Colaboraciones| Feminización de la Pobreza: Cruzada por la Sobrevivencia.

Feminización de la Pobreza: Cruzada por la Sobrevivencia

Por Fabiola Juárez Avendaño

Hablar de feminización de la pobreza es hablar de una realidad hiriente y en franca expansión. El feminismo lleva tiempo utilizando esta “expresión para connotar el creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales”. Aunque existe la impresión generalizada de que la vida de las mujeres está mejorando en todo el mundo, las cifras desmienten esta creencia. Es un hecho verificable que, tanto en las familias del Primer Mundo como en las del Tercer Mundo, el reparto de la riqueza no sigue pautas de igualdad, sino que sus miembros acceden a un orden jerárquico de distribución presidido por criterios de género.

También es un hecho que uno de los efectos más visibles de los programas de ajuste estructural inherentes a las políticas neoliberales es el aumento del trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar, resultado de los recortes en los programas sociales por parte de los gobiernos. Esta situación provoca que responsabilidades que antes eran asumidas por el Estado—como la salud, la nutrición y la educación, entre otras—vuelvan a recaer en la familia y, en estos momentos pospandémicos, se agudicen aún más y se conviertan en una carga mayor, especialmente para las mujeres.

Si bien es cierto que está creciendo el segmento de mujeres que se insertan en el mercado laboral global, también lo es que este proceso se está llevando a cabo bajo condiciones laborales inimaginables hace solo treinta años.

“Las mujeres reúnen las condiciones que pide el nuevo mercado laboral global: personas flexibles, con gran capacidad de adaptación, a las que se pueda despedir fácilmente, dispuestas a trabajar en horarios irregulares o parciales, a domicilio, etc”.

Saskia Sassen, socióloga estadounidense, no solo sostiene que se está feminizando la pobreza, sino también la supervivencia. En efecto, la producción alimentaria de subsistencia, el trabajo informal, la emigración y la prostitución son actividades económicas que han adquirido mucha mayor relevancia como opciones de supervivencia para las mujeres.

Lo cierto es que las mujeres entran en las estrategias de desarrollo básicamente a través de la industria del sexo, del espectáculo y de las remesas de dinero que envían a sus países de origen. Y que éstas son las herramientas de los gobiernos para amortiguar el desempleo y la deuda externa . 

La globalización, es una adaptación neoliberal, es un proceso que está profundizando cada vez más la brecha que separa a los pobres de los ricos. Sin embargo, no se puede desconocer que las grandes perdedoras de esta nueva política económica son las mujeres. “En efecto, patriarcado y capitalismo se alinean como las dos macrorrealidades sociales que socavan los derechos de las mujeres” y detienen su empoderamiento. 

En México según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), los hogares mexicanos dirigidos por una mujer aumentaron del 20.6% en 2000, al 23.1% en 2005 y al 24.6% en 2010. Esto significa que el modelo familiar tradicional de las últimas décadas del siglo XX, está cambiando. Hoy son cada vez más las familias que tienen como responsable a una mujer.

Considerando los datos del “Índice de Brecha de Género” del Foro Económico Mundial, en 2011 nuestro país ocupaba el puesto 89 de 135 países. México obtuvo una pésima calificación en cuanto a la participación de las mujeres en el ámbito laboral, situándose en la posición 112; en equidad de ingresos por trabajo similar, se ubicó en el lugar 111. Según otra medición, el denominado “Índice de Desigualdad de Género” (IDG), México fue clasificado en el lugar 79 de 146 países. Dicho índice refleja la desventaja de las mujeres en tres dimensiones: salud reproductiva, empoderamiento y mercado laboral.

Las mujeres no pueden integrarse al mercado laboral al igual que los hombres si cargan con un trabajo adicional no remunerado. En México 43% de las mujeres participa en el mercado laboral, en comparación con el 78% de los hombres, siendo de las tasas de participación de mujeres más bajas de América Latina.

En México, a diferencia de otros países de la región, es el único país donde no se ha logrado reducir ningún índice; por el contrario, datos oficiales señalan que la pobreza abarca ya a más del 60% de la población.

Esta conclusión es lacerante y no optimista, la pobreza se ha traducido en una desesperada cruzada por la supervivencia, un reflejo de un sistema patriarcal que funciona muy bien. Asesina poco a poco a niñas y mujeres, a través de la marginación que no solo es la carencia de recursos materiales, sino la prolongación de la condición histórica de subordinación que niega toda clase de oportunidades y posibilidades de desarrollo y sobre todo el buen vivir.

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FABIOLA JUÁREZ AVENDAÑO

Antropóloga feminista egresada de la ENAH. He impulsado proyectos con perspectiva de género en la Asociación Civil ACICAMATI, A.C. Soy fundadora y editora de la revista feminista independiente “Las Genaras. Rumbo a la Equidad de Género”, y ponente en temas como mujeres y religión, ecofeminismos y economía del cuidado. Fui tallerista en la FARO Miacatlán y coordinadora de publicaciones con identidad, SEPI.

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