Tiempos aciagos

por Yesenia Rodríguez

En marzo me guarecí en las costas de Oaxaca buscando un remanso, fue más un escape del deber ser, de la náusea sartreana, de un amor que seguía siendo romántico, pero y sobre todo para salvar lo que quedaba de mí. 

Partí en la convulsión de ser fiel a mis principios, renunciando a lo que para muchos sería el trabajo prometido. Planteé poner tierra de por medio entre mi deseo y otro amor no correspondido que me había llevado al desconocimiento de mí, a invisibilizar al otro como medida para no perder lo poco que me había quedado de dignidad y amor propio. Fui en busca de una ilusión más, con la esperanza de que aquel castillo en el aire se esfumara con la brisa del mar. 

Los días de 31 grados transcurrieron lentos, insoportables en ciertos momentos donde no pude evitar más mirar dentro de mí; sabiendo que el abismo ya me habitaba y algo debía hacer. Flui a los mares en busca de respuestas (quizás de más preguntas), entre las olas dejé mi cuerpo a merced de la impredecible voluntad de las mareas que dan y quitan; le entregué mi respeto a ese vaivén llamado vida. Me sumí en un mutismo, me dolía la garganta de tanto pregonar la desigualdad y la falta de reciprocidad; me sentía cansada de mi voz que les pedía a los otros y no se pedía a sí misma. Navegué en un mutismo para descansar, de ti, de los otros; de mí. 

Bajo aquellas palapas el rumor se confirmó, dejó de ser sólo sátira para volverse una realidad global; nos encontrábamos de cara a otra pandemia que prometía ser histórica. Los aeropuertos y fronteras comenzaron a cerrarse, toques de queda a implementarse y el cubrebocas a ser el símbolo del cuidado mutuo; el amor hacia los seres queridos. La incertidumbre, el miedo y la precaución se manifestaron y muchos viajeros a sus patrias volvieron y otros tantos no irse decidieron.  

Mi tiempo de volver a mi hogar llegó junto a la política pública del #quedateencasa de la Ciudad de México. Volví más pobre, más endeudada y con las mismas heridas abiertas sin indicio de haber hecho costra. A mi regreso todo era distinto, tan vacío, tan callado, parecía que la Ciudad había recurrido al mutismo; o al menos quienes podían resguardarse y mantenerse a salvo. Yo hice lo propio y #mequedéencasa porque no quería ser portadora de ningún virus que pudiera comprometer más la salud de mi madre. Un par de días después de mi regreso, estuve en cama con una serie de síntomas que me hicieron considerarme portadora del SARS-coV-2; pero resultó ser colitis y alergia a la ciudad ¡Vaya broma! 

En el cenit del confinamiento, el autosabotaje no se hizo esperar y con él llegó su amiga la culpa. Me sentía estúpida por haber dejado la estabilidad de la llamada vida adulta, pero me sentí el doble de estúpida cuando en soliloquio y casi en una especie de cántico no dejaba de repetir en mi mente: síndrome de Estocolmo le llaman. Fue difícil reafirmar que nadar contra corriente cansa y te posiciona en lugares de mucha soledad e incluso de mayor exclusión y desigualdad. 

El tiempo del confinamiento se agudizó, las cifras de muertes fueron aumentando, los chistes se siguieron generando y la polarización sobre la posible farsa se acentuó en niveles surealistas; ¿qué diría Bretón si vivenciara este México pandémico, desigual, irracional y convulso? 

Las estadísticas de los decesos se apersonaron, empezaron a ser rumores de conocidos que tienen conocidos que supieron de alguien que murió por Covid-19, o de alguien a quien le pagaron por firmar la aseveración de que su familiar había muerto por el virus proveniente de la ingesta de murciélagos en aquella lejana provincia de China. Ya saben, la polaca nacional, el chisme y lo conspiranoico. Conforme fueron pasando los días, las semanas y los meses el susurro se volvió voz y los casos confirmados ya estaban en los familiares de nuestras amistades, en los vecinos, incluso en nuestras familias; y como Ciudad semana tras semana se seguían proyectando fechas para el pico más alto de contagios, un simulacro que seguía llenado los hospitales.

