tema. La caga más seguido de lo que debería.

Caulanthus y Apolo

por Yuritzi Márquez

Caulanthus




Apolo



Yuritzi Márquez

«Mi nombre es Yuritzi Márquez Arizpe y actualmente resido en la ciudad de Ensenada, Baja California y me dedico al dibujo desde hace un año, enfocándome sobre todo en la técnica a grafito con temática naturalista y científica»

Alzheimer

por Viviana Belmonte

He querido atrapar la sombra del hombre que le habla al vientosubir el peñasco con las lenguas de mis hijos
con las llagas de sus trayectos, sus quejas constantes
su falta de lucha. Su espíritu quebrado.
Atragantarme con las palabras de los héroes anestesiados de libros
subrayar el apellido de mi padre.

Acariciar un perro chow-chow en una casa blanca
escudriñar entre los papeles de mi madre y encontrar las actas de nacimiento
hacer un envoltorio para regalos
enamorarme de un hombre moreno
rebotar yo [con las risas floreadas de mi juventud] 
para así sanar las vergüenzas de nuestra pobreza
atravesar los depósitos de memoria que se esconde en la llanura
de la historia
                           de mi nombre.

Someter a los pliegues de mi falda
y hacer con ellos un vestido para mi nieta
Correr en carnavales
Cagarme en las fiestas
desentornillar el germen del abandono de mi infancia.

Sostener pistola en mano mi memoria
Atemorizar al átomo
A la célula
Al epitelio central
Al cerebelo amarillo
A la gama de grises de mi cerebro.
Yo subí el cerro y vi con los ojos de los niños
el mundo eclosionado de sirenas
de pócimas con sabor a mierda
con mi índice acusé los sitios sagrados para que no queden estambres.
Para que no quede yo.
Para que no vuelva

Yo detonaré la llama de la noche.
No me busquen.

II

Mi abuelo le ha permitido al amor entrar y le ha llamado cariño, dulzura , amor (incluso) pero en algún momento mi abuela decidió no retornar.
Yo la veo en la tierra que habita el hombre. Masculla oraciones y hechizos. Me ha señalado el camino de regreso y hemos vuelto, cabizbajos, dejándola a orillas del lago. Ahí ha construido su morada con una mujer de pollera que vela su sueño. La hemos dejado en el lugar donde habita abierta de brazos.
Otros la siguen viendo como la llaga enferma de su cabeza. No han limpiado sus heces ni humedecido sus labios. No han visto la sonda crecer como un bambú entre coágulos y gases y vísceras.
La mañana de su despedida ha llegado un pájaro de mal agüero. Su cabeza de toro rueda por la casa. Su cabeza enferma se ha vuelto un monte desierto. Una pampa. Una llanura sin río.
Ella se le parece pero no es. La enfermedad es como el cuarto abandonado del patio sin arboles ni ropa que secar al sol. A un sol que no llega. Que nunca más volvió. El llanto de sus tres hijos. En días de silencio todavía le llamo al amor y no responde.
Un vuelo sin regreso.
La progresión de la tierra en los pasos de ella
mi abuela sana
a orillas del Titicaca.



Viviana Gonzales

(La Paz, Bolivia, 1985). Poeta y dramaturga. Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid; Máster en Arte por la Universidad Complutense de Madrid y Especialista en Seguridad Internacional por la UNED y el Instituto Gutiérrez Mellado. Premio Nacional de Literatura en Poesía (Santa Cruz, Bolivia) por su poemario “Hay un árbol de piedra en mi memoria”. Colabora en distintos medios digitales nacionales e internacionales. Es promotora de lectura para jóvenes; ha impartido distintos talleres de literatura. Trabaja como editora independiente. Actualmente está concluyendo una antología de cuento latinoamericano de terror para jóvenes. Su obra “Yawarmanta” ha sido seleccionada en el Festival Urgen Musas organizado por la SOGEM para una lectura dramatizada junto a otras dramaturgas jóvenes. Yawarmanta se encuentra actualmente en proceso de montaje en La Paz, Bolivia. Su pieza teatral “Las visitantes” forma parte de la la antología Teatro mínimo. Colección Gabriela Ynclán. Edit. Padmira. México. 2019 

Ha cursado talleres literarios en la UNAM, el Centro Xavier Villarrutia, casa Lamm; un diplomado en Creación Literaria en Literaria Centro de Escritores; otro en Literaturas en Lenguas Indígenas de México en el INBAL.

