Por Arizbell Morel Díaz. Cuando María José leyó “El Cascanueces” de Hoffmann lo primero que pensó fue en el Castillo de Chapultepec. Ella nunca había salido de la Ciudad, del Distrito, sus días y sus horas plagados indudablemente del smog urbano que en algún momento terminaría por invadir hasta el último de sus bronquios ySigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I El Castillo de Chapultepec.»
