Memorias de la luna azul | Lágrimas de luna II

En este segundo relato de “Lagrimas de luna” quise plasmar un golpe de memorias y de sentimientos efímeros; como lo es el dolor o la inspiración cuando escuchas una canción que te lleva a escribir algo breve, pero que deseas compartir.

Lágrimas de luna

II

¿La lluvia es un mal augurio? Sí… Las gotas caían sin piedad el día que te perdí.

La lluvia es un buen augurio, porqué llovía el día que te conocí. Llegué corriendo a la esquina de tu casa, el corazón me latía desenfrenado por huir de un gato para nada amigable, él perseveraba en seguirme cada que, accidentalmente, pisaba su cola. A la fecha considero que es su culpa, sentarse fuera del oxidado portón de mi casa era una pésima costumbre.

Antes de saberlo, la doctora me llevó a parte, en su rostro vi la penumbra de una noticia que ya había dado muchas veces, pero que era igual de dura siempre; aquello no fue suficiente para prepararme. Decidí no escucharla, escapé y dejé detrás de mí un torbellino de papeles que tiré a algún residente.

El cielo lloraba de forma ligera. Hallé refugio frente a tu casa y concentré mi mirada en el interior de la casa, me pareció extraño que lograra ver algo. Normalmente los cuadros de las casas eran opacados por las tinieblas que mantenían la intimidad de cada hogar, el tuyo era diferente, con toda esa luz que daba paso a mi mirada curiosa. Recuerdo que bailabas, los audífonos no dejaron que me enterara de la melodía que alegraba de esa forma tu corazón; sin embargo, sí te observé a ti. La real.

Permití que el agua calara en mi alma, con la esperanza de que desapareciera el dolor, no funcionó. Sin darme cuenta mis rodillas golpearon el suelo, la sangre fluyó de tan fuerte que apreté las uñas contra mis palmas, las coloqué en el pavimento y la ultima imagen borrosa que percibí fue el liquido vital mezclándose con el de la lluvia. Imaginé que eran tus lágrimas de despedida.

Ese día no me conociste. Lo lamento, mi vida, por dejarte bailando sola esa tarde. Quizá podría haber tocado a tu puerta y convencerte de bailar junto a mi bajo la lluvia.

Siento no poder despedirme aún.

Lamento no haber conducido con más precaución.

Siento tanto la llamada alarmada que te hizo correr a buscarme.

Hay algo que no lamento, ¿sabes qué es?

Creo que nunca podré perdonarme. ¿Tú sí lo haces?…

Conocerte, aun con el llanto del cielo como un dramático, pero perfecto escenario. Te prometeré algo, aunque sé que no me escuchas.

…Por supuesto que lo haces y sé que quieres que yo lo haga también… Lo lograré algún día.

Nos amamos tanto que tendremos la eternidad para bailar juntos, aunque sea como fantasmas.

FIN

«Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.»

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