Por Illari Alderete
Hay veces que cuando despierto, vuelvo a escuchar esas voces que me juzgan por permanecer acostada y no comenzar el día.
Paso 1. Levántate y tiende la cama. Paso 2. Báñate. Paso 3. Haz el quehacer. Paso 4. Haz el desayuno. Paso 5. Limpia la mesa. Paso 6. Lava los trastes.Paso 7. Arréglate. Paso 8. Ve al trabajo. Paso 9. Trabaja. Paso 10. Trabaja. Paso 11. Come. Paso 11. Trabaja. Paso 12. Vuelve a casa. Paso 13. Prepara la cena. Paso 14. Cena. Paso 15. Lava los trastes.Paso 16. Lávate los dientes y la cara. Paso 17. Duerme.
Repite…
Esa fue mi rutina a los veintitantos, se construyó mediante regaños. Tuve la fortuna de nacer en una familia “productiva”, “trabajadora”, yo, que desde que recuerdo, estoy fatigada. En el rigor del deber, la infancia no fue tan placentera porque me forjé algunos hábitos que iban en contra de mi propio bienestar, como desayunar hasta que la casa estuviera limpia. Así que cuando me enfermé de hepatitis y ordenaron reposo y aislamiento por 40 días, no sufrí. Me la pasé viendo televisión y aprendiendo las canciones de los programas infantiles, quizás ahí esté la raíz de mi amor por las películas, series y podcast. Quizás también allí nació mi afán por la soledad, ese trozo de tierra que me permitía no hacer nada sin culpa.

Cuando me mudé a vivir sola experimenté el sabor de la libertad, pero también el peligro del caos. Al principio mi rutina era extenuante. ¿Cómo era posible que yo me sometiera a esos rigores? Recuerdo que en mi afán del deber: me levantaba a las 4 de la mañana, me bañaba con agua fría y salía a trabajar, no sólo eso, en mi trabajo hacía los ensayos que debía entregar en la universidad para aprobar. No había tiempo para relajarse.
Me gusta la palabra “des-cansar”, quitar lo cansado. Cansan la rutina, los trastes, las obligaciones, lo impostergable. Me he vuelto procrastinadora de oficio. Cada que inicio algo tiene que haber un ritual que me prepare para trabajar, aunque eso resulte más agotador. Procrastinar para mí significa hacer otras cosas, menos lo que me resulta en “deber”; lavar los trastes, tallar el excusado, barrer, doblar la ropa, organizar mis listas por colores, poner porcentajes en ellas, clasificar mi ropa, ver alguna serie, escrolear, de todas, creo que esta última, es con la que más peleo, me fastidia pero lo hago. Sé que quedo frita por tanta información que no lleva a ningún lado. ¿Por qué no puedo pausar todo y simplemente estar en paz?
Descansar proviene del verbo latino campsare que significa desviarse del camino, algunos lo interpretan como un reencuentro con el “camino verdadero, con la senda del bienestar.” 1También en la biblia se señala un tiempo sagrado(del descanso y del festejo, es decir, del sentido de la vida) y un tiempo profano(del trabajo, la producción, o sea, del sostén de la vida)2, ¿en qué momento invertimos el papel de las cosas’, ¿cuándo convertimos “el producir” en el sentido de la existencia?
Esa ausencia del tiempo pausado, tal vez nos ha hecho perdernos, podríamos pensar en el ocio, ese tiempo de fuga, ¿en dónde más surge la creatividad si no es ahí y no en la mecanicidad del trabajo?, ¿por qué no me permito parar?
Recientemente me recomendaron reposo por quince días, “procura dormir”, “no hagas nada”, me dijeron. Los trastes acumulándose, la comida por hacer, la casa por limpiar, los trabajos que leer, hicieron imposible la encomienda. “Si no paras” vas a tener un tratamiento más fuerte”, señalaron. Me sentí derrotada en la lucha contra mi mente que me decía “si no limpias y ayudas, quienes te ayudan se van a cansar de ti”, “sólo termina de trapear y ya”, “no te cuesta nada limpiar los muebles”. ¿Sólo me pasa esto a mí?, ¿sentir culpa por enfermarme y no poder trabajar como todos los días? Escuché que existe el síndrome de la cuidadora, que se caracteriza por un estrés elevado y la tendencia a descuidar la propia salud. Pensar en el otro pese a que una está mal. ¿Cuándo me robaron la capacidad de pensar en mí misma?

Aún así, en el tiempo de reposo logré leer “El pabellón del descanso” de Amparo Dávila, que trata sobre Angelina quien dedica todo su tiempo a cuidar a los otros, hasta que enferma y termina en el hospital siendo cuidada, allí descubre los beneficios de reposar, puede dedicar su tiempo a comer, a platicar, a observar. También me pasó que, por fin, pude empezar a armar el rompecabezas del Roulotte de Remedios Varo, recuperé un pasatiempo perdido. Pude ver algunas películas como La vida soñada de Miss Fran(2023) de Rachel Lambert en la que Fran sueña una y otra vez con su descanso eterno, pero en el camino alguien toma su mano y la despierta y Tomates verdes fritos (1991),que se basa en la novela de Fannie Flag, cuya historia se centra en mujeres que salen de las convenciones de su época y mediante los cuidados mejoran la vida de su comunidad. Cuidar no es malo, posiblemente el meollo sea cuidarse a una. Sé que no poder descansar sin culpa no está sólo mi mente, sino en un sistema, en el que la mayor parte de nosotras debe producir y consumir para mostrar qué tan exitosas somos. Habrá que dejar que los demás nos tilden como quieran; mujeres huevonas, inútiles, inservibles, sucias, con tal de reposar un poco.
Con este texto quiero hacer un exorcismo para alejar la culpa por relajarme, descansar, reposar, lagartijear, rascarme la panza, mirarme el ombligo, para retornar a la senda del bienestar y para recordar que el ocio es “La Madre de todos los vicios” y que los vicios son placenteros…
- DomésticosShop. “Zanotta y la etimología del descanso” https://www.domesticoshop.com/magazine/zanotta-y-la-etimologia-del-descanso/ ↩︎
- Jesús de Prado Plumed. “El mundo como descanso” en Revista de la Universidad de México.
https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/e38a741b-51b5-4bb9-9e2d-57df8beda88a/el-mundo-como-descanso
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Illari Alderete
Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.