Ya es julio  y los empresarios gritan que debemos correr el riesgo y volver a nuestras vidas, que el trabajo no se hará solo, sin importar si el cubrebocas que llevemos sea el mismo desde que inició la pandemia. 

Ya es julio y muchos seguimos desempleados deseando no ser parte de esas estadísticas, aunque seamos conscientes de la ruleta rusa del contagio. 

Ya es julio y le he pedido «asilo político» a mi madre como muchos más que no podemos sostener la llamada vida independiente. 

Ya es julio y debo preparar una mudanza cuidando no llevarme a los fantasmas del pasado, guardando entre las cosas importantes mis desaprendizajes, mis reivindicaciones como mujer que ya no quiere «sufrir por amor», mi consciencia de clase y mi profesionalismo. 

Ya es julio y escribo estas líneas con la música de fondo de una fiesta clandestina o fiesta de covid como las llamamos mis amigos y yo. 

Ya es julio y muchos se han resignado a que tampoco soplarán sus velitas de cumpleaños, incluso se cuestionan si habrá navidad. 

Ya es julio y vamos por el cuarto mes de confinamiento pandémico en México, a medio año de que el SARS-coV-2 hiciera más evidentes las desigualdades sociales en todo el globo, hemos perdido la noción de los días y las noches, la ansiedad se ha vuelto amiga de muchos más, medio año ya de que nuestras lagrimales se secaran o quedáramos pasmados por tantas perdidas.

Ya es julio y parece que aún no miramos la luz al final del túnel. Los días siguen transcurriendo y solo me pregunto ¿a dónde vamos como sociedad, como especie y como individuos? ¿qué será de nosotros cuando este impasse termine?




Yesenia Rodríguez Andrade

(Ciudad de México) «Socióloga de profesión y escritora primeriza. Me gusta escribir lo que miro a mi alrededor, las historias que me cuentan, sobre las problemáticas sociales y mis procesos personales. La escritura es una fuente inagotable que devela al ser individual y social desde diversas perspectivas, es un oasis, una balsa y quizás un sinsentido»

Siento

por Sofía Guzmán

A veces, ya ni siento los días, suelo acostarme en la cama e imagino como sería poder salir de este encierro, suspiro y pienso que no necesariamente me refiero a la pandemia… Quisiera creer que todo esto qué recorre mi cuerpo es producto de mi imaginación, aunque quizás fuera peor… 

Amanece y todo transcurre con normalidad, mi esposo al lado y yo contando los minutos para que se vaya a trabajar, incluso cuando no puedo dormir y escucho la alarma, inmediatamente cierro los ojos. ¿Cómo llegué a sentirme así? 

Cuando el apartamento queda vacío, puedo disfrutarme, sentirme, escucharme; últimamente me he perdido en mis pensamientos, ya quiero salir de aquí… En eso, me acuerdo de qué tengo que cocinar para él, viene cansado suele decirme y yo para evitarme problemas, prefiero callar.

Hace días qué ya no me apongo a sus antojos, necesidades o placeres, cedo esperando que entre más rápido empiece, más rápido terminé, de todas formas al día siguiente se va temprano suelo decirme en mi cabeza. 

Otro día empieza, pero de repente la alarma para su trabajo no sonó más, pensé que era un sueño nada más, hasta que finalmente me quede dormida.

Sentí que algo me sacudió, abrí los ojos y seguía ahí a la par mía, me arme de valor y pregunté ¿Por qué no has ido a trabajar?, me contesto que en su trabajo iban a cancelar operaciones por la rapidez del contagio del virus. Cerré los ojos y lento suspire, de repente sentía su respiración en mi cuello, quería desaparecer, pero no tenía adonde ir… 

Entre más pasan los días, la luz y la oscuridad más miedo me dan, cada vez que camino dentro de mi casa, parece que me agota, me lastima y me parte en dos, mientras tengo que aparentar que todo está bien.

