La espera por Jeanne Karen en La máquina verde

Hablar de la espera, no sé por qué, se ha ligado de una forma íntima con la ansiedad, sobran ejemplos en la literatura y en el imaginario colectivo, por lo que de inmediato, mi mente me lleva a un lugar oscuro donde aguardo la llegada de un transporte público y observo con cuidado cada objeto, cada vehículo que transita por una larga avenida, pero mi camión no llega; así, dentro de la cajita de los recuerdos, pasan horas y otros camiones, carros, motos y yo no puedo irme. Esa es la espera más ansiosa de la que tengo memoria. Sin embargo sé que para muchas personas la espera puede ser una enorme piedra que se carga en la espalda o una pequeña que molesta en el pie, que baila de vez en cuando entre la piel y el zapato, rasga, causa ampolla, esa ampolla, esa lesión espiritual o mental, que cuesta sanar.

No, no es agradable esperar, no importa qué se está esperando, no veo que pueda estar unido a una sensación del todo placentera, la mayor parte del tiempo hay una molestia. Por ejemplo para las personas que como yo, no pueden sobrellevar las sorpresas de un día especial, como un cumpleaños, el hecho de que esté cerca la fecha, de forma casi instintiva me hace ponerme alerta sobre las actividades que mi familia o amistades realizan, los miro, los escucho con atención, a veces creo que están planeando algo y ahí viene mi momento de zozobra, estar esperando y luego aparece su famosa hermana: la ansiedad.

Recuerdo un poema de Borges, donde habla de la espera amorosa, de cómo a veces tratamos de ver con buenos ojos ese instante o ese siglo, porque en esos temas, no se sabe en realidad cuándo es cuándo, ni cuánto es cuánto, es ambiguo todo. Eso sí, podemos tener ilusión, aunque si se rompe, no habrá poema que nos salve. También hay esperas agridulces, dolorosas, veloces, inestables, eternas. Para mí las peores son las que están ligadas al tiempo de los demás, a la voluntad de esas otras personas, a esos movimientos de corazones distintos al mío. Morderé mis labios, no lo sé, frotaré mis manos no estoy segura, miraré por la ventana hacia un horizonte indescifrable, eso sí.

Esperar me derriba, carcome mi quietud, no quiero hacer antesala ni siquiera para mis propios deseos. A veces necesito que todo suceda sin más, por un acto de magia, por una incongruencia, porque así es la vida. Debe llegar una señal del universo, de nuevo vuelvo sobre el poema de Borges, quiero que las sombras se alarguen y que aparezca alguien o que simplemente algo suceda y que me salve de estar del otro lado del espejo. Soy un ojo que no parpadea.

Si ustedes ya están sintiendo un frío que les recorre la espalda, un ardor en la piel, las manos sudorosas, voy por buen camino. Los llevo a través de las breves líneas que aquí escribo a probar un poco y…

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Publicado por jeannekaren

Poeta y escritora.

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