De recuerdos, aventuras y reflexiones|A la hora de dormir

Por Tania Farias

La rutina estaba bien rodada. Cuando llegaba la hora de dormir, lo acompañaba a cambiarse en pijama, lavarse los dientes y después, venía el momento de elegir el libro que leeríamos esa noche. Una vez la decisión tomada, los dos nos metíamos bajo las sábanas y modulando diferentes voces, según los personajes, le leía unas páginas, mientras él escuchaba con atención. Después, encendía, a volumen bajo, una música de cuna, apagaba la luz y me quedaba a su lado hasta que los compases de su respiración se volvían lentos, profundos y regulares. Entonces, con cautela, me levantaba y me salía de la recamara.

Muchas veces, bien avanzada la noche, lo sentíamos llegar a nuestra habitación y meterse entre las sábanas en medio de mi marido y de mí. De manera automática nos acomodábamos para dejarle un espacio suficiente y continuábamos durmiendo. Poco a poco el pequeñín fue creciendo y pronto nos encontramos apretados a la hora de dormir, obligando a mi marido o a mí a buscar un espacio mayor en la cama abandonada por mi hijo.

Quienes tienen hijos quizás compartan la misma opinión que yo tengo: dormir con un niño puede ser agotador, pues no faltan, en medio de la noche, los manotazos, las patadas y los empujones. De repente, te encuentras confinado en un diminuto espacio en la orilla de la cama, luchando por no caerte o por recuperar un poco de cobija. Sin embargo, a pesar de las incomodidades que representa un niño en tu cama, despertar y sentir su cuerpecito tibio contra el tuyo, escuchar el sonido de su respiración suave y armónica y el poder acariciar su carita serena mientras sueña es un placer que hace que olvides el malestar y que te llena el alma y te alegra el corazón.

Ahora que mi hijo se acerca a la adolescencia y ha elegido dormir las noches enteras en su propia cama, no puedo negar que en ocasiones me llega la nostalgia por esos momentos cuando después de la rutina de preparación (pijamas, lavado de dientes, lectura) se cuestionaba a sí mismo dónde dormiría: en su habitación o en la nuestra. La verdad, llegó un momento en que ya ni siquiera se lo cuestionaba, sino que de manera arbitraria se adueñaba de nuestra cama y determinaba si papá o mamá dormirían con él. El otro, el no elegido, se resignaba a pasar una noche solo, pero bien descansado, pues sin importar que solo fueran dos en la cama, el más pequeño sería el rey y ocuparía la mayor parte de la superficie.

La rutina de preparación para dormir incluye, ahora, el acompañarlo a su cuarto, apagar la luz, arroparlo y robarle un beso. Recientemente se me ocurrió acostarme por un momento junto a él para volver a vivir la sensación de tenerlo cerca de mí. El ensayo fue recibido con “quejas” entre risas, pues expresó que no había espacio suficiente con los dos en una cama individual. De cualquier manera, me quedé un momento y aproveché cada segundo abrazándolo y robándole besos.

Cuál fue mi sorpresa cuando al siguiente día al acompañarlo para apagar la luz, se corrió hacia un costado y abriendo las sábanas, me dijo: ¿te acomodas? Esa noche estaba cansada y deseaba irme a dormir, pero una oportunidad como esas no podía ser desperdiciada, así que de inmediato me acurruqué a su lado y me quedé allí hasta escuchar cómo su respiración se hacía cada vez más profunda y espaciada.

Desde ese día, la rutina para dormir incluye una acurrucada juntos. No importa cuán cansada me sienta, no estoy lista para perderme un día sin abrazarlo y sentir su olor aún de niño, mientras el sueño lo vence y yo me convierto en su veladora por algunos minutos.

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Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

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