Un escritorio perfectamente alineado con la pared blanca, una ventana donde la luminosidad del día entra con toda su fuerza. Un par de libros, una máquina de escribir o una computadora, una libreta limpia, con suficientes hojas en blanco. En el reproductor de música, quizás un poco de jazz.
Así vislumbraba mis mañanas, en la vida perfecta de escritora. En su lugar, en mi vida: un escritorio atiborrado de papeles sueltos, de cosas por escribir, de textos por corregir, una computadora sucia que espera que termine de descargar en la nube o quién sabe dónde, el montón de archivos viejos que todavía tiene. Los lapiceros de colores regados por toda la superficie, una calculadora que ya no uso desde hace diez años, libros abiertos en alguna página que de pronto me llamó la atención, pero que ahora mismo al verlos, no logro recordar exactamente qué fue o por qué. Una caja con más lapiceros, unos con tinta seca, otros ya sin tinta, algunas gomas a medio usar, lo más extraño ¡un corrector líquido! ¿A dónde me lleva mi orden, cuál es el lugar preciso en que deben descansar todas mis herramientas de trabajo?, ¿cómo logro concentrarme con tanto?
Simplemente tomo la libreta, respiro, pienso en algo en particular y escribo. A veces escribo por mucho tiempo o solamente unos cuantos minutos. A veces surgen poemas y otras una infinidad de textos casi indescifrables.
Pensé, desde la semana pasada, compartir algunas ideas sobre el hecho de escribir, de ser joven escritora. Ahora ya no soy joven, pero quedó el aprendizaje. Alguna vez especulé en hacerlo en forma de lista, sin muchos detalles, pero me doy cuenta que es más sencillo si lo hago de forma orgánica, así como se van dando las ideas y los recuerdos.
Siempre procuren escribir sus poemas a mano, con letra clara y de molde, en alguna libreta que las lleve a hacerlo, que las inspire. A veces confiar mucho en la tecnología no es bueno. Si escriben un cuento, una novela, un ensayo, también es recomendable hacerlo en la libreta, pero si les resulta muy cansado, no olviden resguardar cada tanto lo que están haciendo, el sitio es opcional, pero guardar el texto lo salva, ya luego tendrán oportunidad de revisar, corregir o editar. Editar, ese es otro punto muy importante, que en algún otro momento abarcaré, por ahora me basta con decirles que aprendan a hacerlo por su cuenta y en la medida de lo posible. Nunca sobra el tener los conocimientos que se requieren para desarrollar de mejor manera nuestro oficio.
Cuando puedan, acudan a talleres, diplomados, grupos de estudio, con personas con las que son afines. No se desgasten en discusiones inútiles, no entren en polémica, no pierdan el tiempo. Lo último es sumamente importante y lo digo claramente, tiempo que no aprovechan para escribir está perdido y además dejan de aprender. Busquen siempre, no se preocupen por encontrar, ¡busquen!, porque en ese ejercicio está la formación de su propia voz. No se conformen con lo primero que han encontrado, que la escritura sea búsqueda. Para ello requieren de algo muy importante: la disciplina, sin ella todo se les hará más complicado. Fallo, error, hallazgo.
No tengan miedo de publicar cuando sientan que es el momento o que tienen la oportunidad de hacerlo, porque esa sensación de zozobra no se compara con la de ver su texto o su libro ya publicado, aquí se trata de vencer sus propias barreras. Lean lo más que puedan, de todo, aunque sea de todo un poco, pero no dejen de hacerlo. Para construir algo se necesita materia prima y creo que para nuestro oficio parte de esa materia es la lectura. Ejerciten la imaginación, envuélvanse en distintas formas de creatividad, no solamente en la escritura, traten de comprenderlas. Apoyen siempre a otras escritoras, compartan, hablen de su obra, analicen, hagan reseñas de sus libros. Todas las obras tienen un valor, todas necesitamos de todas. En la medida de lo posible, vean a otras escritoras como compañeras de viaje, no como competencia y menos si eso nos lleva a enfrentarnos, simplemente no tiene sentido y lo que se pierde es muy valioso.
No se rindan, si en su vocación, si es su ejercicio vital, su llamado, sigan adelante. Todavía en pleno Siglo XXI enfrentamos primero como mujeres y segundo como escritoras, muchos retos. La vida es agotadora pero la literatura es una puerta a una visión distinta del mundo, una más intensa, profunda y ahora necesaria.
Sin las letras de Sor Juana, Rosario Castellanos, Thelma Nava, Coral Bracho, Elsa Cross, Minerva Margarita Villarreal, Pita Amor, Aline Petterson, entre muchas otras, no estaríamos hoy frente a una literatura viva y poderosa, que nos da voz, sentido, impulso.
Les dejo unos versos de Aline Petterson, para que la busquen y la conozcan más:
“Residuos son del cósmico diseño
los pensamientos que la mente labra,
tu verbo poderoso y mi palabra
que cifran en la hoja el primer sueño”
Poema sin título, del libro Cautiva estoy de mí, una coedición de la Secretaría de Educación Pública y Plaza y Valdés, 1988, México.
Conozcan el poder de la palabra, su forma, sus secretos. Envíen su mensaje en la botella, el tiempo es un mar abierto. La botella encuentra su playa entre más fuerte y más veces se arroje.
Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.