Mis cuatro estaciones

por María del Refugio Sandoval

Soy producto 

de la evolución

de la fusión, de la historia

Suenan en mis oídos 

voces cacofónicas

a través de los siglos

Reconozco mi unicidad

la dualidad de pensamientos 

y acciones

Lo infinitamente pequeña 

ante el universo

lo inmensamente grande 

de pensamiento

Cual simiente de gozo 

fui sembrada

broté de las entrañas de la tierra

El sol, la luna y la lluvia 

me bañaron 

el viento, la brisa y la bruma 

cobijaron

Enfrento luchas titánicas

con mis propios demonios 

e inseguridades

Consciente estoy 

de mi fragilidad humana

de lo efímero 

del tiempo

He visto 

que golpes endebles 

han derribado 

¡al más fuerte roble!

huyo de la mezquindad 

y amargura

de labios ociosos que profesan 

y destilan hiel

Soy fortaleza, vitalidad

¡portadora de vida!

formo parte de los ciclos 

¡de cambios de la naturaleza!

Fui primavera, verano

hoy gozo del otoño

espero un cálido invierno




María del Refugio Sandoval Olivas

Originaria de Balleza, Chih. Ha sido publicada en las siguientes antologías: Huellas en el tiempo (2007),   Anhelos, sueños y esperanzas (2009), Una rosa sin espinas (2011) y Experiencias directivas exitosas (2013). Entre 2015 y 2016, sus textos aparecieron en la“Monografía de Competencias docentes”, y en 2018, publicó su cuento “Dulce”. En 2019 salió a la luz su poemario Suspiros rotos, así como su cuento “La navidad y yo”. También es editorialista  en el periódico “El Sol de Parral”

Las que aman

por Esmeralda García

Las mujeres que son como yo
las que aman,
tejemos con letras, poemas
para crear cantos de lucha.

Las mujeres que son como yo,
las que queremos con pasión
sabemos colmar de placeres
a cambio de nada.

Las mujeres que son como yo
nos entregamos en demasía,
tenemos la certeza que lo deseado
nos será concedido.

Las mujeres que son como yo,
las que actuamos intuitivamente,
llamamos a través de la distancia
a las almas necesitadas.

Las mujeres como yo
que protagonizamos con osadía,
raptamos el alma cautiva
de los que admiran nuestra entereza

Las mujeres que son como yo
las que hablamos insolentemente,
gritamos a los cuatro vientos
¡no de cualquiera es nuestro vientre!

Las mujeres que son como yo
besamos el cielo con cada amante
y pisamos el infierno
en cada despedida.

Las mujeres que son como yo
somos difícilmente olvidadas,
dejamos en el cuerpo cicatrices
que han quemado el alma

Y a través de los años
seguirán fielmente las estelas
de los senderos caminados
que dejamos en cada travesía.


Esmeralda García (Guadalajara, Jalisco. México. 1970) Poeta independiente.
Participación y publicación en concursos de poesía lésbica erótica “Esencias eróticas”
(2013) y “Esencias” (2014) organizados por el programa “Cómplices Radio-les” radio on
line. Publicación en “Deleite: Vida y placer”, compilación Iberoamericana, Cascada de
palabras, cartonera. Vol. 1, colección 2013. Poemario “Mujer Esteparia” (2019) Proyección
Literaria.
Diversas lecturas colectivas:
“Tu nombre es mujer”, marzo 2019 Instituto José Martí. Guadalajara, Jalisco
“Festejando la poesía”, marzo 2019. Galería Señor Valdez, Centro Histórico. Guadalajara,
Jalisco.

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Ciudadana de las estelas

por Sol G.G.

Soy ciudadana del aire

Murmura la azafata

—No puede pasar sin visa.

La interrumpo, ¿Qué no puede verla?

A mi visa la acaricio en mis manos

La azafata vuelve —a decir su visa—

Yo muevo las manos y señaló

Mi visa está escrita en el aire

La azafata suspira y con recelo

Abre la puerta

Yo entró jugando

No me doy cuenta…

Qué me atarán

Me electrocutaran

Para desaparecer

De mi corazón

A mi visa mía.

