Por Ericka Ovando
Ver el centro de un girasol gigante es el ejemplo perfecto de las diversas posibilidades que supone realizar una observación simple; lo anterior puede tener un enfoque matemático con la serie de Fibonacci, podríamos pensar en Van Gogh, o considerar la biología o la fotografía. Un girasol también podría ser el punto de referencia para desarrollar una novela, un poema o un cuento.
La materialidad de los objetos supera la inmaterialidad de la palabra, sin embargo, el complejo proceso del lenguaje representa el poder y el conocimiento del ser humano. El ejemplo de los girasoles nos permite dimensionar que un mismo objeto de estudio puede ser abordado de diversas formas, y a su vez, el estudio de ese objeto se enriquece y se complementa a partir las perspectivas o disciplinas que lo analizan. Esta compleja red que interconecta conceptos y objetos e xsta presente en todo lo que nos rodea. La poesía podría entenderse como la búsqueda de nuevos significados a través de esa red.
Al escribir esta columna, recordé al poeta uruguayo Julio Inverso en Diario de un agonizante en el poema XXIV, el significado de “todo lo que hemos visto, todo lo que hemos oído, las pequeñas vidas, todas esas comedias tras las ventanas, los gritos, los edificios navegando lentamente […] los sentimientos que nos llenaron el pecho y los ojos, nuestras caras flameando desde el sueño, la ceniza meteórica,” ese cumulo de conexiones generadas en un texto poético, que representan este complejo mundo que nos rodea, también lo que nos humaniza: la visión humana del mundo externada por el lenguaje.
Hoy mas que nunca, cuando la puerta del regreso representa la puerta a una nueva realidad, el camino a nuevas imágenes y nuevas maneras de enfrentar al mundo y la posibilidad de nuevas conexiones; en contraparte el recuerdo de las imágenes viejas el recuerdo de “[…] cementerios de autos de todo el universo, […]” de la “sangre derramada en remembranza” la remembranza de las más de doscientos mil personas que nos faltan, de los negocios que ya no están, de las ruinas de la sociedad como la conocíamos.
Así, “todo cuanto pasó, todo aquello, la flor recóndita y el diamante pródigo, el vino largo tiempo refrescado bajo la tierra, el obstinado pulso del tiempo […] todo lo que el misterio engendró, prisma increíble, inicia otra serie de galerías infinitas, regresa al misterio, inconcebible, fatal y soberano.” todo lo que hemos pasado como individuos tiene un significado personal, el impacto en la memoria colectiva de lo que hemos enfrentado como sociedad será determinante en la forma en que continuaremos adelante como humanidad, pero una cosa es inminente mientras algo mayor no lo impida: continuaremos en esa serie de galerías infinitas.
Mas allá del inminente retorno y la adaptación a la nueva normalidad, después de la contingencia sanitaria por covid-19 solo resta decir “Tomad, pues, vuestro paraguas y penetrad en lo desconocido” explorar y desenmascarar la imagen del mundo mediante la palabra, mediante la observación , cuestionar y dimensionar la propia fuerza del lenguaje en la vida, en la historia, en la ciencia y en la sociedad; y entender que las grandes mentiras y lo absurdo comparten el mismo origen.

Ericka Deyanira Ovando
Ericka D. Ovando Becerril (Ciudad de México, 1996) actualmente tiene 24 años, es ingeniera biomédica y lic. en Lengua y literatura. En 2015 resultó ganadora en el concurso Master Peace México en la categoría de cuento; asimismo, ha formado parte de diversos talleres de creación y crítica poética, además de cursar dos diplomados en Creación literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Coordinación Nacional de Literatura.
