Yo nací libre: El desengaño del “amor romántico” en El Quijote

por María Fernanda González Lozada

Durante años la tradición literaria ha dejado de lado a las mujeres y las ha situado en un entorno sumamente machista, no solamente como escritoras, también como personajes, por ello es común encontrarse con textos en donde, casi siempre, aparecen como: “la esposa”, “la hija”, “la hermana”, “la musa”, “la madre”, “la artesana”, entre otras denominaciones que se les da debido a los roles que les son impuestos por el hecho de haber nacido mujeres. Otra de las muchas problemáticas que las aqueja dentro y fuera del marco literario es el “amor romántico”, que durante largo tiempo las ha mantenido bajo la subordinación patriarcal. Sin embargo, desde hace algún tiempo surge la necesidad de cuestionarse los estereotipos de género y con ello la idea de reconocerse como seres libres y autónomos, con la determinación individual de elegir a quien amar.

Con base a lo anterior, las manifestaciones literarias comienzan a poner a las mujeres como protagonistas, esto podemos notarlo en textos contemporáneos, sin embargo, existen obras anteriores en las que se empieza a reflejar la idea de la liberación femenina. Es el caso de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, si bien fue muy popular dentro de la tradición caballeresca y por la variedad de temas que toca, asimismo, causa una importante relevancia debido a las figuras femeninas que Cervantes presenta a lo largo de su obra, especialmente el personaje de la pastora Marcela, ya que enmarca una disidencia entre las relaciones de poder que son ejercidas por parte de los hombres en contra de las mujeres y que erróneamente se le ha denominado “amor”.

Si bien Don Quijote es el personaje principal de tan notable obra, en esta ocasión es crucial resaltar el papel de la pastora Marcela –no solo como un personaje secundario, sino como una mujer dispuesta a romper con los estereotipos patriarcales–, quien toma un protagonismo fundamental en el capítulo XIV que lleva por título: “Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos”. Marcela representa la libertad e independencia femenina en un ambiente en que la mujer no es libre, así que se revela ante las injustas críticas que recibe por parte de otros pastores, pues al inicio de este capítulo se presenta una canción escrita por Grisóstomo que escribe antes de morir, en la cual expresa su tristeza a causa de que Marcela no cede a sus juicios amorosos, razón por la que los amigos del difunto la culpan de la muerte y desdicha del mismo.

Marcela se presenta al funeral del pastor, momento en el que Ambrosio la recibe con  estas crueles palabras, a manera de ejercer presión social contra la pastora: 

-¿Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco de estas montañas!, si con tu presencia vierten sangre las heridas de este miserable a quien tu crueldad quitó la vida? ¿O vienes a ufanarte en las crueles hazañas de tu condición? ¿O a ver desde esa altura, como otro despiadado Nero, el incendio de su abrasada Roma? ¿O a pisar arrogante este desdichado cadáver, como la ingrata hija al de su padre Tarquino? Dinos presto a lo que vienes o qué es aquello de que más gustas, que, por saber yo que los pensamientos de Grisóstomo jamás dejaron de obedecerte en vida, haré que, aun él muerto, te obedezcan los de todos aquellos que se llamaron sus amigos. (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 125).

Por lo que Marcela responde de una manera firme y asertiva  que denota la búsqueda de su derecho a decidir a quién amar, se muestra en el texto: “[…] mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama.” (125). Con estas palabras la pastora se permite contradecir los razonamientos masculinos, que durante largo tiempo fueron naturalizados, así mismo, muestra su firmeza ante la idea de no estar obligada a corresponderle a un hombre sólo por su condición de mujer, incluso ella misma cuestiona la necedad de obligarla a amar de la siguiente manera: “¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien?” (126), si ella sabe que el amor, cuando es verdadero, es voluntario y no obligado.

Resulta sumamente relevante cómo apuesta por el amor sin ataduras, principalmente al tener en cuenta la época, ya que en ese entonces el modelo que se considera correcto es el de la mujer sumisa que depende de su esposo y vive para él y sus hijos, sin poder ponerse a ella misma como prioridad. Incluso Marcela refleja su independencia económica de la siguiente manera: “Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas […]” (127). Es así como la pastora deja claro su afán de vivir sola, sin la necesidad de nadie y menos de un hombre, declara su poder de decidir sobre lo que a ella le hace feliz y enfatiza, en cada momento, la libertad que le pertenece, así se lee en el texto: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos.” (126).

Marcela se muestra extraordinariamente adelantada para su época, decidida a liberarse del yugo masculino, por lo que prefiere estar sola sin un hombre que la obligue a comportarse como la mujer tradicional que tiene que casarse cuando este la desea, pues prefiere vivir su vida que permanecer bajo las exigencias de un marido al que no quiere. Sin embargo, la pastora no solamente busca demostrar la libertad que le corresponde, sino que también, con su discurso, deja claro que es una persona sumamente inteligente y con una gran capacidad argumentativa, con esto rompe la idea de que la mujer es ignorante frente al hombre.

Cervantes da gran importancia al sentido de justicia y libertad, así que decide personificarlo en las mujeres que presenta en su novela, ya que Marcela no es la única que se libera de las imponencias masculinas dentro de la obra. El autor trata una serie de temas relacionados con la novela pastoril, por ello introduce una diversidad de personajes femeninos en la narración, las cuales reflejan actitudes que provocan una ruptura con las órdenes morales del momento, pues son mujeres que no se encuentran en relación con los preceptos femeninos de la sociedad tradicional.

