por Alexa Vázquez
Si nos encamináramos a definir qué es la justicia, ¿podríamos hacerlo? ¿El tema de la libertad es un tema frecuente en nuestro día a día? ¿Acaso nos cuestionamos sobre lo apropiado o inapropiado de nuestros derechos constitucionales? La realidad política en México no es más que ilusionismo precario y mala propaganda, fenómeno que nos ha acompañado por más de 45 años desde luego, y tristemente, gracias a nuestro consentimiento. ¿Qué podemos esperar, entonces, de la realidad social que nos rodea?
Hace algunos días salieron a la luz fotografías de la comunidad de Ayahualtempa, a las afueras de Chilapa de Álvarez, Guerrero, en donde niños eran enlistados por la policía comunitaria de la zona para contribuir a la defensa de la comunidad ante los grupos delictivos persistentes; estamos hablando de niños que, desde los 7 años, tienen encuentro directo con factores de violencia social. No hace falta ir a la Franja de Gaza o a Tel Aviv para ver este tipo de situaciones tan crudas; es una realidad que permanece desde hace ya algún tiempo en nuestro país y que ha contribuido a darle razón de ser a las etiquetas de un país violento brindadas por gente de todo el mundo. La violencia ha ido ganando más terreno cada día, y no puedo dejar de preguntarme por qué hasta ahora está causando tanta impresión. En Guerrero, así como en otros estados, las policías comunitarias no son un tema nuevo y, por tanto, las iniciativas a las que se han tenido que someter por la necesidad misma de sobrevivir se han tornado de tal gravedad que hasta los niños han tenido que armarse para su defensa. No me enfoco en saber qué dirá la prensa al respecto, y ni siquiera ver cuál será la posición del presidente de la República, sino qué pensamos, ya no tanto como ciudadanos, sino como seres humanos.
¿Qué puede detonarse de esto, según la monotonía con que se desarrollan estos temas en el ámbito público? Controversias en torno a quién dijo o no dijo lo que sea sobre ello; un poco de interés histórico sobre la razón de ser de las policías comunitarias; recolección de víveres por parte de algún empresario caritativo… Y, después de esto, ¿qué?
Parafraseando a Bertolt Brecht, ¿esperaremos a que vengan por nosotros y sea demasiado tarde? En este caso, ¿esperaremos a que alguno de nosotros tenga una experiencia fuerte de violencia para, entonces, reaccionar de alguna manera? La situación en la comunidad de Ayahualtempa, es una de tantas situaciones que nos incumben; ya ni siquiera se solicita tener participación directa, políticamente hablando, sino, mínimo, poner en función lo que, se supone, nos define como seres humanos: el pensamiento. Algo tan simple como emitir un juicio o dar una opinión, se ha vuelto algo poco frecuente y hasta incómodo; si se tiene la voluntad (aunque torpe) para criticar la vida social/personal ajena, ¿por qué no enfocar esos juicios a un plano distinto? La reflexión en torno a la política, la economía, lo social en general, se vuelve una necesidad en un país fallido como lo es México; ya no solo estamos hablando de un problema de educación, sino de práctica y consideración humana.Según lo que nos ha ensañado la historia, en tiempos de quiebre siempre logra abrirse paso la luz del progreso, y es lo que esperamos quienes, de vez en cuando, nos servimos de un gramo de esperanza para sobrellevar el curso, pero la espera no es, en este caso, la solución, sino la mera potencia y el ejercicio reflexivo, el desarrollo de esta: sirvámonos de los diversos espacios que tenemos a nuestro alcance para poner en práctica el diálogo, el debate, la opinión objetiva, así como incitar a otros a encaminarse, parafraseando a Sócrates, por la vía especulativa. Al final, nadie podrá estar a la altura de frenar el acto revolucionario del pensar.

Alexa Vázquez
Oriunda de Acapulco, Gro., México.
Estudiante de Filosofía en la Universidad
Autónoma Metropolitana; poeta y músico
por vocación; literata por adicción.
Sus intentos de poesía y demás
experimentos han sido salvados de los
brazos del viento quedando impresos en
algunos espacios, entre los que se
encuentran la revista literaria Pluma del
Ganso, revista Alcantarilla y el Diario de
Chiapas.
Llevando, como fusil en mano, la guitarra
en esta guerra contra la des-humanidad,
toma vuelo su esperanza ante cualquier
manifestación de arte; el amor, en estos
tiempos, es un verdadero acto de rebeldía.
