Cartografías del Instante| Las manos

Las Manos

Por Anyela Botina

1.

Abrir las manos es un gesto para decir amor, lo que nadie sabe es que abrir las manos es escarbar una grieta.
¿Sabías que el corazón tiene la misma forma que el puño de una mano? Me lo dijiste una vez—¿lo recordarás ahora?
Hay una palabra aún innombrada, hecha de aquello que habita en una mano abierta.
Abrir las manos, sentir el vacío, rozar su rostro helado para comprobar, una vez más, que tocar un recuerdo y darle forma con mi mano llena de vida y de abrigo solo lo desmorona al tacto.

2.

El día que te fuiste,
borde un pequeño amuleto,
lo envolví como a un recién nacido
y lo puse en tus manos.
No sé si lo olvidaste en algún rincón,
quizá frío, quizás solo.
No sé si logró cuidarte,
o si fuiste tú quien cuidó de él.
No sé si aún te acuerdes
que un día pude
como la tierra a la semilla
como mi mano al corazón.
Abrigarte.
No sé si aún te acuerdes,
que nuestro amor fue así.
y aunque tu no lo hagas,
abrigo tu recuerdo,
lo arropo en telas de colores,
y te espero,
aunque,
no vuelvas.

3.

Herede tus manos y el frío,
la mirada de espanto cuando llega el viento
y abre grietas en la casa.
La misma manera de decir amor,
un eco impronunciable
en la boca de mi estómago.
Una grieta puede ser una casa;
tú la habitaste y le diste un nombre,
no con la mirada ni con la boca,
sino con las manos,
nacida entre tus dedos,
entre el frío de las sábanas
donde dormías.
Heredaste un lienzo en blanco,
una grieta habitada por la nada,
una casa en tus manos.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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Un comentario en “Cartografías del Instante| Las manos

  1. El poema convierte las manos en símbolo de amor, ausencia y herencia emocional. Abrirlas es amar, pero también aceptar el vacío y la pérdida. A través del tacto, la voz poética intenta abrigar lo que ya no está, mostrando que el amor persiste como memoria: frágil, cálida y dolorosamente viva, incluso cuando la ausencia se vuelve casa.

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