Una imperiosa necesidad por Jeanne Karen en La máquina verde

Los días pasan entre lo que debemos hacer y lo que necesitamos hacer. El deber pesa, la necesidad llama. La necesidad es el impulso, el deseo, las ganas de seguir explorando, por ejemplo, un gusto, una pasión, una vocación. El deber es lo que tienes que realizar cada día, independientemente de cómo te encuentras, si estás tranquila, si estás feliz o no.

El deber es levantarte de manera puntual, para hacer determinada actividad, de la cual no nada más dependes tú, sino varias personas, puede ser el trabajo, los cuidados, las labores. Es cierto que el deber siempre llama, pero la necesidad no, simplemente aparece.

Pienso en lo que necesito hacer, en lo que es más cercano, en esa actividad única que tiene su momento y que nadie más puede hacerla por mí: leer y escribir.

Puedo pasar tiempo sin explorar un tema, sin dirigir mi energía a un texto, pero una vez que comienzo, tengo que terminar. Al contrario de la lectura, que suelo dejarla en pausa, a veces hasta leo de forma desordenada un par de libros o quizá más, al momento de escribir, se conjuntan tanto mi atención como mis ganas, soy yo con el teclado o la libreta, según sea el caso.

Cuando escribo en la libreta lo hago por una razón: debo crear un texto de forma inmediata, no preciso de estar pensando demasiado, son ideas, palabras que ya están ahí, que parecían haber habitado siempre la hoja. En cambio, cuando escribo en la computadora, son páginas que necesitan ser revisadas una o más veces, debo leerlas, recorrer una a una las frases, las palabras, para estar segura de que he terminado.

Hay veces que una no necesita nada, la vida va, sucede, sigue, entre un deber y otro. Una lista interminable de tareas por realizar, ir de un sitio de la ciudad a otro, de un compromiso a otro. Por eso es que gozo cuando leo y cuando escribo, es una manera de caminar entre la bruma.

Cuando encuentro libros que me llevan a salir de mí, de mi rutina, de esa hoja implacable de deberes, lo agradezco. Me ha pasado, hace un par de semanas un amigo escritor me envió sus libros. Cuando llego por primera vez al trabajo de un creador, voy con cautela, no sé qué esperar, no pienso en nada, lo único que deseo es entrar en el gozo mismo de la lectura.

Sucede que hay libros que llegan como ráfagas de aire, como una sacudida. Cuando eso pasa, me gusta hacer reseñas, por eso tengo un espacio especial en internet, donde exploro el tema de las diferentes lecturas, creo que es importante para una escritora leer y además analizar lo que se lee, de esa forma se mantiene fresca nuestra actividad, no es lo mismo ir y venir sobre nuestros propios pasos, nuestros libros, que sobre la obra de los demás, siempre será mucho más interesante. Entre más variedad exista en los materiales de lectura, por lo menos para mí, el ejercicio como lectura será más satisfactorio y es algo que siempre entrara dentro de lo que necesito hacer. Entre más cosas leemos, seremos capaces de tener una diversidad de visiones sobre la vida y la literatura, ¿son lo mismo? Se dice que la realidad supera la ficción, pero en el caso de la poesía, ¿qué ocurre?, ¿cuánto hay del mundo real en un libro de poemas?

A veces solamente es mejor seguir leyendo: nos podemos topar con libros de poesía que en sus páginas recogen solamente destellos de una realidad plana, y otros que tienen líneas alteradas de la misma, codificadas, escritas en un lenguaje que pareciera ser a prueba de todas las miradas, de todos los lectores; en lo personal esos libros son mis favoritos, me gusta entrar, tratar de descifrar, maravillarme con su plasticidad, descubrir una nueva forma de escribir, de decir, de vivir. En otra entrega les estaré contando sobre esas poéticas a explorar, seguramente van a encontrar alguna que llame su atención, algo que los lleve a darse cuenta que hay otras formas de describir el mundo y espero que surja en ustedes la necesidad de abrir un libro, de compartir sus lecturas, de difundir la palabra escrita.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Publicado por jeannekaren

Poeta y escritora.

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