Lo que queda

Hay días en que el cansancio es lo único que nos queda. Ya ni siquiera resulta satisfactorio abrir los ojos, preparar café. Días en que el peso de la realidad es inmenso y solamente deseamos voltear la cabeza, ver hacia arriba o no sé, mirar hacia ninguna parte para dejar de sentir, dejar de saber.

A veces los poetas no queremos preguntar, preguntar hace daño, -decimos-, y así es. No me pregunto nada, no cuestiono mi vida, las vidas. La sucesión de hechos, ordenados de forma fortuita, aleatoria, a la que suelo llamar mi vida, así nada más, con esas dos simples palabras, que en el fondo encierran una complejidad casi aterradora. No deseo lanzar los dados, poner las cartas sobre la mesa, simplemente quiero que gane la incertidumbre esta vez, la locura, la desconexión.

Hay espacios, hay vacíos, días en los que parece que nada sucede, pizarras en blanco, cielos grises por los que no pasó una sola ave. Días en los que sin embargo todo se rompe: El continuo tiempo-espacio.

A cada paso que doy, siento que me parto y a veces no es metafórico. El cuerpo no soporta. El descanso cada vez se ve más lejos, la casa, la estación del tren, la terminal de camiones, todo parece alejarse con la edad, como si los pasos fueran más pesados y más pequeños, además tengo que sumarle el peso de mi dolor, el dolor de los demás, el cúmulo de una angustia sobre otra, cada vez más grande, más oscura.

Tuve que salir de la ciudad, dejar atrás, poner en pausa toda mi miseria para ir a un sitio seguro, para ayudar, para dar un poco del amor que me queda. Y eso agota, agota tanto, es como desear transmitir una energía necesaria, pero indescifrable. Tratar de reunir con un poco de esperanza algunas palabras que jamás han estado juntas y esperar que no se incendien los ojos, la lengua, la noche.

¿Cómo consolar a la persona que siempre nos consuela?, ¿cómo ser lo otro, cómo ceder la fragilidad, la cosa mínima que éramos?, ¿cómo sostener al ser que solía ser más grande que todos nuestros miedos?

Por eso digo que solamente queda el cansancio, ese no lugar, no espacio, no tiempo entre las aguas de la existencia.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Publicado por jeannekaren

Poeta y escritora.

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