Cuando comienzo el día con dolor de cabeza, ya sé de dónde viene. Estuve en las horas de la madrugada, ida y vuelta, de un pensamiento a otro, pero no de pensamientos que puedan formar una serie estructurada, más bien, todo lo contrario, cosas, ideas, que se contraponen de manera terrible, unas con otras, como un choque de dos cuerpos de agua, uno revuelto y otro cristalino.
Luego sucede que llega el sueño, pero al despertar tengo la sensación de cansancio, de una lucha interna por tratar de entender hacia dónde exactamente me lleva la manera intensa en que mi cerebro funciona en los momentos menos oportunos, en las horas inciertas.
A veces me lleva a escribir, a escribir mucho y lo agradezco, pero otras veces solamente me trae un dolor molesto. De esos pensamientos encontrados, contrapuestos, han surgido poemas, pequeñas historias. No sé cómo funciona para otras personas esa lluvia de ideas al azar, la actividad de una mente inquieta. Tal vez no la notan o es parte de sus días, de su existencia. Una energía que de pronto les da para llegar más allá, para resolver acertijos que parecían no tener una sola respuesta.
Es que, pienso, ¿está acaso nuestra mente descansando en realidad? Y más bien parece que es un momento de autonomía, de dejarse llevar simplemente por lo que es, un centro de control: el cerebro. Como cuando estamos en una alberca y dejamos al cuerpo flotar y le permitimos irse con la corriente de agua, ¿no es un gran descanso?
Somos una contradicción, estamos hechos de palabras encontradas, de frases que como los palillos chinos caen unas sobre otras y vamos por la vida tratando de no hacer un mal uso, de no hacer un movimiento en falso, de no decir lo que no debemos en el momento menos apropiado. A mí no siempre me sucede que sea cauta, me ha pasado muchas veces que dejo caer una observación estúpida con un gran estruendo como un árbol que acaba de ser talado.
Es imposible para mí no estar formada de esas contradicciones, de esos pensamientos que de forma violenta se encuentran en mi cabeza, que parecen un par de trenes descarrilados. Creo que parte de mi forma de ser, de escribir y de crear tiene mucho que ver con esos procesos mentales y además tiendo a disfrutarlos, no me causan demasiado conflicto, como quizás sí les puede causar a otras personas.
Porque algunas veces me lo han echado en cara, me han dicho algo así como: “pero tú no pensabas tal cosa, dijiste todo lo contrario”, y una serie de señalamientos en ese tono. No me importa, sé lo que soy, soy perfectamente capaz de cambiar de opinión de un momento a otro, de formarme una convicción enteramente distinta a las anteriores, de hoy a mañana. Sin embargo en las cosas importantes me mantengo firme: el amor a la vida, que no es otra cosa que el amor a la literatura, al café, a la soledad, a algunas puestas de sol, a la familia y a mis cercanos.
Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