Finalmente, cabe resaltar que Marcela es una mujer que se declara completamente en contra del amor cortés que, hasta ese momento, se considera correcto. Ese látigo patriarcal que ha sometido y lastimado a muchas mujeres a lo largo de la historia. Es muy importante tener presente el discurso de Marcela, que si bien es un personaje ficticio, su enseñanza marca una apertura a la independencia  femenina, no solo dentro del contexto literario, sino también en la realidad machista en la que, como mujeres, vivimos. Poco a poco hemos conseguido desprendernos del ideal masculino, pero aún queda un camino muy largo por recorrer.

1 Amor romántico en un contexto coloquial, ya que, en una instancia más objetiva y especializada, se denomina  amor cortés, sin embargo dicho término ya no es tan común.

 2V. Woolf, Virginia. A room of One´s Own.

Bibliografía

De Cervantes, Miguel. “Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos”. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Francisco Rico, ed. España: Alfaguara, 2004. 119-129.


María Fernanda González Lozada

Soy María Fernanda, me gusta mi segundo nombre porque significa “mujer valiente”, no sé si realmente lo soy. De lo que estoy segura es que me gusta soñar y crear, por eso escribo. Me crié en el llamado “Valle de las calaveras”, más conocido como Zumpango. A mi corta edad de 21 años me ha costado definirme como “alguien”, creo que ese siempre fue mi error, querer ser alguien, pero para evitar confusiones, digamos que me identifico con cualquier manifestación artística y con el feminismo. Estudiante de la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana, nuestra “casa abierta al tiempo”. Estoy hecha de mujeres valientes, capaces de
soñar y crear realidades extraordinarias.

La luna y sus letras: Amparo Dávila

por Cynthia Elizabeth Morales

Hay días que descubres que no estás sola. Hay algo que te acompaña, te acecha. Viene por ti. Lo presientes. Una angustia que sube las escaleras, que te acaricia el cabello y susurra tu nombre. Así es la obra de Amparo Dávila. 

Una mezcla entre lo real y lo temido; una frontera diluida y transparente que permite al lector migrar entre el sueño y la profecía. Dueña de un imaginario particular, con características oscuras e inquietantes; Amparo Dávila escribe para explicarse el mundo: Hay textos técnicamente bien escritos, pero que nacen muertos: no quedan en la memoria de quien los lee. No creo en la literatura hecha solo a base de la inteligencia o la pura imaginación. Creo en la literatura vivencial, ya que esto, la vivencia, es lo que comunica a la obra la clara sensación de lo conocido, de lo ya vivido, y hace que perdure en la memoria y en el sentimiento, y constituye su fuerza interior y su más exacta belleza”.

Amparo Dávila (1928-2020) Nace en Pinos, Zacatecas. Su infancia estuvo marcada por la muerte de sus hermanos y por los cortejos fúnebres que observaba desde su ventana. Creció en un pueblo minero, alejado de todo y de todos; aprendió desde muy niña a convivir con fantasmas, Dávila mencionó en alguna ocasión que, en su casa habitaba el espíritu del antiguo dueño de la hacienda donde vivía de niña.

Escribió poesía y cuentos. Sus cuentos han sido etiquetados como extraños, difiero. La originalidad en la construcción del relato y sus personajes provocan una angustia latente y alucinante en el lector. Sus cuentos se caracterizan por presencias, espectros, seres que no podemos definir, pero nos erizan la piel. El miedo no tiene nombre, pero nos alcanza.   Las historias de Dávila parecen tesoros encapsulados en ámbar.  Sus cuentos son atemporales como la fantasía y el embrujo que los acompaña. Sus historias nos sobreviven; podrían escribirse en cualquier ciudad, en cualquier momento.  No son cuentos extraños, son cuentos dotados de un imaginario nutrido por las visiones de Dante, la soledad infantil y el talento de una mujer rebelada a su tiempo, que no dejo nunca que la censura, los estereotipos y el silencio alcanzará a sus historias.

En la mayoría de sus relatos los protagonistas son mujeres. Mujeres comunes que viven y exploran sucesos más allá de la lógica y la sin razón. Protagonistas que exploran la barrera entre lo insólito y lo anodino. Mundos interiores que se fusionan entre la costumbre y la lluvia. Personajes con miedos y contradicciones que, viven atrapados en jaulas invisibles donde la llave la posee lo desconocido.

Dávila afirma que la crítica literaria la ubica erróneamente en el terreno de lo fantástico, cuando ella lo que intenta es manejar las dos caras de la realidad, la cara externa, la cotidiana y la interna, la cual suele ser más oscura y misteriosa. 

Sus primeros trabajos se recogen en Tiempo Destrozado (1959) y Música Concreta (1964). Es hasta 1977 con la llegada de Árboles petrificados que recibe el premio Xavier Villaurrutia.  Actualmente existe el premio Premio Bellas Artes de Cuento Amparo Dávila.

La obra de Dávila ha sido celebrada en el extranjero y sometida a años de silencio en el panorama mexicano. Inició una amistad por correspondencia con Julio Cortázar a quién le dedicó un par de cuentos. 