No quiero que me pase lo del mes pasado, me digo constantemente, toco mi rostro y aún siento su mano, por lo menos no ha pasado a más.. 

Cuántos días más tendré que soportar o podré soportar, siento que ni el baño es un lugar seguro, en cualquier momento podría entrar.  En mi celular leo y veo las noticias de feminicidios, un día quizás seré yo… 

Le he perdido el sentido a los días, me cuestiono si morir por un virus o morir por sus manos; por ahora, me conformo con despertar cada día o quizás no, este hogar, este encierro, se ha convertido en mi infierno.




Sofía Gabriela Guzmán

«Mi nombre es Sofía Gabriela Guzmán Ortega, tengo 23 años y acabo de egresar de la Licenciatura en Periodismo, soy feminista y realizo audiovisuales desempeñándome como guionista y directora de cine. Hasta el momento tengo 2 corto documentales y 1 cortometraje de ficción. Este año 2020, empecé a escribir artículos, ensayos, cuentos y microrelatos, soy relativamente nueva, pero estoy comprometida en trabajos que reflejan sentires y problematicas de la sociedad en pro de la conciencia crítica y la memoria histórica.»

Por un lugar seguro para todes

por Laura Elena Cortez

Que tiemble el Estado, los cielos, las calles

Que tiemblen los jueces y los judiciales

Hoy a las mujeres nos quitan la calma

Nos sembraron miedo, nos crecieron alas

“Canción sin miedo”, Vivir Quintana

Como muchas personas he perdido la noción de los días en la cuarentena, he pasado por diversos estados de ánimo y mi voluntad ha oscilado entre Netflix y rutinas de cardio en YouTube; he tocado el optimismo que me ha permitido el privilegio de poder permanecer en casa a mis anchas y sin preocupaciones, como también he caído en una rabia impotente al ver noticias tan injustas en redes sociales que, desde mi insignificancia, no puedo cambiar. Afortunadamente suelo ir a la cama con la satisfacción de cumplir algún objetivo durante la jornada, cosas pequeñas como hacer ejercicio, ayudar en los deberes del hogar, leer unas páginas del libro que me prestaron antes de la cuarentena o colaborar a mis amigos más emprendedores con algún capítulo de podcast. He intentado aprender a valorar cada logro por más pequeño que sea, pues la cuarentena no sólo ha sido un montón de días irreconocibles, sino un cúmulo de pequeñas cosas que valen y me han hecho reflexionar como nunca. 

Entre las cosas más grandiosas que han alegrado estos días sin nombre ni número se encuentra el regreso de las mariposas monarca a mi jardín. A pesar de la pandemia, a pesar de toda injusticia social de este año apocalíptico las mariposas retornaron y entre revoloteos dejaron sus huevecillos en las asclepias de la cochera. ¡A los pocos días las plantas se llenaron de orugas de todos los tamaños que comían sin parar! Mi mayor diversión era cuidar a estos insectos; las orugas son ciegas y, si el césped es demasiado largo, pueden perderse en él. Por ello dedicaba mi tiempo en buscarlas entre la hierba para después colocarlas en una hoja donde pudieran seguir alimentándose, también alejaba a los escarabajos y construí un refugio para que pudieran hacer su crisálida. Sin embargo, pasó lo que habría de esperarse de cuando salvas insectos que por selección natural quizá no debieron sobrevivir, faltó el alimento y se volvió evidente que algunas orugas morirían por inanición. Por sentido común pensé en salir de casa para buscar hojas que pudieran comer, el año pasado ocurrió lo mismo y sólo tenía que cruzar la calle para traerles provisiones. No obstante, mis vecinos de enfrente habían arrancado su arbusto de asclepia, única especie de las que se alimentan las orugas de monarca, al igual que mi vecino de al lado, el de la vuelta y el de la esquina. No podía creer que no hubieran observado que esas plantas aparentemente silvestres y “venenosas” eran en realidad un anzuelo para atraer al lepidóptero más extraordinario de América. Pero fue obvio que así había sido, con seguridad podría decir que la gente de mi barrio creyó que las orugas eran una plaga y que la planta era maleza indeseable. 

