Letras Revueltas|Desde las regaderas

Por Illari Alderete

Era mi primer día, nadé lo más rápido que pude y aún así quedé en último lugar. Hace 15 años que no tenía tiempo ni dinero para ir a nadar. Siempre me pareció que nadar era un acto sumamente bello pero costoso, lo había visto en varias series y películas. La protagonista necesitaba pensar, estar a solas y en la siguiente escena aparecía en su piscina privada, de noche, con una copa de vino y lista para nadar. Se quitaba la bata y se lanzaba al agua, buceaba hasta el fondo, la cámara la enfocaba desde arriba y ella atravesaba la piscina sin que un solo pelo se le moviera. Al día siguiente, la personaja, de algún modo ya tenía la solución a sus problemas. Un ejemplo es la escena en Sailor Moon en la que Amy (Sailor Mercury) está preocupada porque todas piensan que su única habilidad es estudiar, incluso Serena que odia la escuela. Amy se descubre en el agua, gracias a Michiru, como un ser multifacético que aún no termina de conocerse. 

Organ Chutcha, Ami swimming sailor mercury. Pinterest.

Nadar para mí se ha convertido en un lugar para conectar con mi cuerpo. Una se zambulle y sólo escucha sus sonidos, que para mí suenan iguales a los de los ewoks, o al inicio de la canción Cannonball de The Breeders, suelto el aire y allí está, mientras percibo el burbujeo que explota en mi cara. Me pruebo a mí misma y me observo en comparación con mis compañeras de alberca, casi todas cercanas a mi edad o mayores. Me admira ver a tantas mujeres nadadoras, experimentando con su fuerza, teniendo la disciplina para continuar en días con frío, o cuando el entrenador nos deja nadar 750 metros sin descanso. Las observo y me siento impulsada a continuar aunque el agua se me haya metido en los pulmones. 

Al inicio se puede notar que mi asociación no estaba tan equivocada.

Al salir ocurre una especie de comunión, todas nos dirigimos a las duchas para bañarnos. Allí convergemos todas. En ocasiones somos muchas esperando a que se liberen las regaderas, pero algo pasa que no se convierte en una competencia por ganar, al contrario, es un espacio en el que me siento cuidada, de repente una mano sale de la ducha y me dice que me meta, me da indicaciones: «el agua fría sale si cierras la llave» o «cuidado, está resbaloso» u «hoy no hay agua fría», todas platicamos de nuestros problemas, de nuestros aprendizajes en la alberca pero allí, aunque estamos desnudas, no tenemos miedo. Todas nos ayudamos. ¿Pasaría lo mismo si los baños fueran mixtos?¿Existirá el momento en el que la desnudez no tenga implicaciones sexuales, ni signifique una puerta para dominar al otro u otra? ¿Tendremos baños neutros? ¿Podremos compartir las risas y los cuidados con los hombres? Por ahora, en nuestros baños no existe el chiste sobre el jabón.

Si me pongo a pensar en la solidaridad en el cine, me vienen a la mente cuatro películas, la primera se llama El baño de Zhang Yang. Recuerdo que iba en la licenciatura cuando la vi por primera vez, quizás ese sea el origen de este ensayo, es una comedia dramática, en la que se habla del progreso en oposición de las tradiciones; la regadera (individual) vs el baño en tina (comunitario). En la historia Daming, hijo del Sr.Liu, que es el dueño de los baños, es un extranjero en su propia comunidad, su padre y su hermano, Erming, le ayudan a integrarse de nuevo, incluso a volver a los placeres de una vida tranquila. En el baño surgen las relaciones interpersonales que unen a la comunidad. Al tratarse de un contexto no occidental, al menos en la película, no existe el temor de los hombres de verse desnudos, de tallarse la espalda, de compartir el baño, de cuidarse los unos a otros. La película pondera que tomar un baño es un privilegio que se ha perdido con la Modernidad y el Capitalismo. ¿Recuperaremos el placer del baño?

Si tienes tiempo de verla :3

Hace un año, mi pareja y yo viajamos a Costa Rica, fue un viaje valioso para mí porque fue mi primera salida del país, viajamos al Caribe para nadar, al inicio sentí mucha emoción pero con el tiempo empecé a sentir miedo porque en ese lugar éramos extraños; nos convertimos en «los mexicanos» con todas las cargas ideológicas que esa etiqueta tiene sobre personas morenas como nosotros. Hubo algunos malos entendidos, nosotros y nuestro afán de desconfiar de todo y de todos y los ticos con su forma tan directa de decir las cosas. En pocas palabras, no teníamos nada de qué temer. En algún momento, cuando empezaba a extrañar la amabilidad de los mexicanos, aparecieron las mujeres costarricenses, con su alegría y sus cuidados, a alegrarlo todo. En un viaje de regreso a San José en autobús, no alcanzamos lugares, sin embargo, una mujer, la esposa del chofer, tomó a su nieto, lo sentó en sus piernas y me cedió el lugar. Durante el trayecto de 4 horas, Celia me contó su vida, hacía bromas y se reía conmigo. Me compartió cajeta, empanadas de queso y me dejó dormir cuando me vio cansada. Agradecí su solidaridad conmigo, es algo que surge de manera espontánea entre las mujeres, al menos con las que yo me he encontrado. Así que en ese momento dejé de extrañar la amabilidad mexicana.

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Playa Cahuita/Punta Uva

La siguiente película es Martha de Marcelino Islas, que nos cuenta la historia de una mujer, Martha, que luego de 40 años como archivista es despedida de su trabajo, por eso decide quitarse la vida. La película se filmó en Tulyehualco y sus alrededores. En la historia, Martha tiene una rutina establecida, cuida de su vecina que es un poco mayor que ella y de una planta. Lo que cambia el rumbo de su vida es la aparición de Eva, quien la acompaña en su decisión de quitarse la vida. ¿También en esos momentos necesitamos de la solidaridad? Miriam Toews lo plantea en su novela Pequeñas desgracias sin importancia, es una obra íntima en la que cuenta sobre su hermana suicida, que al final le pide ayuda. Esta es la trama de la novela, ¿hasta dónde debe llegar la solidaridad? 

Martha

Otra película que no tiene mucho que vi se llama Caminos Cruzados de Levan Akin en la que se cuenta la historia de Lia que busca a Tekla, la hija trans de su hermana; para encontrarla recorre Estambul, durante la historia vemos a otros actores que se solidarizan con la causa de Lia, la mayoría de ellas son mujeres trans, quienes le dan señas, la invitan a comer y la sensibilizan ante los problemas que ellas viven en Turquía. 

Por último, me gustaría mencionar a una de mis heroínas que además de ser solidaria es fuerte, valiente y una líder, me refiero a Ripley quien por lo menos en Aliens y Alien: Resurrección hace alianzas con mujeres para salvar al mundo del monstruo de la guerra capitalista que representa Weyland-Yutani. Sigourney Weaver (Ripley) también es una buena nadadora, su esposo es de Hawaii y puede sumergirse bajo el agua durante seis minutos, me pregunto ¿si algún día podré estar bajo el agua durante tanto tiempo? ¿Si en el futuro galáctico las mujeres seguiremos nadando, bañándonos y ofreciendo calma al universo?

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

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