Leer a Amparo Dávila es encontrar microcosmos de secretos y excitación en una habitación, contemplar la muerte como quien observa volar a los pájaros, temer la noche y sus pasos…

Para leer los cuentos de Amparo Dávila te recomendamos:

  • El huésped
  • Árboles petrificados
  • La señorita Julia
  • Muerte en el bosque
  • Alta cocina

Descarga libre de material de lectura de Amparo Dávila: http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/176-081-amparo-davila

Y de su poesía, te dejamos una muestra: 

El cuerpo y la noche (1965-2007)

El cuerpo es una estrella fugaz

una llama encendida

que se apaga

La noche es un ala negra

que se extiende

y que envuelve en su negrura

La noche hunde

su prestigio de tigre

muerde al sueño

y al cuerpo

al tigre de la noche

en el agua


Cynthia Elizabeth Morales García

Maestra en Humanidades por la Universidad de Monterrey. Diplomado en Creación Literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura 2018. Mediador de Lectura por IBBY Leer México. Tallerista de Escritura Creativa para niños, jóvenes y adultos para el Centro Cultural Loyola de Monterrey. 

Es una apasionada del arte y la literatura. Adora la naturaleza y los niños. Cuando no lee. Escribe. 

Actualmente desarrolla programas y contenidos educativos para niñas, niños y adolescentes para empoderarlos desde la igualdad, equidad y el conocimiento de sus derechos.

Mr.Green

por Itzayana Guillén Texcahua

Te besé en Estambul y desperté en Marruecos

 cerré mis sentidos y se abrió la marea 

no soy ni de aquí de allá

ni de mis noches largas,

soy como un perro sin rabia.

TIC              TAC                TOC

la serenata rodó, alojándose en mis pecosas clavículas

Y el vino se enfrió en mis estornudos fugaces. 

Te veo en mis sueños húmedos

te sostengo el cabello y te digo venga no pares,

quítame esta maldita angustia que me sabe a polilla

no quiero despertar, porque no te quiero olvidar

pero no quiero vivir porque mis sentidos se han suicidado

maldito vacío, vacío maldito, tres puntos suspendidos nos han separado

Mañana, pasado o el ayer

 la tierra del reloj se ha congelado

me pierdo, me visto, y te cepillo el ombligo.

¿Alguna vez me quisiste?

Mr. Green.

alguna vez te provoque el asco, como alfalfa a darla.

Una nebulosa más sola

¿Acaso pronunciaste mi nombre?

debo estar delirando los marcos, no hablan, no besan, no aman.

Vodka, ron y tequila se mezclan con mi ADN

 creando una orgia de cuerpos vacíos, inertes, con mentes color cocaína

Follan follan y follan

Se visten se desvisten. ¿pero quién los ama?

Todos tenemos atorados a un Mr. Green en el alma.


Itzayana Guillén

«Soy Itzayana Guillén, nací en la ciudad de Mexico y radico en Chiapas, soy licenciada en pedagogía de la Universidad Autónoma de Chiapas, he sido maestra de preescolar y secundaria, la escritura ha sido mi confidente, le ha dado voz a mis pensamientos, he participado en la página de poetripiados, y en el festival Mesoamericano de poesía con mis poemas de corte vanguardista, me gusta crear y mezclar cosas sin sentido, con mis letras entraras a un mundo totalmente extraño.  En la narrativa dejo que cada personaje cuente su propia historia».

Con ternura, para ti: Resiste, árbol de Huizache.

por María Daniela Ortiz Soriano

Cuando mi amiga Xime me invitó al pueblo de su infancia, yo estaba acurrucada debajo de mis cobijas. “Paso por ti mañana tempranito, serían 6 horas de camino, hace mucho calor y regresaríamos al otro día”, decía su mensaje. Una pequeña voz en mi cabeza me decía que lo hiciera, así que al otro día desperté, recibí la bendición de mi mamá y al salir por la puerta de la casa familiar, ahí estaba mi amiga esperándome. El auto emprendió su viaje. 

Llegamos a la natal tierra caliente de mi amiga: Michoacán. La temperatura subió de golpe y mi cuerpo comenzó a sentir los cambios de presión. Pero lo que en verdad quiero relatarles de ese viaje (mi primer viaje sin familia o chaperón familiar) es sobre el paisaje que nos rodeó en la carretera.

Para Xime todo el camino era algo hasta cotidiano, puesto que iba seguido al pueblo que la vio crecer, pero para mí, fue como adentrarme en las tierras perdidas de algún relato de Juan Rulfo. “Parece que me trajiste a Comala” le dije entre risas. “Te dije que hacía mucho calor” me dijo mi amiga. Estábamos a casi 43 grados y la fauna de la carretera lo reafirmaba: todo estaba árido, la tierra rojiza levantaba árboles secos con ramas quebradizas, los cerros que nos rodeaban eran grises, todo el monte estaba tan muerto que, al contacto constante con los rayos de sol, los pastizales desérticos se incendiaban casi espontáneamente. 

Ahora estaba en tierra caliente. “Te dije que hacía mucho calor” me dijo Xime, “Pero es la primera vez que veo todo tan seco y muerto”. Ambas nos miramos y comprendimos que muchas cosas dentro de nosotras comenzaban a secarse como la fauna a nuestro alrededor y corrían el riesgo de incendiarse al más mínimo pensamiento caluroso que insistiera sobre nuestra árida esperanza. 

