Maleza

por Jocelyn Martínez


Jocelyn Martínez, también conocida como Maleza, es una diseñadora gráfica y artista visual poblana, quien usa como inspiración la botánica, anatomía femenina y los acontecimientos socio-culturales. Enfocada en la ilustración digital y tradicional, pintura convencional e intervención de espacios públicos, ha ido forjando su camino experimentando en nuevos formatos.

Me busco

por Melissa Robles

  Hace tiempo que me encuentro buscándome. Hubo un tiempo muy oscuro en el 

Que no me encontraba, pasaba horas deambulando en mi cabeza. Simplemente yo no estaba ahí, no me encontraba por ninguna parte; más sin embargo ahí estaba, existiendo. Un cuerpo físico sin alma aparentemente.

En ocasiones tenía avistamientos de lo que soy, momentos de eureka en las que podía ver mi fuego interior; pero, así como aparecían de pronto, así de rápido desaparecen. Nunca comprendí porque no me podía encontrar por completo y la verdad es que, a veces encontrar fragmentos de mi era peor. Pues los encontraba y por un momento era feliz, para luego al perderlos, me sumergía aún más en mi vacío.

Un día toda mi impotencia de no encontrarme se convirtió en ira y comencé a golpearme con todo lo que podía: con la pared, con mis manos, con mis uñas, me arrojaba al piso con tal de sentir algo, con tal de sentir que ahí estaba, que no hacia falta encontrarme. Solo terminaba más perdida. 

Conocí personas que me decían quien era; a veces podía coincidir con lo que me decían, pero otras veces me sentía ajena a la idea que tenían de mí. Puede inclusive que me perdiera aún más, tratando de buscarme entre las ideas de los demás. Desistí a buscarme entre ellos, entre lo que decían que podía ser yo.

Pero un día, no se ni como ni cuando, decidí escucharme; escuchar el latido de mi corazón, mi respiración, el parpadeo de mis ojos. Deje de pensar tanto, deje de tratar de encontrar algo en los recovecos de mis pensamientos, dejé de buscar tanto y me encontré.  Frente a mí, estaba yo, libre sin ataduras. Me liberé de mis pensamientos de mis lazos afectivos innecesarios que me enfermaban. Ahora que me encontré, me di cuenta que estoy completa y aunque todavía existan algunos ajustes que se deben realizar y que puede que me vuelva a perder un poco en el camino. Me buscaré y sabré encontrarme.


Melissa Robles Luna. 23 años originaria de Cuauhtémoc, Chihuahua. Estudiante de artes
visuales. Entusiasta de la lectura y escritura. Me gusta poder expresarme y sacar lo que
siento, por medio del arte. Tanto de manera visual, así como en la literatura.

Por mis caminos, Thumol y La comandanta

por Mónica Sánchez Vergara 

Por mis caminos

Técnica: óleo

Dimensión:  20 x 25

Año 2020 

Thumol

Técnica: óleo 

Dimensión: 21 x 28 

Año 2020 

La comandanta 

Técnica: popotillo 

Dimensión: 15.5×18.5 

Año 2020 


Mi nombre es Mónica Sánchez Vergara soy de la ciudad de México tengo 52 años y 32 años de docente cuento con 8 exposiciones individuales y  90 colectivas, realizo arte correo, libros arte objeto y pintura al oleo acrílico.

El turno de la ofendida

por Raquel Vargas Solís

Sí, mamá, tan solo he sido una hija de las hojas
dejándome llevar por el viento
manoseada por las ramas secas

en buses, avenidas,

buscando siempre flotar en el agua,
toda una aparición del pleistoceno,
una Ixchel del desierto intricado
escribiendo el breviario del descontento a cuestas
inclinada sobre el flujo de mi vientre rogándole al río un sustento
en medio de tanto desalojo, de tanto desahucio.
Abortando el desconsuelo a punta de misoprostol,
tan mía,
hurgándole la risa a la montaña,
tan hija del río tirándole el anzuelo a la nada
urgida de palabras que no hacen más que dejarme a solas.
Voy con tanta resistencia como me quepa en la mirada,
en desacato como las raíces,
astutamente insumisa como la abuela Kueka
volviendo del exilio parisino al tepuy,
mamá, lo sé, no puedo cansarme de pertenecerme.
Quiero engordar mi desvelo maullando,

contándole a los zorros pelones mi historia en medio de la noche
desnuda, saboreándome el caos, el rito, el mito
la tristeza austera que me habita incapaz de desahuciarme la alegría
este tentempié cotidianamente abrupto ya ves cómo me tiene
hastiada, astillada,

irreverente hasta en la sombra.

Este siempre será el turno de la ofendida
y la ofendida siempre seré yo de haber venido a este mundo
sin que me pidieran el consentimiento
todo este descontento, mamá,
no me cabe en las manos
ni en las hojas blancas
me envuelve como el olor del orégano
como el ajo en trocitos en medio de los dientes apretados
en medio de todo este poderío inapagable
que enciende visiones de ternura entre la muerte.
Ahora es la hora de mi turno
el turno del ofendido por años silencioso
a pesar de los gritos.
Callad
Callad
Oíd.*

*Fragmento final del primer poema del libro del salvadoreño Roque Dalton titulado El
turno del ofendido.


(Costa Rica, 1991)

Escritora itinerante, autora de la novela corta “Catatonia”. Estudiante de Filología, Lingüística y Literatura en la Universidad de Costa Rica. Su poema Taky Unquy puede encontrarse en la primera edición de la revista centroamericana Ek Chapat, así como su poema Errabunda es parte de la antología del Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet 2019. Editora del colectivo Voces Vagamundas, su obra también puede encontrarse en la página web www.vocesvagamundas.com.

Poema

por

Que no asome a nuestra alcoba
el resabio de la monotonía
Huyamos siempre de las tardes de domingo
los idílicos cuentos
de caballeros andantes
y princesas dormidas

con eternos finales
y el felices por siempre
amemos no
las cadenas que nos unen

sino los abismos que nos separan

hallémonos siempre
en ese punto exacto
de caída y ascenso
entre tu pecho

y mis labios

donde nace tu nombre

para dormir en mis manos

Vine del más allá

Por Claudia García

VINE

Vine desde el mar,

Vine desde las estrellas, 

Vine a recordar, 

Vine con la memoria de mis ancestrxs

¡Vine a recordar!, recordar quién soy, por medio de mi cuerpo, por medio de mis sensaciones, por medio de mis percepciones.

Vine a caminar, recorriendo la espiral que me lleva de regreso, pasando por la tierra, sintiendo el viento y alimentándome del agua, viviendo con el viento que me recuerda mis elementos.

Vine a recordar que soy individualidad en relación con la comunidad y aunque estemos separados hay un hilo que teje nuestro ser. Ese hilo nos une comunicando nuestros caminos, haciéndonos uno al trascender mi individualidad.

Vine a reconciliar,

Vine a sentir, las diferentes experiencias que el mundo me ofrece para recordar el movimiento. El movimiento eterno que anima al ser.

Vine a integrar, integrar los trozos de los que nos componemos y que están dispersos en esta materialidad. 

Vine a manifestar,

Vine a compartir, a compartirme con los otros en sentimiento, en pensamiento, en acción. 

Vine a resignificar, dentro de todas las posibilidades de creación 

Vine a crear un lugar diferente con más posibilidades en el cual todos podamos manifestar. 

Vine, vine del más allá y volveré a ese lugar.