He dicho que la cuarentena ha sido para mi un cúmulo de pequeñas cosas que me ensimisman a la reflexión. Pues bien, además de entristecerme el pensar que el pequeño jardín de mi cochera es un oasis para las monarcas –puesto que mis vecinos han aniquilado su única fuente de alimento–, también me ha orillado a cuestionar si estoy en un caso similar a la de ellas. En cuatro meses mi casa ha sido el único lugar dónde puedo estar a salvo no sólo de un virus mortal, sino de los peligros del estado con más feminicidios en el año y donde los cárteles se disputan el territorio a base de violencia y muerte. Sí, vivo en aquel estado conservador –casi medieval – donde se apela a argumentos religiosos para impedir el aborto en un gobierno laico y la gente marcha en pro de la “familia natural” cuando en realidad luchan por perpetuar la homofobia. Guanajuato es, del tiempo a la fecha, un lugar inaudito. A menudo me pregunto cómo será volver a la libertad de antes en un sitio como este, ¿podré salir de casa con la misma confianza? Lo dudo, si no es COVID quizá sea algún otro virus de mi municipio el que me enferme, alguno de esos males tan normalizados hará que pierda mi tranquilidad aún si puedo salir y ver a mis amigos. Estar tanto tiempo en la seguridad de mi casa me hace dudar en si quiero salir después del encierro.

Después de los siete días las crisálidas se vuelven transparentes y permiten apreciar el cuerpo contraído de la mariposa. Suelen salir por la mañana, luego estiran y secan sus alas hasta bien pasado el medio día. Es entonces cuando salgo a contemplar su primer vuelo por encima de la barda y, una vez que la pasan, sé que no volverán. No tengo alas en la espalda para huir de los peligros y, en comparación de las monarcas nacidas en mi jardín, no está en mi posibilidad emigrar tan rápido. Con la misma seguridad puedo decir que la cuarentena terminará y saldremos de nuestras casas para enfrentarnos a la realidad que no ha hecho más que esperarnos, la violencia no ha parado. 

Todas estas reflexiones traen a mi memoria el primer libro que leí durante la cuarentena, Un lugar seguro de la mexicana Olivia Teroba. Este libro está compuesto por ensayos que abordan temas sobre el feminismo, la concepción del auto cuidado y los retos para asegurar un entorno digno para las mujeres. Para Teroba es necesario reconocer que, si bien las circunstancias de la realidad no son las que necesitamos para vivir en paz, debemos aferrarnos al lugar seguro que podemos establecer desde nuestra individualidad. Yo soy mi diaria compañía, por lo que mis pensamientos y placeres deben marcar un lugar libre de violencia. Nuestra cuerpa debe ser el primer espacio donde anide el autocuidado a fin de convertirse en un lugar sororo en el cual otra feminidad pueda unirse y expandir la red de seguridad. Cuidarnos entre nosotras y luchar por que algún día no tengamos que hacerlo es la respuesta ante el miedo de hoy. Pareciera que el mundo se detuvo al entrar en cuarentena, pero es un error pensar que lo hizo el feminismo. 

Ante la falta de alimento para las orugas he plantado semillas de asclepias, si el mundo se vuelve hostil sé que puedo hacer una diferencia desde mi hogar. Del otro lado de mi puerta puede existir gente que no entienda la relevancia de una planta para una mariposa en peligro, ni tampoco la diversidad del amor ni la importancia del feminismo. Sin embargo, espero convertirme no sólo en el lugar seguro donde se encuentre una mano amiga, sino también en la semilla que transforme el jardín.  La pandemia me ha enseñado que las cosas pequeñas pueden cambiar, si no el mundo, sí la vida de una persona. Con esto en mente espero el regreso de las mariposas y mi propio retorno a la sociedad. No se va a caer, ¡lo vamos a tirar! 