El año pasado nos golpeó como la onda de calor que cae sobre tierra caliente y nos dejó igual de desiertas. Tuvimos miedo, porque todo en lo que creíamos y sostenía nuestra frágil estabilidad emocional, fue derrumbado y parecía que nos quedamos sin apoyo ni esperanza. Incluso nuestras lágrimas se secaron. Ninguna de las dos sentía que algo creciera dentro de nosotras después del abrupto 2020, áridas como el monte de tierra caliente, solo esperábamos el momento en que iniciara nuestro incendio, y sabíamos que no éramos las únicas en pasar esa desertificación, en ser cenizas. 

Mientras más avanzaba el auto por la carretera, tenía miedo de que este viaje con mi amiga, en vez de ser un Road Trip de película donde reiríamos y cantaríamos a todo pulmón, se volviera en otro desestabilizador emocional. La natal tierra caliente de mi amiga parecía aplastarme… pero no lo hizo. Ante mis ojos apareció como una aparición, un manchón de color verde en medio del monte: era un árbol verde y vivaz, cada rama tenía una hoja colorada del verde vida, ofrecía una sombra a sus pies donde pequeñas hierbas igual de verdes crecían. Lo más sorprendente era que ese árbol estaba ahí, de pie, orgulloso y vivo en medio de la desertificación, incluso cerca de un incendio producido por los 43 grados bajo el sol. Era un árbol vivo, que resistía, y la sombra que producía permitía la vida a su alrededor. 

“Se llama árbol de Huizache, creo” me dijo mi querida amiga al ver mi asombro. Era un árbol de Huizache que resistía a las condiciones límite que lo rodeaban y aún así enverdecía orgulloso, digno de vida. 

El árbol de huizache es común en la flora de esa zona, según me contaron, los agricultores suelen tener problemas con ese árbol: resiste a todo tipo de extracción, porque no importa cuánto lo cortes, vuelve a crecer y enverdecer, sus semillas viajan en el viento y si no logra crecer en el mismo punto, crece en otra tierra. También a su alrededor por la sombra que proporciona, permite crecer más hierbas u otro tipo de árboles, e incluso tiene usos como el medicinal contra el dolor de cabeza. 

El huizache es un árbol verde con espinas y pequeñas flores amarillas, se levanta orgulloso en tierra caliente, resiste a las condiciones de sequía e incendios que el monte posee y crece en toda tierra donde el viento lleve su semilla. 

Durante el resto del camino, justo en medio de toda la sequía, ahí estaba el árbol de huizache de pie y orgulloso de su verdor, de sus flores, sus espinas y la sombra que otorgaba, y cuando yo miraba dentro del auto, sentada a mi lado, veía a mi amiga igual de verde que el huizache. Ahora las dos éramos árboles de huizache, con espinas, con flores, orgullosas que resistían. 

Mi pequeño viaje a tierra caliente me enseñó que muchas veces no somos pastizales secos como creemos sentirnos, que somos en realidad árboles de huizache que florecen y son medicina, resistimos a la desertificación y volvemos a enverdecer orgullosas, ofrecemos sombra para que crezcan con nosotras y damos vida frente a la muerte.  A ti, querida lectora o lector, puede que ahora tu panorama sea desierto a punto de quemarse, pero recuerda que puedes resistir como el árbol de huizache lo hace en la carretera de tierra caliente. 

Al regresar de ese viaje, mi amiga y yo nos abrazamos muy fuerte y sabíamos que hacer ahora: resistir, enverdecer y florecer. 

Resistamos, árboles de huizache.

Con ternura, para ti.


María Daniela Ortiz Soriano 

Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la UNAM, y Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de dramaturgia y literatura Mexicana, la escritura creativa, investigación en perspectiva de género y teoría feminista, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.  

Escribo porque me gusta vivir y me gustan las mariposas. 

La miscelánea: De Nada, Cadena de favores y la idea cambiar el futuro

por Fernanda Loé Gómez

Nada importa y por lo tanto no vale la pena hacer nada. Esa es la idea con la que Pierre Anthon comienza a afectar al resto de sus compañeros de clase en el libro Nada de Janne Taller. Esa idea también se aborda en la película Pay it forward o Cadena de favores, en español. Y eso mismo creo que ha pasado por nuestras mentes al menos una vez en la vida. Tal vez hasta se ha transformado debido a la pandemia. A lo mejor pensamos igual que Pierre Anthon o, por el contrario, el aislamiento le ha dado un giro a lo que creíamos del mundo y sobre todo de las relaciones que construimos con las personas con las que lo compartimos, así como con nosotros mismos. 

Empecemos hablando de Nada. Los personajes del libro nos llevan a cuestionarnos el presente y el futuro. ¿Qué es importante?, ¿Qué tiene un significado para mí?, ¿Qué tanto importan las cosas? Ellos, a la par de nosotros como lectores, se ven obligados a tratar de responder esas preguntas a partir del día en que Pierre Anthon se sube a un ciruelo y decide que ya no va hacer nada porque nada vale la pena y, por lo tanto, no tiene sentido. Los adultos del libro, son capaces de ignorarlo, como probablemente nosotros podemos hacerlo todos los días, sin embargo, los niños se enfurecen. 

