El arte de lo erótico se pierde en las fantasías de lo que nos han vendido como sexy, sexual, disfrutable.

Siento que he crecido en una cultura que me desconecta de mi cuerpo, ahora resulta casi un privilegio o a veces hasta una obligación mover mi cuerpo, cuando en realidad es el único medio para disfrutar de esta experiencia terrenal, mi cuerpo es ese espacio que me permite conectar con lxs otrxs y disfrutar de todas las cosas que si fuese un alma etérea no podría vivir, gozar, encarnar.
Me han dicho que mi cuerpo es objeto, que sus sensaciones y deseos espontáneos incluso rayan en el pecado, que mi cuerpo está disponible para otrxs y no para mí, me han dicho cómo debe verse, cómo es adecuado que luzca.
Es probable que a todxs nos hayan instruido con esas y más mentiras respecto a nuestros cuerpos, pero también se nos ha aleccionado sobre el deseo, nos gritan o envían mensajes inconscientes que nos dicen que el sexo es prohibido, sucio, que hay que esconderlo a tal punto que aún sigue siendo tabú o un deseo reprimido, qué aberrante, pues en realidad somos hijxs del sexo y del placer.
También nos han dicho cómo debe verse el sexo, cómo debe disfrutarse, cuáles son las caras, las posturas y hasta la indumentaria que debe acompañar al sexo para que sea ¿glamuroso y deseable? Nos venden la pornografía, las prácticas sexuales extremas y los deseos que jamás hubiésemos tenido, como lo REAL del sexo, cuando lo único real que hay en torno al sexo son los cuerpos disfrutando en libertad, gozo y espontaneidad.
Y es que hay un interés en vendernos que esa es la forma de disfrutar “verdaderamente” o “prohibidamente”, porque si perdemos conexión con nuestro verdadero deseo, entonces cualquier cosa puede hacerse lucir como deseable, aunque ni siquiera la deseemos genuinamente.
Estoy harta de que le quiten lo sagrado al sexo y al disfrute, de que la cultura siga fomentando la perversidad de lo oculto, cuando en realidad hay una divinidad inmensa en compartir el goce de lo erótico, el goce de la unión de los cuerpos, el goce de encarnar el disfrute más expansivo que podemos experimentar.
Por eso elevo mi deseo para que nos permitamos experimentar el sexo desde la consciencia e instinto natural de nuestros cuerpos así tal cual, sin miedo ni pudor, y no desde la mente que ha sido instruida para pervertir lo sagrado y real; deseo que volvamos a conectar con lo erótico del deseo y del sexo, para que encarnemos en nuestras vidas el fuego creativo y divino, tanto en lo íntimo como en lo comunitario.
Deseo que nuestro deseo sea natural y real, divino y sagrado, erótico y lleno de goce.
Te dejo una parte del poema que estoy construyendo, que está lleno de fuego divino puro:
Soy el rojo intenso que dejo en tu piel
al devorarte con fervor,
soy la luz diáfana que entra
por las cortinas cerradas de tu balcón.
Soy el silencio y la espera
entre cada intermitencia
que marca nuestro ritmo,
soy la pausa que se mece entre
un gemido y un respiro.
Soy lo eterno y lo etéreo,
soy tus dedos dentro de mi cuerpo,
soy el aliento que al soplarlo
impulsa tu vuelo.
Gracias infinitas por leerme y por compartir las letras de lo que a veces nos pintan como prohibido. Que tu deseo sea liberado a través de tus letras y de tu cuerpo. Sigamos escribiendo juntxs, porque ESCRIBIR NOS LIBERA. Puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda
