El último ritual.

Por Miriam Robles.

Desde la semana pasada contemplo mis manos salpicadas de recuerdos. Nadie más lo nota, pero ahí están y me hacen cosquillas. Es imposible dejar de sonreírles o suspirar cada vez que se manifiestan como pequeños hologramas en mis palmas. Sus colores son cálidos al igual que esta tierra pero la danza que los acompaña me parece druida, celta, muy antigua. Quisiera atrapar algunos y hacerles su propia caja musical, luego pienso detenidamente que ya son parte de una: ellos vienen de mi memoria. ¡Tremendo cofre debe ser aquel! Repleto de ideas, pensamientos, cánticos, recetas, colores, personajes y mundos. 

Su presencia se ha intensificado durante el plenilunio de mayo. Ni siquiera he tenido que preguntármelo, ya sé la respuesta. O al menos lo descubrí esta madrugada en el patio, donde terminé de trabajar un par de cuadros y limpié mis esculturas. Me invadió repentinamente una nostalgia que no había sentido en muchos años. Al entrar a la casa, otros recuerdos más vívidos se asomaron de las bolsas de té y mis frascos de especias, algunos más reían con los pinceles en el estudio y los más entrañables, me aguardaron pacientes en mi alcoba. Los retratos en las paredes y las viejas fotografías ahora me contemplaban a mí. En ese instante, sentí los párpados cansados, la vista borrosa, casi no respiraba…

El Espíritu de la Transmutación impregnó mi hogar. Recostada en la cama con aquellos rostros flotando por toda la habitación, empecé a sentirme un poco desconcertada. Todavía no amanecía, de eso estaba segura pero ya no podía distinguir si aún estaba despierta o soñaba. Fue entonces que miré mis manos y ya no sujetaban fotografías ni bailaban los recuerdos en ellas. Tampoco encontré las manchas de mi piel y sus arrugas. Me veía rejuvenecida, ligera como pluma y descalza. Naturalmente, no tenía idea de lo que sucedía conmigo pero no me importaba caminar en medio de aquel lugar esplendoroso que me parecía tan familiar. Al dar un paso tras otro, mi memoria colapsó y los recuerdos llovieron sobre mí. De pronto, ese espacio y yo éramos uno mismo y pude reconocerme en mi propia consciencia. 

Debo partir desde aquí. Edward hizo un excelente trabajo. El jardín es hermoso, laberíntico y vivo: se mueve como una serpiente gigantesca. Es parte de un todo. Ahora comienzo a sentir cómo mi cuerpo se desvanece. Lo sé, estoy lista para sazonar el Cosmos con mi polvo estelar. Por eso me he reunido con mi alma hermana Remedios. Trajo sus gatos helechos y los liberó en el bosque. He traído al único animal lienzo, a mi siempre amado Caballete, un potro blancuzco que pide a relinchos que alguien lo convierta en eternidad. En ese algo que fascina al ojo humano, en arte sublime, en belleza que inspira, que te arranca lágrimas cuando la miras. Caballete quiere ser unicornio y sólo los duendes de Xilitla podrán revelar su verdadera identidad. Es preciso que les deje mi obsequio. Edward lo entenderá. Mi intervención es necesaria en este mágico lugar antes de cruzar las fronteras de mi propio limbo.

En este momento, me encuentro ante las imponentes estructuras del jardín y un espectacular desfile de orquídeas, aves, reptiles y mamíferos elegantes me reciben en la entrada. Daré inicio al ritual que les he preparado y para que no haya confusiones entre los presentes se los describiré a continuación: 

Primeramente, subiré por sus más altos escalones y dejaré las copas rebosantes de pintura fresca. También esparciré las pastillas de colores en trocitos junto a un montón de nueces. Por supuesto, no podrían faltar las acuarelas remojadas con agua de rosas. Un festín para los duendes y las quisquillosas hadas de la luna llena. Remedios subirá conmigo hasta el último peldaño y llamará con su ocarina tallada en ámbar a los gatos helechos. Acudirán aturdidos por la melodía y tirarán las copas, derramando un perfecto arcoíris. Las ardillas se comerán las nueces que he trozado con mis botas y extasiadas tomarán cada una un puñado de colores pastel y lo arrojarán al aire como en pleno festival Holi. Vendrán pajarillos a bañarse en acuarelas y salpicarán los peldaños, las columnas, la tierra. Con un silbido mío, Caballete marchará contento y su danza atraerá a los duendes. Lo montarán y peinarán con trenzas repletas de florecillas olorosas. Entonces, Remedios y yo, bajaremos y nos uniremos a la danza, seremos coronadas como ninfas del bosque tropical. Los duendes pintarán sobre el lienzo potro y nos marcharemos en silencio, mientras los gatos helechos se mecen con el viento y ronronean un cántico lunar. Para el gran final, jalaré las cuerdas que traviesamente he colocado entre los árboles y caerán los botes de pintura sobre el castillo. 

Mi último ritual, ha culminado: la cascada de acrílicos que se forma es el umbral para que la magia atraviese. Caballete ahora luce como un auténtico Pollock, no necesita ser unicornio, ya lo era. Voltea a vernos y nos dice que se irá a Nueva York con los duendes y armarán una banda instrumental. Remedios y yo nos tomamos de las manos y cruzamos el umbral de un salto.

Las hadas de la luna llena vierten aguarrás y lo queman todo, purifican el espacio. La vida en Xilitla es así, reverdece por donde mires y camines. Una vez más, olerá a renacimiento. Edward sabe que vendrán otros como nosotras, lo sabe por eso hizo con sus propios sueños y manos de alquimista este majestuoso reino atemporal, enigmático y sereno, un jardín vasto en escenarios multicolores e hipnóticos sonidos, el más hermoso laberinto que una hija de Minotauro pudo recorrer en libertad. Mi amigo Edward ha creado un puente hacia el infinito y es donde mis sueños o este último sueño gozoso, con todo y mi nonagésimo cuarto aliento de vida se fusionarán con la brisa que acarició alguna vez mis pies en este mismo lugar. 



Miriam Robles Medellín, (La Paz, Baja California Sur, 1990). Licenciada en Lengua y Literatura por la UABCS. Como parte de su formación profesional, se ha especializado en Narrativa y después, en Literatura Fantástica, por la Cátedra Extraordinaria Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana (UNAM). Activa promotora cultural con experiencia en el apoyo logístico de presentaciones editoriales y difusión de eventos artísticos, culturales y literarios. Ha sido publicada en la revista CascabelFatum Lumpérica. Actualmente, es maestra del Taller de Creación Literaria en Casa de Cultura del Estado de BCS «Mtro. Armando Manríquez Manríquez» y mediadora en Círculo Literario «El Cuervo Lector». 


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Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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