Lo que dice Pierre Anthon afecta especialmente a los niños porque para ellos significa que, si nada importa, si nada tiene sentido, entonces no tienen un futuro, vivir no significa nada. Bajo esta presión intentan por todos los medios probarle lo contrario, ahí es cuando empiezan los verdaderos cuestionamientos internos. Para eso juntan muchos objetos preciados, sin embargo, no son suyos, son cosas que les prestaron otras personas y por lo tanto no tiene significado para ellos.  He aquí el primer golpe de realidad. Lo que para alguien más es un tesoro, para mí puede ser una baratija. El peso que le damos a los objetos, los hace convertirse en vasijas de recuerdos personales, pero eso no les agrega valor ante el mundo, sólo ante mí.

Es en este momento en el que se ven en la necesidad de ser sinceros. Lo que es importante para mí, es algo que me dolería perder. Bajo esta premisa y a manera de cadena, se empiezan a exigir cosas que saben que el otro aprecia. Sin embargo, el rencor no perdona, y cada nueva petición parece una venganza. La realidad es que así es la vida. Si tuviéramos la oportunidad de quitarle algo que realmente aprecia a esa persona que en algún momento nos trató mal o se burló de nosotros, ¿lo haríamos o lo dejaríamos pasar? Probablemente ya hasta estamos haciendo una lista mental de enemigos con sus respectivos tesoros a despojar. Y aunque creamos que los niños funcionan de diferente manera, la realidad es que son humanos y no son ajenos a emociones como el rencor, el enojo e incluso el odio.

Yo creo que por eso muchos relacionan este libro con El señor de las moscas de William Golding. En este pequeño mundo, los niños demuestran que las relaciones sociales funcionan muchas veces bajo el dicho “ojo por ojo”, lo cual desencadena un espiral de acciones que nunca termina. Además de que, entre ellos, al ser todos niños, las jerarquías funcionan diferente pues tienen la oportunidad de ellos mismos definir lo correcto e incorrecto.

Pensando así, cada petición se va haciendo más y más desmedida, cruzando líneas de las que no hay regreso. Una de estas es la solicitud de Oscarito, el hámster de una de las niñas. Ese es un paso que pone a prueba el carácter moral de todos, que aun sabiendo el probable final que va a tener Oscarito, lo consideran una petición justa al compararla con lo que cada uno ya perdió ante lo que ellos llaman “el montón de significado”. 

Y así continúan las peticiones de objetos que en mi opinión representan diferentes tipos de sacrificios y de valores. Solicitan una alfombra de rezos (que además ocasiona una golpiza casi mortal), un telescopio comprado con los ahorros de toda la vida, el pelo azul de una de ellas, la “inocencia” de otra, el cadáver de un difunto hermano de uno de ellos, un cristo robado, etc.

La cumbre es cuando piden la cabeza de una perrita que ellos mismos van a matar y el dedo de uno de uno de sus compañeros, que obviamente tienen que cortarle entre ellos. Cada petición va llena de más resentimiento que la anterior y sin embargo todas parecen justificadas. La propia protagonista, que tuvo que entregar unas sandalias azules nuevas, cree que su pérdida es la misma a la del dedo de su amigo, por ejemplo. Se justifican entre ellos recordándose lo crueles que fueron cuando cada uno tuvo su turno. Siempre teniendo en mente que la motivación final es demostrarle a Pierre Anthon que han juntado una pila de significado, que vale la pena para todos lo que han sacrificado y que, por lo tanto, el futuro es posible.

El libro nos lleva a cuestionarnos hasta donde estamos dispuestos a llegar con tal de demostrar que no estamos perdidos en la nada. Los niños toman la decisión de vender el “montón de significado”, que en un inicio era basura para la prensa pero que de pronto, por una crítica artística positiva, se convierte en la mayor pieza de arte de la historia. Por lo tanto, se llevan con él la identidad, la religión, la personalidad, la integridad, el miedo, la fe, la patria, entre otras cosas depositadas ahí. Sin embargo, con eso se dan cuenta de que Pierre Anthon tuvo razón todo el tiempo. El montón de significado deja de serlo en el momento en que le asignan un precio, y con eso, un precio a sí mismos, a las cosas que sacrificaron, a lo que fueron capaces de hacer. 

La realidad es que cuando leí este libro muchas de las declaraciones que hace Pierre Anthon me llevaron a pensar como él. A pesar de que por mi personalidad le doy valor sentimental hasta a las cucharas, pocas cosas entrarían en el “montón de significado” y tal vez, como los niños, las vendería a un museo por la necesidad de reconocimiento que creo que todos tenemos, aunque sea en lo profundo de nuestra personalidad. Sin embargo, no sé sí sería capaz de cortar un dedo matar a un perrito por demostrar que la vida vale la pena y el futuro es prometedor.

Ese sopesar entre qué es más importante, si cortar un dedo o no tener futuro, por lo menos a mí me asusta. De esas acciones uno ya no puede deshacerse y aunque se pruebe lo necesario, ¿a qué costo se logró? ¿vale la pena después de saber de qué fui capaz con tal de lograrlo? Aunque hay otras opciones, por lo tanto, me parece buena idea contrarrestar esto hablando de una película que plantea que podemos cambiar al mundo, por lo menos en nuestro entorno inmediato. 

Cadena de favores es una película estrenada en 2000. Protagonizada por Haley Joel Osment, Helen Hunt y Kevin Stacey y dirigida por Mimi Leder pero basada en un libro de Catherine Ryan. La cinta habla de Trevor (Joel Osment, que también protagonizó Sexto sentido), un niño que decide iniciar con una cadena de favores como resultado de una atarea asignada por su profesor (Kevin Stacey) en la que les solicita pensar en una idea para cambiar al mundo y ponerla en marcha. La realidad es que Trevor tiene un ambiente familiar no muy ameno pues su madre (Helen Hunt) es alcohólica y tiene una relación complicada con su ex novio que la maltrata y que no quiere al niño. 

