El ojo de Lya | Lety Ricardez y la esencia poética de La Retratista

En el camino del aprendizaje del oficio de la escritura, hay un privilegio inherente a ser lectora y escritora: conocer la versión naciente de una obra, la semilla de una historia que germinará con el pasar del tiempo y de las palabras, hasta dar fruto en la obra publicada, con frases y líneas finamente plasmadas en el papel.

Este es el caso de La retratista. Tengo el gusto de conocer a Lety Ricardez (Ciudad de Oaxaca, 1949) desde hace ya siete años. Coincidimos en un taller de escritura creativa, el primero al que yo asistía. Lety y yo éramos las únicas mujeres; sin embargo, ella ya denotaba mucha experiencia. Su prosa era puntual, ágil y, sobre todo, inmersa en sonidos poéticos. El texto que llevó a aquel taller dibujaba a una ancestra, una abuela, una niña, una mujer y una voz narrativa que contempla, sabe y expresa.

No fue sino hasta el verano de 2025 que aquella historia se concretó en una publicación editorial, bajo el sello de Carteles Editores. El arco narrativo de la novela ahonda en una historia familiar; sin embargo, es la sonoridad lo que hace destacable esta obra: la potencia poética de los versos y frases que la escritora construye con destreza, una destreza forjada a través de su experiencia como poeta.

Conocemos la historia de Luz; la abuela, la matriarca, el seno del cual parte la descendencia y la historia, unida en deseo y amor a Don Aarón García. De esta dupla nacen varios hijos, uno de ellos, Darío, el rebelde y jovial, que halló la muerte un domingo, cuando por la simpleza de cambiar el rumbo de sus pasos cruzando la calle fue sorprendido por una bala perdida que lo desbarató, a él y a la madre.

Lety Ricardez conmueve e impacta con una prosa única que entrelaza dulzura y crudeza. Leer La Retratista es adentrarse en un estilo cercano a una ensoñación, un paisaje de personas, modos de vida y conflictos que transporta a las y los lectores a sentires equidistantes, desde la alegría hasta el desasosiego.

La trama toma a Consuelo como eje conductor de la mayor parte de la novela. Ella es hija de Gloria y David, otro de los varones de Aarón y Luz. La infancia de Consuelo y sus hermanos, por diversas razones, fue depositada en el hogar de sus padrinos, La Güera Landeros, tan memorable como su nombre. Esta parte de la narración es una de las más nutridas y conmovedoras, dejándonos ver la rutina de una mujer que amó y protegió como propios a hijos que no lo eran.

La voz narrativa es femenina y omnisciente; conoce el hilo sanguíneo de todos los que integran esta familia, pero, aunque forma parte de esa estirpe, su llanto al nacer aún no se ha escuchado.

Lety Ricardez se integra a las letras oaxaqueñas de este 2025 rompiendo los esquemas tradicionales; defendiendo un estilo propio, poético y contundente. En La Retratista nos hace partícipes de un linaje que se mueve en el deber ser, el deseo, el amor, las palabras y el destino.

Publicado por Liana Pacheco

Liliana Ruiz P. Escribe bajo el seudónimo de Liana Pacheco. Estudió licenciatura en Administración. Lectora ferviente que emprendió a escribir sus propias historias.

Un comentario en “El ojo de Lya | Lety Ricardez y la esencia poética de La Retratista

  1. Liana aqiuí estoy agradecida por tu publicación. No cabe duda que la Retratista nació bendecida. A pesar de llevar el peso de dos nombres, el otro es Hacedora de alebrijes, se las apaña para sentirse ligera, yendo de un lado para otro, compartiendo las palabras y su música. Toño Pacheco y tú fueron amigos desde el primer momento en aquél taller y me sentí cobijada. No surgió nada para la Retratista, ni siquiera porque Consuelo estuvo presente pero mira ya estamos aquí viviendo el momento y anhelando el futuro inmediato. Y ya tenemos Vínculos Íntimos que se acercan atropellando los días con sus ansias de llegar…

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