De recuerdos, aventuras y reflexiones|Hablando de rechazos

Por Tania Farias

El gran día estaba por llegar. Con los preparativos listos, hicimos nuestras maletas y salimos hacia la región de la que soy originaria para celebrar la Primera Comunión de mi niño. Desde hace más de veinte años vivo fuera por lo que toda la organización del evento se tuvo que realizar a distancia, a través de llamadas, mensajes y muchas, muchas videollamadas. Por supuesto, no dudé en pedir ayuda a familiares y amigos. Y es que cuando hablo de preparación, me refiero a la totalidad del evento, desde lo más importante que fueron los aspectos religiosos y espirituales, la música en la iglesia, la organización de la ceremonia para que fuera emotiva y bella como lo fue, hasta la organización de la pequeña recepción, como la búsqueda del local, de los proveedores de comida, bebidas, recuerdos, adornos, todo, todo estuvo apoyado por alguien más que nosotros (mi marido y yo).

Como todo evento, el nuestro tuvo su momento de tensión y no solo provocada por los nervios de que todo salga como se esperaba. En esta ocasión, la causa del estrés estuvo generada por un problema de salud de un familiar muy cercano, situación que, además, le agregó una dosis emocional que, en mi caso, terminó por desbordarse durante la ceremonia religiosa. Entre el inmenso orgullo que como madre me causaba el ver a mi hijo cumpliendo con una etapa importante en términos espirituales (pues para mí la religión es una base de la que podrá sostenerse y ayudarse, si así lo desea, una vez en su vida adulta) y la preocupación por nuestro familiar, cuyo diagnóstico en esos momentos no era el más favorable, me dejé embargar por las emociones y las lágrimas se invitaron a la celebración en varios momentos.

Una vez terminada la ceremonia religiosa nos fuimos a la recepción, que a pesar de las circunstancias especiales que la familia vivía no podíamos anular; y como desde el principio, varios de mis parientes estuvieron al pie del cañón para que todo transcurriera tranquilo, agradable y en familia (la de sangre y la elegida). Por supuesto, para mí no hubo mayor dicha que ver la cara de felicidad de mi hijo y poder disfrutar de un momento rodeados de personas tan queridas.

Fue hasta cuando todo había terminado, cuando la pequeña tormenta había amainado, pues incluso las noticias sobre la salud de nuestro familiar eran de franca mejoría y nos  tomábamos una copa en casa de uno de mis primos, que tuve la ocasión de reflexionar sobre el evento en general.

No sé si a todos les suceda, o solamente a mí, pero hay momentos en que mis “traumas” se activan y me invade un sentimiento de rechazo y de desamor. Aunque conozco muy bien el origen de tales sentimientos, eso no quiere decir que sea siempre capaz de controlarlos y, por consiguiente, cuando me atrapan, sufro como si fueran reales. Incluso, mi inconsciente fábrica pesadillas durante las horas de reposo, de las cuales he despertado llorando. Y sí, muchas veces me quejo, y hasta tengo la osadía de reclamar. Pero recordar el evento de la celebración de mi hijo, vino a ponerme muchas cosas en claro. Lo más importante:  mi familia me ama de verdad y tengo a los mejores amigos, pues sin ellos un evento, como ese, jamás hubiera podido llevarse a cabo.

Recordé los ojitos asustados de mi hijo, a punto de iniciar la ceremonia. A su lado estaba su padrino a quien le escuché decirle “no te preocupes, aquí estoy contigo”; recordé a mi prima pedirme las llaves del local al finalizar la misa, pues sabía que los meseros llegarían un poco antes que los invitados y era importante que alguien corriera a abriles; recordé otra de mis primas y a mi cuñada cortando fruta, apuradas, para servir a los invitados; recordé la hermosa música que mi tía contrató para la ceremonia y que le imprimió mucha más emotividad a la celebración; recordé a mis primos catequistas quienes cada lunes dieron de su tiempo para preparar a mi hijo; recordé a mí tía quien nos abrió las puertas de su casa para que pudiéramos hospedarnos; recordé a todos y a cada uno de los que con su granito de arena hicieron posible el evento.

Me queda claro que fue un trabajo de equipo y que mis traumas son solo eso, malas impresiones, porque tengo la fortuna de ser amada.

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Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

Un comentario en “De recuerdos, aventuras y reflexiones|Hablando de rechazos

  1. Tania, muchas gracias por compartir un momento de tu vida y reflexiones tan especiales. A veces es complicado dejar ir nuestros temores y traumas, sean fundamentados o meros miedos hipotéticos, pero sin duda alguna una red de apoyo sólida es una bendición y hace toda la diferencia. ¡Abrazos!

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