La idea de Trevor es hacer un favor a tres personas para que ellos a su vez hagan tres favores y así se inicie una cadena de ayuda. Sin embargo, su plan no marcha como desea ya que la realidad es que muchos tienen problemas que él no puede resolver. Trata de ayudar a un vagabundo alcohólico y este regresa al vicio, luego trata de ayudar a su mamá emparejándola con su profesor para que ella no regrese con su novio abusivo y finalmente, trata de ayudar a su amigo cuando es golpeado por otros chicos que lo molestaban, cosa que concluye trágicamente. 

Esta película yo la vi por primera vez de manera obligatoria como parte de una tarea que me dejaron en secundaria y no me gustó. Yo me identificaba con Trevor, quería que triunfara y que resolviera los problemas de las tres personas de su lista, pero, sobre todo, quería que su vida mejorara, que su mamá dejara de tomar y que encontrara el amor con su profesor porque el niño era una buena persona con el deseo de mejorar el mundo, para él y para los demás. Sin embargo, me dejó confundida, triste y hasta enojada. 

La realidad es que a pesar de que las cosas no salen como se esperaba, sí genera un impacto en los otros a pesar de su fracaso con la lista. A lo largo de la película se demuestra que Trevor logró esparcir esta semilla de ayuda ya que al final se presentan muchas personas en su casa demostrando que les importa. Aunque el resto sea triste, es reconfortante ver que no pasa desapercibido, que hay más personas que creen que ayudar vale la pena. Creo que es una perspectiva distinta a la de Nada de Janne Teller aunque también nos hace cuestionarnos sobre nuestros actos, creencias y valores.

Como comentario final sobre la película y relacionado al tema de nuestra relación con los otros, en su título original (Pay it forward) va señalado lo que implica llevar a cabo la cadena de favores. Necesitas hacer un favor confiando en que más que recibir algo a cambio inmediatamente, esa persona actuará de la misma forma con quien lo necesite en un futuro. Pagará la amabilidad o ayuda brindada, con ayuda o amabilidad hacia otro. Creo que eso requiere mucho de nosotros, puesto que siempre pensamos en recompensas directas como “si soy amable, me van a atender bien”, “si hago todo lo que quiere el jefe, me van a promover”, o hasta “si me porto bien me voy a ir al cielo”. 

Es en este punto en el que creo que se cruzan las ideas de las que hablé. Jean Pierre piensa que nada vale la pena y por lo tanto no hace nada. Trevor cree que puede hacer algo por alguien, que a su vez va a ayudar a un tercero, y así cambiar el mundo. Y aunque en las dos historias las cosas salen muy diferentes de lo que esperaban, ambos logran plantar una idea en los demás que los lleva a un cuestionamiento profundo del sentido de la vida y de nuestras acciones. Ya sea que vayamos inmediatamente a buscar el objeto que pondríamos en el montón de significado o que pensemos en una idea para cambiar al mundo desde nuestra trinchera, la verdadera importancia recae en ese deseo de buscar, de preguntarse, de poner a prueba la realidad. 

Es verdad que el resultado puede que no sea el que queríamos. Puede ser que lleguemos a la conclusión de que realmente el montón de significado dejó de tener valor para ellos al adquirir valor para los demás, o que pensemos que la cadena de favores va a terminar más rápido de lo que empezó cuando le toque su turno a un político, pero la realidad es que las preguntas que nos hacemos son igual de valiosas que las respuestas que pueden traernos. El intentar hace la diferencia entre lo que es y lo que puede ser, ya sea para bien o para mal.


Fernanda Loé Gómez


Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM.
Formó parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboró en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participó como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Es fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

Memorias de la luna azul: El mundo detrás del papel (o en ésta era tecnológica: el monitor)

por María Fernanda Vázquez Castillo

Antes de seguir me gustaría realizar la aclaración de mi posición como principiante, de la cual se pueden desprender miles de erratas, tanto ortográficas como en mi manera de expresarme; por ello me parece importante aclarar que como iniciada en este medio (no en la escritura, me gusta decir que al menos allí ya tengo una pequeñita trayectoria) espero poder crecer en mi desenvolvimiento con las palabras.

¿Qué significa escribir? 

En términos muy técnicos conocemos la escritura como un medio a través del cual plasmamos ideas, pensamientos, recordatorios, etc.; por medio de palabras. No obstante, cuando uno comienza a adentrarse en la literatura descubre que para un literato escribir significa plasmar mundos, desde el que puede lucir más sencillo hasta el que parece increíblemente fantástico; los límites de aquel mundo son tan inmensos que se le escapan al escritor y llegan al lector.

Es por ello que considero que escribir va mucho más lejos de las palabras, se adentra en la mente y llega a la imaginación, el punto clave de la creación literaria –a mi inexperto, pero sentimental parecer–, pues debido a la imaginación se llega a la invención de estos espacios, que con arduo afán alimentan el deseo creativo del autor y el placer del lector. 

Es clarísimo que no todos los textos son para todos, de allí la enorme oportunidad de ideas, opiniones, diferencias…, en las que no debemos encontrar nada más que estos mundos. 

