Entre las hojas del viejo cuaderno por Jeanne Karen en La máquina verde

Ahora hay, en nuestro tiempo, algo difícil de declarar, de decir en voz alta o escribirlo en una línea: soy feliz.

Diferente del hecho de estar feliz. Estar feliz puede durar un instante y después volvemos a nuestro estado habitual del ser. Podemos ser personas tristes, melancólicas, pero de vez en cuando, llega ese rayo de luz sobre nuestras vidas que nos lleva a la emoción de la felicidad.

Pero para poder aseverar que somos felices se necesita más. Es llegar a un punto en nuestra existencia, desde donde yo lo veo, que no importa mucho lo que suceda con la cotidianeidad, si es cómoda o no lo es, hay algo dentro de nosotros que ya difícilmente se va a apagar. Llegar a ese punto, puede tomarnos muchos años, quizá toda la vida. Mirar hacia allá, a ese punto del que hablo, creo que para mí es lo más importante, no perder de vista el hecho de que, en algún lugar de mi camino, alguna vez, aparecerá en mis apuntes, en mi diario, en mi trabajo literario, la frase Soy feliz.

Y no será solo para darle más importancia a un texto, a mi labor o a mis días, sino simplemente porque lo soy y eso será lo más poderoso. Dejarla ahí, la frase, a medio renglón, tan sencilla como es, pero tan intensa, llena de verdad. Porque lo dicho, como lectora me he encontrado infinidad de textos en donde nos llega el momento en que el personaje está feliz o el poeta ha encontrado en la belleza, un gramo de la felicidad, pero es tan distinto de serlo, de serlo aunque nos caiga una tormenta a mitad de un campo despejado. Transmitir esa emoción, es complicado, a veces creo que podemos llegar a tenerla, pero que los demás puedan realmente percibirla en nosotros, no lo sé, es algo distinto.

Puedo estar en un sitio, perfectamente en calma, puedo respirar hondo, cerrar los ojos, sentir la máxima felicidad que cabe en mí, dejarla en ese espacio de mi cuerpo para siempre, pero tal vez no logre convencer a nadie más. Entonces en realidad lo es para mí, solo para mí.

Muchas veces, como escritores o como creadores, soñamos con hacer sentir, hacer ver, compartir, dejar en las demás personas una nueva emoción, por lo menos eso es lo que a mí me gusta hacer a veces, no siempre, porque en otras ocasiones simplemente me dejo llevar por el juego del lenguaje, pero ese es otro tema. Y cuando estoy con esa tarea, mover un poco, que como lectores encuentren un guiño, una complicidad, me da la certeza de una tarea que he realizado de la mejor manera posible, por lo tanto me llega el momento anhelado de decir, estoy feliz y a veces eso es suficiente, sueño con que de tanto y tanto que esté feliz, indudablemente llegaré al otro momento.

¿Cuántos estar felices, se necesitan para llegar a ser realmente felices?

Cuando una persona que amamos, nos envía ese simple mensaje: soy feliz, nos sacude el mundo. Es como una explosión de adrenalina, un encuentro con nuestro propio sentir, con nuestra naturaleza y realidad. Es llegar a cuestionarnos en ese mismo instante una verdad, nuestra verdad, realmente lo somos o si estamos, o si estando constantemente llegaremos a ser, quizás.

Pienso en todos los poemas, los libros, los apuntes, los sitios en internet, donde he querido encontrar la clave, la palabra mágica, la idea, el sentimiento que nos lleva a ese estar; hay mucha información, se pueden disfrutar tantos y tantos rincones de la red, obras de muchísimos escritores, pero al final lo que importa es llegar a nuestra propia definición, a nuestro momento.

Por eso recurro una y otra vez a buscar entre los libros que tengo en casa, en mi pequeña biblioteca, que día a día me entrega esa chispa que está entre lo perdido y la sensación de encontrarlo. Voy en busca de mi propio ser feliz, entre las hojas sueltas que caen lentamente de alguno de mis cuadernos, pasan por mi mirada, es extraño todo, sonrío.

Luego de vez en cuando, encuentro versos como los del libro la hipótesis de Nadie, del gran poeta colombiano Juan Manuel Roca:

La llamé desde el libro, mil y una noches. Le puse señuelos, caballos junto al mar, palabras desnudas. En vano. Yo subo a un vagón, ella baja del siguiente y el tren desaparece. Nunca está donde estoy, huidiza armonía.              

A esa maravillosa armonía de la que habla Roca en su poema, yo la llamo felicidad. Siempre estoy llegando, estoy a punto, bajo antes, entro después, me entretengo en otras cosas, busco en otro lado, me quedo perpleja, vuelvo a sonreír, pasa frente a mis ojos y me hace un gesto, cae de nuevo desde las hojas de mi viejo cuaderno, es más, me saluda, sonríe, pero en ese instante ya estoy en otra cosa, estoy en la computadora escribiendo la columna y cuando quiere irse, la atrapo justo ahí entre las líneas, para mis lectores, para los atentos ojos que están dispuestos, aunque sea un instante y de ahí partimos, una y otra y otra vez.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024, finalista en el Prémio Internacional de Poesia António Salvado Cidade de Castelo Branco 2025. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Publicado por jeannekaren

Poeta y escritora.

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