Escribir es iniciar el diálogo interior. Hay días, a lo largo de nuestras vidas, en que esos pensamientos se interrumpen, aparecen cada vez menos, son cada vez más ligeros, más cortos o menos significativos. Son desplazados por las cosas por hacer, las situaciones por resolver a muy corto plazo, de modo que esas voces interiores comienzan a quedarse en silencio.
Ahora puedo estar unos minutos sentada en el sillón de la sala, mirando por la ventana hacia una calle donde extrañamente pasa un gato o quizás un par de perros de vez en cuando, prácticamente no sucede nada, la quietud también desespera. Entones las ideas no llegan, la luminosidad del día encandila cualquier pensamiento; solamente soy como el reflejo en el vidrio, algo que pasa, que dura un instante y se va.
Sin embargo, cuando una es escritora o aspira a serlo, las palabras deben conjurarse, conjuntarse, reunirse, las palabras y sus significados, las palabras y sus mensajes. No puede ser de otra manera, entiendo que hay personas que quizás escriben de vez en cuando o con otras intenciones que no son propiamente las de los escritores, puede ser por ejemplo de una forma lúdica, terapéutica, etc.
Escribir, cuando lo hacemos de forma cuidadosa sobre los temas que nos interesan o cuando se escribe de manera literaria, es distinto. Las exigencias son otras, a veces no nos ponemos límites, a veces existe la necesidad de seguir explorando, de seguir inventando.
En este momento de mi vida tengo que retomar la escritura, encontrarme de nuevo con la hoja en blanco, casi sin pensar en el punto final, solamente tratando de recorrerla, sintiendo de nuevo la necesidad de decir, de dejar algo.
Es difícil, no es una actividad natural, ahora que lo pienso, no es como caminar, ni siquiera como hablar, es algo para lo que se requiere práctica, impulso, técnica, y sobre todo disciplina.
Por cuestiones de salud comencé a tomar medicina, he notado que inhibe la ansiedad, por lo tanto también termina con el descontrol, con la enorme cantidad de diálogos internos, de ideas inconexas y persistentes.
Ahora debo adaptarme al orden, a desentrañar de otra forma las historias, de activar la creatividad para escribir poesía, porque siempre resulta más complicado. La poesía no es algo aislado, que llegue a mi mente como un relámpago, la poesía no es como el amor. La poesía es otra cosa, o tal vez no es ni siquiera una cosa, más bien la poesía es como un estado de la materia, como una fórmula, como una variante que bajo las circunstancias precisas cambia. A veces podemos leerla y comprenderla a la primera, pareciera tener cierta ligereza, pero para que el poeta logre que así sea, ha pasado por un proceso de pensamiento complejo.
Así que iré adaptándome, cuidaré mi salud, trabajaré un poco más y espero que con los días, también un poco mejor; escribiré poesía, no sé todavía desde dónde, cómo, no sé si cambiará mi voz.
¿Qué hacen ustedes con todos esos diálogos internos que interrumpen su vida y el estado natural de las cosas, la acción sobre lo urgente y lo necesario?
Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

