Constantemente estoy pensando en el lenguaje, no solamente en la manera de usarlo, en para qué sirve, también pienso en cómo se llega a cierta forma, a algunas expresiones, dichos, palabras, versos.
No hay respuesta, o mejor aún, son muchas las respuestas a mi planteamiento. Hace tiempo me invitaron a hablar en un foro de artistas y algunas personas comenzaron a preguntar sobre la maravilla del lenguaje, por lo que les decía con algunos ejemplos, cómo pienso, cómo lo veo, cómo me doy cuenta de la manera en la que lo usamos. En realidad así es como funciona, con el uso, es como toda herramienta, si no se usa, deja de servir, deja de ser funcional. Así sucede a veces, dejamos de utilizar ciertas palabras y desaparecen poco a poco de nuestro vocabulario habitual, luego del idioma.
Cuando salgo a caminar, pienso, imagino, tomo fotos, luego trato de construir con mis propias palabras todo lo que percibo. Puedo sentir mucho, muchísimo, eso siempre, porque sucede que estamos llenos de emociones, pero no es lo mismo que estar llenos de palabras, es muy distinto. Lo sé porque vivo con una persona que utiliza muy pocas y aunque su vida interior es hermosa, inmensa y rica, no puede compartirla conmigo; entonces, me queda imaginar que es feliz, que está bien y que construye historias que son únicamente para su propio ser y ahí dentro debe haber, debe existir otro lenguaje o varios lenguajes que me están vedados. Esa situación me hace regresar a la hoja en blanco, a intentar de nuevo explicarme a mí misma, qué es lo que sucede en ese mundo, en ese interior desconocido, lo único que puedo hacer es figurármelo y tratar de describirlo. Otras veces, como escribió la poeta Minerva Margarita Villarreal, en su poema Tiempo de reverberación, “El silencio se impone y nada comprendemos” o nada comprendo, me convierto en la persona que observa. Por esa razón busco en la poesía algún elemento que me pueda ayudar a asociar todas las cosas que desconozco del mundo y también de esos otros universos a los que llamo las otras mentes.
Hay opiniones sobre la poesía, sobre el lenguaje poético, algunas opiniones apuntan a que no sirve para nada, es decir en el contexto material y físico, en ese primer plano en que estamos y somos; la poesía no me ayudará a combatir una enfermedad, como sí lo hará una buena medicina, por ejemplo. Otra gente apunta hacia la idea de que no es ese su objetivo. En lo personal me he dado cuenta, por mi experiencia, que el lenguaje poético sirve para acercar a las personas, para acercarnos a los lugares desconocidos, para crear, sí, sobretodo eso, para crear. Lo que sucede es que no estamos creando constantemente como estamos viviendo, hay horas, días, tal vez meses en que la creación no está presente. En mi caso, en que la creación a través del lenguaje poético no está presente. No, no podemos decir que es un lenguaje que utilizamos en el día a día, sería cansado, para muchas personas sería aburrido, poco útil, no se formaría un buen puente de comunicación. Dice Francis Ponge en El silencio de las cosas que “este objeto en seguida nos parece interesante, bonito, bello, sublime”, se refiere a un objeto de arte o una creación, la cual está alejada de la naturaleza. Es decir, que es algo hecho únicamente a través de la experiencia humana. Y Ponge apunta además que esos objetos parecen no servir absolutamente para nada.
¿Qué nos animaría, qué nos movería para llevar a nuestra vida diaria un lenguaje meramente poético. La respuesta es nada. Ahora, ¿para qué momentos sí sirve, sí funciona, sí nos conecta ese lenguaje?
Seguramente ustedes, lectores de la columna, lo saben. Para mí, ha servido en cada instante en que quiero disociarme de la realidad. Funciona como un estimulante, en mi caso, no puedo decir que sea el caso de otras personas, cada quién tiene su propia experiencia. Un poema es un artefacto, puede ser como un monumento o como una granada. Es imposible voltear a ver a la poesía y pensar que es solamente algo bello, no. La poesía también es inquietante. El poeta es por lo tanto un intelectual o por lo menos debe serlo, debe tener la facilidad de mover voluntades, fuerzas, ideas. No estamos para escribir bonito, o no nada más para eso, estamos para crear y recrear. Tener influencia sobre lo que nos rodea, sobre lo que nos preocupa.
Si a ustedes les gustan las redes sociales, han visto, se han percatado de que cada día que pasa hay más y más contenidos sobre poesía, sí, sobre poesía en todas sus formas. Pensemos en el tema. ¿Por qué creen que sucede?, quizá cada creador digital tenga su razón, su objetivo, pero una cosa es casi segura, hay un uso del objeto de arte para el placer, pero nos surge la necesidad de mostrarlo a los demás, como escribió Ponge. Hay también un impulso que nos lleva a compartir ese placer como una forma de sabernos intensamente vivos. Por lo tanto, soñemos con los poetas que vienen. Me imagino su juego con el lenguaje, me imagino su aportación intelectual a la vida que viene.
Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024, finalista en el Prémio Internacional de Poesia António Salvado Cidade de Castelo Branco 2025. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

