Jocelyn Martínez, también conocida como Maleza, es una diseñadora gráfica y artista visual poblana, quien usa como inspiración la botánica, anatomía femenina y los acontecimientos socio-culturales. Enfocada en la ilustración digital y tradicional, pintura convencional e intervención de espacios públicos, ha ido forjando su camino experimentando en nuevos formatos.
Hola, mi nombre es Mar Reyes soy del Estado de México, me gusta mucho la fotografía y dibujar en digital estos son algunos de mis ilustraciones. En Instagram suelo subir todos mis trabajos de ilustración digital, estoy como @mamagarl
Hace tiempo que me encuentro buscándome. Hubo un tiempo muy oscuro en el
Que no me encontraba, pasaba horas deambulando en mi cabeza. Simplemente yo no estaba ahí, no me encontraba por ninguna parte; más sin embargo ahí estaba, existiendo. Un cuerpo físico sin alma aparentemente.
En ocasiones tenía avistamientos de lo que soy, momentos de eureka en las que podía ver mi fuego interior; pero, así como aparecían de pronto, así de rápido desaparecen. Nunca comprendí porque no me podía encontrar por completo y la verdad es que, a veces encontrar fragmentos de mi era peor. Pues los encontraba y por un momento era feliz, para luego al perderlos, me sumergía aún más en mi vacío.
Un día toda mi impotencia de no encontrarme se convirtió en ira y comencé a golpearme con todo lo que podía: con la pared, con mis manos, con mis uñas, me arrojaba al piso con tal de sentir algo, con tal de sentir que ahí estaba, que no hacia falta encontrarme. Solo terminaba más perdida.
Conocí personas que me decían quien era; a veces podía coincidir con lo que me decían, pero otras veces me sentía ajena a la idea que tenían de mí. Puede inclusive que me perdiera aún más, tratando de buscarme entre las ideas de los demás. Desistí a buscarme entre ellos, entre lo que decían que podía ser yo.
Pero un día, no se ni como ni cuando, decidí escucharme; escuchar el latido de mi corazón, mi respiración, el parpadeo de mis ojos. Deje de pensar tanto, deje de tratar de encontrar algo en los recovecos de mis pensamientos, dejé de buscar tanto y me encontré. Frente a mí, estaba yo, libre sin ataduras. Me liberé de mis pensamientos de mis lazos afectivos innecesarios que me enfermaban. Ahora que me encontré, me di cuenta que estoy completa y aunque todavía existan algunos ajustes que se deben realizar y que puede que me vuelva a perder un poco en el camino. Me buscaré y sabré encontrarme.
Melissa Robles Luna. 23 años originaria de Cuauhtémoc, Chihuahua. Estudiante de artes visuales. Entusiasta de la lectura y escritura. Me gusta poder expresarme y sacar lo que siento, por medio del arte. Tanto de manera visual, así como en la literatura.
Mi nombre es Mónica Sánchez Vergara soy de la ciudad de México tengo 52 años y 32 años de docente cuento con 8 exposiciones individuales y 90 colectivas, realizo arte correo, libros arte objeto y pintura al oleo acrílico.
Sí, mamá, tan solo he sido una hija de las hojas dejándome llevar por el viento manoseada por las ramas secas
en buses, avenidas,
buscando siempre flotar en el agua, toda una aparición del pleistoceno, una Ixchel del desierto intricado escribiendo el breviario del descontento a cuestas inclinada sobre el flujo de mi vientre rogándole al río un sustento en medio de tanto desalojo, de tanto desahucio. Abortando el desconsuelo a punta de misoprostol, tan mía, hurgándole la risa a la montaña, tan hija del río tirándole el anzuelo a la nada urgida de palabras que no hacen más que dejarme a solas. Voy con tanta resistencia como me quepa en la mirada, en desacato como las raíces, astutamente insumisa como la abuela Kueka volviendo del exilio parisino al tepuy, mamá, lo sé, no puedo cansarme de pertenecerme. Quiero engordar mi desvelo maullando,
contándole a los zorros pelones mi historia en medio de la noche desnuda, saboreándome el caos, el rito, el mito la tristeza austera que me habita incapaz de desahuciarme la alegría este tentempié cotidianamente abrupto ya ves cómo me tiene hastiada, astillada,
irreverente hasta en la sombra.
Este siempre será el turno de la ofendida y la ofendida siempre seré yo de haber venido a este mundo sin que me pidieran el consentimiento todo este descontento, mamá, no me cabe en las manos ni en las hojas blancas me envuelve como el olor del orégano como el ajo en trocitos en medio de los dientes apretados en medio de todo este poderío inapagable que enciende visiones de ternura entre la muerte. Ahora es la hora de mi turno el turno del ofendido por años silencioso a pesar de los gritos. Callad Callad Oíd.*
*Fragmento final del primer poema del libro del salvadoreño Roque Dalton titulado El turno del ofendido.
(Costa Rica, 1991)
Escritora itinerante, autora de la novela corta “Catatonia”. Estudiante de Filología, Lingüística y Literatura en la Universidad de Costa Rica. Su poema Taky Unquy puede encontrarse en la primera edición de la revista centroamericana Ek Chapat, así como su poema Errabunda es parte de la antología del Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet 2019. Editora del colectivo Voces Vagamundas, su obra también puede encontrarse en la página web www.vocesvagamundas.com.
Que no asome a nuestra alcoba el resabio de la monotonía Huyamos siempre de las tardes de domingo los idílicos cuentos de caballeros andantes y princesas dormidas
con eternos finales y el felices por siempre amemos no las cadenas que nos unen
sino los abismos que nos separan
hallémonos siempre en ese punto exacto de caída y ascenso entre tu pecho
¡Vine a recordar!, recordar quién soy, por medio de mi cuerpo, por medio de mis sensaciones, por medio de mis percepciones.
Vine a caminar, recorriendo la espiral que me lleva de regreso, pasando por la tierra, sintiendo el viento y alimentándome del agua, viviendo con el viento que me recuerda mis elementos.
Vine a recordar que soy individualidad en relación con la comunidad y aunque estemos separados hay un hilo que teje nuestro ser. Ese hilo nos une comunicando nuestros caminos, haciéndonos uno al trascender mi individualidad.
Vine a reconciliar,
Vine a sentir, las diferentes experiencias que el mundo me ofrece para recordar el movimiento. El movimiento eterno que anima al ser.
Vine a integrar, integrar los trozos de los que nos componemos y que están dispersos en esta materialidad.
Vine a manifestar,
Vine a compartir, a compartirme con los otros en sentimiento, en pensamiento, en acción.
Vine a resignificar, dentro de todas las posibilidades de creación
Vine a crear un lugar diferente con más posibilidades en el cual todos podamos manifestar.