Entre calles y páginas | Conectar para alejarnos: un relato de la era digital

Por Ángeles Serna

Conversation is on the path toward the experience of intimacy, community, and communion. Reclaiming conversation is a step toward reclaiming our most fundamental human values.

– Sherry Turkle.  

Cada año me obsesiono con un cuento, novela, película, canción, obra de teatro, etc., que no dejo de recomendar. Este año es Medianeras (2011) un largometraje argentino de Gustavo Taretto, que plantea la idea de que la hiperconectividad nos separa y la convivencia entre seres humanos cada vez se degrada más. La historia que nos muestra Taretto es sobre Mariana una arquitecta que trabaja en arreglar los maniquíes de las tiendas y Martín creador de sitios web. Ambos viven en la misma cuadra y se han cruzado en varios lugares, pero no coinciden hasta que se conocen por medio de un chat.

El guion –escrito también por Taretto– maneja un tono de monólogo interno de ambos personajes, en donde expone la visión de temas como la construcción de los edificios en Buenos Aires, las consecuencias de una sociedad triste y aislada unos de otros (que recae en la salud mental) y las maneras de llevar –o no– la soledad. A lo largo de la película, aparecen comentarios y reflexiones de los personajes que me dejaron pensando un poco sobre la realidad en la que vivo, mi aislamiento desde la pandemia y la transformación de la convivencia y sus códigos en estos últimos años. 

Justo al inicio del largometraje, Martín menciona: “Desde hace años tengo la sensación que me senté frente la computadora y ya nunca me levanté”, después enlista todas las actividades que hace en la comodidad de su escritorio y, prácticamente, es una vida; desde surtir el mandado hasta tener relaciones sexuales. Por otro lado, está Mariana, quien terminó una relación de años para volver a estar sola, esta situación la compara con un juego de mesa. Ella dice: “es como retroceder cinco lugares”. 

Ambos intentan reconstruir sus vidas y salen con otras personas. Martín conoce a una psicóloga –en un chat de citas– y dice que todo cambia del perfil a la vida real. Esto me recordó a un curso que tomé hace unos meses. Una de las lecciones trataba sobre el uso de historias en Instagram y daba el ejemplo de un perfil que tiene el objetivo de contar relatos, tipo novelas medievales, como si estuvieran siendo grabadas en el momento, pero desde el enfoque de la típica historia en Instagram. 

Las dos situaciones las relaciono porque se utiliza la ficción como parte del contenido que se está posteando en redes. En otras palabras, sólo se muestra una parte de la realidad total o alterada del usuario. También me dejó pensando en ciertas frases como “tu perfil es tu nueva carta de presentación”, en parte es cierto, se puede tomar desde distintos enfoques y objetivos, en especial los profesionales –y también depende mucho el área en el que se utilice–, pero darle importancia para conocer o convivir con una persona, eso me parece preocupante e, incluso, lo pondría como parte de las prácticas de una sociedad de consumo. 

Jean Baudrillard expone en su libro La sociedad de consumo (1970) el desaparecimiento de lo real, en donde estudia que lo real desaparece debido al incremento de representaciones –él los nombra como simulacros–. Las situaciones o acciones reales desaparecen, pero sólo queda la representación, que en estos casos a los que nos estamos refiriendo; queda el perfil como primera imagen de una persona, lo cual también considero que bajo estas prácticas se degrada el valor humano, ya que no ven a las personas, sino a los usuarios. 

Luego está Mariana, quien expone el caso de acostumbrarse a la soledad después de estar años con una pareja. Hay una escena donde ella explica que, de un momento a otro, vio a su novio como a un extraño y sintió miedo. ¿Cómo sabemos cuándo empezamos a conocer a una persona y cuándo terminamos? Es más, ¿terminamos de conocer a las personas? No lo sé. Sólo sé que si en una convivencia diaria, compartiendo intimidad –lo que sea que esto signifique–, charlas, trastes sucios, entre otras situaciones, es complicado conocer a alguien, ahora más detrás de esos simulacros que creamos. 

Además, Mariana muestra el libro ¿Dónde está Wally?, una especie de libro ilustrado-interactivo, en donde el lector tiene que encontrar a Wally en diferentes espacios. Ella lo encuentra en casi todos, menos en la ciudad. Después, menciona esta frase, que –al igual que las otras– me dejó pensando: “Si aun cuando sé a quién estoy buscando, no lo puedo encontrar, ¿cómo voy a encontrar al que estoy buscando si ni siquiera sé cómo es?”. 

El trabajo fílmico realizado por Taretto, me parece una manera interesante de dialogar y al mismo tiempo proponer una crítica a esta época en donde la mayoría de las personas nos encontramos conectadas y actualizadas, pero en realidad estamos ajenas a lo real. La convivencia y la comunicación son capacidades humanas que, desde mi experiencia, algunas personas hemos perdido. 

Recuerdo que cuando regresé a clases presenciales en la universidad –después de la pandemia– me costaba mucho trabajo participar en clase, porque me había acostumbrado a expresar mis ideas por el chat de la sesión en Teams o Zoom. Incluso, al momento de querer dar mi opinión en clase era complicado regular mi tono y volumen de voz, un poco hilar ideas y llegar al objetivo de mi participación. 

Esto también detonó que mis relaciones fueran a través de un chat, llamadas o videollamadas, en parte porque mis amistades y yo no vivimos en la misma ciudad, pero al mismo tiempo me resultaba más fácil frecuentar a las personas que están más lejos, que preferir reunirme con amigas y amigos que viven en la misma ciudad que yo. Es curioso como mis canales de comunicación cambiaron; preferir una llamada a ir a tomar un café o preferir los mensajes por chat en lugar de salir a caminar. 

No culparé a la poca capacidad de convivencia que tenemos algunas personas, sino a la manera cómo se está construyendo la vida. A pesar de que cada uno es “libre” de formar el estilo de vida que quiera, considero que afecta mucho la forma en cómo son construidas las ciudades y estas nuevas prácticas de convivencia, donde desde el primer mensaje quieren tener una respuesta sobre si la relación –amistosa, amorosa o lo que sea– va funcionar para “ahorrar tiempo”. En lugar de buscar el tiempo para en realidad conversar, convivir y crear interacciones reales, fuera de los simulacros que creamos en redes sociales. 

Para cerrar, quiero destacar que con este texto no busco dar un análisis cinematográfico de Medianeras. Sólo busco compartir –y recomendar– este largometraje. Tal vez reconocer que las prácticas más básicas de convivencia han cambiado y esto puede ser una forma de adaptación y, por ende, de supervivencia ante el aislamiento de tener vidas “siempre ocupadas”. 

También algo que encuentro muy interesante en la película de Taretto es que varias situaciones que desarrollan ambas historias (la de Martín y Mariana) se sitúan en una ciudad muy alejada de la mía, pero hay varias similitudes que se comparten como la falta de espacios para la convivencia física, el auge de la construcción de departamentos y esta cultura del inquilino que se forma.

Ángeles Stefanya Serna Moreno
Ángeles Stefanya Serna Moreno (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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