Puede parecer una reflexión inconexa a todo lo demás, quizá incluso demasiado personal o descabellada, sin embargo, es justo en esa idea en donde se retrata mi punto: la infinitud de escribir mundos.  Idea con la que quiero dejar a cualquiera que lea este pequeño espacio que habla un poco de mí, y con la que además me apoyo para exponer el porque seguiré transmitiendo algunas de mis imaginaciones con todo aquel que guste leerme.


María Fernanda Vázquez

«Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.»

De historias sobre historias

por Brenda Garrido Hernández

Al inicio de la cuarentena, cuando el encierro no se había vuelto algo común, algunas paginas de memes dedicadas a la literatura (por que esas paginas en serio existen) hablaban de las similitudes de la situación de la pandemia actual, con el inicio de la obra de Giovanni Boccaccio, el Decamerón.

Para aquellos que nunca han escuchado hablar de esta obra del 1300; el Decamerón se plantea en el contexto de la peste bubónica, y da inicio con un grupo de 10 amigos que se ven forzados a refugiarse, hasta que la tragedia de la enfermedad pase, y en un intento por mantenerse entretenidos comienzan a contar historias. Podríamos decir que es prácticamente una obra antológica de pequeñas historias unidas por una historia más grande; la del grupo de amigos compartiendo el encierro durante una epidemia.

En cierto modo al analizar el inicio de la obra de Boccaccio, con la situación actual; y a un año de que los memes se volvieran populares entre su pequeño público, puedo entender la razón por la que estos señalaban las similitudes y no por el encierro o el virus mortal que acecha a las afueras, sino por las historias que nos ayudan a sobrellevarlo.

Mientras pensaba en cuales han sido las historias que me han ayudado a mi a sobrellevar la pandemia y todo lo que ha traído consigo; me he encontrado divagando en todas esas historias que están compuestas por más historias. En aquellas que cumplen un formato similar al del libro de Boccacccio. Al menos en la literatura se destacan Los cuentos de Canterbury y por qué no, Las mil una noches con una hermosa Schehrezada contando historias a un rey y así evitar ser asesinada por una noche más. Si exploramos el terreno de las series, encontramos adaptaciones de las anteriores mencionadas en Los cuentos de la cripta, Le temes a la oscuridad, Los cuentos de la calle broca y eso es apenas la superficie en ambos formatos; si llegáramos a incluir al cine nuestra lista sería interminable.

Lo cierto es que, de alguna forma, las historias están en todas partes. Tenemos nuestras favoritas, las que nos dan consuelo, las que nos inspiran. No importa nuestro estado de ánimo, o el medio en el que decidamos buscar; siempre encontraremos una historia que nos ayuden a sentirnos mejor, a empatizar con el mundo y conocer nuevas perspectivas o simplemente a desconectarnos de nuestra caótica realidad. Las historias componen al mundo y en cierto modo a nosotros mismos. Porque por cursi que pueda parecer, nos encontramos hechos de historias, igual que el Decamerón.

Ese será el propósito de está pequeña columna; explorar aquellas historias que nos hacen, que nos inspiran y que en el proceso se han encargado de construir una parte de nosotros; porque citando tal vez a la que en mi caso es mi historia favorita, Doctor Who “Todos somos historias al final, solo hay que hacer una buena”.


Brenda Garrido Hernández

Mi nombre es Brenda, actualmente estudiante de lingüística y literatura hispánica en el futuro espero ser graduada y titulada. Fan y amante del cine al igual que de los libros, de
ahí mi arriesgada elección de carrera. Actualmente y en temporada de encierro ocupo mi tiempo libre refugiándome en la ficción, conociendo historias nuevas y redescubriendo unas
cuantas que ya no lo son.

Flores encendidas: Galatea en la ciudad

por Carmen Asceneth Castañeda

Corta la flor de un tajo,

riega su sangre sobre el asfalto.

Gigante, pesado, sin destino,

va andando.

Su único ojo no ve colores de cielo.

Sus torpes manos no tocan pétalos ni viento.

Sus piernas lo llevan en círculo a la cueva.

Su hambre lo ha convertido en peligrosa fiera.

El Cíclope arrancó a la niña y vomitó su tallo.

Es tiempo de Polifemo

Ulises está perdido, su barco en algún lugar ha encallado.


Carmen Asceneth Castañeda

Ciudad de México (1969). Maestra en Psicoterapia y pasante de arte dramático, con formación en Creación Literaria. Escribí dos poemarios. He publicado en diarios de circulación local y en diversas revistas electrónicas. Conductora del programa “Creativarte” de arte y psicoanálisis. Jurado en 2014 del Certamen “Palabra en el Viento” de poesía. Primer lugar del certamen de Poesía “Palabra en el Viento” en 2012  y 2013. Primer lugar de cuento en el mismo certamen en 2018. Primer Lugar del concurso Nacional de Cuento Convocado por el INEGI en 1995, segundo lugar en 2001  y mención honorífica  en 1995.

