Doritos y Coca | Sin título 2024

La sangre dice el futuro y a mí se me caerá la cabeza.

Mónica Ojeda

Por Silvia Santaolalla


¿No es el duelo una emoción invisible? Yo quisiera ahora quitarme los zapatos y salir a la calle descalza. Ser niña de nuevo y comerme la masa con la que cocinabas. Ser adolescente de nuevo y que me trenzaras el cabello. ¿No es el duelo una locura personal? Poética, caótica, primitiva.

En 1991, Félix González Torres llenó Nueva York con la imagen de una cama vacía. La cama que compartió ocho años con su pareja Ross Laycock. El duelo es esa emoción invisible que permite que mientras el cubano conmemoraba la muerte de su amor, la gente paseaba indiferente a la imagen de una cama vacía. ¿No es eso el duelo? Que mientras yo escribo esto en las escaleras de la casa en la que crecí, la vida sigue para todos los que son ajenos a lo que te pasó. Los problemas cotidianos siguen, los misiles estallan en otras partes del mundo, la gente llega cansada a sus casas, los mensajes se me acumulan, los memes llenan las redes. El duelo es esa niebla que solo es visible para los que perdemos a alguien. Mientras nosotros lloramos y nos abrazamos pensando en ti, allá afuera la vida es indiferente a la muerte.

Al duelo se le gana con algo pequeño a la vez. Levantarse de la cama, comer algo, lavarse los dientes. Pero yo tengo ganas de gestos grandes, como abrirme la piel. O arrancarme el cabello. Hundirme las uñas en la carne. El duelo es una emoción invisible pero también egoísta. Porque yo quisiera que tú estuvieras aquí y nada me doliera. O en su defecto, que a todos les doliera el alma como a mí. Una locura, porque yo he reído cuando otros sufren. Y porque tú en vida decías hija pon música, hija cuéntame un chiste, hija te voy a contar una historia.

Hace un par de meses que no podía escribir. Yo sabía que era la ansiedad de que tú morías y yo llenaba páginas enteras de palabras sin sentido. También supe que no iba a poder hilar una sola frase hasta que todo terminara. Jamás te había escrito algo en la vida, nunca supe atravesar tus ojos verdes a veces traviesos, a veces tristísimos. Al final tu cara ya no era la de la mujer de mi infancia que nos preparaba café bien caliente y bien cargado para que remojáramos galletas dulces.

El duelo es eso que pasa cuando tú ya no estás pero yo sí. Y solo me quedo deseando que veas a Héctor, que veas a mi abuelo, que un día seamos hogar otra vez.

Silvia Santaolalla, habladora, malcriada y rebelde. Escritora y artista visual. La primera de las dos ñañas siamesas. Su trabajo aborda temas como: el género, la sexualidad y el cuerpo. Ha sido publicada en las revistas: Marabunta (2018), Gata que ladra (2019), Punto de Partida UNAM (2022, 2023), Página Salmón (2022), Especulativas (2022).

Publicado por Laotrasilvia

Malcriada, habladora y rebelde ❤️‍🔥

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