Laura Elena Cortez Romero

(León, 1999) Ganadora del tercer lugar en la categoría de cuento en “Mundos Posibles” (FeNaL-IBERO) 2018. Fue partícipe del décimo primer Curso de Creación Literaria Para Jóvenes Xalapa 2019 por la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana. Es estudiante de Letras Españolas en la Universidad de Guanajuato.

Contexto machista en el mundo de la plástica mexicana en la primera mitad del siglo XX

por Layla Ramos Hernández

El arte ha quedado en manos masculinas (García Holly, 2017), no es de esperarse que en un mundo gobernado por los hombres el arte sea una excepción a sus dominios, la plástica mexicana es un ejemplo más de como a la mujer se le ha negado el espacio e incluso el reconocimiento y difusión de su obra.

A principios del siglo XX el mundo estaba cambiando y México no era la excepción, comenzando el nuevo milenio con una revolución que llevaría a las mujeres a cuestionarse las actividades impuestas hasta ese momento para ellas; este cambio estructural impulso también que se involucraran en trabajos fuera del hogar a lo que por tantos años se les había impuesto, así fue como muchas empezaron nuevos oficios y uno de ellos fue el arte de pintar. A finales del siglo XIX ya había mujeres dentro de los cursos de La Academia de San Carlos pero, a pesar de esto el que una mujer se formara en una carrera artística aun era difícil.

 María Izquierdo es una de las primeras mujeres que se dedica del todo a la pintura, por esto mismo también sufre lo que es ser una mujer en el espacio de los hombres, Diego Rivera la exenta por su gran técnica y talento de la Academia de San Carlos tan solo a dos años de ingresar, tiempo después la desacredita y hace énfasis en su nula capacidad para poder llevar su obra a gran escala, esto cuando a Izquierdo le es encomendado un mural en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, en donde ella planea plasmar el papel de la mujer en el nuevo México postrevolucionario, este proyecto es saboteado por Rivera (López, 2020). María Izquierdo le dedica toda su obra a las mujeres, sacándolas del papel pasivo en donde las habían puesto los muralistas, siempre madres, siempre cuidadoras; Izquierdo posiciono a la mujer en papeles que para la plástica de esta época eran siempre representados por hombres, hombres en melancolía, hombres con paisajes a su alrededor, a su ruptura con Tamayo la artista se enfoco en el desnudo femenino siendo este un eje importante en su obra (López, 2020), como si esta ruptura fuera el ultimo nudo a desenredar para ser libre y hacer de su creación todo lo que ella siempre había querido.

Artistas como Izquierdo y Frida Kahlo ahora son mundialmente reconocidas y en su tiempo también lo fueron, pero esto no fue fácil en el espacio de los hombres creado por y para ellos; ellas tuvieron que construir sus espacios buscar sus identidades, y tener un desarrollo artístico paralelo a las vanguardias que en ese momento estaban en boga, y a esto nos referimos a que estuvieron muy alejadas de la llamada “Escuela Mexicana de Pintura”. Otro aspecto para revisar y que va de la mano de la vanguardia fueron los temas, a ellos se les permitió la rabia, los trazos crudos que reflejaban la dura vida de un México post revolucionario que aun después de la lucha armada poseía marginación (Carrillo, 2011, 166); a las mujeres se les juzgo por el mínimo trazo mal dado, ellas debieron siempre enfocarse en la técnica en reflejar sus vidas atadas a lo domestico a lo que era “femenino”(García Holly, 2017).

Gracias a esto las mujeres artistas de la primera mitad del siglo XX exploraron en ellas, en sus experiencias y por medio de sus ojos a un nuevo México y dejaron a un lado la interpretación masculina de la mexicanidad que tanto se vería plasmado en el muralismo; en este contexto llegan los conflictos armados en Europa lo que provoca la migración de artistas de todo el continente a México, con la llegada de estos también vienen nuevas ideas,  y posturas siempre contra los gobiernos colonizadores e imperialistas (Carrillo, 2011, 169) y lo más importante no solo llegan ellos también llegan ellas, mujeres dedicadas al arte no solo a la plástica, fotógrafas, literatas, filosofas,  etc; con ellas llegan nuevas ideas que romperían con lo establecido por el arte nacionalista de esa época, que exploran un México diferente y juegan con la realidad de este así creando mundos surrealistas en su obra .

