Grietas aterciopeladas // La dueña de la jauría: el milagro de ser, por fin, visible

Enola Rue Al final, lo que nos gusta no es el monstruo, sino el alivio de ver que alguien más se dio cuenta cuán roto puede estar el mundo. Y que, a veces, romperse es la única forma de que entre un poco de luz, aunque la luz sea negra. La Tosquera no es unSigue leyendo «Grietas aterciopeladas // La dueña de la jauría: el milagro de ser, por fin, visible»