Zorro-cómic No.2

por Julia Ivalú


Julia Ivalú

Julia: mujer de raíces fuertes. Ivalú: la primera mujer del mundo para los nómadas esquimales. Julia Ivalú: la primera mujer nómada de raíces fuertes. Calculadoramente impulsiva; nunca aprendió a cortarse las alas. Escritora, poeta y artista audiovisual mexicana feminista. Lic. en Animación y Arte Digital por parte del Tec de Monterrey. Cuenta con el diplomado en Danza Terapéutica Humanística y otro en Antropología del Arte, así como con diversos cursos de Escritura Literaria en Literaria Centro Mexicano de Escritores. Su cuento “La caída de un mago” fue seleccionado para su lectura en el auditorio del Museo Soumaya (2015). Su relato corto “So(m)bras” está incluido en el volumen Vita Contemplativa: Los invisibles, coordinado por el Mtro. José Manuel Suárez Noriega (2017). Su obra “Se acerca un zopilote” forma parte de la antología Teatro Mínimo, colección de la afamada dramaturga mexicana Gabriela Ynclán (2019). Su publicación más reciente “Gatonejos”, se encuentra en el poemario Cuerpo o inferno, compilado por la poeta oaxaqueña Yendi Ramos (2020).

IG: @julia_ivalu
FB: Julia Ivalú – Escritora
Página web: bit.do/julia-ivalu

Pensamientos en prosa: De mí

por Mireya Sáenz Muñoz

Hablar de mí da tedio. Me aburre la cotidianidad, lo habitual me causa repugnancia. Cómo hablar de mí sin sentir esta triste melancolía, esta amarga melancolía. Mi boca no pronuncia mi nombre, mis dedos no pueden escribirlo, mis pasos ya  no me siguen. Todo mi ser busca anularme. He comprimido el aliento en el vestigio de mis palabras, he resarcido  la historia en el linaje de mis poemas, buscando ser yo; no la chica de labios fúnebres con sonrisas de araña, ni la elegida del paraíso con trajes invisibles, sino la nómada que instale su patria en las alas de un poema vagabundo; porque cada noche quiero comerme al mundo en un libro, en un poema, en un verso y de qué me sirve cuando sé que al siguiente día no recordaré nada; mi memoria se burla de mí.

Heredé de mis antepasados alguna inercia mental que me fragmenta lúcida, lunática, sensata, alienada, cuerda, compulsiva, neurótica y serena; pasiones y emociones que me asaltan a medianoche, al amanecer, en el imprevisto de cualquier instante rutinario; me envenenan lo sé, me enferman reduciéndome a escombros que saltan en sus cenizas, y entonces, busco afanosamente rehabilitarme o anestesiarme, medicándome al azar con dos pastillas de trivialidad, cinco centímetros inyectados de “lo importante es que estas viva” y una buena dosis de alcohol para aliviar el escozor de las mentiras que me digo.

Obedezco a mi vista a mi impulso intuitivo de supervivencia, pero tengo prisa de urgencia y acabo llegando a ninguna parte; mi desesperación se ancla a un soñado milagro inexistente que acaba naufragando cada medianoche, cada amanecer, cada instante rutinario. ¿Cómo apropiarme de mí y pertenecerme como lo que soy cuando toda la vida solo aprendí a huir, a esconderme, a ser mi propio juez y el verdugo que mutilaba mi verdadero yo? Quizá  sea tarde para levantar los ojos y colonizar al sol, pero he abierto las puertas para que sus rayos iluminen o calcineren lo que por años le perteneció a la noche; sin embargo, debo decir, que el proceso de mi sepultura cada mañana no advierte al entusiasmo de quienes me rodean, pero sí da paso a las elegías que el pensamiento recita frente a un cuerpo agotado sin ganas de continuar y a unas ilusiones invadidas por el moho. 

Para quienes el  optimismo es solo una esperanza malgastada, nos hace falta valor para abrir los ojos y sacar un pie fuera de la cama ¿Valor? ¿¡Dije valor!? No es valor lo que me lleva a cometer este acto insulso y rutinario, tan solo me dejo arrastrar por el instinto de sobrevivir, por el deber que llevo a cuestas; me obligo a cumplir con el rol que me tocó interpretar en esta obra de teatro; quizá por eso prefiero las noches, porque allí encuentro un poco de silencio y soledad, de descanso y letargo, de trincheras adornadas a mi gusto, pequeñas simulaciones exequiales que me hacen sentir en el lugar adecuado; también porque existen noches de euforia y olvido del tiempo cargadas de éxtasis, música y licor, pero las mañanas todas son iguales. No quiero levantarme, no quiero mirar al sol ni enfrentar la vida, no quiero gesticular una palabra ni dar un paso fuera de mí. 

No me levanto cada mañana resucitada para apreciar el esplendor de un nuevo día, me levanto para limpiar un poco  mis cenizas y hacerlas presentables ante este prometedor  falso espejismo, entonces no es valor lo que me mueve, es resignación y cobardía, es mansedumbre y miedo; por eso marcho con pasos anclados que renuncian y arrastran la misma cadena, deseando romper los vendajes que un día curaron y ahora  son armas, abandonando los afanes para quitarle al día un poco más de lo que él me roba a mí.



Mireya Sáenz Muñoz

Mireya Sáenz Muñoz nació en Villavicencio Meta, Colombia.
Autodidacta en el mundo literario. Asidua lectora y escritora de poesía
y pequeños relatos. Ha participado en concursos de revistas literarias
en diferentes países, en donde ha sido publicado su trabajo; también
hace parte de antologías como Hoja en blanco relatos de este mundo
y de otros y Cuarto para Medianoche de Argentina. Ganadora del
concurso de relato erótico del grupo Lectores y editorial Harmonía.
Facebook: Mireya Sáenz