Uno de los problemas y confrontaciones dentro del ambiente artístico de esta época fue las ideas contrarias de los migrantes europeos que renegaban de la patria y de las ideas que estas pueden acarrear en contraste con la Escuela Mexicana de Pintura y todo el circulo artístico en México que enaltecía a la colonia, a la patria, al folklor. (Carillo, 2011, 174)

Las mujeres extranjeras que llegaron a México no fueron una excepción para las normas masculinas del arte, a algunas no les permitieron acceder a los centros de estudio que se estaban creando para los exiliados tales como La casa de España en México , en la actualidad El colegio de México (Carrillo, 2011), aun así Remedios Varo junto con Leonora Carrington, Alice Rahon, Bridget Tichenor y Kati Horna acogieron a México en sus creaciones, ningún espacio masculino fue lo bastante fuerte para derribar la mente creativa de estas mujeres que se juntaron para crear círculos donde plasmarían mundos oníricos, cada una a su modo .

Así fue como diferentes mujeres algunas sin nada en común una con la otra resistieron a las dinámicas masculinas de un México que privilegiaba a los hombres, brindándoles espacios y voz en el arte, uniéndose algunas, otras más demostrando por medio de las llamadas “técnicas” que su trabajo podría llegar a ser impecable, que no necesitaban grandes muros para poder expresar lo que sentían y les acontecía en su vida, porque es verdad que  fueron juzgadas con el peor ojo, el de ser mujer en un mundo de hombres.


Referencias bibliográficas

García Jolly, Victoria, Mujeres en la plástica mexicana del siglo XX, marzo 24 2017, para la revista Algarabía, [https://algarabia.com/a-arte/mujeres-en-la-plastica-mexicana-del-siglo-xx/] consultado el 18 de octubre 2020.
López Alejandro .I, María Izquierdo: la pintora mexicana que reivindicó a las mujeres en el arte, Naturaleza muerta, paisajes y cuestiones de género fueron los temas de la pintora que puso por primera vez en el centro de la producción artística a las mujeres, Sección Cultura, para la revista AD magazine, 6 de abril del 2020, [https://www.admagazine.com/cultura/maria-izquierdo-lo-que-no-sabias-de-la-pintora-surrealista-20200406-6229-articulos.html] consultado el 20 de octubre.
Historia de mujeres, Museo de la mujer, Investigación y Recursos Didácticos, Departamento de Educación. Carrillo Santos, Angela, Remedios Varo en México. La decisión del exilio a la sombra de dos guerras. Tesis para obtener la licenciatura de Historia, Facultad de Estudios Superiores Acatlán, Universidad Autónoma de México, 2011, Ciudad de México.


Layla Ramos Hernández es egresada de la licenciatura de Historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y de la Facultad de Filosofía y Letras en la licenciatura de Literatura y Letras Hispánicas.

Minificciones

por Liliana Espinoza Tobón

Crash

Es mi pulso extendido en la inmensidad y el silencio, la comparsa que marca la armonía  tornasolada de las emociones,  que confluyen en  remansos  serenos y  tempestades polifónicas. 

Es extender  y perderme en las extremidades de mi cuerpo, en cada métrica exacta que avanza desbordada en el tiempo.

Es experimentar la liberad…

 Mi imaginación desbordada con la batuta en la mano dirigiendo las olas del mar, que encaran las rocas y surcan el viento, tranquilas y estruendosas con impulso desde adentro.

Es mi batería, mi instrumento, donde mi corazón toma ritmo exaltando mis pasiones y dejando atrás mis abatimientos.


Neurotransmisor

Movidas por una fuerza ajena, las pequeñas piedras ruedan entre ellas, rebotando sus amorfos cuerpos terráqueos.

