Hoy no voy sola: Misoginia y marchas en San Quintín.

Por Jaqueline Campos

 Una niña de nueve años me preguntó: Maestra ¿Por qué en San Quintín matan a las mujeres y luego hacen marchas? una pregunta sencilla de hacer y compleja para responder que detona este artículo que intenta responder a dichas cuestiones y derivar a reflexiones en torno a la violencia contra las mujeres. 

¿Por qué se marcha?

En época de pandemia, el 24 de septiembre del 2020 se reportó un crimen que arrebató la vida de una joven madre en la delegación Vicente Guerrero, esto originó una caminata compuesta por ciudadanos y fue la primera experiencia en la que participé; en esa ocasión caminamos hasta la fiscalía para apoyar. Este crimen me impactó y cambió mi percepción de seguridad como ciudadana de San Quintín. 

Después de la pandemia, en el mes de junio del 2023 le arrebataron la vida a otra joven y nuevamente en la carretera transpeninsular se observó a habitantes de la comunidad que marcharon para protestar contra la violencia de género y la justicia.

Algunas personas prefieren llamar camita y otras una marcha, a la acción de los ciudadanos que se unen para clamar por justicia para las mujeres víctimas de la violencia. Cada mujer u hombre que participa puede tener diversos motivos individuales o colectivos, pero nos une en ese momento la protesta, la manifestación y el reclamo; se espera visibilizar el derecho de las mujeres a una vida sin violencia de género y con justicia. 

En San Quintín, por lo común estos actos se inician en una gasolinera cercana a la iglesia católica y se desplazan hasta el parque de la Lázaro Cárdenas. Cuando te integras a ese caminar, se escuchan las voces al unísono como trompetas para despertar a durmientes, para que escuchen y que sean empáticos a una realidad que existe. 

Una marcha parece un caudaloso río de voces que quieren ser como el altavoz, el altoparlante, el megáfono para gritar y que todos oigan frases como ¡Señor, señora, no sea indiferente se matan a mujeres en la cara de la gente! y leer diferentes oraciones en los carteles como ¡Hoy soy la voz de quien gritó pidiendo ayuda! ¡Somos el grito de las que ya no tienen voz! ¡Hoy no voy sola! Entonces, si miras de cerca el paso de una marcha te tocará conmoverte.

II

Estará usted de acuerdo en que necesitamos seguir impulsando un cambio social con urgencia que defienda la vida libre de violencia de género. Los procesos de cambio social son complejos, ocupan el interés y el esfuerzo consciente de los ciudadanos para cambiar creencias y estereotipos asociados a la práctica de la violencia. 

A nivel internacional se promueven esfuerzos, un ejemplo lo impulsa la ONU con la campaña “ÚNETE para Poner fin a la Violencia contra las Mujeres» que invita a todos los países miembros a promover acciones que ayuden a reflexionar, visibilizar y eliminar la violencia contra las mujeres; por lo que los días 25 de cada mes se denominan días naranja #25N. Fecha asociada al día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que desde 1999 se proclamó para conmemorarse cada 25 de noviembre. 

Al respecto, en San Quintín se han realizado marchas el 8 de marzo en conmemoración del día internacional de la mujer, el 25 de noviembre por el día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y también, se marcha para acompañar el reclamo por cada mujer que fue privada de la vida; por esos motivos considero que se hacen marchas en San Quintín.

III

¿Qué está detrás de la violencia hacia las mujeres? Otra pregunta sencilla que puede intentar ser respondida con múltiples factores complejos, pero encuentro en la misoginia una explicación. En México se publicó en el 2007 la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que promueve la eliminación de la misoginia. La misoginia es parte de la base de los actos de violencia y crueldad que se cometen contra las mujeres; aunque estadísticamente es mayor el número de hombres que victimizan a las mujeres, también hay mujeres misóginas que odian a las mujeres. Si analizamos un acto de violencia contra las mujeres, jóvenes y niñas podríamos encontrar entre otros factores la presencia de creencias misóginas. 

¿Es posible cambiar? La misógina puede contrarrestarse, porque las creencias, estereotipos y prejuicios se aprenden en el proceso de socialización; la misoginia como creencia parece que se comparten y se contagian entre las personas; pero también se puede desaprender y deconstruirse y esto ocupa, también de un reflexión crítica y una introspección personal constante ¿Está presente la misoginia en su vida? ¿Qué puede hacer usted como ciudadana o ciudadano para ayudar a eliminar las formas de odio y violencia contra las mujeres, jóvenes y niñas de su propia comunidad?

Un comentario en “Hoy no voy sola: Misoginia y marchas en San Quintín.

  1. Un texto profundamente necesario. La pregunta de la niña funciona como un espejo incómodo que nos obliga a mirar la normalización de la violencia y, al mismo tiempo, el sentido de las marchas como actos de memoria, denuncia y acompañamiento. El artículo logra algo valioso: humaniza la marcha, la saca del estereotipo y la muestra como un río de voces que buscan justicia y empatía en una comunidad herida. La reflexión sobre la misoginia como raíz estructural de la violencia es clave, porque desplaza la discusión del “caso aislado” hacia las creencias aprendidas que sostienen el odio y la indiferencia. Queda claro que marchar no es una contradicción frente a la violencia, sino una respuesta ética: no callar, no ir solas, no acostumbrarnos. Leer este texto invita no solo a conmovernos, sino a revisarnos y asumir responsabilidad colectiva en la transformación social

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