Algo que se evapora por Jeanne Karen en La máquina verde

Para alguien como yo, que constantemente está observando y preguntándose cómo funcionan las cosas, ¿cómo es que da vuelta el mundo, cómo hacemos cada uno de nosotros para seguir existiendo, para mantenerlo todo? y para vivir en una realidad, que quizá no lo es, ni siquiera merece ese nombre de Realidad.

Pienso en el casi infinito número de veces al día en que encuentro algo relacionado con los corazones rotos, pero extrañamente en este momento, ninguna me sirve: desde las imágenes de dos tazas de un té blanco, una botella de vino, un postre raro y delicioso que lo calma todo, pero no, no me ayuda. Tampoco un gran libro, un buen libro, cientos de miles de citas literarias impresionantes que dejarían a cualquiera boquiabierto, no, nada me llega.

No puedo hablar todavía de mi dolor, no sé cómo se llama, no sé en qué parte de mi cuerpo puedo colocarlo, ¿a dónde se le lleva a vivir o a morir?

Tan fuerte, tan profundo, que hizo que mi corazón se evaporara. No se apagó, no se rompió, más bien se volvió parte de lo etéreo, de lo inexistente. En ese cuerpo sensible, en esa habitación de las emociones, no hay nada más, un vacío sin nombre. Repaso todo lo que he leído sobre un corazón roto, sobre la desdicha, sobre la melancolía, la nostalgia, la devastación; nada me queda.

Cuando alguien que amamos se va, las palabras aparecen exangües y sabemos que  su debilidad para conformar una definición es real. Ya no brillan, permanecen casi silenciosas en su opacidad, en esas formas, son como objetos que ya no significan. Una letra A con una letra M, dejan de ser próximas, ya no alteran el ritmo cardiaco, no hay forma de volverlas a juntar para extraer una idea.

Los recuerdos también lastiman, también contienen pequeñas cápsulas, un dolor intermitente como las luces en el semáforo, una señalética de la pérdida.

 Intuimos que no volverá, que no veremos de nuevo los mismos ojos. Lo que más pesa es la idea de no haberlo dicho todo, de no lograr cumplir las promesas, tal vez pequeñas, tal vez las más grandes, pero lastiman igual.

Luego siento que no pude volver a tiempo, no puede dedicarle una tarde, leerle mis poemas, mis libros, los terminados, los que vieron la luz. No pude tampoco hacerle un café descafeinado. Sin embargo me queda el reino del anhelo, solamente para mí, como un lugar deshabitado que he visto en sueños y  donde me reconozco.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Publicado por jeannekaren

Poeta y escritora.

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