Entre ellas emergen persistentes y abriéndose paso, en la búsqueda de algo, unas antenas alargadas y firmes. Sigilosas giran lentamente, hasta que de pronto algo las detiene, al fin detectan algo…

Al instante rompiendo la guarida y siguiendo la ruta que marcan sus antenas, la cucaracha brinca al exterior.  Motivada como una gran corredora aproximándose a la meta, se abalanza ante aquello, lo cual no es otra cosa que un pedazo enmohecido de alimento; que algún humano habría dejado antes de que su sin razón, su ira y su codicia estúpida y violentamente lo extinguiera. 


Movimiento

En un futuro continuo, en una sociedad primermundista, abatida por el confort y las buenas formas cosmopolitas, hombres y mujeres con aires de aristócratas amoldan sus prejuicios. Meticulosos con cincel, martillo y desbordada  dedicación rompen su nobleza, sacuden  sus valores y principios;  hasta llegar a la llana y dura  sin razón. Todo sea por la sobrevivencia, la supremacía sobre lo que se mueve hasta lograr su sumisión. 

Con rostros agradables y copas llenas de bebidas finas, todos sonríen al verse mover su tablero de ajedrez.


Catarsis

Quizás  en un futuro  los pensamientos  se  proyecten  en el cielo, como en una pantalla gigante, y así  podríamos ver que estamos desbordados de desidia…

De tanta que nos enmascara y nos hace codiciar lo que no tenemos, lo que no  nos pertenece…  y que quizás esa sea, al final, la manera más violenta de autoaniquilarnos.

Ese pensamiento catártico apresaba al soldado espacial, antes de subirse a su nave, después de abatir la especie de otro planeta. 




«Nací el 29 de mayo de 1989,  en Tehuacán, Puebla. Estudié Lingüística y literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP. Me he dedicado a colaborar en Organizaciones de la sociedad Civil  en comunidades  rurales de la Mixteca poblana y Sierra Negra; así como en organizaciones nacionales como Child Found México, Aldeas Infantiles SOS, México  en  proyectos  de derechos humanos,  derechos sociales económicos y ambientales (DESCA), derechos de niños y niñas, difusión cultural, proyectos productivos para mujeres en situaciones de violencia. Algunas publicaciones como la investigaciones de violencia de género a nivel nacional “Factores que producen y reproducen la violencia de género” 2012, por el Observatorio de Violencia Social y de Género de la Universidad Iberoamericana, Puebla. En colaboración con la UNAM y una colaboración en el libro de minificción Resonancias publicado por la BUAP, 2019.» 

Noche

por María de la Luz Carrillo Romero

La noche gruñe

grita desaforada

ahogada en sus sopor nocturno.

Espera, urge

no llega, exige, aúlla la presencia

prístina de la lluvia.

Pero, no llueve

no llueve.

Sumida en el silencio 

calor seco, horrendo, nefando

repta

duele

pica

roza con violencia la desnuda espalda de la noche.

Ella, postrada en su insomnio impertérrito

engulle las últimas estrellas.


Egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciada en Derecho. Docente investigadora. Recibí la distinción “Sor Juana Inés de la Cruz” 8 de marzo de 2013 por mi trabajo sobresaliente en la docencia. Primer premio con el cuento:” Ella se llamaba…” convocado por la Revista Enheduanna, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, octubre 2015. Publicación de microrelatos en el periódico La Jornada, México, en los meses de enero y mayo de 2016, junio 2019 enero 2020. Publicación de poemas en la Antología Tintero multicolor a prueba de prosa, III Antología de profesores del Colegio Nacional de Ciencias y Humanidades, presentada en el marco de la XXXVIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería 2016. Publicación de minificciones en las siguientes antologías: Antología de microrelatos de la editorial Ateneo SC de la Laguna, España, 2016. Autora del libro ABCTRAZOS 2018. Coordinó el Taller en el Centro Regional de Cultura de Tecámac. Actualmente soy directora  la Revista literaria LA TINTA y participo en el programa “Cultivando ideas…” en Utopia Radio tv por internet.

