Los recuerdos más bellos que guardo en mi memoria están dentro de los días previos a la Navidad; durante mi infancia y quizás un poco después. A muchas personas les he preguntado sobre sus celebraciones, los preparativos, sus actividades favoritas y hay una bella coincidencia: para la gran mayoría, están los instantes ligados a la expectativa, al momento que determinaba el feliz asombro o la amarga desilusión, desenvolver el regalo luminoso que llenaba los corazones de alegría o bien esa cosa que era casi como el famoso pedazo de carbón, no sé, un juego de calcetines y guantes, un gorro tejido, una chamarra horrible y de preferencia de unas dos tallas más grande.
Para mí, el recuerdo más bello y poderoso de esas primeras navidades con mis padres y hermanos, siempre será el árbol, que a mis ojos de niña parecía enorme, traído de algún bosque de tierras mágicas, el aroma a pino se expande todavía con cierta dulzura en mi mente, cierro los ojos y parece que vuelvo a ese sitio, regreso a las miradas amorosas de los que fuimos. Hay, entre todos los obsequios recibidos, un regalo muy especial que marcó mi vida: una caja de chocolates que disfruté por una semana; una barra sedosa tras otra, brillaron en los días de mi niñez, junto con la risa contagiosa de mi hermano que siempre competía conmigo en todo, como cuando al comer esos chocolates, lo hacía tan lentamente que me quedaba mirando cómo se terminaba el último, parecía una vieja película en cámara lenta, mientras el dulce sabor de mi barra final ya se iba diluyendo de mi boca, él, me miraba triunfante con un chocolate en la mano, que seguramente guardaría por varios días, su rostro de victoria nunca se borrará de mis recuerdos.
Pienso que hay una belleza inagotable en Navidad, en el aire hay inspiración, no solamente para celebrar, sino que existe un impulso que nos lleva a crear para recordar, para vivir, para esperar con paciencia la próxima celebración, con su halo extraordinario de sencillez.
Las navidades están cargadas no solamente de regalos, dulces, abrazos, también de lecciones, de esas que vale la pena tener en cuenta, como la importancia del amor, de la compañía, la hermandad; no siempre se puede disfrutar de una vida llena de paz, pero sí podemos ser agentes de ella en el mundo; tal vez a lo largo de nuestra existencia, no hemos tenido navidades memorables o felices, pero quiero creer que sí tenemos la capacidad de regalar felicidad a otros y eso al final, es lo más valioso.
Cuéntenme cuál es la gran historia de Navidad de sus vidas.
Jeanne Karen
Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.


