Cartografías del Instante| Un lugar para morir

Un Lugar para Morir

Anyela Botina

De niña vi un ave morir. Murió en mis manos, cerca a mi corazón. Ya en ese tiempo carencia de valor para los adioses, para lo definitivo, y por eso, desde entonces me avergüenza hablar de esta digestión tan lenta de la muerte.

Al ave la guarde junto a mis colores, la visitaba todos los días, con esperanza, con curiosidad, con adoración. Vi como las plumas se transformaron en finos hilos y su silueta se desvaneció en un líquido amarillento que poco a poco, fue absorbiéndose y reduciendo el cuerpo desde dentro, desgarrándolo, como una casa devorada por termitas. Al final, solo quedó la pintura.

Por que la vida trae uno y otro escenario paralelo que solo el tiempo logra unir o separar para siempre, por esos dias, mamá preparaba unas compotas de banano y ciruelas para mi, porque decía que vivía estreñida, y desde que el ave había caído muerta en el patio de la casa yo no había podido sentarme hacer nada, solo aire y liquido, a veces una rara contracción que confundía con miedo o tristeza.

Mamá también decía que algo olía mal en casa; yo sabia que el olor de los colores jamás volvería a ser el mismo. Por eso, antes de que ella la encontrara y yo tuviera que dar explicaciones que no tenia, tome la cartuchera sin abrirla, casi sin verla, haciendo de cuenta que no tenia que ver conmigo. Desarraigándola de mi, la tire en el árbol cerca a la iglesia y la deje ir.

Hoy recuerdo esto, como todas las veces que tuve vergüenza de no poder olvidar pronto y seguir llorando por cosas que ya no tienen sentido.

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Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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