En el aire

Ella me habla…

Es de color dorado

En medio de su corazón

Se ven letras de mil colores

Se puede leer

Eres una ciudadana del aire…

Con domicilio en el polvo de las estelas.




Brisol García García, S.G.G

De origen náhuatl, nieta de un sembrador y de una cocinera tradicional. Técnica en Administración, pasante de Ingeniería en Desarrollo Agroindustrial, además de comunicóloga, “artista”, fotógrafa, maestra en desarrollo rural regional y doctora en arte y cultura. Al mismo tiempo que es artista emergente, es investigadora de la línea temática de patrimonio cultural intangible y la cocina tradicional del Paradigma de Michoacán. Es por ello que ha sido ponente en temas relativos al patrimonio culinario en congresos y foros nacionales e internacionales, organizados por universidades como: Universidad de Cambridge, Inglaterra; Universidad de Salamanca, España, entre otras. 

Cabe destacar que en el 2017 realizó una pasantía en Unesco, Lima Perú, en el sector de cultura. Asimismo, realizó durante sus estudios de posgrado tres estancias académicas. Durante la realización de sus estudios de pregrado asistió a un verano de investigación con el Doctor en Comunicación, Carlos Lozano Rendón en el Centro de Investigación en Comunicación e Información (CINCO), del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. En los últimos años, ha elaborado propuestas de política pública como: la Propuesta a la canasta Regional Conabio, “la cocina tradicional de Pichátaro Michoacán, México”. Actualmente, desde el 2019-2020 trabaja como extensionista brindando asesoría técnica a los productores de alta marginación. 

Pueblo del mar

por Kiara Fernández

Blanca espuma de la costa
el barco zarpó hace años
tras de mí arrastro la angustia
de sentirme como un extraño

Volé lejos una noche de agosto
por la ventana vi pueblos perdidos
los dejé atrás, me fui galopando
montada en el viento y sus molinos

Construí mi nido en este
páramo de anhelos
hui al sur escondiendo
mi maleta llena de recuerdos

Y que nadie me culpe por intentar
sobrevivir al océano y su tempestad
que consume todo signo de vida
y deja el alma abatida

Que nadie me culpe por abandonar

La casa, las plantas y los perros callejeros
Es que sólo yo sé lo que es
Crecer llena de huecos

Blanca espuma de martirio
No me reconozco en tu reflejo
Mis esquejes crecieron en otro suelo
Y a pesar de estar tan lejos
Llevo guardado el eco del mar
En las olas de mi cabello
Y el canto de las gaviotas
En mis ojos negros

Llevo la sal y la comparto
A caudales de llanto
Llevo arena en las palmas de mis manos
Y el triste sin sabor del eterno naufragio


Kiara Fernández Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericanas en la Universidad Autónoma de Chiapas.
Ha publicado poemas en las revistas: Letra Suelta Gaceta Universitaria, Poesía de Morras y Mimeógrafo
Publicó el cuento «En el esófago» en la Segunda Antología de Escritoras Mexicanas, mismo que se leyó en la Feria Internacional del Libro 2019

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Ausencia

por Daniela Álvarez

Si quieres experimentar la nada,

intenta recordar los olores de tu infancia.

Intenta recordar la cocina de tu casa, 

el aroma de tu ropa,

los perfumes de tus padres

y el olor de las calles.

Toparás con el vacío.

Podrás tener fotos y recuerdos,

podrás reconstruir voces grabadas. 

Podrás incluso guardar recuerdos en cajas

y atesorarlos cual cosa preciada.

Pero los olores desaparecen, 

primero ellos, luego nosotros, después la nada.

Olfateamos el mundo en busca de esos recuerdos,

las frutas de la infancia y las primeras flores.

Pero cambiamos en cada instante

la gente muere, las flores se marchitan.

Podemos almacenar miles de fotos y sonidos. 

Pero los olores nunca vuelven. 

La ausencia de los olores es el primer esbozo de la nada.




Daniela Álvarez

Ingeniera poblana con sueños literarios. Estudiante de Letras Inglesas en la UNAM. Aprendió ya a usar el enter para sus poemas.