Siempre llegará mayo por Jeanne Karen en La máquina verde

Abril puede ser el mes más cruel, si recordamos el primer verso de Tierra Baldía del poeta T.S. Eliot, sin embargo en ese tiempo las lluvias preparan la tierra para soltar las cosechas de mayo. Entonces mayo es el mes más dulce, más fértil, el mes de la vida.

En el lugar donde crecí, es el momento en que el maíz está listo. Granos suaves, ligeros, llenos de agua. Elote para asar, todavía envuelto en su traje de hojas largas, verdes. La fosforescencia recorre los campos, el hambre y la sed.

En mayo levantamos lo que sembramos, pueden ser frutos, recompensas o palabras. Es el mes en que se ve de qué estamos hechos, de qué ha servido nuestro esfuerzo a lo largo del año; es mi marcha, así aprendí a laborar desde pequeña, así aprendí a recoger lo que con todo mi esfuerzo planté.

Las personas que estamos ligadas a la vida rural tenemos un sentido de las proporciones más natural, que no conlleva tanta formalidad: vemos correr al río, podemos percibir cuando el sol se hunde en el horizonte, mientras las aguas crecen, y el mismo río forma otro paisaje. La belleza nunca es la misma, no es estática.

La gran metáfora, la primera que entendí viene de la tierra y de mis padres, viene del mes de mayo, de cuando las lluvias lavan la milpa y se puede por fin recoger lo que se ha sembrado con todo el sacrificio. Humedad de sudor y llanto, esa es nuestra historia.                            

El trabajo del campo es infinito, sin orillas, no da tregua, un día que el campesino no ve su parcela es día perdido, día que puede significar la instauración terrible de una plaga; día que no me levante con toda la energía y amor por lo que hago, día que se pierde una línea, día en que los pensamientos no germinan.

Crecer en el campo es tener una visión particular de la humanidad, es haber tenido la fortuna de vislumbrar ciclos y haber conocido de milagros, es levantar la mazorca luminosa con su justo gramo, el peso de un esfuerzo que está por encima del entendimiento, porque para el campesino es a veces solamente el anhelo y la pasión lo que lo mueve, sí, también al poeta.

No podemos saber si habrá buen fruto cuando recién se ara la milpa, cuando aparecen los pedruscos y las raíces necias de la mala hierba, no se puede saber si las estaciones serán propicias, pero lo que sí es cierto es que siempre llegará mayo.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

Publicado por jeannekaren

Poeta y escritora.

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