
Por Anel Solis
Suave arena se esconde en los cuencos de mis dedos, se esfuma en la efímera espuma de mar
que ha olvidado la marea.
El sol no penetra mi coraza rígida con los rayos ultravioleta; se enternece en mi cutis y colorea mi piel canela.
Brisa tropical indomable, transformada en caballos salvajes de tropillas con poderosa cabellera larga, acarician los vientos de esperanza que soplan los sueños más profundos.
Olas de mar abrazando mi torso, mientras desnudan mi cuerpo y estimulan mi naturaleza. He llegado al clímax; ahora sé que existe el cielo.
Se cierran las ventanas de mi alma. Puedo sentir a los peces nadando entre mis tambaleantes piernas.
Nada hay, solo el inmenso océano y el naufragio en la isla de los recuerdos olvidados, junto a las nostalgias de la tímida nena de pestañas largas.
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