por Mónica Soto
Cae un brazo lentamente
se doblega como una bailarina
el otro brazo se extiende
como la ráfaga del viento,
es un ritmo profundo en el cerebro,
el movimiento armónico
izquierda y derecha,
la bailarina se doblega un poco más
pero sus piernas están tensas
abiertas como un abanico oriental,
se abren, se abren, solo los brazos bailan,
el ángel de los caídos sonríe en el pavimento,
ella sueña una y otra vez que se despeina,
y el viento hace su trabajo,
los rostros asustados miran por la ventana,
es tan hermosa la bailarina, tris, tras,
escuchó la música por última vez,
el último show es al aire,
termina pero nada es limpio,
el sueño es profundo y rojo,
rojo y profundo,
sus labios palidecen como la luna,
y ella mira la luna fijamente.
Mónica Castro Soto
«Mi nombre es Mónica Castro Soto, tengo 27 años, nací en la ciudad de Hermosillo, Sonora. Estudié la licenciatura en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora, actualmente trabajo como profesora de asignatura, literatura. La lectura y la escritura creativa son para mí la mayor expresión de experiencias de vida, así como también un medio para comprendernos entre escritores y lectores.»

