En un mundo lleno de estímulos como en el que vivimos, realmente es difícil quedarnos sin temas, ya sea para escribir, para leer, para reflexionar o simplemente para ampliar nuestros conocimientos.
Estaba sumida en eso, en la tarea incesante de pensar, de sentir, de anotar; sin embargo alrededor se gestaba algo mucho más importante: el impacto de la naturaleza, por lo menos el que tiene en la zona geográfica donde está mi hogar. Al ser un lugar árido, casi desértico, es poco común por ejemplo una nevada, pero no es raro un clima extremoso.
En fin, casi llegaba a la página en blanco, cuando de la nada surgen unas increíbles ráfagas de viento y levantaron la sombra que protege mis plantas del sol del mediodía, ese que está más alto y que todo lo toca, todo lo seca.
Salí al pequeño patio de mi casa, quería saber exactamente qué estaba sucediendo, cuando me asomé por la barda y ahí estaba la palmera del jardín comunitario, envuelta en la sombra parecía una altísima mujer despeinada con un vestido de noche; me llegó el asombro, luego la preocupación, aunque en ese momento ya casi oscurecía, me imaginé el problema que sería al día siguiente, sin la protección que brinda esa sombra a mis plantas, que para ser justa debo decir que son una parte fundamental de mi vida: me dan tiempo a solas, frescura, aromas, belleza y tanta paz y tranquilidad.
Después de pensarlo, por fin pude darme a la tarea de resolver el asunto, comencé por subirme a una mesa y luego a una silla, para por fin alcanzar las escaleras que van a la azotea y poder trepar por la barda. Ya en el lugar, llegó la duda, siempre cruel y puntual, no sabía si finalmente tendría la fuerza para arrancar la malla del tronco, las espinas gruesas, cada vez las veía más filosas y terribles, esas hojas muertas eran como los hocicos abiertos de los caimanes.
Parada en el filo de la barda, una que apenas mide unos quince centímetros de ancho, a lo sumo, una nueva pasada de aire me sacudió de tal forma que ahí estaba yo, casi colgando de la sombra, con una fuerza que me sorprendió, y fue inevitable la sonrisa, esa sonrisa chueca que tengo cuando estoy naufragando. Dejé de ser para mí misma la imagen de una mujer o más bien de una mujer frágil, para convertirme en una especie de capitana, dirigiendo las velas, tomando amarras, soportando la violencia.
Cuando todo se calmó y pude poner los pies en tierra de nuevo, miré hacia arriba, preguntándome una y otra vez cómo hice en realidad para trepar así, para sostener una extensión tan grande de tela y doblegar la naturaleza solamente con mis manos.
Así pasa cuando escribo: tomo lo que hay, pero con todas mis fuerzas y con toda la voluntad, extiendo mi mente y domino las palabras, ¿ustedes cómo lo hacen?
Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