La primera vez

por María de la Luz Carrillo Romero

Cuando es la primera vez, el corazón palpita. Las manos empiezan a sudar. No se imaginaba la forma en que acomodaría su cuerpo. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Silvia, luchaba consigo misma para no gritar. Recordó de inmediato la técnica de yoga que su amiga Malena le sugirió aplicar en situaciones de tensión extrema. “Levanta tu mano derecha e inhala profundo, con los ojos cerrados mira tu interior exhalando suavemente”  Sin embargo, le costó cinco minutos concentrarse y aceptar que era su primera vez. Sabía que tendría que despojarse de todo temor, quitarse lentamente sus ropas y pararse frente a desconocidos. Su desnudez total frente  a seres extraños ajenos a su miedo. Volvió a respirar con calma. Su pecho se expandía como un globito tenso. Sonrió, y pensó que todo aquello era pueril, ante la dimensión del problema. Su cuerpo era huésped de algo oscuro y duro. Un ser extraño la asediaba por dentro. Escuchó bien lo que se decía de él. Un estremecimiento le cubrió la espalda. Silvia, anhelante esperaba ser llamada. Caminaré hacia lo desconocido. Pensó, ¿qué me van hacer? Aceptó, no sin dificultad y ciertas atenuantes la invitación: entrar a una sala donde ella sería la protagonista. Sí, sólo ella, sería la estrella. Los demás representarían a los personajes secundarios, incluso alguno incidental. Sí, era la primera vez. Silvia avanzó con cierta vacilación, pero, al siguiente paso se acordó de sonreír, se irguió y frotó sus ojos. Darse ánimo ya era frecuente en ella. Asumió que no iba a sufrir, por el contrario, significaba una necesidad, incluso era vital. Sí, era su primera vez,  se había contagiado de coronavirus.


Egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciada en Derecho. Docente investigadora. Recibí la distinción “Sor Juana Inés de la Cruz” 8 de marzo de 2013 por mi trabajo sobresaliente en la docencia. Primer premio con el cuento:” Ella se llamaba…” convocado por la Revista Enheduanna, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, octubre 2015. Publicación de microrelatos en el periódico La Jornada, México, en los meses de enero y mayo de 2016, junio 2019 enero 2020. Publicación de poemas en la Antología Tintero multicolor a prueba de prosa, III Antología de profesores del Colegio Nacional de Ciencias y Humanidades, presentada en el marco de la XXXVIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería 2016. Publicación de minificciones en las siguientes antologías: Antología de microrelatos de la editorial Ateneo SC de la Laguna, España, 2016. Autora del libro ABCTRAZOS 2018. Coordinó el Taller en el Centro Regional de Cultura de Tecámac. Actualmente soy directora  la Revista literaria LA TINTA y participo en el programa “Cultivando ideas…” en Utopia Radio tv por internet.

Distancia

por Margarita Dager-Uscocovich

Sobre la hierba escucho  a las plantas hablarle al sol que se esconde sin apuro . El cielo deja caer su clara oscuridad  , el

Sauce mece sus brazos mientras revolotean  libélulas y eternidad …

Ahí estás tú, en la luna con su cuarto menguante; sobre las nubes se bambolean tus frases

Infinitas y sarcásticas que loca me volvían , escucho tus dulces susurros al besarnos, y las voces de nuestras pláticas eternas arden dentro de mí todavía .

Te recuerdo cuando la nostalgia llega como ahora, me miro en tus ojos asaltantes, disfruto de tu risa serena y en la distancia, mi cuerpo clama los lunares en tu piel. El sauce mece sus brazos , revolotean libélulas y eternidad …


«En tiempo como estos necesitamos el uno del otro, porque cuando te duele el alma, el cuerpo asimismo duele»-Mitra Amore-

Miembro de Mi Libro Hispano-MiamiAutora Bajo sello editorial Snow Fountain Press- Miami@mr_dageruscocovwww.margaritardager.com
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Columnista DestinosLNL & Cultura- MiamiColumnista Revista Latina NC- UsaColumnista La Nacion Ec – EcuadorAutora : » No es tiempo de Morir»Amazon Kindle & Papel