El blues de los platos rotos

por Stephany Peña

Somos la diatriba maldita,
El Blues de los platos rotos,
el rencor que se sirve a diario
junto a una taza de frijoles fríos

Somos un sucio y terrestre rincón
que los ángeles no recuerdan,
ese que rezó sus plegarias
y llegaron a un dios equivocado

El país de las bestias infantes
de las cosas grises y gastadas
ese punto entre el silencio
y los incesantes gritos sofocados

Donde se quedó desamparada
hasta la Virgen de las manos tibias
y sus huérfanos buscan refugio
en la intersección de sus obtusos

¡Sí, el blues de los platos rotos,
y así bailamos moribundos!
siempre acariciando sin quererlo
nuestra resignación a la soledad.




Stephany Peña
«Nací el 9 de abril de 1998 en la Ciudad de México. Cursé la preparatoria en la Escuela Nacional Prepatatoria 3, tengo un grado técnico en Enseñanza de Inglés y actualmente estoy en sexto semestre de Comunicación y Periodismo en Fes Aragón. Entusiasta de la música fea, la poesía, lo oculto y casi toda clase de arte. Feminista. Actualmente escribo para Vía MX.»

Imagen que contiene persona, pared, mujer, interior

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Rito somático

Marisabel Macías

El tiempo de este encuentro se escurrió mientras nos leíamos el cuerpo; sin duda se nos pasó leer los cuentos, quedaron pendientes como siempre los de Chéjov. La pasamos en un bar o en la cama, y no me parece mal, a su lado me gusta experimentar, me gusta amar.  Bailar y fumar yerba, hasta volar.

Esta visita se nos fue comiendo, cogiendo y bebiendo.  Hay gerundios que apasionan. Me encanta crear juntos el tiempo, aunque sea para luego separarnos. Lo nuestro es un rito somático, metafísico.

Todos los días fueron maravillosos, pero la última noche fue inusitada, fantástica. Pasaban de las doce y nosotros semidesnudos sobre la cama, con una charola de panecillos dulces, probando uno y otro y otro, haciendo muecas y sonriendo; extasiados con los sabores de nuestros deseos. Lamiéndonos los excesos de las mermeladas, lo betunes y los chocolates. Embarrándonos las miradas. Esa noche nos rodearon las tazas de café y el humo que parecía ascendente cascada.

Nos convertimos en seres de jalea, en el dulce de la madrugada. Las relamidas fueron la música de la fiesta de despedida. Me encanta que sea festivo. Me gusta habitar su recámara, danzar sobre su cama, ser su soberana.

Esa última vez quisimos actuar, en una noche, todas las rutinas de la vida. Fuimos cándidos, intensos y enamorados. Fuimos los rituales de los días fundidos en intentos de cercanía. Coleccionistas de “primeras veces”, encuentros y despedidas.

Recuerdo que a mitad del banquete se nos antojó escuchar música, él me dedicó “Only For You” de The Heartless Bastards; el rumbo de las horas persiguió a Eros de otra forma, comenzamos a trazarnos, a besarnos el cuello y los cabellos.

Terminamos conmigo encima; con él dentro. Acariciados por la semilla de los dos. Por el río que ambos somos. Esa última noche alimentamos todos los sentidos. Nos despedimos para volver a coincidir siempre, aunque no sea corporalmente.




Marisabel Macías Guerrero (Mar), Sinaloa (1986). Sudcaliforniana por convicción, y habitante apasionada de la Ciudad de México. Filósofa feminista, lectora entusiasta, escritora, tallerista y promotora de cultura independiente. Amante del café, los libros y, muchas veces, la soledad y el silencio.

Hermandades

Lucía Medina

Cuento para dormir
Desperté y encontré a mi hermanito al pie de mi cama, lo hace siempre que tiene miedo. Se siente solo, aún no comprende que no puedo visitar su tumba por las noches.


Estación de tren
El chuchú del tren me despierta, como cada madrugada desde la noche en que atropelló a mi hermano, yo no quería aventarlo, lo juro.


Canicas
Mi hermanito siempre quiere jugar, yo no, ya le dije que las pondré todas en la ofrenda,
como si las hubiera ganado.