
Por: Samia Badillo
Hace algunos días fui con mi familia a Tlaxcala, por invitación de una tía. Después de las celebraciones, quisimos pasear por la ciudad. Recorrimos el centro a vuelo de pájaro y subimos unas escaleras prominentes que nos llevaron a un convento.
Desde niña he visto retablos barrocos, pero nunca han dejado de sorprenderme. Si una se abre, hay efectos que siempre pueden conmover de esa estética: el dorado inmenso, la luz y los contrastes de la sombra, el movimiento de las columnas, de las túnicas en las pinturas, de los adornos. ¿Qué pensaron las personas del siglo XVI, XVII que vieron por primera vez estos retablos? ¿Les conmovieron? ¿Les asombró? ¿Sintieron miedo o fe?
Mis padres nos dijeron que aún había una capilla por ver, pero que había que subir unas escaleras aún más pronunciadas que las primeras y que ellos ya no irían.
Mi hermano y yo emprendimos el camino. Una señora y el que parecía ser su nieto iban a un costado nuestro. La señora daba pequeños pasos. El nieto aguardaba. Mi hermano y yo nos jactábamos secretamente de tener más condición física, pero yo tuve que hacer pausas varias veces. La señora iba lento, pero constante.
Yo la observaba. Me preguntaba las razones de subir de cada quién. Mi hermano y yo lo hacíamos por aventura, conocimiento, exploración. Seguramente esa señora lo hacía por fe.
Después de un resuello largo, llegamos. Tlaxcala se miraba allá, en el horizonte. Cerros cuyo nombre no conozco la protegían de los vientos. Nos quedamos un rato parados ahí. Hasta que mi hermano dijo:
—Imagina haber caminado todo esto y que esté cerrado.
Y lo estaba. O más o menos. Entramos a una parte y pudimos observar, pero la capilla tenía una especie de reja que nos impedía el paso para recorrerla.
Vi la desilusión de mi hermano.
—Estaba más bonita la de abajo, ¿no?
Yo no dije nada. Mi hermano preguntó:
—¿Cómo se llama esta capilla?
—La Capilla del Vecino —le dije.
Después de curiosear, pero también de persignarme, agradecer y platicar conmigo y lo trascendente, salí. Me fui al mirador a observar el cielo.
Mi hermano llegó muy entusiasmado.
—Tenía que saber por qué se llama así.
—¿Y qué descubriste?
—Pues… en el siglo XVII azotó una epidemia de tifoidea a Tlaxcala y un hombre fue por una cruz para traerla a su barrio, porque había muchas personas enfermas. Lo hizo para que la cruz les ayudara a sanar.
—Así que fue por un acto de fe.
—Sí… y pues… no sé si nunca se supo su nombre, pero le quisieron hacer un homenaje con esta capilla. Así que le pusieron “La Capilla del Vecino”.
—Me parece muy bonito —respondí.
—No sé —dijo mi hermano—. Me hubiera gustado saber su nombre.
—¿Y para qué?
—No sé…
—¿No te parece que hay montón de actos solidarios y anónimos que suceden todos los días?
—Pues sí.
—¿Cuántos nombres vemos a diario en las calles? Los vemos allí y, en realidad, no nos preguntamos quiénes eran las personas que ostentaron esos nombres. Hay nombres que perdieron todo significado para nosotros. ¿De qué serviría saber si “Fulgencio López” fue quien trajo la cruz? Estamos muy acostumbrados al culto de la individualidad (la firma, el nombre), pero es tanta nuestra obsesión que vaciamos el significado de los nombres.
Mi hermano me observa. Me escucha. Reflexiona. No me da la razón del todo, pero asiente, como diciendo: “tienes un punto”.
—“La Capilla del Vecino” te dio curiosidad. Y lo que encontraste detrás del nombre fue un acto. Un acto solidario. Me parece que ahí está la clave: honrar el acto, más que a la persona que lo hizo.
Los dos nos quedamos en silencio un rato más, viendo hacia los cerros y hacia esa ciudad que recién conocíamos, apoyados sobre el barandal.
—Mis papás ya deben estar esperando —me dijo.
—Sí.
Y así, poco a poco, iniciamos el camino de regreso.

Mediadora de lectura, narradora y creadora de contenido digital. Su trabajo ha estado ligado al acompañamiento de grupos, la creación literaria y la investigación de la Literatura de tradición oral en México y sus vínculos comunitarios. Actualmente se desempeña como consultora en el área de diseño y comunicación en equipos de UX (User Experience).
