Hay días en los que no se antoja nada, ni escribir, ni dormir, ni levantarse, días en los que todo parece eterno, pero eterno estático, hasta las ráfagas de viento son repeticiones de otras ráfagas, de otros años, de otro tiempo. Mañanas en las que sale el sol para anunciar un triste comienzo, el terrible inicio del primer acto, el cero, la simpleza del todo.
Y sus tardes, tardes en que ni el polvo de las calles se levanta, tardes en las que los gatos no mueven sus tupidas pestañas ni abren los ojos como la metáfora de una espesa oscuridad que viene de cada rincón, de cada entraña. Tardes en las que el hambre no aprieta, ni aparece, que ni siquiera le importa ya, si tenemos o no tenemos alimento; hambre que es como el miedo, se mueve, comienza haciendo un hueco en el estómago y no es derrotado, sube por todo el cuerpo, es el viaje de la sangre o el instante en que cae un párpado. Tardes para no hacer nada, más que sostener un teléfono celular en la mano, un libro o una taza de té. Tardes para recordar y caminar sobre nuestros pasos, rumiar la rabia. Tardes para caer sobre el sofá de la sala mientras se acerca el último vendaval. Tardes que no se detienen, los relojes que no paran, la mayor tristeza de Auden. Tardes como el eco de los chorros de agua, la no presencia de algo. Un sonido, un frío que recorre la piel mientras el sol está tieso sobre un cielo deslucido; el sol, casi imperceptible con su traje de color plata entre nubes grises y negras. Tardes en que nada cae, tardes ausentes del ocaso en tonos dorados, tardes para quedarnos como las moscas, pegados a un vidrio de la ventana y la luz que no se va.
Y las noches, ruido que revienta en la sien, venas delgadas que se alteran, ojos que quieren con una mirada, descifrar todo lo que se rompe. Noches de gloria, noches para no dormir, para iniciar un viaje o noches para la poesía. Las de la premonición, las noches de la locura. Noches para morir de sed y que la boca seca nos levante de donde estamos para contemplar la larga y oscura cabellera del firmamento, porque ni una estrella se ha atrevido a asomarse, por temor, por venganza, no lo sé. Noches en las que cada pequeño ruido es una emboscada, un enemigo que viene a sorprendernos.
Las horas simplemente no terminan, planas en el final de los tiempos, desierto que nunca se cierra. Por último, el tiempo se revela como él mismo o como ella misma; quizá sea ella, con una carcajada, ella con el destino en la palma de su mano, ella con sus piernas para el baile en la pista del infierno, ella como la relojera perfecta de mil ojos y sus hijas que no se mueven. Horas como la ansiedad de un grito pero sin escándalo. Horas vacías.
Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

