por Carmen Macedo Odilón
Como tantas veces al día, Facebook me distrae a la vez que absorbe mi escaso tiempo libre. No sé si hasta el punto de enajenarme, puesto que todo lo que pudiera interesarme del mundo actual está ahí reunido: amigos, asuntos escolares, noticias, lo viral, compras y hasta activismo. Seguramente no soy la única que pasa de la diversión a la indignación con solo un desliz de dedo a través de la pantalla táctil de un celular o con un sinfín de clics frente a la computadora. Por ejemplo, hace poco leí esta frase en un ensayo de Luisa Possada Kubbisa: “Las mujeres son cuerpo”, y es interesante, porque previamente un par de ideas entorno a este tópico me dieron vueltas en la mente cual torbellino rabioso, y todo gracias al querido y a veces odiado Facebook.
Una publicación casual, el video de una chica que de más joven se sentía acomplejada por su cuerpo delgado, razón por la cual se adentró al culturismo y ahora exhibe su turgente musculatura en páginas fitness. Las reacciones variaban: caritas de asombro de mujeres que expresaban su admiración por el arduo esfuerzo de una vida dedicada al gimnasio, algunos corazones y likes, el resto correspondía a las caritas burlonas, cuyos dueños escudados en el anonimato y la distancia del Internet escribieron la siguiente frase: “tiene cuerpo de hombre”. De inmediato pensé: seguro a la mujer en cuestión le brotó pene, y próstata, su pelvis se estrechó, las glándulas mamarias desaparecieron de su torso y en el cuello le brincó una abultada manzana de Adán, ¡malditas pesas y ejercicio de alto impacto! ¿Para qué existen las “operaciones de reasignación de sexo” si con una rutina intensa de pesas y estrictos hábitos de ejercicio una mujer, a criterio de los usuarios de Facebook, es suficiente para convertirla en hombre?
“Perdió la feminidad”, porque salió del molde de cualidades y comportamientos que se cree, caracteriza a una mujer. Sí, pero este constructo social en el que nos encasillan incluso antes de nacer, cuando los padres anticipan ropa rosa y aretes para las niñas, no aporta más que limitar el espectro de posibilidades en que las mujeres podremos más tarde desenvolvernos. El resultado de apegarse a un término como feminidad es considerar otredad, rareza y desconcierto a una mujer que hace rutinas de pesas para definir sus músculos.
También leí “dejó de ser mujer”, y las palabras de Possada “las mujeres son cuerpo” me llevaron a imaginarnos solo como una carcasa de atributos físicos que se juzga únicamente con la mirada, y que, pese a todo, la aprobación social o el reproche de sus espectadores resultan insuficientes para cambiar la realidad de hembra humana.
A Sophie Arvebrink, la joven culturista, la tacharon de exagerada por romper los estándares de belleza con un cuerpo tonificado, le llamaron fraude porque hay quienes consideran que su masa muscular es resultado del uso de esteroides. Más de uno escribió “lesbiana”, como si el culturismo fuera un estilo de vida exclusivo de las lesbianas, o bien, como si la orientación sexual fuera un insulto.
De la mano con la frase “cuerpo de hombre” el otro común denominador de los comentarios es la pérdida de la fragilidad: las sutiles y suaves formas del cuerpo de la mujer, “delicado” fue el adjetivo más empleado como sinónimo de lo femenino, aunque me dio la impresión que en realidad deseaban escribir “débil”. Entonces mi mente colapsó cuando hilé este asunto de la feminidad con otra publicación de Facebook que me dejó largo rato intranquila. Un típico post machista, en una típica página machista que de repente se hace viral: por un lado, una imagen de mujeres sonrientes, maquilladas, que usan vestidos ajustados, la contraparte: encapuchadas, manifestantes y mujeres con el torso desnudo. Al pie de las fotografías se lee siguiente frase: “Siempre femenina, nunca feminista”. Me sorprendió la cantidad de chicas que respondieron a la publicación argumentando que podían ser ambas cosas, que estaban orgullosas de ser feministas y femeninas, incluso compartieron fotos de sus perfiles. Me pareció un ejemplo muy claro de búsqueda de aprobación masculina, de alienación con ese mismo sistema que por años nos ha tratado de encajar en estereotipos de género que limitan el concepto de mujer a ser femenina. En relación con este tema, Naomi Wolf en El mito de la belleza (1990) menciona lo siguiente: “Estamos en medio de una violenta reacción contra el feminismo, que utiliza imágenes de belleza femenina como arma política para frenar el progreso de la mujer: el mito de la belleza.” Treinta años después, sigue repitiéndose la situación que comenta Wolf: para herir a una mujer basta con hablar de su físico, para manipularla es suficiente hacerla sentir insegura de su imagen corporal comparándola con otras mujeres, aplicando el famoso “divide y vencerás”. De esta forma la violenta lucha mediática entre femeninas vs feministas distraerá la atención de la verdadera violencia que ejerce el patriarcado sobre las mujeres y que se ha normalizado a tal grado que se busca desacreditar a una mujer y a todo un movimiento cuando deciden poner fin a años de dominación manifestada a través de las ataduras de los estereotipos de género.
Femeninas, sí, feministas no. Seguro esta frase volverá a aparecer en mi news feed y me acordaré del camino que nos falta por recorrer, con el fin de que cada vez más mujeres cuestionen para qué sirve el estereotipo de lo femenino. Como feminista en formación, este tema me sirve de parámetro para saber dónde falta un cuestionamiento acerca del papel en que seguimos encasillándonos en un mundo dominado por hombres que continúa determinando el valor de una mujer por su potencial de madre, esposa y mujer trofeo. Me hace ver que la crítica hacia este mito de la belleza y de la feminidad necesita llegar a más mujeres y crear polémica, propiciar análisis y reflexiones para entonces tomar cartas en el asunto como en su momento lo hizo —y sigue haciéndolo— el tema de la maternidad impuesta.
Mientras tanto, Sophie Arvebrink, en los videos que subió la página Gladiadores fit, luce radiante, segura, fuerte, satisfecha consigo misma y a lo largo de una extensa galería de imágenes disfruta su deporte al lado de sus compañeras de gimnasio. A pesar de los comentarios que critican su cuerpo y que cuestionan sus decisiones sin siquiera conocerla, ella sigue rompiendo esquemas, viviendo de la forma en que lo desea, con una fama internacional, feliz consigo misma, con el respaldo de miles de seguidores en Facebook e Instagram, y firmando autógrafos en eventos de culturismo. ¿Y los cibernautas le tienen lástima?, ¿En serio? Me encanta cómo esta querida red social, incluso luego de un momento de indignación y tras estas simples disertaciones, vuelve a hacerme reír con las ocurrencias de sus usuarios machistas. Cuando quiera, que elija una foto mía y le pregunte a sus facebookeros si estoy in o out, porque me muero de ganas de saberlo…